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Abstract:
Spanish translation of Gleanings from the Writings of Bahá'u'lláh.
Written in Spanish.

Pasajes do los Escritos de Bahá'u'lláh

by Bahá'u'lláh

Versión castellana basada en la traducción autorizada al inglés de SHOGHI EFFENDI

Título original en inglés: Gleanings from the Writings of Bahá'u'lláh

I. ¡Loado y glorificado eres Tú, oh Señor mi Dios! Cómo puedo yo hacer mención de ti, si estoy seguro de que ninguna lengua, por muy profunda que sea su sabiduría, puede magnificar debidamente tu nombre, ni el ave del corazón humano, por grande que sea su anhelo, jamás podrá esperar ascender al cielo de tu majestad y conocimiento.

Si te describo, oh mi Dios, como Aquel que Todo lo Percibe, me veo compelido a admitir que aquellos que son las más elevadas Personificaciones de la percepción, han sido creados por virtud de tu mandato. Y si te alabo como Aquel quien es el Omnisapiente, me veo igualmente forzado a reconocer que los Manantiales de sabiduría han sido generados ellos mismos por la acción de tu Voluntad. Y si te ensalzo como el Incomparable, pronto descubro que aquellos que son la más íntima esencia de unidad, han sido enviados por ti y no son más que las demostraciones de tu obra. Y si te aclamo como el Conocedor de todas las cosas, debo confesar que aquellos que son la Quintaesencia del conocimiento son sólo creación e instrumentos de tu Propósito.

Exaltado, inmensamente exaltado, eres Tú, por encima de los esfuerzos del hombre mortal para desentrañar tu misterio, describir tu gloria o aun insinuar la naturaleza de tu Esencia. Por tanto, por mucho que logren tales esfuerzos, jamás podrán tener la esperanza de trascender las limitaciones impuestas sobre tus criaturas, ya que están animados por tu mandato y son engendrados por tu inventiva. Los sentimientos más elevados que el más santo de los santos pueda expresar en tu alabanza, y la más profunda sabiduría que el más erudito de los hombres pueda proferir en su esfuerzo por comprender tu naturaleza, todos giran alrededor de aquel Centro que está completamente subordinado a tu Soberanía, que adora tu Belleza y es propulsado por los movimientos de tu Pluma.

¡No! ¡Prohíbelo, oh mi Dios! que yo haya pronunciado palabras tales que necesariamente impliquen la existencia de cualquier relación directa entre la Pluma de tu Revelación y la esencia de todas las cosas creadas. ¡Lejos, muy lejos están Aquellos que tienen conexión contigo, la concepción de tal relación! Toda comparación o descripción es incapaz de hacer justicia al Árbol de tu Revelación, y todos los caminos hacia la comprensión de la Manifestación de ti mismo y la Aurora de tu Belleza, están cerrados.

¡Lejos, muy lejos de tu gloria está lo que hombres mortales puedan afirmar de ti, o atribuirte, o la alabanza con que puedan glorificarte! Cualquier deber que Tú hayas prescrito a tus siervos de ensalzar al máximo tu majestad y gloria, es sólo una muestra de tu gracia hacia ellos, para que puedan ascender al grado conferido a su propio ser interior, el del conocimiento de sí mismo. Nadie que no seas Tú ha podido, en ningún momento, sondear tu misterio o ensalzar dignamente tu grandeza. Inescrutable, y muy por encima de la alabanza de los hombres, permanecerás Tú eternamente. No existe otro Dios más que Tú, el Inaccesible, el Omnipotente, el Omnisciente, el Sacratísimo.

II. El principio de todas las cosas es el conocimiento de Dios, y el fin de todas las cosas, la observancia estricta de todo lo que ha sido enviado desde el empíreo de la Voluntad Divina, que abarca todo lo que está en los cielos y en la tierra.

III. La Revelación que desde tiempo inmemorial ha sido aclamada como el Propósito y Promesa de todos los profetas de Dios y como el más caro deseo de sus mensajeros, ha sido ahora manifestada a los hombres por virtud de la penetrante Voluntad del Todopoderoso y de su irresistible mandato. El advenimiento de tal Revelación ha sido anunciado en todas las Sagradas Escrituras. Contemplad cómo, a pesar de dicho anuncio, la humanidad se ha desviado de su sendero y se ha apartado de su gloria.

Di: ¡Oh vosotros amantes del Dios único y verdadero! Esforzaos para que, en verdad, le reconozcáis, y conozcáis y observéis dignamente sus preceptos. Ésta es una Revelación bajo la cual, si un hombre derramare por ella una gota de sangre, miríadas de océanos serán su recompensa. Estad alertas, oh amigos, no sea que, por incumplimiento, perdáis tan inestimable beneficio o despreciéis su trascendente rango. Considerad la multitud de vidas que han sido, y aún están siendo, sacrificadas, en un mundo engañado por un mero fantasma concebido por la vana imaginación de sus pueblos. Dad gracias a Dios, ya que habéis alcanzado el deseo de vuestros corazones y habéis sido unidos a Aquel quien es el Prometido de todas las naciones. Proteged, con la ayuda del Dios único y verdadero, exaltada sea su gloria, la integridad de la posición que habéis logrado y aferraos a aquello que promueva su Causa. Él, en verdad, os ordena aquello que es justo y que conduce a la elevación de la posición del hombre. Glorificado sea el Todo Misericordioso, el revelador de esta maravillosa Tabla.

IV. Este es el día en que los más excelentes favores de Dios han sido derramados sobre los hombres, Día en que su poderosísima gracia ha sido infundida en todas las cosas creadas. Incumbe a todos los pueblos del mundo reconciliar sus diferencias y, con perfecta unidad y paz, morar bajo la sombra del Árbol de su cuidado y amorosa bondad. Les incumbe aferrarse a todo aquello que, en este Día, conduzca a la exaltación de su posición y la promoción de sus mejores intereses. Dichosos aquellos a quienes la gloriosísima Pluma se sintió inclinada a recordar y benditos aquellos hombres cuyos nombres, por virtud de nuestro inescrutable decreto, hemos preferido ocultar.

Suplicad al Dios único y verdadero que conceda que todos los hombres sean asistidos por gracia a cumplir aquello que sea aceptable a nuestra vista. Pronto el orden actual será enrollado y uno nuevo será desplegado en su lugar. De cierto, vuestro Señor habla la verdad y es el Conocedor de cosas no vistas.

V. Éste es el Día en que el Océano de la misericordia de Dios ha sido manifestado a los hombres, Día en que el Sol de su amorosa bondad ha derramado su resplandor sobre ellos, Día en que las nubes de su generoso favor han dado sombra a toda la humanidad. Éste es el tiempo para alentar y refrescar al deprimido por medio de las vivificantes brisas de amor y fraternidad, y por las vivientes aguas de amistad y caridad.

Aquellos que son los amados de Dios, doquiera se reúnan y a quienquiera encuentren, deben mostrar, en su actitud hacia Dios, y en la forma en que celebran su alabanza y gloria, tal humildad y sumisión, que cada átomo de polvo bajo sus pies pueda atestiguar la profundidad de su devoción. La conversación de estas almas santas debe estar dotada con poder tal que estos mismos átomos se sientan estremecidos por su influencia. Deben comportarse en tal forma que la tierra sobre la cual caminan nunca pueda dirigirles palabras como éstas: "Yo debo ser preferida antes que vosotros. Observad con qué paciencia sobrellevo la carga que el labrador me pone encima. Yo soy el instrumento que imparte continuamente a todos los seres las bendiciones que Aquel quien es la Fuente de toda gracia, me ha confiado. No obstante el honor que me ha sido conferido y las innumerables pruebas de mi riqueza, riqueza que satisface las necesidades de toda la creación, mirad cuán grande es mi humildad, atestiguad con cuanta sumisión permito ser hollada por los pies de los hombres..."

Mostrad paciencia, benevolencia y amor los unos por los otros. Si alguno de entre vosotros no pudiera captar cierta verdad o estuviera haciendo esfuerzos para comprenderla, mostrad en vuestra conversación con él un espíritu de suma bondad y benevolencia. Ayudadle a ver y reconocer la verdad, sin considerarse en lo más mínimo superior a él ni poseedor de mayores dotes.

Todo el deber del hombre en este Día es alcanzar aquella parte del torrente de la gracia que Dios derrama para él. Por tanto, que ninguno considere si el receptáculo es grande o pequeño. La porción de algunos puede caber en la palma de una mano, la porción de otros pudiera llenar una taza y la de otros alcanzar la medida de un galón.

Cada cual en este Día debería buscar lo que mejor promueva la Causa de Dios. ¡Aquel quien es la Eterna Verdad es mi testigo! No hay nada en este Día que pueda hacer más daño a mi Causa que la disensión y la contienda, las disputas, el alejamiento y la apatía entre los amados de Dios. Huid de ellos, mediante el poder de Dios y su soberana ayuda y esforzaos para unir los corazones de los hombres en su Nombre, el Unificador, el Omnipotente, el Omnisapiente.

Suplicad al Dios único y verdadero que conceda que saboreéis obras tales como las que son realizadas en su sendero y participéis de la dulzura de humildad y sumisión tales como las que muestran por amor a Él. Olvidaos de vosotros mismos y volved vuestros ojos hacia vuestro vecino. Dedicad vuestras energías a todo aquello que promueva la educación de los hombres. Nada es, ni jamás podrá ser, ocultado a Dios. Si camináis en su sendero, sus incalculables e imperecederas bendiciones lloverán sobre vosotros. Ésta es la luminosa Tabla cuyos versos han brotado de la vibrante Pluma de Aquel quien es el Señor de todos mundos. Meditad sobre ella en vuestros corazones y sed de los que observan sus preceptos.

VI. Observad cómo los diversos pueblos y naciones de la tierra han estado esperando el advenimiento del Prometido. Tan pronto como Aquel quien es el Sol de la Verdad se manifestó, he aquí, que todos se apartaron de Él, excepto aquellos a quienes Dios quiso guiar. No nos atrevemos a levantar, en este Día, el velo que oculta la exaltada posición que cada creyente verdadero puede alcanzar, por cuanto el júbilo que tal revelación provocaría bien pudiera ser causa de que algunos sufrieran un desvanecimiento y murieran.

Aquel quien es el Corazón y Centro del Bayán ha escrito: "El germen que contiene en sí las potencialidades de la Revelación que ha de venir posee una potencia superior a las fuerzas combinadas de todos los que me siguen." Y, en otra parte, Él dice: "De todos los tributos que he rendido a Aquel que vendrá después de mí, el más grande es éste, mi confesión escrita, que ninguna palabra mía puede describirle en forma adecuada, como tampoco puede referencia alguna a Él mi Libro, el Bayán, hacer justicia a su Causa."

Quienquiera haya buscado en las profundidades de los océanos que yacen ocultos en estas exaltadas palabras y haya sondeado su significado, se puede decir que ha descubierto un destello de la gloria inefable con que ha sido dotada esta poderosísima, sublime y santísima Revelación. De la excelencia de tan grande Revelación, bien puede imaginarse el honor con que han de ser investidos sus fieles seguidores. ¡Por la rectitud del Dios único y verdadero! Incluso el aliento de estas almas posee mayor riqueza que todos los tesoros de la tierra. Dichoso el hombre que la ha alcanzado y ¡ay! de los negligentes.

VII. En verdad os digo, este es el Día en que la humanidad puede contemplar el Rostro y oír la Voz del Prometido. El Llamado de Dios ha sido proclamado y la Luz de su semblante se ha levantado sobre los hombres. Incumbe a todos borrar de la tablilla de su corazón la huella de toda palabra vana y contemplar con mente abierta e imparcial los signos de su Revelación, las pruebas de su Misión y las señales de su Gloria.

¡Grande, en verdad, es este Día! Las alusiones que se hacen a Él en todas las sagradas Escrituras como el Día de Dios atestiguan su grandeza. El alma de cada profeta de Dios, de cada mensajero divino, ha añorado este maravilloso Día. Asimismo, todos los pueblos de la tierra han ansiado llegar a él. Sin embargo, en cuanto se manifestó el Sol de su Revelación en el cielo de la Voluntad de Dios, todos, excepto aquellos a quienes el Todopoderoso quiso guiar, se mostraron confundidos y negligentes.

¡Oh tú que me has recordado! Un agraviante velo ha separado a los pueblos de la tierra de su gloria y ha impedido que escuchen su llamado. Conceda Dios que la luz de la unidad envuelva a toda la tierra y que el sello "El Reino es de Dios", sea estampado en la frente de todos sus pueblos.

VIII. ¡Por la rectitud de Dios! Estos son los días en los cuales Él ha puesto a prueba los corazones de todos sus mensajeros y profetas y, más allá de ellos, a quienes montan guardia sobre su sagrado e inviolable Santuario, los moradores del Pabellón celestial y los habitantes del Tabernáculo de Gloria. ¡Cuán severa será, entonces, la prueba a que se verán sometidos aquellos que conciben socios de Dios!

IX. ¡Oh Husayn! Considera cuán ansiosos estaban ciertos pueblos y naciones de que regresara el Imán Husayn, cuya venida después de la llegada del Qá'im, ha sido profetizada en días pasados, por los elegidos de Dios, exaltada sea su gloria. Aún más, estas almas santas han anunciado que cuando se manifieste Aquel quien es la Aurora de la gracia múltiple de Dios, todos los profetas y mensajeros, incluso el Qá'im, se reunirán bajo la sombra del Sagrado Estandarte que el Prometido enarbolará. Esa hora ya ha llegado. El mundo está iluminado con la gloria refulgente de su semblante. ¡Sin embargo, observa cuán lejos se han extraviado los pueblos de su sendero! Ninguno ha creído en Él con excepción de aquellos quienes, mediante el poder del Señor de los Nombres, han hecho añicos los ídolos de sus vanas imaginaciones y deseos corruptos y han entrado en la ciudad de la certeza. En este Día y en su Nombre, el que Subsiste por sí mismo, el sello del Vino escogido de su Revelación ha sido roto. Se está derramando su gracia sobre los hombres. Llena tu copa y bebe en su Nombre, el Santísimo, el Más Alabado.

X. El tiempo preordinado para los pueblos y naciones de la tierra ya ha llegado. Las promesas de Dios, según están registradas en las sagradas Escrituras, han sido cumplidas. Desde Sión ha salido la Ley de Dios y Jerusalén y sus montañas y campos están llenos de la gloria de su Revelación. Feliz el hombre que pondera en su corazón aquello que ha sido revelado en los Libros de Dios, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por sí mismo. Meditad sobre esto, oh amados de Dios, y permitid que vuestros oídos estén atentos a su Palabra, para que os sea posible, por su gracia y misericordia, beber cuanto podáis de las cristalinas aguas de la constancia y ser en su Causa firmes e inamovibles como la montaña.

