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Abstract:
Select essays from Promulgation of Universal Peace.
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Written in Spanish.

Unidad de los Profetas

by Abdu'l-Bahá

published in La Promulgación de la Paz Universal por 'Abdu'l-Bahá, pages 197-203
      Las Santas Manifestaciones que han sido fuentes fundadoras de los diversos
      sistemas religiosos están unidas y de acuerdo en sus propósitos y
      enseñanzas. Abraham, Moisés, Zoroastro, Buda, Jesús, Muhammad, el Báb y
      Bahá'u'lláh son uno en espíritu y realidad. Además cada Profeta cumplió la
      promesa de Aquel que vino antes que Él y, a su vez, cada Uno anunció a
      Aquel que habría de seguirle.
      Considerad cómo Abraham predijo la venida de Moisés, y Moisés encarnó la
      declaración abrahámica. Moisés profetizó el ciclo mesiánico, y Cristo
      cumplió la ley de Moisés. Es evidente, por tanto, que las santas
      Manifestaciones que fundaron los sistemas religiosos están unidas y de
      acuerdo; no hay diferenciación posible en sus misiones y enseñanzas;
      todos son espejos que reflejan la realidad, y todos promulgan la religión
      de Dios. La religión divina es la realidad y la realidad no es múltiple;
      es una. Por tanto, los fundamentos de los sistemas religiosos son uno
      debido a que todos provienen de la realidad indivisible; pero los
      seguidores de estos sistemas han disentido; discordia, lucha y guerra han
      surgido entre ellos, pues abandonaron el fundamento y se adhirieron a lo
      que sólo es imitación y apariencia. Puesto que las imitaciones difieren,
      el resultado es enemistad y disensión. Por ejemplo, Jesucristo -¡que mi
      espíritu sea sacrificado por Él- echó los cimientos de la realidad eterna,
      pero después de su partida muchas sectas y divisiones aparecieron en la
      cristiandad. ¿Cuál fue la causa de ello? No cabe duda de que se originó en
      imitaciones dogmáticas, pues los principios de Cristo eran la realidad
      misma, en la cual no existe divergencia. Cuando aparecieron las
      imitaciones, se formaron las sectas y grupos disidentes.
      Si los cristianos de todos los grupos de disidentes investigaran la
      realidad, los principios de Cristo los unirían. No quedaría enemistad u
      odio porque todos estarían bajo la guía única de la realidad misma. Del
      mismo modo, y en un plano más amplio, si todos los sistemas religiosos
      existentes se apartasen de las imitaciones ancestrales e investigaran la
      realidad buscando el significado verdadero de los Libros Sagrados, se
      unirían y concordarían sobre el mismo fundamento, la realidad misma.
      Mientras sigan doctrinas falsas o imitaciones en vez de la realidad,
      existirán la discordia y la animosidad, y éstas aumentarán. Dejadme
      ilustrar esto. Moisés y los profetas de Israel anunciaron el advenimiento
      del Mesías pero lo expresaron en lenguaje simbólico. Cuando Cristo
      apareció, los judíos lo rechazaron aunque estaban esperando su
      manifestación y en sus templos y sinagogas exclamaban y se lamentaban
      diciendo "¡Oh Dios, apura la venida del Mesías!". ¿Por qué lo negaron
      cuando se anunció? Porque habían seguido formas e interpretaciones
      ancestrales y estaban ciegos a la realidad de Cristo. No habían percibido
      los íntimos significados de la santa Biblia. Proclamaron sus objeciones
      diciendo: "Estamos esperando a Cristo, pero su venida está condicionada al
      cumplimiento de ciertos anuncios proféticos. Entre las señales del
      advenimiento hay una que dice que vendrá de un lugar desconocido, en tanto
      que ahora este presunto Mesías ha venido de Nazaret. Conocemos su casa y
      conocemos a su madre".
      "Segundo, una de las señales o condiciones mesiánicas es que su cetro
      sería una vara de hierro y este Cristo ni siquiera tiene tallado de
      madera. Tercero, Él debía sentarse en el trono de David, mientras que este
      rey mesiánico se halla en el más extremo estado de pobreza y ni siquiera
      tiene una esterilla. Cuarto, Él debía conquistar el Este y el Oeste. Esta
      persona no ha conquistado siquiera una villa. ¿Cómo puede ser el Mesías?
      Quinto, Él promulgaría las leyes de la Biblia. Éste no sólo no las ha
      promulgado, sino que ha infringido la ley sabática. Sexto, el Mesías
      reuniría a todos los judíos dispersos en Palestina y les restauraría el
      honor y el prestigio, pero éste en vez de elevarlos los ha degradado.
      Séptimo, durante su soberanía incluso los animales disfrutarían de
      bendiciones y comodidades, pues de acuerdo a los textos proféticos, Él
      establecería la paz con tal alcance universal que el águila y la codorniz
      vivirían juntas, el león y el ciervo se alimentarían en la misma pradera,
      el lobo y el cordero pacerían juntos. En el reino humano la guerra cesaría
      completamente; las lanzas se convertirán en hoces y las espadas en arados.
      Ahora vemos en el día de este pretendido Mesías que prevalece tal
      injusticia que incluso él mismo es sacrificado. ¿Cómo podría ser el Cristo
      prometido?" Y así expresaron palabras infamantes referidas a Él.
      Ahora bien, al estar los judíos sumergidos en el mar de las imitaciones
      ancestrales no podían comprender el significado de estas profecías. Todas
      las palabras de los profetas se cumplieron, pero debido a que los judíos
      se aferraron tenazmente a interpretaciones hereditarias, no entendieron
      los significados ocultos de la sagrada Biblia; por consiguiente, negaron a
      Jesucristo, el Mesías. El propósito de las palabras proféticas no era el
      significado externo o literal, sino el significado simbólico oculto. Por
      ejemplo, fue anunciado que el Mesías debía venir de un lugar desconocido.
      Esto no se refería al lugar del nacimiento del cuerpo físico de Jesús. Se
      refería a la realidad de Cristo, es decir, la realidad de Cristo debía
      aparecer de un reino invisible, pues la realidad de Cristo es sagrada y
      santificada por encima del lugar.
      Su espada sería de hierro. Esto significa que el instrumento era su
      lengua, la cual debía separar la verdad de lo falso, y mediante esa gran
      espada de ataque él conquistaría los reinos de los corazones. Él no
      conquistó por el poder físico de una vara de hierro; conquistó el Este y
      el Oeste mediante la espada de su prolación.
      Estaba sentado en el trono de David, pero su soberanía no era napoleónica
      ni el dominio efímero del faraón. El reino de Cristo era sempiterno,
      eterno en el cielo de la Voluntad divina.
      Al promulgar las leyes de la Biblia, la realidad de la Ley de Moisés era
      su propósito. La ley del Sinaí es el fundamento de la realidad de la
      cristiandad. Cristo la promulgó y le dio una expresión espiritual más
      elevada. Conquistó y subyugó al Este y al Oeste. Su conquista se efectuó a
      través de los hálitos del Espíritu Santo, el cual eliminó todas las
      fronteras y brilló en todos los horizontes.
      En su día, de acuerdo a la profecía, el lobo y el cordero beberían de la
      misma fuente. Ello se realizó en Cristo, la fuente a que se hace
      referencia es el Evangelio, del cual mana el agua de vida. El lobo y el
      cordero son las razas divergentes y opuestas simbolizadas por estos
      animales. Su reunión y asociación eran imposibles, pero al convertirse en
      creyentes de Jesucristo aquellos que anteriormente eran como lobos y
      corderos se unieron mediante las palabras del Evangelio.
      La idea es que todos los significados de las profecías se cumplieron, pero
      debido a que los judíos eran cautivos de la imitaciones ancestrales y no
      percibían la realidad de los significados de estas palabras, negaron a
      Cristo. Más aún, fueron tan lejos que lo crucificaron. Considerad cuan
      dañina es la imitación. Estas eran interpretaciones transmitidas por
      padres y ancestros, y debido a que los judíos se aferraron a ellas fueron
      privados del Espíritu Divino.
      Es evidente, entonces, que debemos abandonar tales imitaciones y creencias
      para que no cometamos este error. Debemos investigar la realidad, dejar de
      lado nociones egoístas y desterrar el rumor de nuestras mentes. Los judíos
      consideran a Cristo enemigo de Moisés, mientras que Cristo (al contrario)
      promovió la Palabra de Moisés. Esparció el nombre de Moisés a través de
      Oriente y Occidente. Promulgó las enseñanzas de Moisés. Si no hubiera sido
      por Cristo, no habríais oído el nombre de Moisés; y si la manifestación
      mesiánica no hubiese aparecido en Cristo, no hubiésemos recibido el
      Antiguo Testamento.
      La verdad es que Cristo cumplió la ley mosaica y apoyó a Moisés en todas
      formas; pero los judíos, cegados por las imitaciones y los prejuicios, lo
      consideran enemigo de Moisés.
      Entre los grandes sistemas religiosos del mundo está el Islám. Cerca de
      trescientos millones de personas lo aceptan. Por más de mil años ha habido
      enemistad y lucha entre musulmanes y cristianos, debido a la desavenencia
      y la ceguera espiritual. Si los prejuicios y la imitación se abandonasen,
      no habría enemistad alguna entre ellos y estos cientos de millones de
      religiosos antagónicos adornarían el mundo de la humanidad con su unidad.
      Ahora deseo pediros vuestra atención sobre un punto muy importante. Todo
      el Islám considera el Qur'án la Palabra de Dios. En este Libro Sagrado hay
      textos explícitos que no son tradicionales, declarando que Cristo era la
      Palabra de Dios, que Él era el Espíritu de Dios, que Jesucristo vino a
      este mundo mediante los hálitos vivificadores del Espíritu Santo y que
      María, su madre, era santa y santificada. En el Qur'án hay todo un
      capítulo dedicado a la historia de Jesús. Allí se registra que en el
      tiempo de su juventud Él adoraba a Dios en el templo de Jerusalén, que el
      maná descendía del cielo para su sustento y que hablaba apenas nacido. En
      suma, en el Qur'án hay elogios y alabanzas a Cristo que no pueden
      encontrarse en el Evangelio. El Evangelio no registra que el niño Jesús
      hablaba al momento de nacer o que Dios hizo descender su sustento desde el
      cielo, pero en el Qur'án se declara repetidamente que Dios enviaba el maná
      día tras día como alimento para Él. Además, es significativo y convincente
      el hecho de que cuando Muhammad proclamó su obra y misión, la primera
      objeción a sus propios seguidores fue: "¿Por qué no habéis creído en
      Jesucristo? ¿Por qué no habéis aceptado el Evangelio? ¿Por qué no habéis
      creído en Moisés? ¿Por qué no habéis seguido los preceptos del Antiguo
      Testamento? ¿Por qué no habéis entendido a los Profetas de Israel? ¿Por
      qué no habéis creído en los discípulos de Cristo? El primer deber
      obligatorio para vosotros, oh árabes, es el de aceptarlos y creer en
ellos.
      Debéis considerar a Moisés como un Profeta. Debéis aceptar a Jesucristo
      como la Palabra de Dios. Debéis saber que el aceptar a Jesucristo como la
      Palabra de Dios. Debéis saber que le Antiguo y el Nuevo Testamento son la
      Palabra de Dios. Debéis creer en Jesucristo como el producto del Espíritu
      Santo". Su pueblo respondió: "¡Oh Muhammad! Seremos creyentes aunque
      nuestros padres y ancestros no lo eran, y estamos orgullosos de ello.
      Pero, dinos, ¿qué será de nuestros padres?". Muhammad respondió: "Os
      declaro que ocupan el más bajo estrato del infierno debido a que no
      creyeron en Moisés y en Cristo y no aceptaron la Biblia; y aunque ellos
      son mis propios ancestros, aun así se hallan desesperados en el infierno".
      Este es un texto explícito del Qur'án; esto no es una narración o
      tradición sino el Qur'án mismo, el cual es conocido por la gente. Por