En el Libro de Isaías está escrito: "Entra en la roca y ocúltate en el polvo, por temor al Señor y por la gloria de su majestad". Ningún hombre que medite sobre este verso puede dejar de reconocer la grandeza de esta Causa, o dudar del exaltado carácter de este Día: el Día de Dios mismo. Este versículo es seguido por las palabras: "Y solamente el Señor será exaltado en ese Día". Este es el Día que la Pluma del Altísimo ha glorificado en todas las sagradas Escrituras. No hay en ellas versículo alguno que no declare la gloria de su santo Nombre y no hay Libro que no atestigüe la sublimidad de este exaltadísimo tema. Si mencionáramos todo lo que ha sido revelado en estos Libros celestiales y santas Escrituras concerniente a esta Revelación, esta Tabla llegaría a tener dimensiones inconmensurables. Incumbe a cada ser humano en este Día, poner toda su confianza en las múltiples generosidades de Dios y levantarse para diseminar, con suma sabiduría, las verdades de su Causa. Entonces, y sólo entonces, toda la tierra será envuelta por la luz matinal de su Revelación.

XI. Toda gloria sea para este Día, Día en que las fragancias de misericordia se han esparcido sobre todas las cosas creadas; Día tan bendito, que las edades y siglos del pasado jamás podrán rivalizarlo; Día en que el semblante del Antiguo de los Días se ha vuelto hacia su santa sede. Por tanto, las voces de todas las cosas creadas, y más allá de éstas, aquellas del Concurso en lo alto, se oyeron exclamar: "Apresúrate, oh Carmelo, porque, ve, la luz del semblante de Dios, el Soberano del Reino de los Nombres y Modelador de los cielos, se ha levantado sobre ti".

Sobrecogido por efluvios de alegría, levantando su voz, exclamó: "¡Que mi vida sea sacrificada por ti! Ya que Tú has fijado tu mirada sobre mí, me has conferido tu munificencia y has dirigido tus pasos hacia mí. La separación de ti, oh Fuente de vida eterna, casi me ha consumido y mi lejanía de tu presencia ha devorado mi alma. Toda alabanza sea para ti por haberme permitido escuchar tu llamado, por haberme honrado con tus pasos y por haber revivido mi alma con la vivificante fragancia de tu Día y la estremecedora voz de tu Pluma, voz que Tú ordenaste fuera tu toque de clarín entre tu pueblo. Y cuando sonó la hora en que debía manifestarse tu irresistible Fe, exhalaste a tu Pluma un soplo de tu espíritu y he aquí que toda la creación fue sacudida hasta sus mismos cimientos, descubriendo ante la humanidad aquellos misterios que yacían ocultos en los tesoros de Aquel quien es el Poseedor de todas las cosas creadas".

En cuanto se oyó su voz en ese exaltadísimo Lugar, Nosotros respondimos: "Da gracias a tu Señor, oh Carmelo. El fuego de tu separación de mí te consumía rápidamente cuando el océano de mi presencia se levantó ante tu rostro, alegrando tus ojos y los de toda la creación y llenando de gozo todas las cosas visibles e invisibles. Regocíjate, porque Dios ha establecido su trono sobre ti en este Día, te ha hecho el punto del amanecer de sus signos y la aurora de las demostraciones de su Revelación. Dichoso aquel que te circunde, proclame la revelación de tu gloria y relate aquello que la munificencia del Señor tu Dios ha derramado sobre ti. Toma el Cáliz de la Inmortalidad en el nombre de tu Señor, el Todo Glorioso, y da gracias a Él, ya que, como señal de su misericordia hacia ti, ha transformado tu tristeza en alegría y ha cambiado tu pena en dichosa felicidad. Él, en verdad, ama el sitio designado la sede de su trono, que sus pies han pisado, que ha sido honrado por su presencia, desde donde Él proclamó su llamado y sobre el cual derramó sus lágrimas.

"Llama a Sión, oh Carmelo, y anuncia las felices nuevas: ¡Él que estaba oculto a los ojos mortales ha venido! Su soberanía que todo lo subyuga está manifiesta; su esplendor que todo lo abarca se ha revelado. Está alerta, no sea que vaciles o te detengas. Apresúrate y circunda la Ciudad de Dios que ha descendido del cielo, la Kaaba celestial a cuyo derredor han circundado en adoración los favorecidos de Dios, los puros de corazón y la compañía de los más excelsos ángeles. ¡Oh! cuánto ansío anunciar a cada lugar de la superficie de la tierra y llevar a cada una de sus ciudades las buenas nuevas de esta Revelación, a la cual ha sido atraído el corazón del Sinaí y en cuyo nombre la Zarza Ardiente está proclamando: 'Los reinos del cielo y de la tierra pertenecen a Dios, el Señor de Señores'. En verdad, este es el Día en que tanto la tierra como el mar se regocijan ante este anuncio, Día para el cual han sido preservadas aquellas cosas que Dios, gracias a una generosidad más allá de la comprensión de mente o corazón mortales, ha destinado para ser reveladas. Dentro de poco Dios hará navegar su Arca sobre ti y manifestará al pueblo de Bahá que ha sido mencionada en el Libro de los Nombres."

Santificado sea el Señor de toda la humanidad, ante la mención de cuyo nombre todos los átomos de la tierra han vibrado, y la Lengua de Grandeza ha sido impulsada a exponer aquello que estaba guardado en su conocimiento y yacía oculto en el tesoro de su poder. Él en verdad, mediante la potencia de su nombre, el Poderoso, el Omnipotente, el Altísimo, es el soberano de todo lo que hay en los cielos y todo lo que hay sobre la tierra.

XII. Levantaos, oh pueblo, anticipándoos a los días de la justicia divina, porque la hora prometida ha llegado. Estad alerta, no sea que no comprendáis su importancia y seáis contados entre los descarriados.

XIII. Considera el pasado. Cuántos hombres, elevados y humildes, han esperado ansiosamente, en toda época, el advenimiento de las manifestaciones de Dios en la santificada persona de sus elegidos. Cuántas veces han esperado su venida; con qué frecuencia han suplicado para que sople la brisa de la misericordia divina y aparezca la Belleza prometida desde detrás del velo del encubrimiento, y sea revelada a todo el mundo. Y siempre que se abrieron las puertas de gracia, y las nubes de munificencia divina se vertieron sobre la humanidad y la luz del Invisible brilló sobre el horizonte de poder celestial, todos ellos le negaron y se apartaron de su rostro, el rostro de Dios mismo ....

Reflexiona: ¿Cuál pudo haber sido el motivo de tales hechos? ¿Qué pudo haber inducido a semejante comportamiento para con los Reveladores de la belleza del Todo Glorioso? Aquello que en días pasados fue la causa del rechazo y oposición de esos hombres, ahora ha ocasionado la perversidad de la gente de esta época. Sostener que el testimonio de la Providencia era incompleto y que por eso ha sido la causa del rechazo de los hombres, no es sino blasfemia evidente. ¡Cuán lejos está de la gracia del Todo Munífico, de su amorosa providencia y tierna misericordia, elegir a un alma de entre todos los hombres para que guíe a sus criaturas, y luego, por una parte, privarle de la medida plena de su testimonio divino, y por otra, infligir severo castigo a su pueblo por haberse apartado de su elegido! Es más, las múltiples generosidades del Señor de todos los seres han rodeado, en todo tiempo, mediante las manifestaciones de su divina Esencia, a la tierra y a todos los que viven en ella. Ni por un momento ha sido retenida su gracia, ni tampoco las lluvias de su amorosa bondad han dejado de verterse sobre la humanidad. Por consiguiente, semejante comportamiento no puede atribuirse sino a la estrechez de mente de aquellas almas que vagan en el valle de la arrogancia y orgullo, que están perdidas en el desierto del alejamiento, que caminan tras sus vanas fantasías y siguen las órdenes de los jefes de su fe. Su interés principal es la mera oposición, y su único deseo es desconocer la verdad. Para todo observador perspicaz es evidente y manifiesto que si en los días de cada una de las manifestaciones del Sol de la Verdad estos hombres hubiesen santificado sus ojos, sus oídos y sus corazones de todo lo que hubieran visto, oído y sentido, de seguro no se habrían privado de ver la belleza de Dios, ni se habrían extraviado lejos de los aposentos de gloria. Pero pesaron el testimonio de Dios con la medida de su propio conocimiento, tomado de las enseñanzas de los jefes de su fe, y al encontrarlo en desacuerdo con su limitado entendimiento, se levantaron a perpetrar tan indignos actos ....

¡Considera a Moisés! Armado con la vara del dominio celestial, adornado con la blanca mano del conocimiento divino, procedente del Paran del amor de Dios, y empuñando la serpiente del poder y majestad eterna, brilló sobre el mundo desde el Sinaí de la luz. Llamó a todos los pueblos y razas de la tierra al reino de la eternidad, y les invitó a participar del fruto del árbol de la fidelidad. Seguramente conoces la feroz oposición del Faraón y su pueblo, y de las piedras de ociosa fantasía que las manos de los infieles lanzaron a ese Árbol bendito. Tanto es así, que finalmente el Faraón y su pueblo se levantaron, haciendo esfuerzos extremos para extinguir, con las aguas de la falsedad y negación, el fuego de ese Árbol sagrado, olvidando la verdad de que ningún agua terrenal puede apagar la llama de la sabiduría divina, ni pueden ráfagas mortales extinguir la lámpara del dominio eterno. Más aún, semejante agua no puede sino intensificar el ardor de la llama, y tales ráfagas no pueden sino asegurar la conservación de la lámpara; si observaras con el ojo del discernimiento y caminaras por el camino de la santa voluntad y complacencia de Dios ....

Y cuando terminaron los días de Moisés, y la luz de Jesús, brillando desde la aurora del Espíritu, envolvió al mundo, todo el pueblo de Israel se levantó en oposición contra Él. Reclamaban que Aquel cuyo advenimiento había predicho la Biblia, debía necesariamente promulgar y cumplir las leyes de Moisés, en tanto que este joven nazareno, quien se atribuía la posición del Mesías divino, había anulado la ley del divorcio y del sábado: las más importantes de todas las leyes de Moisés. Y además, ¿qué decir de las señales de la Manifestación que había de venir? ¡Este pueblo de Israel, aún, hasta el día de hoy, espera a la Manifestación predicha por la Biblia! ¡Cuántas Manifestaciones de Santidad, cuántos Reveladores de la luz sempiterna, han aparecido desde el tiempo de Moisés, y, sin embargo, Israel, envuelto en los más densos velos de fantasía satánica y falsas imaginaciones, aún espera que el ídolo creado por él mismo aparecerá con los signos que él ha concebido! Así Dios les ha castigado por sus pecados, ha extinguido en ellos el espíritu de fe, y les ha atormentado con las llamas del fuego del infierno. Y esto sólo a causa de que Israel rehusó comprender el significado de aquellas palabras que fueron reveladas en la Biblia referente a los signos de la próxima Revelación. Como jamás comprendió su verdadera significación y aparentemente tales acontecimientos nunca ocurrieron, permaneció privado de reconocer la belleza de Jesús y de ver la faz de Dios. ¡Y aún esperan su venida! Desde tiempo inmemorial hasta el presente, todas las razas y pueblos de la tierra se han aferrado a semejantes fantasías y pensamientos indignos, privándose así de las claras aguas que fluyen de las fuentes de pureza y santidad....

Para quienes están dotados de entendimiento, es claro y manifiesto que cuando el fuego del amor de Jesús consumió los velos de las limitaciones de los judíos, y su autoridad se hizo evidente y fue puesta parcialmente en vigor, Él, el Revelador de la Belleza invisible, al dirigirse un día a sus discípulos, se refirió a su muerte, y, encendiendo en sus corazones el fuego de la aflicción, les dijo: "Yo me voy y vengo otra vez a vosotros." Y en otra parte Él dijo: "Yo me voy y vendrá otro, quien os dirá todo lo que no os he dicho, y cumplirá todo lo que he hablado." Ambos dichos tienen un mismo significado, si consideras a las manifestaciones de la Unidad de Dios con percepción divina.

Todo observador perspicaz reconocerá que en la dispensación del Corán, fueron confirmados tanto el Libro como la Causa de Jesús. Y en cuanto a los nombres, Muhammad mismo declaró: "Yo soy Jesús". Él reconoció la verdad de las señales, profecías y palabras de Jesús, y atestiguó que todas eran de Dios. En este sentido, ni la persona de Jesús, ni sus escritos han diferido en los de Muhammad y de su Libro sagrado, por cuanto ambos han abogado por la Causa de Dios, han pronunciado su alabanza y revelado sus mandamientos. Así, Jesús mismo declaró: "Me voy y vengo otra vez a vosotros." Considera el sol. Si dijera: "Soy el sol de ayer", hablaría la verdad. Y si pretendiese ser otro sol, tomando en cuenta la secuencia del tiempo, diría también la verdad. Asimismo, Si se dijera que todos los días no son sino uno y el mismo, sería correcto y verdadero. Y si se dijera respecto de nombres particulares y designaciones, que difieren, esto también sería verdadero. Pues, si bien son los mismos, se reconoce en cada uno una designación distinta, un atributo específico, un carácter particular. Conforme a esto, comprende la distinción, variedad y unidad características de las diversas Manifestaciones de santidad, para que puedas entender las alusiones hechas por el Creador de todos los nombres y atributos, a los misterios de la distinción y unidad, y descubrir la respuesta a tu pregunta acerca de por qué la Eterna Belleza, varias veces, se ha llamado con nombres y títulos diferentes....

Cuando el Invisible, el Eterno, la Esencia divina, hizo que saliera el Sol de Muhammad en el horizonte del conocimiento, entre los reparos que pusieron contra Él los teólogos judíos estaba que después de Moisés ningún profeta sería enviado por Dios. Ciertamente, se ha hecho mención en las escrituras a un Ser que debía necesariamente manifestarse, quien promovería la Fe de Moisés y fomentaría los intereses de su pueblo, de modo que la Ley de la Dispensación de Moisés abarcase a toda la tierra. Así se ha referido en su Libro el Rey de gloria sempiterna a las palabras pronunciadas por esos vagabundos del valle del alejamiento y error: "Dicen los judíos, 'La mano de Dios está encadenada'. Encadenadas estén sus propias manos; y fueron maldecidos por lo que dijeron. Antes ¡extendidas están sus dos manos!" "La mano de Dios está por encima de sus manos." Aunque de diversa manera han relatado los comentaristas del Corán las circunstancias que rodearon la revelación de este versículo, con todo debieras esforzarte por comprender su propósito. Él dice: ¡Cuán falso es lo que los judíos han imaginado! ¿Cómo puede la mano de Aquel quien es el Rey en verdad, quien hizo que se revelara el semblante de Moisés y le confirió el manto de profeta; cómo puede estar encadenada y trabada con grillos la mano de semejante Ser? ¿Cómo puede imaginársele incapaz para enviar a otros mensajeros después de Moisés? ¡Mira lo absurdo de su afirmación; cuán lejos se han apartado del sendero del conocimiento y la comprensión! Observa cómo también en este día, toda esta gente se ha ocupado con tan absurdos disparates. ¡Durante más de mil años han estado recitando este versículo y censurando, sin saberlo, a los judíos, ignorando totalmente que ellos mismos, abierta y secretamente, expresan los sentimientos y creencia del pueblo judío! Seguramente estás informado de su vana aseveración que toda Revelación ha terminado, que se han cerrado las puertas de la misericordia divina, que de las auroras de santidad eterna no saldrá de nuevo el sol, que para siempre se ha calmado el Océano de la munificencia sempiterna, que los mensajeros de Dios han cesado de aparecer desde el Tabernáculo de antigua gloria. Tal es el grado de comprensión de esta gente mezquina y despreciable. Esta gente ha imaginado que el flujo de la gracia de Dios, que todo lo abarca, y sus abundantes favores, cuya interrupción ninguna mente puede contemplar, se ha detenido. De todos lados se han levantado con tiranía, y han hecho los mayores esfuerzos para apagar con las amargas aguas de su vana fantasía la llama de la Zarza Ardiente de Dios, olvidando que el globo del poder protegerá dentro de su poderosa fortaleza a la Lámpara de Dios ....

Observa cómo la soberanía de Muhammad, el Mensajero de Dios, es evidente y está manifiesta, entre el pueblo. Tú bien sabes lo que aconteció a su Fe en los primeros días de su dispensación. ¡ Cuán dolorosos sufrimientos causó la mano de los infieles y errados, los sacerdotes de esa época y sus socios, a esa Esencia espiritual, a ese muy puro y santo Ser! ¡Cuán abundantes las zarzas y espinas que esparcieron sobre su camino! Es evidente que esa miserable generación, en su malvada y satánica fantasía, consideró todo daño a ese Ser inmortal como medio para alcanzar felicidad perdurable, por cuanto los sacerdotes reconocidos de esa época, como 'Abdu'lláh-i-Ubayy, Abú 'Ámir, el ermitaño, Ka'b-ibn- i-Ashraf, y Nadr-ibn-i-Hárith, le trataron todos como impostor y le declararon demente y calumniado. Tan dolorosas acusaciones hicieron contra Él, que al relatarlas, Dios prohibe que fluya la tinta, que corra nuestra pluma o que las soporte la página. Estas imputaciones malignas hicieron que el pueblo se levantara para atormentarle. ¡Y cuán feroz ese tormento si los sacerdotes de la época son sus principales instigadores, si le denuncian a sus seguidores y le arrojan de su medio declarándole perverso! ¿No le ha sucedido lo mismo a este Siervo, y todos lo han presenciado?

Por esta razón, Muhammad exclamó: "Ningún profeta de Dios ha sufrido daño tal como el que Yo he sufrido". Y en el Corán se registran todas las calumnias y reproches que se pronunciaron contra Él, así como todas las aflicciones que sufrió. Remitíos a él para que tal vez seáis informados de lo que aconteció a su Revelación. Tan grave era su situación, que por un tiempo todos dejaron de tener trato con Él y con sus compañeros. Cualquiera que se juntara con Él caía víctima de la crueldad implacable de sus enemigos....

¡Considera cuán grande es el cambio hoy día! ¡Mira cuántos soberanos inclinan la rodilla ante su nombre! ¡Cuán numerosas las naciones y reinos que han buscado asilo bajo su Sombra, y que guardan lealtad a su Fe enorgulleciéndose de ello! De los púlpitos se elevan hoy palabras de alabanzas que con toda humildad glorifican su bendito nombre; y de lo alto de los minaretes resuena el llamado que convoca al concurso de su pueblo para adorarle. Aun los reyes de la tierra que han rehusado abrazar su Fe y quitarse el manto del descreimiento, confiesan y reconocen sin embargo la grandeza y majestad avasalladora de ese Sol de amorosa bondad. Tal es su soberanía terrenal, de la cual ves evidencias por todas partes. Esta soberanía debe necesariamente revelarse y establecerse, ya sea durante la vida de cada manifestación de Dios o después de su ascensión a su verdadera morada en los reinos de lo alto....

Es evidente que los cambios producidos en cada Dispensación, constituyen las nubes oscuras que se interponen entre el ojo del entendimiento humano y la Lumbrera divina que brilla en la aurora de la Esencia divina. Considera cómo los hombres durante generaciones han imitado ciegamente a sus padres, y han sido educados de acuerdo con prácticas y costumbres tales como las establecidas por los preceptos de su Fe. Por tanto, si estos hombres descubrieran de repente que un Hombre, que ha vivido en medio de ellos, y que respecto a toda limitación humana ha sido igual a ellos, se ha levantado para abolir todos los principios establecidos e impuestos por su Fe -principios en los cuales ellos durante siglos han sido disciplinados, considerando como infieles, descarriados y perversos a sus opositores y negadores- ellos, ciertamente, estarían envueltos en velos e imposibilitados para reconocer su verdad. Cosas semejantes son como "nubes" que velan los ojos de aquellos cuyo ser interior aún no ha gustado el Salsabíl del desprendimiento, ni ha bebido del Kawthar del conocimiento de Dios. Tales hombres, al tomar conocimiento de esas circunstancias, llegan a velarse a tal punto que sin la menor pregunta declaran infiel a la Manifestación de Dios y le sentencian a muerte. Debes haber oído ya que tales cosas han sucedido en todas las épocas, y ahora puedes observarlas en este día.

Nos incumbe, por tanto, hacer el mayor esfuerzo, para que con la invisible ayuda de Dios, esos velos oscuros, esas nubes de pruebas enviadas del Cielo, no nos impiden ver la belleza de su luminoso semblante y reconocerle sólo en virtud de su propio ser.

XIV. La Divina Primavera ha llegado, oh Más Excelsa Pluma, por cuanto la Festividad del Todo Misericordioso se acerca rápidamente. Levántate y glorifica ante la creación entera el nombre de Dios y celebra su alabanza de tal manera que todas las cosas creadas puedan ser regeneradas y renovadas. Habla y no guardes silencio. El sol de suprema felicidad brilla sobre el horizonte de nuestro nombre, el Venturoso, por cuanto el reino del nombre de Dios ha sido adornado con el ornamento del nombre de tu Señor, el Creador de los cielos. Levántate ante las naciones de la tierra y ármate con el poder de este Más Grande Nombre y no seas de los que se demoran.

Me parece que te has detenido y no te mueves sobre mi Tabla. ¿Es posible que el resplandor del Semblante Divino te haya aturdido o que la necia charla de los insolentes te haya llenado de pesar y paralizado tu acción? Está alerta y no dejes que nada te prive de ensalzar la grandeza de este Día en que el Dedo de majestad y fuerza ha abierto el sello del Vino de la Reunión y llamado a todos los que están en el cielo y a todos los que están en la tierra. ¿Prefieres demorarte cuando la brisa anunciadora del Día de Dios ha soplado ya sobre ti, o eres de aquellos que están apartados de Él como por un velo?

No he permitido que ningún velo, cualquiera que sea, oh Señor de todos los nombres y Creador de los cielos, me aparte del reconocimiento de las glorias de tu Día, el cual es la lámpara de guía para todo el mundo y el signo del Antiguo de los Días para todos aquellos que habiten en él. Mi silencio es debido a los velos que han impedido que los ojos de tus criaturas te vean y mi mudez se debe a los impedimentos que han privado a tu pueblo de reconocer tu verdad. Tú conoces lo que está en mí; pero yo no conozco lo que se halla en ti. Tú eres el Omnisciente, el que Todo lo Conoce. ¡Por tu nombre que excede todo otro nombre! Si tu mandato predominante y sometedor, alguna vez me alcanzara, me daría poder para revivir las almas de todos los hombres por medio de tu más excelsa Palabra, la cual he oído de tu Lengua de poder en tu Reino de gloria. Me permitiría anunciar la revelación de tu refulgente semblante por medio del cual lo que yace oculto a los ojos de los hombres ha sido manifestado en tu nombre, el Perspicaz, el Soberano Protector, el que Subsiste por sí mismo.

Oh Pluma, ¿descubres en este Día a otro que no sea a mí? ¿Qué hay de la creación y de sus manifestaciones? ¿Qué de los nombres y su reino? ¿Dónde han ido todas las cosas creadas ya sean visibles o invisibles? ¿Qué hay de los secretos ocultos del universo y sus revelaciones? ¡Ve cómo la creación entera ha dejado de existir! Nada queda sino mi Rostro, el Siempre Perdurable, el Resplandeciente, el Todo Glorioso.

Este es el Día en que nada se ve excepto los esplendores de la Luz que brilla en el rostro de tu Señor, el Munífico, el Más Generoso. Verdaderamente, Nosotros hemos hecho expirar a cada alma por virtud de nuestra irresistible soberanía que todo lo sojuzga. Luego hemos hecho surgir una nueva creación, como signo de nuestra gracia hacia los hombres. Soy, en verdad, el Todo Generoso, el Antiguo de los Días.

Éste es el Día en que el mundo invisible proclama: "Grande es tu bendición, oh tierra, porque has sido hecha el escabel de tu Dios y has sido escogida como el asiento de su poderoso trono". El reino de la gloria exclama: "Ojalá pudiera sacrificarte mi vida, porque Él, quien es el Bienamado del Todo Misericordioso, ha establecido su soberanía sobre ti, mediante la fuerza de su Nombre que ha sido prometido a todo lo que existe tanto en el pasado como en el futuro". Éste es el Día en que toda emanación de dulce olor deriva su fragancia del aroma de mi vestidura, la que ha derramado su perfume sobre la creación entera. Éste es el Día en que las torrentosas aguas de la vida eterna han brotado de la Voluntad del Todo Misericordioso. ¡Apresuraos de corazón y alma y bebed cuanto podáis, o Concurso de los reinos en lo alto!

Di: Él es la Manifestación de Aquel quien es el Incognoscible, el Invisible de los Invisibles, si pudierais comprenderlo. Él es quien ha puesto a descubierto, ante vosotros, la oculta y atesorada Gema, si sólo la buscarais. Él es el único Amado de todo lo existente, ya sea del pasado o del futuro. ¡Ojalá que pudierais poner vuestros corazones y esperanzas en Él!

Hemos escuchado la voz de tu Súplica, oh Pluma, y disculpamos tu silencio. ¿Qué es lo que te ha confundido tan penosamente?

La embriaguez de tu presencia, oh Bienamado de todos los mundos, me ha asido y me ha poseído.

Levántate y proclama a la creación entera las nuevas de que Él, quien es el Todo Misericordioso ha dirigido sus pasos hacia el Ridván y ha entrado en él. Guía, pues, al pueblo al jardín de delicias el cual Dios ha hecho el Trono de su Paraíso. Te hemos escogido a ti para que seas nuestra poderosísima Trompeta, cuyo toque anunciará la resurrección de toda la humanidad.

Di: Éste es el Paraíso en cuyo follaje el vino de la prolación ha estampado el testimonio: "¡Aquel quien estaba oculto a los ojos de los hombres ha sido revelado, investido con soberanía y poder!" Éste es el Paraíso, el murmullo de cuyas hojas proclama: "¡Oh vosotros que moráis en los cielos y en la tierra! Ha aparecido lo que antes jamás apareció. Aquél, que desde la eternidad tenía oculto su Rostro a la vista de la creación, ya ha venido". De la murmurante brisa que sopla entre sus ramas se oye el clamor: "Aquel quien es el soberano Señor de todo se ha hecho manifiesto. El Reino es de Dios", mientras que de sus fluyentes aguas se escucha el susurro: "Todos los ojos brillan de alegría, porque Aquel quien nadie ha contemplado, cuyo secreto nadie ha descubierto ha levantado el velo de la gloria y ha puesto al descubierto el semblante de la Belleza".

Dentro de este Paraíso, y desde las alturas de sus más elevados reinos, las Doncellas del Cielo han exclamado y proclamado: "Regocijaos vosotros moradores de los reinos en lo alto, porque los dedos de Aquel quien es el Antiguo de los Días hacen tañer, en el nombre del Todo Glorioso, en el centro del corazón de los cielos, la Más Grande Campana. Las manos de la generosidad han hecho pasar las copas de la vida eterna. Aproximaos y tomad lo que podáis. ¡Bebed con saludable fruición, oh vosotros que sois la encarnación misma del anhelo, vosotros que sois la personificación del deseo vehemente!"

Éste es el Día en el cual Aquel quien es el Revelador de los nombres de Dios, ha salido del Tabernáculo de la gloria y ha proclamado a todos los que están en los cielos y a todos los que están en la tierra: "Retirad las copas del Paraíso y toda el agua vivificadora que contienen, porque, ved cómo, el pueblo de Bahá ha entrado en la dichosa morada de la Presencia divina y ha bebido el vino de la reunión del cáliz de la belleza de su Señor, el que Todo lo que Posee, el Altísimo".

Oh Pluma, olvida el mundo de la creación y vuélvete hacia la faz de tu Señor, el Señor de todos los nombres. Adorna entonces el mundo con el ornamento de las favores de tu Señor, el Rey de los días sempiternos. Porque recibimos la fragancia del Día en el cual Aquel quien es el Deseo de todas las naciones ha derramado sobre los reinos de lo invisible y de lo visible el esplendor de la luz de sus más excelentes nombres y los ha envuelto con el resplandor de las luminarias de sus más bondadosos favores, favores que nadie puede valorar salvo Aquel quien es el omnipotente Protector de toda la creación.

No mires a las criaturas de Dios sino con ojos de bondad y misericordia, porque nuestra amorosa providencia ha penetrado en todas las cosas creadas y nuestra gracia ha envuelto la tierra y los cielos. Éste es el Día en el cual los verdaderos siervos de Dios participan de las aguas vivificantes de la reunión, Día en que los que están cerca de Él pueden beber de las corrientes tranquilas del río de la inmortalidad, y aquellos que creen en su unidad, beber el vino de su presencia, por el reconocimiento de Aquel quien de todo, es el Más Alto y Último Fin, dentro de quien la Lengua de Majestad y Gloria eleva el llamado: "Mío es el Reino. Por derecho propio, Yo mismo soy su Soberano".