      tanto, es evidente que la ignorancia y los malentendidos son los que han
      causado tanta guerra y lucha entre los musulmanes y cristianos. Si ambos
      hubieran investigado la verdad básica en sus creencias religiosas, el
      producto sería la unidad y el acuerdo; la lucha y la amargura hubieran
      desaparecido para siempre y el mundo de la humanidad hubiera encontrado la
      paz y la serenidad. Considerad que hay doscientos cincuenta millones de
      cristianos y trescientos millones de musulmanes. ¡Cuanta sangre se ha
      derramado en sus guerras! ¡Cuantas naciones han sido destruidas! ¡Cuantos
      niños han quedado huérfanos! ¡Cuántos padres y madres han logrado la
      pérdida de sus hijos y seres queridos! Todo esto se ha debido a los
      prejuicios, desavenencias e imitaciones de creencias ancestrales, sin una
      investigación de la realidad. Si los Libros Sagrados hubiesen sido
      correctamente comprendidos, ninguna de estas discordias o aflicciones
      hubiesen existido, sino que el amor y el compañerismo habrían prevalecido
      en su lugar. Esto también se aplica a todas las demás religiones. Las
      condiciones que he nombrado se aplican a todas por igual. El propósito
      esencial de la religión de Dios es establecer la unidad entre los hombre.
      Las divinas Manifestaciones fueron los fundadores de los instrumentos del
      compañerismo y el amor. No vinieron para crear discordia, lucha y odio en
      el mundo. La religión de Dios es la causa de amor, pero si se convierte en
      fuente de enemistad y derramamiento de sangre, de seguro su ausencia es
      preferible a su existencia, pues entonces se vuelve satánica, dañina, un
      obstáculo para el mundo humano.
      Los diversos pueblos y naciones de Oriente estaban en un estado de
      antagonismo y lucha, manifestando la más extrema enemistad y odio los unos
      hacia otros. La oscuridad circundaba la mundo de la humanidad. En un
      momento como éste apareció Bahá'u'lláh. Eliminó todas las imitaciones y
      prejuicios que habían causado la separación y las desavenencias y echó las
      bases de la única religión de Dios. Cuando esto se realizó, musulmanes,
      cristianos, judíos, zoroastrianos y budistas, todos se unieron con
      verdadero amor y camaradería. Las almas de todas las naciones que
      siguieron a Bahá'u'lláh se volvieron como una sola familia viviendo en
      acuerdo y armonía, deseando sacrificar la vida los unos por los otros. El
      musulmán da la vida por el cristiano, el cristiano por el judío y todos
      ellos por el zoroastriano. Viven juntos en amor, camaradería y unidad. Han
      alcanzado la condición de renacimiento en el Espíritu de Dios. Han sido
      resucitados y regenerados mediante los hálitos del Espíritu Santo.
      ¡Alabado sea Dios! Esta luz ha venido del Este y con el tiempo no habrá
      discordia ni enemistad en el Oriente. Mediante el poder de Bahá'u'lláh
      todos estará unidos. Él izó este estandarte de la unidad de la humanidad
      en la prisión. Cuando se hallaba sometido al destierro por dos reyes,
      mientras era un refugiado de los enemigos de todas las naciones, durante
      los días de su largo encarcelamiento, escribió a los reyes y gobernantes
      del mundo con palabras de maravillosa elocuencia, acusándolos seriamente y
      convocándolos al divino estandarte de la unidad y justicia. Los exhortó a
      la paz y al acuerdo internacional, haciéndolos responsables del
      establecimiento de un cuerpo internacional de arbitraje, de un congreso de
      naciones con delegados seleccionados de todos lo s países y gobiernos, que
      construiría una corte universal de justicia para solucionar disputas
      internacionales. Escribió a la Reina Victoria de Gran Bretaña, al Zar de
      Rusia, al Emperador de Alemania, a Napoleón III de Francia y a otros,
      invitándolos a la unidad y paz mundiales. Mediante un poder celestial Él
      fue capaz de promulgar estos ideales en Oriente, los reyes no podían
      resistirse. Se esforzaron por extinguir su luz, pero esto sólo sirvió para
      aumentar su intensidad e iluminación. Mientras estaba en prisión, enfrentó
      al Sháh de Persia y al Sultán de Turquía y promulgó sus enseñanzas hasta
      que estableció firmemente la bandera de la verdad y la unidad de la
      humanidad. Yo estuve prisionero con Él durante cuarenta años hasta que los
      jóvenes turcos del Comité de Unión y Progreso derrocaron el despotismo de
      'Abdu'l-Hamid; lo destronaron y proclamaron la libertad. Este comité me
      liberó de la tiranía y la opresión; de otro modo hubiese estado en prisión
      hasta los últimos días de mi vida. Mi intención es ésta: que Bahá'u'lláh
      en prisión fue capaz de proclamar y establecer los fundamentos de la paz
      aunque dos reyes despóticos eran sus enemigos y opresores. El rey de
      Persia, Násri'd-Din Sháh, había matado veinte mil bahá'ís, mártires que
      con absoluto desprendimiento y completa disposición ofrendaron alegremente
      sus vidas por su fe. Estos dos reyes poderosos y tiránicos no pudieron
      contrarrestar a un prisionero...
      ... Este Prisionero mantuvo en alto el estandarte de la humanidad y
      condujo al pueblo de Oriente al acuerdo y la unidad. Hoy, en Oriente,
      sólo aquellos que no siguieron a Bahá'u'lláh están en oposición y
      enemistad. Los pueblos de las naciones que lo han aceptado como estandarte
      de guía divina disfrutan una condición de verdadera camaradería y amor. Si
      asistierais a una reunión en el Este, no podríais distinguir entre
      cristiano y musulmán, no podríais saber quién fue zoroastriano, judío o
      budista; han fraternizado tan completamente que sus diferencias religiosas
      se han nivelado. Se asocian con el más extremo amor y fragancia
      espiritual, como si perteneciesen a una familia, como si fueran un solo
      pueblo.
           