Atrae los corazones de los hombres con el llamado de Aquel que es el solo y único Amado. Di: Ésta es la Voz de Dios, si escucharais. Ésta es la Aurora de la Revelación de Dios, si Supierais. Éste es el lugar del Amanecer de la Causa de Dios, si lo reconocierais. Ésta es la Fuente del mandato de Dios, si sólo la juzgarais acertadamente. Éste es el Secreto oculto y manifiesto, ojalá pudierais comprenderlo. ¡Oh pueblos del mundo! En mi nombre, que trasciende todos los demás nombres, desechad las cosas que poseéis y sumergíos en este Océano en cuyas profundidades yacen ocultas las perlas de la sabiduría y de la prolación, océano que se mueve en mi nombre el Todo Misericordioso. Así os instruye Aquel con quien está el Libro Madre.

El Más Amado ha venido. En su mano derecha está el Vino sellado de su nombre. Feliz el hombre que se vuelve hacia Él, que bebe cuanto puede y que exclama: "¡Alabado seas Tú, oh Revelador de los signos de Dios!" ¡Por la rectitud del Todopoderoso! Cada cosa oculta ha sido manifestada por la fuerza de la verdad. Todos los favores de Dios han sido enviados como un signo de su gracia. Las aguas de la vida eterna, en su plenitud, han sido brindadas a los hombres. Cada copa ha sido ofrecida a todos por la mano del Bienamado. Acercaos y no demoréis ni un solo instante.

Benditos son aquellos que se han remontado con las alas del desprendimiento y han alcanzado la posición que, como lo ha ordenado Dios, ampara la creación entera; a quienes, ni las vanas imaginaciones de los doctos, ni la multitud de las huestes de la tierra han logrado apartar de su Causa. ¿Hay alguien entre vosotros, oh pueblo, que renuncie al mundo y se acerque a Dios, el Señor de todos los nombres? ¿Dónde puede encontrarse el que, por la fuerza de mi nombre, trasciende todas las cosas creadas, deseche lo que los hombres poseen y se aferre con todo su poder a las cosas que Dios, el Conocedor de lo visible e invisible, le ha ordenado observar? Es así como su generosidad ha sido enviada a los hombres, su testimonio ha sido cumplido y su prueba ha brillado sobre el Horizonte de la misericordia. Grande será el premio ganado por aquel que ha creído y exclamado: "¡Loado eres Tú, oh Amado de todos los mundos! Magnificado sea tu nombre, oh Tú el Deseo de todo corazón comprensivo!"

Regocijaos con extrema alegría, oh pueblo de Bahá, cuando recordéis el Día de felicidad suprema, en el cual la Lengua del Antiguo de los Días ha hablado, al abandonar su Casa para dirigirse al Sitio desde el cual derramó sobre la creación entera los esplendores de su nombre, el Todo Misericordioso. Dios es nuestro testigo. Si reveláramos los secretos ocultos de aquel Día todos los que moran en los cielos y en la tierra desfallecerían y morirían, con excepción de aquellos que sean preservados por Dios, el Todopoderoso, el Omnisciente, el Omnisapiente.

Tal es el efecto embriagador de las palabras de Dios, sobre Aquel quien es el Revelador de sus indudables pruebas, que su Pluma no puede moverse mas. Con estas palabras Él concluye su Tabla: "No hay otro Dios fuera de mí, el Más Exaltado, el Más Poderoso, el Más Excelso, el que Todo lo Sabe."

XV. La Pluma de la Revelación exclama: "¡En este Día, el Reino es de Dios!" La Lengua del Poder está llamando: "¡En este Día, toda soberanía está verdaderamente con Dios!" El Fénix de los Reinos en lo alto anuncia desde la Rama inmortal: "¡La gloria de toda grandeza pertenece a Dios, el Incomparable, el que Todo lo Compele!" La Paloma Mística proclama, desde su venturosa morada, en el eterno Paraíso: "¡En este Día, la fuente de toda munificencia proviene de Dios, el Único, el Perdonador!" El Ave del Trono gorjea su melodía en su refugio de santidad: "¡El supremo poder no ha de ser atribuido, en este Día, a nadie salvo Dios, quien no tiene par, ni igual, quien es el Más Fuerte, el que Todo lo Sojuzga!" La íntima esencia de todo lo creado entona en todas las cosas el testimonio: "¡En este Día todo perdón fluye de Dios, con quien nadie puede compararse, con quien nadie puede ser asociado; el Soberano Protector de todos los hombres y el Encubridor de sus pecados!" La Quintaesencia de la Gloria ha levantado su voz sobre mi cabeza y llama desde tales alturas que no hay pluma ni lengua que puedan describirlas de manera alguna: "¡Dios es mi testigo! Él, el Antiguo de los sempiternos días ha venido, investido con majestad y poder. No hay otro Dios más que Él, el Todo Glorioso, el Todopoderoso, el Altísimo, el Sapientísimo, el que Todo lo Penetra, el que Todo lo Ve, el Conocedor de Todo, el Soberano Protector, la Fuente de luz eterna!"

¡Oh mi siervo, tú que has buscado el agrado de Dios y te has aferrado a su amor en el Día en que todos salvo unos pocos dotados de entendimiento se han separado de Él! Dios, por su gracia, te recompense con un premio generoso, incorruptible y eterno, por cuanto tú lo has buscado en el Día en que los ojos fueron cegados. Sabe que si te revelásemos una gota de las lluvias que han caído sobre Nosotros de las manos de los envidiosos y perversos por mandato de Dios llorarías con gran llanto y lamentarías día y noche nuestra condición. ¡Oh si pudiese encontrar un alma perspicaz e imparcial que reconociera las maravillas de esta Revelación, las cuales proclaman la soberanía de Dios y la grandeza de su poder. Quisiera que tal hombre se levantara y sólo por Dios, amonestara privada y abiertamente al pueblo, para que quizá se levanten y ayuden a este Agraviado a quien los inicuos han afligido tan penosamente.

Me parece oír la Voz del Espíritu Santo, llamando a mis espaldas y diciendo: Varía tu tema y altera tu tono, no sea que el corazón de aquel que ha fijado su mirada sobre tu faz, se entristezca. Di: Por la gracia de Dios y su poder, no he buscado la ayuda de nadie en el pasado, ni tampoco la buscaré en el futuro. Él es quien me ayudó con el poder de la verdad, durante los días de mi destierro en 'Iráq. Él es quien me amparó bajo la sombra de su protección, en el tiempo en que los pueblos de la tierra disputaban conmigo. Él es quien me permitió abandonar la ciudad, revestido con tal majestad, que nadie, salvo el negador y el perverso pueden dejar de reconocer.

Di: Mi ejército es mi fe en Dios, mi pueblo es la fuerza de mi confianza en Él. Mi amor es mi estandarte y mi compañero el recuerdo de Dios, el Soberano Señor de todo, el Más Poderoso, el Todo Glorioso, el Absoluto.

Levántate, oh caminante en el sendero del Amor de Dios y ayuda su Causa. Di: Oh pueblo, no troquéis a este Joven por las vanidades de este mundo ni por las delicias del cielo. ¡Por la rectitud del Dios único y verdadero! Uno sólo de su cabellos excede todo lo que está en los cielos y todo lo que está sobre la tierra. Guardaos, oh hombres, no sea que se os tiente a separaros de Él a cambio del oro y plata que poseéis. Que su amor sea un depósito de tesoros para vuestras almas, en el Día cuando ninguna otra cosa, fuera de Él, os beneficiará, Día en que todo pilar temblará, cuando la piel misma de los hombres se estremecerá, cuando todos los ojos se alzarán aterrorizados. Di: Oh pueblos, temed a Dios y no os alejéis con desdén de su Revelación. Caed ante Dios postrados sobre vuestros rostros y celebrad su alabanza en el día y en la noche.

Que tu alma arda con la llama de este Fuego imperecedero, que está encendido en lo más íntimo del corazón del mundo, de tal manera que las aguas del universo sean incapaces de enfriar su ardor. Haz entonces, mención de tu Señor, que quizá los negligentes entre nuestros siervos sean amonestados por tus palabras, y los corazones de los rectos alborocen.

XVI. Di: ¡Oh hombres! Éste es un Día inigualable. Asimismo, inigualable debe ser la lengua que celebra la alabanza del Deseo de todas las naciones, e inigualable el hecho que aspira a ser aceptable a su vista. Toda la raza humana ha anhelado este Día, para cumplir quizá con aquello que es digno de su posición y que su destino merece. Bendito el hombre a quien los asuntos del mundo no le han impedido reconocer a Aquel quien es el Señor de todas las cosas.

Tan ciego se ha vuelto el corazón humano que ni la desintegración de la ciudad, ni la reducción de la montaña a polvo, ni siquiera el agrietamiento de la tierra, pueden sacarle de su letargo. Las alusiones hechas en las Escrituras han sido descifradas y los signos allí registrados han sido revelados y el llamado profético es proclamado continuamente. ¡Y, sin embargo, todos, salvo aquellos que Dios ha querido guiar, están aturdidos en la embriaguez de su negligencia!

Ved, cómo el mundo está siendo afligido diariamente con una nueva calamidad. Su tribulación se agrava en forma continua. Desde que la Súriy-i-Ra'ís (Tabla a Ra'ís) fue revelada hasta el presente día, ni el mundo se ha apaciguado, ni los corazones de sus pueblos han tenido descanso. Una vez fue agitado por contiendas y disputas, otra fue trastornado por guerras y ha sido víctima de enfermedades arraigadas. Su dolencia se aproxima al estado de desesperación total, por cuanto el verdadero Médico está privado de administrar el remedio, mientras que practicantes inhábiles son mirados con aprobación y se les concede completa libertad para actuar.... El polvo de la sedición ha nublado los corazones de los hombres y ha cegado sus ojos. Dentro de poco, comprenderán las consecuencias de lo que sus manos han forjado en el Día de Dios. Así os advierte Él quien es el Conocedor de Todo, como está ordenado por Aquel quien es el Más Fuerte, el Todopoderoso.

XVII. ¡Por Aquel quien es el Gran Anuncio! El Todo Misericordioso ha llegado investido con indiscutible soberanía. La Balanza ha sido designada y todos los que moran en la tierra han sido congregados. La Trompeta ha sonado, y he aquí, que todos los ojos miran fijamente con terror y los corazones de todos los que están en los cielos y en la tierra se han estremecido, salvo los que han sido revividos por el hálito de los versos de Dios y se han desprendido de todas las cosas.

Éste es el Día en que la tierra dará a conocer sus nuevas. Los que obran con iniquidad son su carga, ojalá pudierais comprenderlo. La luna de la vana fantasía ha sido quebrada y el cielo ha difundido una palpable humareda. Vemos la gente abatida por temor a tu Señor, el Todopoderoso, el Más Fuerte. El Pregonero lanzó su voz y los hombres fueron lacerados, tan grande ha sido la furia de su ira. La gente de la siniestra suspira y se lamenta. La gente de la diestra mora en nobles habitaciones: Beben de las manos del Todo Misericordioso el Vino que es en verdad la vida, y son, ciertamente, los bienaventurados.

La tierra ha sido conmovida; las montañas se han desmoronado y han aparecido los ángeles, fila tras fila ante Nosotros. La mayoría de la gente está perpleja en su embriaguez y muestra en sus rostros los efectos de la ira. Así hemos juntado a los que obran iniquidades. Los vemos abalanzarse hacia su ídolo. Di: Nadie será exento en este Día del decreto de Dios. Éste es verdaderamente un Día doloroso. Les señalamos quienes los desviaron. Los ven, sin embargo, no los reconocen. Sus ojos están ebrios; ellos son ciertamente un pueblo ciego. Sus pruebas son las calumnias que profirieron; sus calumnias son condenadas por Dios, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por sí mismo. El Malvado ha despertado la discordia en sus corazones y sufren un tormento que nadie puede impedir. Se apresuran hacia los infames, llevando el registro de los que obran iniquidades. Así son sus acciones.

Di: Los cielos han sido replegados y la tierra está asida por su mano y los corruptos han sido retenidos por sus mechones, y, sin embargo, no entienden. Beben del agua contaminada y no lo saben. Di: El grito ha sido elevado y el pueblo ha salido de sus tumbas y al levantarse atisba su derredor. Algunos se han apresurado a alcanzar la corte del Dios de la Misericordia, otros han caído de bruces en el fuego del Infierno, mientras que otros todavía están perdidos en su perplejidad. Los versos de Dios han sido revelados, y no obstante, se han alejado de ellos. Su prueba ha sido manifiesta y aún están inconscientes de ella. Cuando contemplan la faz del Todo Misericordioso sus rostros se entristecen, mientras se distraen. Se apresuran hacia el fuego infernal confundiéndolo con la luz. ¡Lejos de Dios esté lo que neciamente imaginan! Di: Aunque os llenéis de gozo o reventéis de furia, los cielos se han hendido, y Dios ha descendido investido con radiante soberanía. Se oye cómo todas las cosas creadas exclaman: "El Reino es de Dios, el Todopoderoso, el Omnisciente, el Omnisapiente".

Sabe, además, que hemos sido arrojados en una aflictiva Prisión y que estamos rodeados por las huestes de la tiranía, como resultado de aquello que las manos de los infieles han forjado. Sin embargo, es tal la felicidad que el Joven ha gustado, que ningún gozo terrenal puede comparársele. ¡Por Dios! El daño que Él padece en las manos del opresor nunca podrá apenar su corazón, ni tampoco puede entristecerse por el predominio de quienes han repudiado su verdad.

Di: La tribulación es un horizonte para mi Revelación. El Sol de la gracia brilla sobre ella y derrama una luz, que ni las nubes de las inútiles fantasías de los hombres, ni las vanas imaginaciones del agresor pueden oscurecer.

Sigue los pasos de tu Señor y recuerda a sus siervos, así como Él te recuerda a ti, sin ser impedido por el clamor de los negligentes ni por la espada del enemigo.... Esparce por todas partes los dulces sabores de tu Señor, y no vaciles ni un instante en el servicio de su Causa. Se aproxima el día en que será proclamada la victoria de tu Señor, el que Siempre Perdona, el Más Generoso.

XVIII. Di: Hemos hecho que los ríos de la prolación divina fluyan desde nuestro trono, para que las tiernas hierbas de sabiduría y entendimiento broten de la tierra de vuestros corazones. ¿Acaso no estaréis agradecidos? Aquellos que desdeñan adorar a su Señor serán de los descartados. Y siempre que nuestros versos se recitan ante ellos, persisten en su orgulloso desdén y en la desmesurada violación de su ley, y no lo saben. En cuanto a aquellos que no han creído en Él, éstos estarán bajo la sombra de un humo negro. Les ha sobrevenido "la Hora" mientras se distraen. Han sido tomados de los mechones y aún no lo saben.