           

Investigación Independiente de la Verdad
      La Fe Bahá'í y las profecías
      Página Inicial http://bci.org/venezuela/la_fe_bahai.shtml

De: La Promulgación de la Paz Universal por Abdu'l-Bahá, pág 220-223
     
     
            LA INVESTIGACIÓN INDEPENDIENTE DE LA VERDAD




      En los divinos Libros Sagrados existen inconfundibles profecías que dan
      las buenas nuevas de cierto Día en el que el Prometido de todos los Libros
      aparecerá...
      ...una brillante Dispensación será establecida, la bandera de la Más
      Grande Paz y de la conciliación será izada y se proclamará la unidad del
      mundo de la humanidad. Entre las diversas naciones y pueblos del mundo no
      quedará enemista y odio, todos los corazones serán vinculados entre sí.
      Estas cosas están registradas en el Torá o Antiguo Testamento, en el
      Evangelio, el Qur'án, el Zend-Avesta, los Libros de Buda y el Libro de
      Confucio. En resumen, todos los Libros Sagrados contienen estas buenas
      nuevas. Anuncian que después de que el mundo haya sido rodeado por la
      oscuridad, la luz surgirá. Porque igual que las horas de la noche en que
      se vuelve excesivamente oscura preceden a la aurora de un nuevo día,
      también cuando la oscuridad de la apatía religiosa se apodera del mundo,
      cuando las ideas materialistas ensombrecen la espiritualidad, cuando las
      naciones se sumergen en el mundo de la materia y se olvidan de Dios, en un
      momento como éste brillará el Sol divino y aparecerá la esplendente
Aurora.
      Considerad hasta qué límite extraordinario ha sido sojuzgada por el
      materialismo la espiritualidad de la gente, los sentimientos espirituales
      parecen haber desaparecido, la civilización divina se vuelve decadente y
      la guía y el conocimiento de Dios ya no perduran. Todos están sumergidos
      en un mar de materialismo. Aunque algunos asisten a iglesias y templos de
      devoción y adoración, ello se realiza de acuerdo a las tradiciones e
      imitaciones de sus padres y no para la investigación de la realidad y no
      están ocupados en su adoración. Se aferran a ciertas imitaciones que han
      llegado a ellos desde sus padres y antepasados. Se han acostumbrado a
      pasar cierto período de tiempo de adoración en el templo de acuerdo a
      imitaciones y ceremonias. Prueba de ello es que el hijo de todo padre
      judío se vuelve judío y no cristiano; el hijo de todo musulmán se vuelve
      seguidor del Islám; el hijo de todo cristiano demuestra ser cristiano; el
      hijo de todo zoroastriano es zoroastriano, etc. Por tanto, la fe y
      creencia religiosa es un remanente de ciegas imitaciones que han
      descendido a través de los padres y antepasados. Debido a que el padre de
      éste joven era judío, él se considera judío. No es que él haya investigado
      la realidad y probado a sí mismo satisfactoriamente que el judaísmo es
      correcto. No, más bien, él está consciente de que sus antecesores
      siguieron ese curso; por tanto él también se adhiere a ello.
      El propósito de esto es explicar que la oscuridad de las imitaciones
      circunda el mundo. Todas las naciones se aferran a sus forma religiosas
      tradicionales. La luz de la realidad está oscurecida. Si estas diversas
      naciones investigaran la realidad, no cabe duda que lo lograrían. Coma la
      realidad es una, todas las naciones se volverían entonces una sola. En
      tanto ellas se adhieran a diversas imitaciones y estén privadas de la
      realidad, continuarán la contienda y la guerra y prevalecerán el rencor y
      la sedición. Si investigaran la realidad, no quedaría ni rencor ni
      enemistad y lograrían entre ellas la mayor concordia.
      Durante los años en que la oscuridad de la negligencia era más intensa en
      el Oriente y el pueblo estaba tan sumergido en las imitaciones que las
      naciones estaban sedientas de la sangre de las otras, considerándose
      mutuamente contaminadas y rehusando asociarse; en un momento como éste,
      Bahá'u'lláh apareció. Se levantó en el Oriente desarraigando las bases
      mismas de las imitaciones y produjo la aurora de la luz de la realidad. A
      través de Él varias naciones se unieron porque todas deseaban la realidad.
      Por cuanto investigaron la realidad en la religión, descubrieron que todos
      los hombres son siervos de Dios, posteridad de Adán, hijos de una sola
      familia, y que los fundamentos de todos los profetas son uno. Dado que las
      enseñanzas de los profetas son realidad, sus principios son uno. La
      enemistad y contienda de las naciones, por tanto, se deben a las
      imitaciones religiosas y no a la realidad que subyace en las enseñanzas de
      los profetas. A través de Bahá'u'lláh las naciones y corazones se unieron
      y las vidas se amalgamaron. Después de siglos de odio y rencor los
      cristianos, judíos, zoroastrianos, musulmanes y budistas se reunieron en
      camaradería, todos ellos con el más extremo amor y unidad. Se unieron y
      dialogaron mancomunados porque habían percibido la realidad.
      Los Profetas divinos están unidos en el perfecto estado del amor. Cada uno
      ha dado las buenas nuevas de la venida de su sucesor y cada sucesor ha
      confirmado a Aquel que lo precedió. Ello estaban en la más grande unidad,
      pero sus seguidores están en lucha...
      ...Por ejemplo, Moisés dio el mensaje de las buenas nuevas de Cristo y
      Cristo confirmó el estado profético de Moisés. Por tanto, entre Moisés y
      Jesús no hay variación o conflicto. Están en perfecta unidad, pero existe
      el conflicto ente judíos y cristianos. Ahora, por tanto, si los pueblos
      judío y cristiano investigaran la realidad que subyace en las enseñanzas
      de sus Profetas, se volverían amables en la actitud de los unos hacia los
      otros y se asociarían en el mayor amor, pues la realidad es una y no dual
      o múltiple....
      ...Si esta investigación de la realidad fuese universal, las naciones
      divergentes ratificarían a todos los Profetas divinos y confirmarían todos
      los Libros Sagrados. No quedaría ni contienda ni rencor, y el mundo se
      uniría. Entonces nos asociaríamos en la realidad del amor. Seríamos como
      padres e hijos, como hermanos y hermanas viviendo juntos en completa
      unidad, amor y felicidad. Porque este siglo es el siglo de la luz. No es
      como los siglos anteriores. Los siglos pasados fueron épocas de opresión.
      Ahora los intelectos humanos se han desarrollado y la inteligencia humana
      ha aumentado. Cada alma está investigando la realidad.
      Estamos viviendo un momento en el que deberíamos disfrutar de verdadera
      amistad.


     
           
     





El Fundamento Inmutable de la Religión de Dios
      La Fe Bahá'í y las profecías
http://bci.org/venezuela/la_fe_bahai.shtml
     
      De: `Abdu'l-Bahá: Promulgación de la Páz Universal, pág 403-410


           
     
            EL FUNDAMENTO INMUTABLE DE LA RELIGIÓN DE DIOS




      "Las religiones divinas encarnan dos clases de ordenanzas.
      Primero, existen aquellas que constituyen las enseñanzas esenciales o
      espirituales de la Palabra de Dios. Estas son la fe en Dios, la
      adquisición de virtudes que caracterizan la perfecta naturaleza humana,
      una moral loable, la obtención de dones y bondades que emanan de los
      esplendores divinos -en resumen: las ordenanzas concernientes al reino de
      la moral y de la ética. Este es el aspecto fundamental de la religión de
      Dios, y es de la mayor importancia porque el conocimiento de Dios es un
      requisito fundamental del hombre.
      El hombre debe comprender la unidad de la Divinidad. Debe llegar a conocer
      y reconocer los preceptos de Dios y comprender con certeza que le
      desarrollo ético de la humanidad depende de la religión. Debe liberarse de
      todos los defectos y buscar imagen y semejanza de Dios. En la Santa Biblia
      está registrado que Dios dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y
      semejanza". Es axiomático que la imagen y semejanza no está referida a la
      forma y semblanza de un ser humano, porque la realidad de la Divinidad no
      está limitada a ninguna forma o figura. No, más bien ello se aplica a los
      atributos y características de Dios.
      Así como decimos que Dios es justo, el hombre de igual forma debe ser
      justo. Como Dios es amoroso y bondadoso con todos los hombres, el hombre
      de igual forma debe manifestar amorosa bondad con toda la humanidad. Así
      como dios es leal y veraz, el hombre debe demostrar los mismos atributos
      en el mundo humano. Así como Dios emplea la misericordia hacia todos, el
      hombre debe demostrar que es la manifestación de la misericordia. En un a
      palabra, la imagen y semejanza de Dios constituyen las virtudes de Dios, y
      el hombre está destinado a convertirse en el receptor de los esplendores
      de los atributos divinos. Este es el fundamento esencial de todas las
      religiones divinas, la realidad misma, común a todas. Abraham lo promulgó;
      Moisés lo proclamó; Cristo y todos los profetas sostuvieron este
      estandarte y aspecto de la religión divina.
      Segundo, hay leyes y ordenanzas que son temporarias y no esenciales. Estas
      tienen que ver con las transacciones y relaciones humanas. Son
      accidentales y están sujetas a cambio de acuerdo con las exigencias de
      tiempo y lugar. Estas ordenanzas no son permanentes ni fundamentales.
      Por ejemplo, en el tiempo de Noé era conveniente que el consumo de
      pescados y mariscos fuese legal; por tanto Dios ordenó a Noé consumir de
      toda vida animal marina. En el tiempo de Moisés esto no estaba de acuerdo
      con las exigencias de la existencia de Israel; por tanto, un segundo
      mandato fue revelado abrogando parcialmente la ley concerniente a los
      alimentos marinos. Durante el tiempo de Abraham -¡la paz sea con Él!- la
      leche de camella era un alimento considerado legal y aceptable; lo mismo
      que la carne de camello; pero durante el tiempo de Jacob, debido a cierta
      promesa que hizo, esto se volvió ilícito. Estas son leyes temporales no
      esenciales.
      En la Santa Biblia existen ciertos mandamientos que, de acuerdo a esos
      tiempos idos, constituyen el verdadero espíritu de la época, la luz propia
      de ese período. Por ejemplo, de acuerdo con la ley de la Torá, si un
      hombre cometía un robo de cierta cantidad, le cortaban la mano. ¿Es
      practicable y razonable en el presente cortar la mano de un hombre por el
      robo de un dólar? En la Torá hay diez ordenanzas concernientes al
      asesinato. ¿Pueden ellas hacerse efectivas hoy? Incuestionablemente no;
      los tiempos han cambiado.
      De acuerdo con el texto explícito de la Biblia, si un hombre cambiaba o
      infringía la ley del Sabbath, o si tocaba fuego en el Sabbath, debía ser
      ejecutado. Hoy tal vez esta ley está abrogada. La Torá declara que si un
      hombre profiriera una palabra irrespetuosa a su padre, sufría la pena de
      muerte. ¿Es posible poner esto en vigor ahora? No; las condiciones humanas
      han sufrido cambios. De igual forma, durante el tiempo de Cristo ciertas
      ordenanzas menores acordes a ese período fueron puestas en vigor.
      Ha sido demostrado concluyentemente, entonces, que el fundamento de la
      religión de Dios la permanente e inmutable. Es este fundamento fijo el que
      asegura el progreso y la estabilidad del cuerpo político y la iluminación