¡Lo que debe venir ha venido repentinamente; ve cómo huyen de ello! ¡Lo inevitable ha sucedido; atestigua cómo le han dado las espaldas! Éste es el Día en que todo hombre huirá de sí mismo, cuanto más de los suyos, si pudierais comprenderlo. Di: ¡Por Dios! ¡El llamado ha sido dado por la trompeta, y he aquí que el género humano ha desfallecido ante nosotros! El Heraldo ha exclamado, y el Emplazador ha elevado su voz diciendo: "El Reino es de Dios, el Más Fuerte, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por sí mismo".

Éste es el Día en que todos los ojos se alzarán aterrorizados, Día en que se estremecerán los corazones de los que habitan la tierra, salvo los de aquellos a quienes tu Señor, el Omnisciente, el Omnisapiente, quiera librar. Todos los rostros se han ennegrecido, salvo los de aquellos a quienes el Dios de Misericordia ha concedido un corazón radiante. Ebrios están los ojos de esos hombres que abiertamente han rehusado mirar la faz de Dios, el Todo Glorioso, el Todo Alabado.

Di: ¿No habéis estudiado el Corán? Leedlo, que quizás encontréis la Verdad, por cuanto este Libro es ciertamente el Sendero Recto. Éste es el Camino de Dios para todos los que están en el cielo y para todos los que están en la tierra. Aun cuando habéis descuidado el Corán, no podéis considerar lejos de vosotros el Bayán. Mirad, se abre ante vosotros. Leed sus versos, para que quizá desistáis de cometer aquello que haga a los mensajeros de Dios llorar y lamentarse.

Apresuraos, dejad vuestros sepulcros. ¿Hasta cuándo dormiréis? Ha sonado el segundo toque de trompeta. ¿Hacia quién miráis? Éste es vuestro Señor, el Dios de Misericordia. ¡Atestiguad cómo negáis sus signos! La tierra ha temblado con gran estremecimiento, y ha depuesto su carga. ¿No lo admitiréis? Di: ¿No reconoceréis cómo las montañas han llegado a ser como lana cardada, cómo el pueblo ha sido dolorosamente agitado por la imponente majestad de la Causa de Dios? Atestiguad cómo sus casas son ruinas vacías y ellos mismos, una hueste hundida.

Éste es el Día en que el Todo Misericordioso ha descendido en las nubes del conocimiento, ataviado de soberanía manifiesta. Él sabe bien las acciones de los hombres. Él es Aquel cuya gloria nadie puede confundir, si pudierais comprenderlo. El cielo de cada religión ha sido rajado, la tierra del entendimiento humano ha sido partida, y se ve descender a los ángeles de Dios. Di: Éste es el Día de mutuo engaño; ¿hacia dónde huís? Las montañas han desaparecido y los cielos se han replegado, y toda la tierra está asida por su mano, si pudierais entenderlo. ¿Quién puede protegeros? ¡Nadie, por Aquel quien es el Todo Misericordioso! Nadie, salvo Dios, el Todopoderoso, el Todo Glorioso, el Benéfico. Cada mujer que ha tenido una carga en su vientre la ha depuesto. Vemos a los hombres embriagados en este Día en que hombres y ángeles han sido congregados.

Di: ¿Hay duda alguna referente a Dios? Ve cómo Él ha descendido del cielo de su gracia, ungido e investido con poder y soberanía. ¿Hay duda alguna referente a sus signos? Abrid vuestros ojos y considerad su prueba evidente. A vuestra diestra está el Paraíso, y ha sido acercado a vosotros, mientras al Infierno se le ha hecho arder. Atestiguad su llama devoradora. Apresuraos a entrar en el Paraíso, como una señal de nuestra merced para con vosotros y bebed de las manos del Todo Misericordioso el Vino que es ciertamente la vida.

Bebed con saludable fruición, oh pueblo de Bahá. Vosotros sois ciertamente de los bienaventurados. Esto es lo que han alcanzado quienes tienen acceso próximo a Dios. Ésta es el agua fluyente prometida a vosotros en el Corán y luego en el Bayán, como una recompensa de vuestro Señor, el Dios de Misericordia. Benditos son aquellos que la beben.

¡Oh mi siervo que has vuelto tu rostro hacia mí! Da gracias a Dios porque te ha enviado esta Tabla desde esta Prisión, para que recuerdes a la gente los días de tu Señor, el Todo Glorioso, el Omnisciente. Así hemos establecido para ti, por las aguas de nuestra sabiduría y prolación, los fundamentos de tu creencia. Ésta es, en verdad, el agua sobre la que ha sido levantado el Trono de tu Señor. "Su Trono ha permanecido sobre las aguas." Pondera esto en tu corazón, para que puedas comprender su significado. Di: Alabado sea Dios, el Señor de todos los mundos.

XIX. Es evidente para todo corazón perspicaz e iluminado que Dios, la Esencia incognoscible, el Ser divino, es inmensamente exaltado por encima de todo atributo humano, tal como existencia corpórea, ascenso y descenso, salida y retorno. Lejos está de su gloria el que lengua humana pueda apropiadamente referir su alabanza, o que corazón humano pueda comprender su misterio insondable. Él está y ha estado siempre velado en la antigua eternidad de su Esencia, y permanecerá en su realidad eternamente oculto a la vista de los hombres. "Ningún ojo le abarca, pero Él abarca a todos los ojos; Él es el Inescrutable, el Perspicaz..."

Estando así cerrada la puerta del conocimiento del Antiguo de los Días a la faz de todos los seres, la Fuente de gracia infinita ha hecho que, conforme a su dicho: "Su gracia supera a todo; mi gracia lo ha abarcado todo", aparezcan del reino del espíritu aquellas luminosas Joyas de Santidad, en la noble forma del templo humano, y sean reveladas a todos los hombres, a fin de que comuniquen al mundo los misterios del Ser inmutable y hablen de las sutilezas de su Esencia imperecedera.

Estos Espejos santificados, estas Auroras de antigua gloria son todos y cada uno los Exponentes en la tierra de Aquel quien es el Astro central del universo, su Esencia y Propósito último. De Él procede su conocimiento y poder; de Él proviene su soberanía. La belleza de su semblante es solamente un reflejo de su imagen; su revelación; un signo de su gloria inmortal. Ellos son los Tesoros del conocimiento divino y los Depósitos de sabiduría celestial. A través de ellos se transmite una gracia que es infinita, y por ellos se revela la luz que jamás palidece.... Estos Tabernáculos de santidad y Espejos primordiales que reflejan la luz de gloria inmarcesible, no son sino expresiones de Aquel quien es el Invisible de los Invisibles. Por la revelación de estas joyas de virtud divina se ponen de manifiesto todos los nombres y atributos de Dios, tales como conocimiento y poder, soberanía y dominio, misericordia y sabiduría, gloria, munificencia y gracia.

Estos atributos de Dios no son ni jamás han sido concedidos especialmente a ciertos profetas y negados a otros. Al contrario, todos los profetas de Dios, sus favorecidos, santos y escogidos mensajeros son sin excepción los portadores de sus nombres y la personificación de sus atributos. Sólo difieren en la intensidad de su revelación y la relativa potencia de su luz. Así Él ha revelado: "Hemos hecho que algunos de los apóstoles aventajen a los otros".

Por tanto, ha quedado claro y manifiesto que dentro de los tabernáculos de estos profetas y elegidos de Dios, se ha reflejado la luz de sus nombres infinitos y exaltados atributos, aunque la luz de algunos de esos atributos aparentemente se revele o no a los ojos de los hombres en esos luminosos Templos. Que determinado atributo de Dios no haya sido exteriormente manifestado por esas Esencias del Desprendimiento, no implica de manera alguna que no lo hayan poseído realmente aquellos que son las Auroras de los atributos de Dios y los Tesoros de sus santos nombres. Por tanto, estas Almas iluminadas y bellos Semblantes han sido dotados cada uno con todos los atributos de Dios, tales como soberanía, dominio y otros, aunque en apariencia estén despojados de toda majestad terrenal....

XX. Sabe con certeza, que de ninguna manera, el Invisible puede encarnar su Esencia y revelarla a los hombres. Él es y siempre ha sido inmensamente exaltado sobre todo lo que pueda ser relatado o comprendido. Desde su retiro de gloria, su voz siempre proclama: "En verdad, Yo soy Dios, no hay otro Dios más que Yo, el Omnisciente, el Todo Sabio. Me he manifestado a los hombres y he enviado a Él quien es la Aurora de los signos de mi Revelación. Mediante Él he hecho que toda la creación atestigüe que no hay otro Dios salvo Él, el Incomparable, el Conocedor de Todo, el Omnisapiente". Él que está eternamente oculto a los ojos de los hombres, nunca puede ser conocido sino a través de su Manifestación, y su Manifestación no puede aducir una prueba mayor de la verdad de su Misión que la de su propia Persona.

XXI. ¡Oh Salmán! La puerta del conocimiento del Antiguo Ser, siempre ha estado y siempre estará cerrada a la faz de los hombres. El entendimiento de hombre alguno, jamás tendrá acceso a su sagrada corte. Sin embargo, como una muestra de su misericordia y como una prueba de su amorosa bondad, Él ha manifestado a los hombres los Soles de su divina guía, los Símbolos de su divina unidad y ha ordenado que tener conocimiento de estos Seres santificados sea idéntico a tener conocimiento de su propio Ser. Quienquiera les reconozca ha reconocido a Dios. Quienquiera escuche su llamado ha escuchado la Voz de Dios, y quienquiera atestigüe la verdad de su Revelación ha atestiguado la verdad de Dios mismo. Quienquiera se aleje de ellos se ha alejado de Dios, y quienquiera no haya creído en ellos no ha creído en Dios. Cada uno de ellos es el Camino de Dios, que conecta este mundo con los reinos de lo alto y el Estandarte de su Verdad para todos en los reinos de la tierra y del cielo. Ellos son las Manifestaciones de Dios entre los hombres, las pruebas de su Verdad, y los signos de su gloria.

XXII. Los Portadores del depósito de Dios son manifiestos a los pueblos de la tierra como Exponentes de una nueva Causa y Reveladores de un nuevo Mensaje. Ya que esas Aves del Trono Celestial son todas enviadas del cielo de la Voluntad de Dios, y como todas surgen para proclamar su irresistible Fe, son por tanto consideradas como un alma y una misma persona. Pues todas beben del mismo Cáliz del Amor de Dios y todas participan del fruto del mismo Árbol de la Unicidad.

Estas Manifestaciones de Dios tienen, cada una de ellas, doble posición. Una es la posición de abstracción pura y unidad esencial. Por lo que se refiere a esto, si tú las llamas a todas por un solo nombre y les asignas el mismo atributo, no te desvías de la verdad. Como Él ha revelado: "¡No hacemos distinción entre ninguno de sus mensajeros!" Pues todos y cada uno de ellos llaman a la gente de la tierra a reconocer la unidad de Dios, y les dan las buenas nuevas del Kawthar de gracia y munificencia infinitas. Todos invisten el manto de profeta y han sido honrados con la vestidura de la gloria. Así, Muhammad, el Punto del Corán, ha revelado: "Yo soy todos los profetas". Asimismo, dice: "Soy el primer Adán, Noé, Moisés y Jesús". Declaraciones semejantes hizo el Imán 'Alí. También palabras como éstas, que indican la unidad esencial de aquellos Exponentes de la Unidad, han brotado de los Canales de la prolación inmortal de Dios y de los Tesoros de joyas del conocimiento divino, y han sido consignadas en las escrituras. Esos Semblantes son los recipientes del Mandato Divino y las auroras de su Revelación. Esa Revelación está exaltada por encima de los velos de pluralidad y las exigencias de número. Así Él dice: "Nuestra Causa no es sino una". Como la Causa es una y la misma, sus Exponentes también deben ser necesariamente uno y el mismo. Asimismo, los imanes de la Fe de Muhammad, esas lámparas de la certeza, han dicho: "Muhammad es nuestro primero, Muhammad es nuestro último, Muhammad es todo lo que tenemos".

Te es claro y evidente que todos los profetas son los Templos de la Causa de Dios, quienes han aparecido ataviados con diversas vestiduras. Si observas con ojo perspicaz, les verías habitando en el mismo tabernáculo, volando en el mismo cielo, sentados en el mismo trono, pronunciando las mismas palabras, proclamando la misma Fe. Tal es la unidad de esas Esencias del ser, de esas Lumbreras de esplendor inmenso e infinito. Por tanto, si una de esas Manifestaciones de la Santidad proclamara diciendo: "Yo soy la vuelta de todos los profetas", ciertamente dice la verdad. Del mismo modo, es un hecho que cada Revelación siguiente es la vuelta de la Revelación anterior; esta verdad está firmemente demostrada....

La otra posición es la distinción y pertenece al mundo de la creación y a sus limitaciones. Respecto a esto, cada Manifestación de Dios tiene una individualidad distinta, una misión definitivamente señalada, una revelación predestinada y limitaciones especialmente designadas. Cada una de ellas es conocida por un nombre diferente y se caracteriza por un atributo especial, cumple una misión definida y le es confiada una revelación particular. Tal como Él dice: "Hemos hecho que algunos de los apóstoles aventajen a los demás. A unos Dios les ha hablado; a otros los ha elevado y exaltado. Y a Jesús, Hijo de María, le dimos signos manifiestos y le fortalecimos con el Espíritu Santo".

Es a causa de esta diferencia en posición y misión, que parecen divergir y diferir las palabras y expresiones que fluyen de esos Manantiales del conocimiento divino. Por lo demás, a los ojos de quienes están iniciados en los misterios de la sabiduría divina, todo lo que ellos han pronunciado es en realidad la expresión de una sola Verdad. Como la mayoría de la gente no ha percibido esas posiciones a que nos hemos referido, se siente, por tanto, perpleja y consternada ante las variadas palabras que han pronunciado Manifestaciones que en esencia son una y la misma.

Ha sido Siempre evidente que todas estas divergencias en las palabras deben atribuirse a diferencias de posición. Así, desde el punto de vista de su unicidad y sublime desprendimiento, han sido y son aplicables a esas Esencias del ser los atributos de Deidad, Divinidad, Suprema Singularidad e Íntima Esencia, ya que todas habitan en el trono de la Revelación divina y están establecidas en la sede de la divina Ocultación. Mediante su aparición se manifiesta la Revelación de Dios, y por su semblante se revela la Belleza de Dios. Es así como se han oído las palabras de Dios mismo, pronunciadas por esas Manifestaciones del Ser divino.