      de la humanidad. Ello siempre ha sido la causa del amor y la justicia
      entre los hombres, trabaja por la verdadera camaradería y unificación de
      toda la humanidad, porque jamás cambia y no está sujeto a reemplazo.
      Las leyes accidentales, no esenciales, que regulan las transacciones del
      cuerpo social y los asuntos cotidianos de la vida son mutables y pueden
      ser anuladas.
      Permitidme preguntar: ¿cuál es el propósito de la posición de los
      profetas? ¿Por qué Dios ha enviado a los profetas? Es axiomático que los
      Profetas son los educadores de los hombres y los maestros de la raza
      humana. Vienen para conferir educación universal a la humanidad, para
      darle instrucción, para sacar a la raza humana del abismo de la
      desesperación y la desolación y permitirle al hombre alcanzar el apogeo
      del progreso y la gloria. La gente está en la oscuridad; los Profetas los
      llevan al reino de la luz. Se hallan en un estado de extrema imperfección;
      los Profetas les brindan perfecciones. El Propósito de la misión profética
      no es otro que la educación y guía de la gente. Por tanto, debemos
      considerar y estar alertas al hombre así calificado, es decir, cualquier
      alma que demuestre ser el Educador de la humanidad y el Maestro de la raza
      humana indudablemente es el Profeta de su época.
      Por ejemplo, repasemos los acontecimientos conectados con la historia de
      Moisés -¡la paz sea con Él!-. Vivía en Maidán en el tiempo en que los
      hijos de Israel se hallaban cautivos y esclavos en la tierra de Egipto,
      sujetos a toda tiranía y severa opresión. Eran analfabetos e ignorantes,
      soportaban experiencias y ordalías crueles. Estaban en tal estado de total
      desamparo e impotencia a proverbial declarar que un egipcio podía vencer a
      diez israelitas. En un momento como ése y bajo condiciones tan represivas,
      Moisés apareció y brilló con esplendor celestial. Salvó a Israel de la
      esclavitud del faraón y los liberó de su cautiverio. Los guió fuera de la
      tierra de Egipto y los condujo a la Tierra Santa. Habían estado dispersos
      y desalentados; Él los unificó y los disciplinó, confiriéndoles la
      bendición de la sabiduría y el conocimiento. Habían sido esclavos; Él los
      hizo príncipes. Eran ignorantes; Él los hizo sabios. Eran imperfectos; Él
      los capacitó para alcanzar la perfección. En una palabra, los sacó de su
      condición de desamparo y los llevó a la eficiencia en el plano de la
      confianza y el valor. Fueron renombrados en el mundo antiguo hasta que
      finalmente en el cenit y esplendor de su nueva civilización alcanzó la
      gloria de la soberanía de Salomón. Mediante la guía e instrucción de
      Moisés, los esclavos y cautivos se convirtieron en un pueblo dominante
      entre las naciones. No sólo fueron renombrados por sus superioridad física
      y militar, sino que en todos los grados de las artes, las letra y el
      refinamiento su fama se difundió.
      Incluso los célebres filósofos de Grecia viajaban a Jerusalén para
      estudiar con los sabios israelitas y muchas fueron las lecciones de
      filosofía y sabiduría que recibieron. Entre estos filósofos se encontraba
      el famoso Sócrates. Visitó la Tierra Santa y estudió con los profetas de
      Israel, adquiriendo los principios de su enseñanza filosófica y el
      conocimiento de sus adelantadas artes y ciencias. Después de su regreso a
      Grecia, fundó el sistema conocido como la unidad de Dios. El pueblo griego
      se levantó en su contra y al final fue envenenado en presencia del rey.
      Hipócrates y muchos otros filósofos griegos se sentaron a los pies de los
      eruditos doctores israelitas y absorbieron sus exposiciones de sabiduría y
      verdad interna.
      Visto que Moisés mediante la influencia de su gran misión contribuyo a la
      liberación de los israelitas de su profundo estado de degradación y
      humillación, estableciéndolos en una posición de prestigio y
      glorificación, disciplinándolos y educándolos, es necesario que nosotros
      lleguemos a un juicio imparcial y justo referente a tan maravilloso
      maestro. Pues en esta gran empresa estuvo solo y sin ayuda. ¿Podría Él
      haber hecho tal cambio y producir tal condición entre esta gente sin la
      aprobación y ayuda de un poder celestial? ¿Podría Él haber transformado un
      pueblo desde la humillación a la gloria sin apoyo santo y divino? Nada
      fuera de un poder divino podría haber logrado esto. Ahí yace la prueba de
      la posición profética porque la misión de un profeta es la educación de la
      raza humana tal como la realizó este personaje, demostrando que Él era un
      poderoso profeta entre los profetas y su libro el propio Libro de Dios.
      Esta es una prueba racional, directa y perfecta.
     
      En resumen, Moisés -¡que la paz sea con Él!- fundo la ley de Dios,
      purificó la moral del pueblo de Israel y le dio un ímpetu hacia logros más
      elevados y nobles. Pero después de la partida de Moisés y siguiendo la
      declinación de la gloria de la época de Salomón, durante el reino de
      Jeroboam, hubo un gran cambio en esta nación . Las normas elevadas de
      ética y las perfecciones espirituales dejaron de existir. Las condiciones
      y la moral se corrompieron, la religión fue degradada, y los principios
      perfectos de la ley mosaica fueron oscurecidos por la superstición y el
      politeísmo. La guerra y la lucha surgió entre las tribus y su unidad fue
      destruida. Los seguidores de Jeroboam se declararon con derechos válidos
      para la sucesión real, y los partidarios de Roboam hicieron el mismo
      reclamo. Finalmente las tribus fueron despedazadas por la hostilidad y el
      odio, la gloria de Israel se eclipsó, y tan completa fue la degradación
      que en la ciudad de Tiro se erigió el becerro de oro como objeto de
      adoración. Por consiguiente Dios envió a Elías, el profeta, quien redimió
      al pueblo, renovó la ley de Dios y estableció una era de nueva vida para
      Israel.
      La historia muestra otro cambio y transformación ulterior cuando la unidad
      y solidaridad fueron seguidas por otra dispersión de las tribus.
      Nabucodonsor, rey de Babilonia, invadió la Tierra Santa y llevó cautivos a
      Caldea a setenta mil israelitas, donde grandes reveses, pruebas y
      sufrimientos afligieron a este pueblo desafortunado. Luego los profetas de
      Dios nuevamente reformaron y establecieron la ley de Dios, y el pueblo en
      su humillación nuevamente la siguió. De esto resultó su liberación, y bajo
      el edicto de Ciro, e rey de Persia, hubo un regreso a la Ciudad Santa.
      Jerusalén y el templo de Salomón fueron reconstruidos y fue restaurada la
      gloria de Israel. Esto duró sólo poco tiempo; la moral de la gente declinó
      y las condiciones alcanzaron un grado extremos hasta que el general romano
      Tito tomó Jerusalén y la arrasó hasta sus cimientos. El saque y la
      conquista completaron la desolación; Palestina se convirtió en un termo
      desierto, y los judíos huyeron de la Tierra Santa de sus ancestros. La
      causa de esta desintegración y dispersión fue el alejamiento de Israel del
      fundamento de la ley de Dios revelada por Moisés, es decir, la adquisición
      de virtudes divinas, moral, amor, el desarrollo de artes y ciencias y el
      espíritu de unidad de la humanidad. Ahora deseo que examinéis ciertos
      hechos y declaraciones que son dignas de consideración.
      Mi propósito e intención es el de eliminar de los corazones de los hombres
      la enemistad religiosa y el odio que los han encadenado y llevar armonía y
      unidad a todas las religiones.
      Por cuanto este odio y enemistad, este fanatismo e intolerancia son los
      resultados de falsos conceptos, la realidad de la unidad religiosa
      aparecerá cuando estos falsos conceptos se disipen. Pues el fundamento de
      las religiones divinas es uno. Esta es la unidad de la revelación o
      enseñanza. Pero ¡ay! nos hemos apartado de este fundamento, aferrándonos
      tenazmente a diversas formas dogmáticas y ciegas imitaciones de creencias
      ancestrales. Esta es la verdadera causa de la enemistad, el odio y el
      derramamiento de sangre en el mundo, la razón del alejamiento y la
      separación entre los hombres. Por eso, deseo que seáis muy justos e
      imparciales en vuestro juicio de las siguientes declaraciones.
      Durante el tiempo en que el pueblo de Israel era sacudido y afligido por
      las condiciones que ya he nombrado, Jesucristo apareció entre ellos. Jesús
      de Nazaret era judía. Estaba solo y sin ayuda, solitario y único. No tenía
      ayudante. Enseguida los judío lo declararon enemigo de Moisés. Dijeron a
      un destructor de las leyes y ordenanzas de Moisés. Examinemos los hechos
      como son, investiguemos la verdad y realidad para llegar a una opinión y
      conclusión verdaderas. Para una opinión completamente imparcial sobre
      esta cuestión debemos dejar de lado todos los prejuicios que tenemos e
      investigar independientemente.
      Este personaje, Jesucristo, declaró que Moisés había sido el profeta de
      Dios y dijo que todos los profetas de Israel habían sido enviados por
      Dios. Proclamó que la Torá era el propio Libro de Dios, convocó a todos a
      ajustarse a sus preceptos y seguir sus enseñanzas. Es un hecho histórico
      que durante un período de mil quinientos años los reyes de Israel fueron
      incapaces de promulgar ampliamente la religión del judaísmo. En efecto,
      durante ese período el nombre y la historia de Moisés estuvieron
      confinados dentro de las fronteras de Palestina y la Torá era un libro
      conocido sólo en ese país. Pero mediante Cristo, a través de la bendición
      del Nuevo Testamento de Jesucristo, el Antiguo Testamento, la Torá, fue
      traducido a seiscientos idiomas diferentes y se difundió en todo el mundo.
      Fue a través de la cristiandad que la Torá llego a Persia. Antes en ese
      país no existía conocimiento de tal libro, pero Cristo hizo que se
      difundiera y aceptara.
      Por su intermedio el nombre de Cristo hizo que se difundiera y aceptara.
      Por su intermedio el nombre de Moisés fue exaltado y reverenciado. Por su
      medio los nombres y la grandeza de los profetas israelitas, y se demostró
      al mundo que los israelitas constituían el pueblo de Dios. ¿Cuál de los
      reyes de Israel podría haber logrados esto? Si no hubiera sido por
      Jesucristo, ¿habría llegado la Biblia, la Torá, a esta tierra de América?
      ¿Se hubiese difundido por el mundo el nombre de Moisés? Referíos a la
      historia. Todos saben que cuando la cristiandad se difundió, hubo una
      difusión simultánea del conocimiento del judaísmo y la Torá. A lo largo y
      ancho de Persia no existía un solo volumen del Antiguo Testamento, hasta
      que la religión de Jesucristo hizo que apareciera por todas partes, de
      modo que hoy la Santa Biblia es un libro familiar en ese país.
      Es evidente, entonces, que Cristo era un amigo de Moisés, que lo amaba y
      creía en Él ; de otro modo, no hubiese conmemorado su nombre y su posición
      profética. Esto es axiomático. Por tanto, cristianos y judíos deberían
      tener el mayor amor los uno por los otros porque los fundadores de estas