Y a la luz de su segunda posición, que es la posición de la distinción y diferenciación, de las limitaciones, características y normas temporales, manifiestan servidumbre absoluta, suma pobreza y completo olvido de sí mismos. Tal como Él dice: "Soy el siervo de Dios. No soy más que un hombre como vosotros". ...

Si alguna de las Manifestaciones de Dios, que todo lo abarcan, declarase: "¡Yo soy Dios!", diría ciertamente la verdad, y no cabría duda de ello. Ya que repetidamente se ha demostrado que mediante su Revelación, atributos y nombres, se manifiestan en el mundo la Revelación, los nombres y atributos de Dios. Así, Él ha revelado: "¡Aquellos dardos eran de Dios; no tuyos!" También dice: "En verdad, quienes te prometieron fidelidad, realmente la prometieron a Dios". Y si alguno de ellos pronunciase: "Soy el Mensajero de Dios", también diría indudablemente la verdad. Tal como Él dice: "No es Muhammad padre de ningún hombre entre vosotros, mas es el Mensajero de Dios". A la luz de esto, todos ellos no son más que mensajeros de ese Rey ideal, de esa Esencia inmutable. Si todos proclamasen: "Soy el Sello de los Profetas", expresarían sólo la verdad, sin la más leve sombra de duda. Pues todos ellos no son más que una persona, un alma, un espíritu, un ser, una revelación. Son todos la manifestación del "Principio" y el "Fin", el "Primero" y el "'Último", el "Visible y el "Oculto", atributos todos que pertenecen a Aquel quien es el más íntimo Espíritu de los Espíritus y la eterna Esencia de las Esencias. Y si dijesen: "Somos los siervos de Dios", éste también es un hecho manifiesto e indiscutible. Ya que se han manifestado en condición de total servidumbre; servidumbre como ése no podrá ningún hombre alcanzar. De este modo, en momentos en que esas Esencias del ser estaban sumergidas en los océanos de antigua y sempiterna santidad, o cuando se remontaban a las más elevadas cimas de los misterios divinos, sostenían que sus palabras eran la Voz de la Divinidad, el Llamado de Dios mismo.

Si se abriera el ojo del discernimiento, reconocería que ellos, hasta en ese estado, se consideran del todo extinguidos e inexistentes ante Aquel quien es el que Todo lo Penetra, el Incorruptible. Me parece que se consideran como la nada absoluta, estimando su mención en esa Corte como un acto de blasfemia. Pues el más leve susurro del yo es, en tal Corte, una prueba de afirmación de sí mismo y de existencia independiente. A los ojos de quienes han llegado a esa Corte, semejante insinuación es por sí misma una grave transgresión. Cuanto más grave aún sería, si otra cosa se mencionara ante esa Presencia, si el corazón del hombre, su lengua, su mente y su alma se ocuparan con otro que no sea el Bienamado, si sus ojos contemplaran otro semblante que no fuese su belleza, si su oído escuchase otra melodía que no fuese su voz y sus pies hollasen otro camino que no fuera su camino....

En virtud de esta posición, han sostenido que es suya la Voz de la Divinidad y apelativos semejantes, en tanto que, en virtud de su posición de mensajeros, se han declarado a sí mismo los mensajeros de Dios. En cada caso han expresado lo que satisface los requerimientos de la ocasión, atribuyéndose a sí mismos todas estas declaraciones, las cuales se extienden del reino de la Revelación divina hasta el reino de la creación, y desde el dominio de la Divinidad hasta el dominio de la existencia terrenal. De este modo, cualesquiera que sean sus palabras, ya pertenezcan al reino de la Divinidad, Señorío, Posición Profética, Posición de Mensajero, Guardianía, Apostolado o Servidumbre, todo es cierto, sin la menor sombra de duda. Por lo tanto, debe considerarse con mucha atención lo que hemos citado en apoyo de nuestro argumento, para que las palabras divergentes de las Manifestaciones del Invisible y Auroras de Santidad, no agiten ya al alma ni dejen perpleja a la mente.

XXIII. Considera las generaciones anteriores. Atestigua cómo cada vez que el Sol de divina munificencia ha derramado la luz de su Revelación sobre el mundo, el pueblo de su día se ha levantado contra Él y ha repudiado su verdad. Aquellos que eran considerados como los caudillos de hombres, han luchado invariablemente, para impedir a sus seguidores volverse hacia Él quien es el Océano de la ilimitada munificencia de Dios.

Mira cómo el pueblo ha arrojado al fuego a Abraham, el Amigo de Dios, como resultado del veredicto pronunciado por los sacerdotes de su época; cómo Moisés, quien conservó con el Todopoderoso, fue denunciado como mentiroso y calumniador. Medita cómo fue tratado Jesús, el Espíritu de Dios, por sus enemigos no obstante su extrema humildad y perfecta sensibilidad de corazón. Fue tan feroz la oposición que tuvo que enfrentar Él, la Esencia del Ser y Señor de lo visible e invisible, que no tuvo donde poner su cabeza. Andaba continuamente de un lugar a otro, desprovisto de una vivienda permanente. Pondera lo que aconteció a Muhammad, el Sello de los Profetas, que la vida de todo sea un sacrificio por Él. ¡Cuán severas fueron las aflicciones, que los caudillos del pueblo judío y los idólatras hicieron llover sobre Él, quien es el Soberano Señor de todo, a consecuencia de su proclamación de la unidad de Dios y de la verdad de su Mensaje! ¡Por la rectitud de mi Causa! Mi Pluma gime y todas las cosas creadas lloran con gran llanto como resultado de los dolores y penas que sufrió en manos de quienes violaron el Convenio de Dios y su Testamento, rechazaron las pruebas y debatieron sus signos. Así te narramos el relato de lo que ocurrió en días pasados, que quizá comprendas.

Tú has sabido cuán penosamente han sido atormentados los profetas de Dios, sus mensajeros y escogidos. Medita un momento sobre los motivos y razones que han sido responsables de tales persecuciones. En ningún tiempo, en ninguna Dispensación, han escapado los profetas de Dios a la blasfemia de sus enemigos, a la crueldad de sus opresores, a la acusación de los doctos de su época, que aparecieron bajo el disfraz de rectitud y piedad. Día y noche pasaban tales sufrimientos, que nadie podrá jamás medir, salvo el conocimiento del Dios único y verdadero, exaltada sea su gloria.

Considera a este Agraviado. Aunque las pruebas más claras afirman la verdad de su Causa, aunque las profecías que Él ha hecho en lenguaje inequívoco se han cumplido, aunque, si bien no se contaba entre los doctos, no tenía instrucción, ni experiencia en las discusiones corrientes entre los sacerdotes, Él ha vertido sobre los hombres las lluvias de su conocimiento múltiple y divinamente inspirado; sin embargo, ¡mira cómo esta generación ha rechazado su autoridad y se ha rebelado contra Él! Durante la mayor parte de su vida, Él ha sido dolorosamente afligido en las garras de sus enemigos. Sus padecimientos ya han alcanzado su culminación en esta aflictiva Prisión, en que sus opresores le han arrojado tan injustamente. Dios te conceda que, con penetrante visión y corazón radiante observes las cosas que han ocurrido y que ahora acontecen, y, ponderándolas en tu corazón, reconozcas aquello que los más de los hombres en este Día no han comprendido. Quiera Dios que Él te haga capaz de inhalar la dulce fragancia de su Día, participar de las ilimitadas efusiones de su gracia, beber cuanto puedas, por su generoso favor, del más grande Océano que se levanta en este Día en el nombre del Antiguo Rey y permanecer firme e inamovible como la montaña en su Causa.

Di: Gloria sea a ti, quien has hecho que todos los seres santos confiesen su incapacidad ante las múltiples revelaciones de tu poder, y que cada profeta reconozca su insignificancia ante la efulgencia de tu perdurable gloria. Te imploro por tu Nombre, que ha abierto las puertas del Cielo y llenado de éxtasis el Concurso en lo alto, que me habilites para que te sirva en este Día, y me fortalezcas para que observe lo que tú prescribiste en tu Libro. Tú sabes, oh mi Señor, lo que hay en mí; pero yo no sé lo que hay en ti. Tú eres el Omnisciente, el Informado de Todo.

XXIV. Cuidaos, oh creyentes en la Unidad de Dios, de ser tentados en hacer distinción alguna entre las Manifestaciones de su Causa, o de menospreciar los signos que han acompañado y proclamado su Revelación. Esto es, de cierto, el verdadero significado de la Unidad Divina, si sois de los que comprenden esta verdad y creen en ella. Además, estad seguros de que las obras y hechos de cada una de estas manifestaciones de Dios, más aún, todo lo que a ellas atañe y todo lo que manifiesten en lo futuro, está ordenado por Dios y es un reflejo de su Voluntad y Propósito. Quienquiera haga la más leve diferencia entre sus personas, sus palabras, sus mensajes, sus hechos y costumbres en verdad ha dejado de creer en Dios, ha repudiado sus signos y traicionado la Causa de sus mensajeros.

XXV. Es evidente que cada época en que una Manifestación de Dios ha vivido es divinamente ordenada y, de cierto modo, puede ser caracterizada como el Día señalado de Dios. Este Día es, sin embargo, único, y debe ser distinguido de los que lo han precedido. La designación de "Sello de los Profetas" revela plenamente su elevada posición. El Ciclo Profético, de cierto, ha terminado. La Eterna Verdad ya ha llegado. Él ha levantado la Insignia de Poder y derrama ahora sobre el mundo el descubierto esplendor de su Revelación.

XXVI. La alabanza sea para Dios, el que Todo lo Posee, el Rey de gloria incomparable, alabanza que está inmensurablemente más allá del entendimiento de todas las cosas creadas, y exaltada sobre el alcance de las mentes humanas. Nadie salvo Él podrá nunca cantar en forma adecuada su loanza, ni tampoco hombre alguno logrará jamás describir la plenitud de su gloria. ¿Quién puede pretender haber alcanzado las alturas de su exaltada Esencia, y qué mente puede medir las profundidades de su misterio insondable? De cada una de las Revelaciones que emanan de la Fuente de su gloria han aparecido sagradas e inacabables pruebas de inimaginable esplendor, y de cada Manifestación de su invencible fuerza han sido vertidos océanos de eterna luz. ¡Cuán inmensamente exaltados son los maravillosos testimonios de su soberanía todopoderosa, de la cual sólo un vislumbre, si les tocara, consumiría completamente a todos los que están en los cielos y en la tierra! Cuán indescriptiblemente elevadas son las muestras de su consumada fuerza, de las cuales un solo signo, por más insignificante que sea, debe trascender la comprensión de todo lo que ha sido creado desde el principio que no tiene principio, y sea creado en lo futuro hasta el fin que no tiene fin. Todas las personificaciones de sus Nombres vagan en el desierto de la búsqueda, sedientas y ansiosas de descubrir su Esencia, y todas las manifestaciones de sus Atributos le imploran, desde el Sinaí de la Santidad, que descifre su misterio.

Una gota del ondeante océano de su misericordia infinita ha adornado toda la creación con el ornamento de la existencia, y un hálito exhalado desde su incomparable Paraíso ha investido a todos los seres con el manto de su santidad y gloria. Un rocío de la insondable profundidad de su Voluntad soberana que todo lo penetra, ha engendrado de la nada absoluta una creación infinita en su alcance y eterna en su duración. Las maravillas de su munificencia nunca podrán cesar, ni la corriente de su misericordiosa gracia podrá jamás ser detenida. El proceso de su creación no ha tenido principio ni podrá tener fin.

En toda edad y ciclo, a través de la esplendorosa luz derramada por las manifestaciones de su maravillosa Esencia, Él ha creado de nuevo todas las cosas, para que, ya sea en él cielo como en la tierra nada que refleje los signos de su gloria, sea privado de las efusiones de su misericordia, ni se desespere por las lluvias de sus favores. ¡Cuán abarcadoras son las maravillas de su ilimitada gracia! Mirad cómo han penetrado toda la creación. Tal es su virtud que no puede encontrarse un solo átomo en todo el universo que no declare las pruebas de su poder, que no glorifique su santo Nombre, o que no exprese la refulgente luz de su unidad. Tan perfecta y amplia es su creación, que ninguna mente, o corazón, no importa cuán aguda o puro sean, podrán jamás captar la naturaleza de la más insignificante de sus criaturas; menos aún sondear el misterio de Él quien es el Sol de la Verdad, quien es la invisible e incognoscible Esencia. Las concepciones del más devoto de los místicos, los logros del más erudito de los hombres, la más alta alabanza que la lengua o pluma humanas puedan ofrecer, son todos productos de la mente finita del hombre y están restringidos por sus limitaciones. Diez mil profetas, cada uno de ellos un Moisés, están amilanados en el Sinaí de su búsqueda ante su prohibitoria Voz: "Tú jamás me contemplarás", mientras que una miríada de mensajeros, cada uno tan grande como Jesús, permanecen consternados en su trono celestial por la interdicción: "Tú jamás comprenderás mi esencia". Desde tiempo inmemorial Él ha estado cubierto con el velo de la inefable santidad de su exaltado Ser, y para siempre continuará envuelto en el impenetrable misterio de su incognoscible Esencia. Toda tentativa de lograr la comprensión de su inaccesible Realidad ha terminado en completa perplejidad, y todo esfuerzo en acercarse a su exaltado Ser y contemplar su Esencia, ha terminado en desesperación y fracaso.

¡ Cuán desconcertante es para mí, insignificante como soy, intentar sondear las sagradas profundidades de tu conocimiento! ¡Cuán vanos son mis esfuerzos para visualizar la magnitud de la fuerza inherente a tu obra, la revelación de tu fuerza creadora! ¿Cómo pueden mis ojos que no son capaces de percibirse a sí mismos, afirmar haber discernido tu Esencia, y cómo puede mi corazón, ya impotente para comprender el significado de sus propias potencialidades, pretender haber comprendido tu naturaleza? ¿Cómo puedo afirmar que te he conocido cuando la creación entera está confundida por tu misterio, y cómo puedo confesar que no te he conocido, cuando, he aquí, todo el universo proclama tu Presencia y atestigua tu verdad? Las puertas de tu gracia han estado eternamente abiertas a todas las cosas creadas y los medios de acceso a tu Presencia han estado a disposición de ellas, y las revelaciones de tu Belleza inigualable han sido grabadas en todo momento sobre las realidades de todos los seres visibles e invisibles. Sin embargo, a pesar de este generosísimo favor, esta dádiva perfecta y consumada, me siento impulsado a declarar que tu corte de santidad y gloria está infinitamente exaltada por encima del conocimiento de todo salvo de ti, y que el misterio de tu Presencia es inescrutable para toda mente salvo la tuya. Nadie salvo tú puede desentrañar el secreto de tu naturaleza y nada salvo tu trascendental Esencia puede comprender la realidad de tu inescrutable existencia. ¡Cuán vasto es el número de aquellos Seres celestiales y todo gloriosos, quienes en el páramo de su separación de ti, han vagado todos los días de su vida y jamás te han encontrado! ¡Cuán grande es la multitud de almas santificadas e inmortales, quienes se vieron perdidas y perplejas mientras buscaban en el desierto de la búsqueda para mirar tu rostro! Una miríada son tus ardientes amantes, a quienes la llama consumidora de la lejanía de ti ha hecho hundirse y perecer, e innumerables son las almas fieles quienes voluntariamente han ofrendado sus vidas con la esperanza de contemplar la luz de tu semblante. Los suspiros y lamentos de estos ansiosos corazones que te anhelan, nunca podrán alcanzar tu santa corte, ni tampoco las lamentaciones de los caminantes que ansían aparecer ante tu faz, podrán llegar a tu sede de gloria.

XXVII. Toda alabanza a la unidad de Dios, y todo honor para Él, el soberano Señor, el incomparable y todo glorioso Gobernante del universo, quien de la nada absoluta ha creado la realidad de todas las cosas, quien de la nada ha engendrado los más delicados y sutiles elementos de su creación, y quien, rescatando a sus criaturas de la bajeza de la lejanía y de los peligros de una completa extinción, los ha recibido en su reino de gloria incorruptible. Nada salvo su gracia que todo lo abarca, y su misericordia que todo lo penetra, podría haberlo logrado. ¿Cómo habría sido posible de otro modo que la simple nada adquiriera por sí misma el mérito y capacidad para emerger de su estado de inexistencia al reino del ser?

Habiendo creado el mundo y todo lo que en él vive y se mueve, Él, por intermedio de la acción directa de su irrestringida y soberana Voluntad, escogió conferirle al hombre la singular distinción y capacidad de conocerle y amarle; una capacidad que debe necesariamente ser considerada el impulso generador y el objetivo primordial que sostiene la creación entera.... Sobre la más íntima realidad de cada cosa creada, Él ha derramado la luz de uno de sus nombres y la ha hecho un recipiente de la gloria de uno de sus atributos. Sobre la realidad del hombre, sin embargo, Él ha concentrado el esplendor de todos sus nombres y atributos y ha hecho a ésta un espejo de su propio Ser. De todas las cosas creadas sólo el hombre ha sido escogido para recibir tan grande favor y tan perdurable generosidad.

Estas energías con las que el Sol de la divina generosidad y la Fuente de guía celestial ha dotado a la realidad del hombre yacen, sin embargo, latentes dentro de él, así como la llama está oculta dentro de la vela y los rayos de luz están presentes potencialmente en la lámpara. El resplandor de estas energías puede ser oscurecido por los deseos mundanos, así como la luz del sol puede ser oculta bajo el polvo y escoria que cubren el espejo. Ni la vela, ni la lámpara pueden encenderse por sus propios esfuerzos sin ayuda, ni tampoco le será jamás posible al espejo librarse por sí solo de su escoria. Es claro y evidente que la lámpara nunca se encenderá mientras no se le prenda fuego, y a menos que no se limpie de la superficie del espejo la escoria que la cubre, éste nunca podrá representar la imagen del sol ni reflejar su luz y gloria.

Y puesto que no puede haber un lazo de comunicación directa que una al Dios único y verdadero con su creación y puesto que ninguna semejanza puede existir entre lo transitorio y lo Eterno, lo contingente y lo Absoluto, Él ha ordenado que en cada edad y dispensación, un Alma pura e inmaculada se haga manifiesta en los reinos de la tierra y del cielo. A este sutil, este misterioso y etéreo Ser, Él ha designado una naturaleza doble; la física que pertenece al mundo de la materia y la espiritual que nace de la sustancia de Dios mismo. Él, además, le ha conferido una doble posición. La primera, que se relaciona a su más íntima realidad, le representa como uno cuya voz es la voz de Dios mismo. Esto lo atestigua la tradición "Múltiple y misteriosa es mi relación con Dios. Yo soy Él, Él mismo, y Él es Yo, Yo mismo, mas Yo soy quien soy y Él es quien es". Asimismo las palabras "Levántate, oh Muhammad, porque he aquí, el Amante y el Amado son unidos y hechos uno en ti". De igual manera Él dice: "No hay distinción alguna entre Tú y ellos, salvo que ellos son tus Siervos". La segunda posición es la posición humana, demostrada en los siguientes versos: "No soy más que un hombre como vosotros". "Di: ¡Alabado sea mi Señor! ¿Soy más que un hombre, un apóstol?" Estas Esencias del Desprendimiento, estas Realidades resplandecientes son los canales de la gracia de Dios que todo lo llena. Conducidos por la luz de indefectible guía, e investidos con soberanía suprema, son comisionados para usar la inspiración de sus palabras, las efusiones de su infalible gracia y la brisa santificadora de su Revelación para limpiar, de todo corazón anhelante y de todo espíritu receptivo, la escoria y polvo de las preocupaciones y limitaciones terrenales. Entonces y sólo entonces, el Fideicomiso de Dios latente en la realidad del hombre emergerá resplandeciente como el Orbe naciente de la Revelación Divina, de tras del velo del encubrimiento, para implantar la insignia de su gloria revelada sobre las cumbres de los corazones de los hombres.

De los anteriores pasajes y alusiones está indudablemente claro que en los reinos de la tierra y del cielo debe manifestarse necesariamente un Ser, una Esencia, quien actúe como Manifestación y Vehículo para la transmisión de la gracia de la Divinidad misma, el Soberano Señor de todo. A través de las Enseñanzas de este Sol de la Verdad, todo hombre avanzará y se desarrollará hasta que alcance el estado en que pueda manifestar t odas las fuerzas potenciales con que ha sido dotado su más íntimo verdadero ser. Es con este mismo objetivo que en cada edad y dispensación los profetas de Dios y sus escogidos han aparecido entre los hombres y han mostrado tal fuerza como la que nace de Dios, y tal poder como sólo el Eterno puede revelar.

¿Puede alguien que tenga una mente sana, imaginar seriamente que, en vista de ciertas palabras cuyo significado no puede comprender, la puerta de la infinita guía de Dios puede estar alguna vez cerrada a la faz de los hombres? ¿Puede alguna vez concebir para estas Luminarias Divinas, para estas Luces resplandecientes, ya sea un comienzo o un fin? ¿Qué turbulento diluvio puede compararse con la corriente de su gracia que todo lo abarca, y qué bendición puede aventajar las demostraciones de tan grande y penetrante misericordia? No puede haber duda de que si, por un momento, la marea de su misericordia y gracia fueran retraídas del mundo, éste perecería totalmente. Por esta razón, desde el principio que no tiene principio, las puertas de la divina misericordia han sido abiertas de par en par a la faz de todas las cosas creadas, y las nubes de la Verdad continuarán derramando, hasta el fin que no tiene fin, la lluvia de sus favores y generosidades sobre el terreno de la capacidad, realidad y personalidad humanas. Tal ha sido el método que ha seguido Dios, desde toda eternidad hasta toda eternidad.

XXVIII. Feliz el hombre que se levante a servir a mi Causa y glorificar mi hermoso Nombre. Toma mi Libro con la fuerza de mi poder y aférrate tenazmente a todo mandamiento que tu Señor, el Ordenador, el Sapientísimo haya prescrito en él. Mira, oh Muhammad, cómo los dichos y hechos de los seguidores del Islam Shí'ah han ofuscado la alegría y fervor de sus primeros días y han empañado el prístino brillo de su luz. En sus comienzos, mientras aún se adherían a los preceptos asociados al nombre de su Profeta, el Señor de la humanidad, su carrera fue marcada por una cadena ininterrumpida de victorias y triunfos. Pero a medida que se alejaban gradualmente del sendero de su maestro y guía ideales, y se apartaban de la Luz de Dios y corrompían el principio de su unidad divina, y mientras centraban su atención cada vez más sobre aquellos quienes sólo eran los reveladores de la potencia de su Palabra, su fuerza se transformó en debilidad, su gloria, en vergüenza, y su coraje, en temor. Tú ves a qué han llegado. Observa cómo ellos han imaginado socios de Él quien es el Punto Focal de la unidad divina. Mira cómo sus malos actos les han impedido reconocer en el Día de la Resurrección la Palabra de la Verdad, exaltada sea su gloria. Abrigamos la esperanza que este pueblo en adelante se proteja de vanas esperanzas y ociosas fantasías y que logre entender verdaderamente el significado de la unidad divina.

La Persona de la Manifestación ha sido siempre el representante y portavoz de Dios. En verdad, Él es la Aurora de los más excelentes Títulos de Dios, el Lugar de Amanecer de sus más excelsos Atributos. Si se colocara a alguno a su lado como su igual, y fuera considerado idéntico con su persona, ¿cómo entonces podría sostenerse que el Ser Divino es Uno e Incomparable, que su Esencia es indivisible y sin par? Medita sobre lo que te hemos revelado mediante la fuerza de la verdad y sé de aquellos que comprenden su significado.

XXIX. El propósito de Dios al crear el hombre ha sido y siempre será, el de capacitarlo para que pueda reconocer a su Creador y alcanzar su Presencia. Todos los Libros sagrados y las importantes Escrituras divinamente reveladas dan testimonio inequívoco de éste el más excelente objetivo, de esta meta suprema. Quienquiera haya reconocido la Aurora de la guía divina y haya entrado en su sagrada corte, se ha acercado a Dios y ha alcanzado su presencia, Presencia que es el verdadero Paraíso y de la cual las más elevadas mansiones del cielo son sólo un símbolo. Tal hombre ha logrado el conocimiento de la posición de Aquel quien está "a la distancia de dos arcos", quien se encuentra más allá del Sadratu'l- Muntahá. Quienquiera no le haya reconocido se habrá condenado a sí mismo a la miseria de la lejanía, que no es sino la nada absoluta y la esencia del fuego abismal. Tal será su destino, aun cuando en apariencia ocupe los más elevados puestos de la tierra y esté establecido sobre su más exaltado trono.

Aquel quien es la Aurora de la Verdad es, sin duda, totalmente capaz de rescatar de tal lejanía almas descarriadas y de hacer que se acerquen a su corte y alcancen su Presencia. "Si Dios hubiera deseado, seguramente habría hecho de todos los hombres un solo pueblo." Su propósito, no obstante, es habilitar a los de espíritu puro y corazón desprendido a ascender, por virtud de sus propios e innatos poderes a las orillas del Más Grande Océano, para que así quienes buscan la Belleza del Todo Glorioso sean distinguidos y separados de los descarriados y perversos. Así ha sido ordenado por la toda gloriosa y resplandeciente Pluma....

Que las Manifestaciones de la justicia divina, las Auroras de gracia celestial, al aparecer entre los hombres hayan estado siempre desprovistos de todo dominio terrenal y despojados de los medios de ascendiente mundano debe atribuirse a este mismo principio de separación y distinción que anima el Propósito Divino. Si la Esencia Eterna manifestara todo lo que está latente dentro de Él, si Él brillara en la plenitud de su gloria, no se hallaría a nadie que dudase de su poder o que repudiase su verdad. No, todas las cosas creadas estarían tan deslumbradas y atónitas por las demostraciones de su luz, como para ser reducidas a la nada absoluta. Bajo tales circunstancias, ¿cómo pueden ser distinguidos los creyentes de los perversos?

Este principio ha actuado en cada una de las Dispensaciones anteriores y ha sido abundantemente demostrado.... Es por esta razón, que en cada edad, cuando una nueva Manifestación ha aparecido y una reciente revelación del poder trascendente de Dios ha sido otorgada a los hombres, aquellos que no creyeron en Él engañados por la aparición de la incomparable y eterna Belleza en el atavío de los hombres mortales, no le han reconocido. Se han desviado de su sendero y han esquivado su compañía, compañía de Aquel quien es el Símbolo de proximidad a Dios. Hasta se han levantado para diezmar las filas de los fieles y para exterminar a aquellos que creían en Él.

Mirad cómo en esta Dispensación los inútiles y tontos han imaginado vanamente que con tales instrumentos como la masacre, el saqueo y el destierro pueden extinguir la Lámpara que la Mano del poder divino ha encendido, o eclipsar el Sol de eterno esplendor. ¡Hasta qué punto parecen haber ignorado la verdad que tal adversidad es el aceite que alimenta la llama de esta Lámpara! ¡Tal es la fuerza transformadora de Dios! Él cambia lo que Él desea; Él ciertamente tiene poder sobre todas las cosas....

Considerad en todo tiempo la soberanía ejercida por el Rey ideal y ved las pruebas de su poder y suprema influencia. Santificad vuestros oídos de las vanas palabras de quienes son los símbolos de la negación y los exponentes de violencia e ira. La hora se aproxima en que atestiguaréis la fuerza del Dios único y verdadero triunfando sobre todas las cosas creadas y los signos de su soberanía envolviendo toda la creación. En aquel día descubriréis cómo todo salvo Él habrá sido olvidado y será considerado como la nada absoluta.

Sin embargo, se debe tener presente que Dios y su Manifestación, bajo ninguna circunstancia, pueden ser disociados de la majestad y sublimidad que ellos inherentemente poseen. Más bien, la majestad y la sublimidad son en sí mismas creaciones de su Palabra, si escogéis ver por mi vista y no con la vuestra.

XXX. Dios atestigua que no hay Dios salvo Él, el Benévolo, el Más Amado. Toda gracia y munificencia son de Él. A quien Él quiera da lo que es su deseo. Él es verdaderamente el Omnipotente, el Todopoderoso, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por sí mismo. Nosotros, en verdad, creemos en Aquel, quien en la persona del Báb, ha sido enviado por la Voluntad del Dios único y verdadero, el Rey de Reyes, el Todo Alabado. Aun más, juremos lealtad a Aquel quien en la época del Mustagháth, está destinado a manifestarse, como asimismo a quienes vendrán después de Él hasta el fin que no tiene fin. No reconocemos en la manifestación de cada uno de ellos, ya sea exterior o interiormente, la manifestación de nadie salvo Dios mismo, si sois de aquellos que comprenden. Cada uno de ellos es un espejo de Dios, que no refleja nada salvo su Ser, su Belleza, su Potestad y Gloria, acaso lo comprendáis. Todos los demás fuera de ellos, deben ser considerados sólo como espejos capaces de reflejar la gloria de estas manifestaciones, quienes son ellos mismos los Espejos Primordiales del Ser Divino, si no sois faltos de comprensión. Jamás nadie los ha podido eludir, ni pueden ellos ser impedidos de alcanzar su propósito. Estos Espejos se sucederán eternamente uno a otro, y continuarán reflejando la luz del Antiguo de los Días. Los que reflejen la gloria de ellos seguirán, asimismo, existiendo para siempre, porque las Mercedes de Dios jamás cesarán de fluir. Esta es una verdad que nadie puede refutar.