      dos grandes religiones han estado en perfecta armonía en el Libro y en la
      enseñanza. Sus seguidores deberían hacer lo mismo.
      Ya hemos expuesto las pruebas válidas de la posición profética.
      Encontraremos que las mismas evidencias de la validez de Moisés se
      vinieron y duplicaron en Cristo. Cristo fue también un personaje singular
      y único nacido del linaje de Israel. Mediante el poder de su palabra fue
      capaz de unir a los pueblos de las naciones griega, romana, caldea,
      egipcia y asiria. Eran crueles, sedientas de sangre, hostiles, se mataban
      , se saqueaban y se tomaban cautivas unas a otras, Él las amalgamó con un
      vínculo perfecto de unidad y amor. Hizo que armonizaran y se
reconciliaran.
      Efectos tan poderosos fueron el resultado de la manifestación de una sola
      alma. Esto demuestra concluyentemente que Cristo fue asistido por Dios.
      Hoy todos los cristianos admiten y creen que Moisés fue un Profeta de
      Dios. Declaran que su libro fue el Libro de Dios, que los profetas de
      Israel fueron verdaderos y válidos y que la gente de Israel constituía el
      pueblo de Dios. ¿Qué mal ha provenido de ello? ¿Qué mal podría provenir de
      una declaración por parte de los judíos de que Jesús también era la
      manifestación de la Palabra de Dios?
      ¿Han sufrido los cristianos por su creencia en Moisés? ¿Han experimentado
      ellos alguna pérdida del entusiasmo religioso o han atestiguado alguna
      frustración de su creencia religiosa por declara que Moisés fue un profeta
      de Dios, que la Torá era un Libro de Dios y que todos lo profetas de
      Israel fueron profetas de Dios? Es evidente que de ello no provino ninguna
      pérdida. Y ahora es el momento para que los judíos declaren que Cristo fue
      la Palabra de Dios, y así esta enemistad entre dos grandes religiones
      desaparecerá.
      Esta enemistad y prejuicio religioso ha continuado por dos mil años. Se ha
      derramado sangre y se han sufrido ordalías. Estas pocas palabras
      remediarán la dificultad y unirán dos grandes religiones. ¿Qué mal puede
      resultar de lo siguiente: que así como los cristianos glorifican y alaban
      el nombre de Moisés, de igual modo los judíos conmemoraran el nombre de
      Cristo, declarando que Él es la Palabra de Dios y considerándolo uno de
      los Mensajeros elegidos de Dios?
      Algunas palabras referentes al Qur'án y a los musulmanes: cuando apareció
      Muhammad, hablo de Moisés como del gran Hombre de Dios. En el Qur'án, Él
      se refiere a las palabras de Moisés en siete lugares diferentes, proclama
      que Él es un Profeta y el poseedor de un Libro, el Fundador de la ley y el
      espíritu de Dos. Dijo: "Quienquiera que crea en Él es aceptable en la
      estima de Dios, y quienquiera que se aparte de Él o de cualquiera de los
      profetas es rechazado por Dios". Por último, incluso se dirigió a sus
      parientes diciendo "Por qué os habéis apartado y no habéis creído en
      Moisés? ¿Por qué no habéis admitido la Torá? ¿Por qué no habéis creído en
      los profetas judíos?". En cierto súrih del Qur'án, Él menciona los nombres
      de veintiocho profetas de Israel, alabándolos a todos y a cada uno de
      ellos. Hasta el extremo ha ratificado y conmemorado a los profetas y a la
      religión de Israel.
      El propósito es que Muhammad alabó y glorificó a Moisés y confirmó el
      judaísmo. Declaró que quien niegue a Moisés está contaminado, e incluso si
      se arrepintiera, su arrepentimiento no sería aceptado. Llamó infieles e
      impuros a sus propios parientes porque habían negado a los profetas. Él
      dijo: "Porque no habéis creído en Cristo, porque no habéis creído en
      Moisés, porque no habéis creído en los Evangelios, sois infieles y estáis
      contaminados".
      De esta forma Muhammad ha alabado la Torá, a Moisés, a Cristo, y a los
      profetas del pasado. Apareció entre los árabes an un pueblo nómada y
      analfabeto, bárbaro por naturaleza y sediento de sangre. Los guió e
      instruyó hasta que alcanzaron un alto grado de desarrollo. Mediante su
      educación y disciplina, ascendieron desde los más bajos niveles de la
      ignorancia a las cimas del conocimiento, convirtiéndose en maestros de
      erudición y filosofía. Vemos, por tanto, que las pruebas aplicables a un
      profeta también son aplicables a otro.
      En conclusión, ya que los profetas mismos, los fundadores, han amado,
      alabado y dado testimonio unos de otros, ¿por qué debemos nosotros estar
      en desacuerdo y separarnos? Dios es uno. Es el pastor de todos. Nosotros
      somos sus ovejas, y por tanto deberíamos vivir juntos en amor y unidad.
      Deberíamos manifestar el espíritu de justicia y buena voluntad unos hacia
      otros. ¿Haremos esto, o vamos a censurar y anatematizar, alabándonos a
      nosotros mismos y condenando a todos los demás? ¿Qué de bueno puede
      resultar de tal actitud y acción? Por el contrario, nada puede resultar
      excepto enemistad y odio, injusticia e inhumanidad. ¿No ha sido ésta la
      mayor causa de derramamiento de sangre, enemistad y tribulación en el
      pasado?
      ¡Alabado sea Dios! Vosotros vivís en un país de libertad. Habéis sido
      bendecidos con hombres de sabiduría, hombres versados en el estudio
      comparativo de las religiones. Sois conscientes de la necesidad de la
      unión y sabéis del gran daño que causan los prejuicios y la superstición..
      Os pregunto: ¿no son preferibles acaso el compañerismo y la hermandad a la
      enemistad y el odio en la sociedad y en la comunidad? La respuesta es
      evidente por sí misma. El amor y el compañerismo son absolutamente
      necesarios para ganar el beneplácito de Dios, el cual es la meta de todo
      logro humano. Debemos estar unidos. Debemos amarnos unos a otros. Siempre
      debemos alabarnos unos a otros.
      Debemos elogiar a todos, para que así desaparezcan la discordia y el odio
      que han sido causa del alejamiento entre los hombres. De otro modo,
      alabándonos a nosotros mismos y condenando a otros las condiciones del
      pasado continuarán; las guerras religiosas no tendrán fin y el prejuicio
      religioso, causa principal de este estrago y tribulación, aumentará. Esto
      debe ser abandonado, y el modo de hacerlo es investigando la realidad que
      yace en todas las religiones. Esta realidad subyacente es el amor a la
      humanidad.
      Pues Dios es uno, el hombre es uno, y el único credo de los profetas es el
      amor y la unidad."
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