XXXI. Contempla con tu vista interior la cadena de Revelaciones sucesivas que ha unido la Manifestación de Adán con la del Báb. Atestiguo ante Dios, que cada una de estas manifestaciones ha sido enviada por la acción de la Voluntad y Propósito divinos, que cada una ha sido portadora de un Mensaje determinado, que a cada una le ha sido confiado un Libro divinamente revelado y ha sido comisionada para descifrar los misterios de una poderosa Tabla. La medida de la Revelación con la cual cada una de ellas ha sido identificada, había sido definitivamente preordinada. Esto es, en verdad, una prueba de nuestro favor para con ellos, si sois de aquellos que comprenden esta verdad.... Y cuando este proceso de Revelación progresiva culminó en la etapa en que su incomparable, su muy sagrado y exaltado Semblante debía ser descubierto a los ojos de los hombres, Él prefirió ocultar su propio Ser detrás de mil velos, no sea que ojos profanos y mortales descubrieran su gloria. Esto hizo cuando se vertían los signos y muestras de una Revelación divinamente designada sobre Él, signos y muestras que nadie puede contar salvo el Señor tu Dios, el Señor de todos los mundos. Y cuando se hubo cumplido el tiempo de ocultación, mientras aun permanecía envuelto en una miríada de velos, enviamos un destello infinitesimal de la refulgente Gloria que envuelve la Faz del Joven, y he aquí que todos los moradores de los Reinos en lo alto fueron sobrecogidos por una violenta conmoción, y los favorecidos de Dios cayeron en adoración ante Él. En verdad, Él ha manifestado una gloria tal que nadie en toda la creación ha presenciado, por cuanto Él se ha levantado en persona a proclamar su Causa a todos los que están en los cielos y a todos los que están sobre la tierra.

XXXII. Aquello que habéis escuchado referente a Abraham, el Amigo del Todo Misericordioso, es la verdad y no puede haber duda de ello. La Voz de Dios le ordenó que ofreciera a Ismael como un sacrificio, para que su firmeza en la Fe de Dios y su desprendimiento de todo salvo Él se demostrara a los hombres. El propósito de Dios, además, fue ofrecerlo como rescate por los pecados e iniquidades de todos los pueblos de la tierra. Jesús, el Hijo de María, suplicó al Dios único y verdadero, exaltados sean su nombre y gloria, le confiriera a Él este mismo honor. Por esta misma razón Muhammad, el Apóstol de Dios, ofreció en sacrificio a Husayn.

Ningún hombre podrá jamás pretender haber comprendido la naturaleza de la oculta y múltiple gracia de Dios; nadie puede sondear su misericordia que todo lo abarca. Tales han sido la perversidad de los hombres y sus transgresiones, tan penosas han sido las pruebas que han afligido a los profetas de Dios y sus escogidos, que toda la humanidad merece ser atormentada y perecer. No obstante, la oculta y muy amorosa providencia de Dios la ha protegido por medio de agentes tanto visibles como invisibles, y continuará protegiéndola, del castigo por su iniquidad. Pondera esto en tu corazón para que la verdad te sea revelada, y permanece tú firme en su sendero.

XXXIII. Ha sido decretado por Nosotros que la Palabra de Dios y todas sus potencialidades se manifiestan a los hombres en estricta conformidad con tales condiciones como las preordinadas por Aquel quien es el Omnisciente, el Todo Sabio. Hemos ordenado, además, que su velo de encubrimiento no sea otro que su propio Ser. Tal es, en verdad, nuestra Fuerza para lograr nuestro Propósito. Si se le permitiera a la Palabra liberar repentinamente todas las energías latentes en ella, ningún hombre podría soportar el peso de tan poderosa Revelación. Aun más, todo lo que está en el cielo y en la tierra huiría de ella en consternación.

Considera aquello que ha sido enviado a Muhammad, el Apóstol de Dios. La medida de la Revelación de la cual Él fue portador había sido claramente preordinada por Aquel quien es el Todopoderoso, el Más Fuerte. Aquellos que lo oyeron, sin embargo, sólo pudieron comprender su propósito de acuerdo con su propia posición y capacidad espiritual. Él, de igual manera, descubrió la Faz de la Sabiduría según la capacidad de ellos para soportar el peso de su Mensaje. Tan pronto como la humanidad alcanzó la etapa de madurez, la Palabra reveló a los ojos de los hombres las energías latentes con que había sido dotada, energías que se manifestaron en la plenitud de su gloria cuando la Antigua Belleza apareció en el año sesenta, en la persona de 'Alí-Muhammad, el Báb.

XXXIV. Toda alabanza y gloria sean para Dios, quien por la fuerza de su poder, ha liberado a su creación de la desnudez de la no existencia y la ha ataviado con el manto de vida. Para su favor especial Él de entre todas las cosas creadas eligió la realidad del hombre, pura y semejante a una gema, y la dotó con la capacidad única de conocerle y de reflejar la grandeza de su gloria. Esta doble distinción conferida a él ha limpiado de su corazón la herrumbre de todo deseo vano, y le ha hecho merecedor de la vestidura con que su Creador ha estimado digno cubrirlo. Ésta le ha servido para rescatar su alma de la miseria de la ignorancia.

Este manto con que el cuerpo y alma del hombre han sido adornados es el fundamento mismo de su bienestar y desarrollo. ¡Oh cuán bendito el día en que ayudado por la gracia y poder del Dios único y verdadero, el hombre se haya liberado de la esclavitud y corrupción del mundo y de todo lo que en él existe y haya logrado el verdadero y perdurable descanso bajo la sombra del Árbol del Conocimiento!

Las melodías que el ave de tu corazón ha entonado en su gran amor por sus amigos, han llegado hasta sus oídos y me ha conmovido a responder tus preguntas y revelarte aquellos secretos que me sea permitido manifestar. En tu estimada carta has preguntado cuáles profetas de Dios deben ser considerados superiores a los demás. Sabe con toda seguridad que la esencia de todos los profetas de Dios es una y la misma. Su unidad es absoluta. Dios el Creador dice: "No hay distinción alguna entre los portadores de mi Mensaje. Todos tienen un solo propósito; su secreto es el mismo secreto. Honrar a uno más que a otro, exaltar a algunos por encima de los demás de ninguna manera es permitido. Cada verdadero profeta ha considerado su Mensaje como fundamentalmente el mismo que la Revelación de cualquier otro profeta que le haya precedido. Por lo tanto, si hombre alguno no comprendiera esta verdad y, en consecuencia, se entregara al uso de lenguaje vano e indecoroso, ningún hombre cuya vista sea perspicaz y cuyo entendimiento sea iluminado permitiría jamás que tal ociosa charla le haga vacilar en su creencia.

El grado de revelación de los profetas de Dios en este mundo debe, sin embargo, diferir. Cada uno de ellos ha sido portador de un Mensaje distinto y ha sido comisionado para revelarse mediante hechos determinados. Es por esta razón que parecen variar en su grandeza. Su revelación puede ser comparada con la luz de la luna que derrama su resplandor sobre la tierra. Aun cuando ella revela una nueva medida de su brillantez cada vez que aparece, su esplendor inherente no puede nunca disminuir ni puede su luz sufrir extinción.

Es claro y evidente, por lo tanto, que cualquier variación aparente en la intensidad de su luz no es inherente a la luz misma, sino debe ser atribuida más bien a la receptividad variante de un mundo que siempre cambia. Se le ha confiado un Mensaje a cada profeta a quien el Creador Todopoderoso e Incomparable haya determinado enviar a los pueblos de la tierra, y se le ha encargado actuar en la forma que mejor satisfaga los requisitos de la época en que aparezca. Dios al enviar sus profetas a los hombres tiene dos propósitos. El primero es liberar a los hijos de los hombres de la oscuridad de la ignorancia y guiarlos a la luz del verdadero entendimiento. El segundo es asegurar la paz y tranquilidad del género humano y proveer todos los medios por los cuales pueden ser éstas establecidas.

Los profetas de Dios deben ser considerados como médicos cuya tarea es fomentar el bienestar del mundo y sus pueblos para que, mediante el espíritu de unidad, puedan curar la dolencia de una humanidad dividida. Nadie tiene el derecho de dudar de sus palabras o menospreciar su conducta, porque ellos son los únicos que pueden afirmar haber comprendido al paciente y diagnosticado correctamente sus males. Ningún hombre por aguda que sea su percepción puede jamás esperar alcanzar las alturas logradas por la sabiduría y comprensión del Médico Divino. No sería de extrañar entonces, si se encontrara que el tratamiento prescrito por el médico en este día no fuera idéntico al que prescribió anteriormente. ¿Cómo podría ser de otra manera, cuando las dolencias que afectan al paciente necesitan un remedio especial en cada etapa de su enfermedad? De igual modo, cada vez que los profetas de Dios han iluminado el mundo con el resplandeciente brillo del Sol de conocimiento divino, invariablemente han emplazado a sus pueblos por los medios que mejor se adaptaran a las exigencias de la época en que aparecieran, a abrazar la luz de Dios. Así fueron capaces de dispersar la oscuridad de la ignorancia y derramar sobre el mundo la gloria de su propio conocimiento. Por consiguiente, es hacia la más íntima esencia de estos profetas que los ojos de todo hombre de discernimiento deben dirigirse, puesto que su único propósito ha sido siempre guiar a los errados y dar paz a los afligidos. Éstos no son días de prosperidad y triunfo. La humanidad entera está en las garras de múltiples males. Esfuérzate entonces, para salvar su vida con la saludable medicina que la todopoderosa mano del Médico infalible ha preparado.

Y ahora respecto de tu pregunta acerca de la naturaleza de la religión. Sabe que los que en verdad son sabios han comparado el mundo con el templo humano. Así como el cuerpo del hombre necesita vestidura para cubrirse, asimismo el cuerpo de la humanidad debe ser necesariamente adornado con el manto de justicia y sabiduría. Su atavío es la Revelación que Dios le ha concedido. Cada vez que este atavío haya cumplido su propósito, el Todopoderoso de seguro lo renovará. Porque cada edad requiere una medida adicional de la luz de Dios. Cada Revelación divina ha sido enviada de modo que corresponda a las circunstancias de la época de su aparición.

En cuanto a tu pregunta sobre las declaraciones de los conductores de religiones pasadas. Todo hombre sabio y digno de alabanza, sin duda alguna evitará conversación tan vana e infructuosa. El incomparable Creador ha creado a todos los hombres de una misma sustancia y ha exaltado su realidad sobre el resto de sus criaturas. El éxito o fracaso del hombre, su ganancia o pérdida deben, por lo tanto, depender de sus propios esfuerzos. Mientras más se esfuerce, mayor será su progreso. Ojalá que las lluvias primaverales de la munificencia de Dios hagan que las flores de verdadero entendimiento broten del suelo de los corazones de los hombres, y los purifiquen de toda corrupción terrenal.

XXXV. Ponderad un poco. ¿Qué es lo que en cada Dispensación incitó a los pueblos de la tierra rechazar a la Manifestación del Todo Misericordioso? ¿Qué cosa podía haberlos impulsado a alejarse de Él y desafiar su autoridad? Si los hombres meditasen sobre estas palabras que han brotado de la Pluma del Divino Ordenador, se apresurarían, cada uno y todos, a abrazar la verdad de esta perdurable Revelación dada por Dios y atestiguarían lo que Él mismo ha afirmado solemnemente. Es el velo de vanas imaginaciones que, en los días de las Manifestaciones de la Unidad de Dios y las Auroras de su eterna gloria, se ha interpuesto y continuará interponiéndose entre ellos y el resto de la humanidad. Pues en esos días Él quien es la Verdad Eterna se manifiesta en conformidad con aquello que Él mismo ha determinado y no de acuerdo con los deseos y expectativas de los hombres. Así Él ha revelado: "Siempre que viene a vosotros un apóstol con lo que no desean vuestras almas os ensoberbecéis y a unos los desmentís y a otros los matáis."

No puede haber duda alguna que, si estos apóstoles hubieran aparecido en pasadas edades y ciclos, de acuerdo con las vanas imaginaciones que los corazones de los hombres habían ideado, nadie habría repudiado la verdad de estos seres santificados. A pesar que dichos hombres han estado recordando, día y noche, el Dios único y verdadero y que han estado piadosamente ocupados con el ejercicio de sus oraciones, sin embargo, al final no reconocieron las Auroras de los signos de Dios, las Manifestaciones de sus irrefutables testimonios, ni participaron de sus favores.

Considera la Dispensación de Jesucristo. Mirad cómo todos los hombres doctos de aquella generación, aunque esperaban ansiosamente la venida del Prometido, no obstante, lo negaron. Tanto Anás el más erudito entre los teólogos de su día, como Caifás el sumo sacerdote, lo denunciaron y pronunciaron su sentencia de muerte.

De igual manera, cuando apareció Muhammad, el Profeta de Dios -que todos los hombres sean ofrecidos en su sacrificio- los doctos de La Meca y Medina se levantaron contra Él en los primeros días de su Revelación, y rechazaron su Mensaje, mientras que aquellos que carecían totalmente de conocimientos, reconocieron y abrazaron su Fe. Ponderad por un momento. Considerad cómo Balál, el Etíope, a pesar de ser iletrado, ascendió al cielo de la fe y certeza, mientras que 'Abdu'lláh Ubayy, un caudillo entre los doctos, se esforzó con malicia para oponerse a Él. Mirad, cómo un simple pastor fue tan arrobado por el éxtasis de las palabras de Dios que pudo ser admitido en la morada de su Bien Amado y fue unido a Aquel quien es el Señor de la Humanidad, mientras que aquellos que se enorgullecían de su conocimiento y sabiduría se extraviaron lejos de su sendero y permanecieron desprovistos de su gracia. Por esta razón Él ha escrito: "El que es enaltecido entre vosotros será humillado y el humillado será enaltecido". Referencias a este tema pueden encontrarse en la mayor parte de los Libros sagrados, así como en las declaraciones de los profetas y mensajeros de Dios.

En verdad os digo que tal es la grandeza de esta Causa, que el padre huye de su hijo y el hijo huye de su padre. Recordad la historia de Noé y Canaán. Quiera Dios que, en estos días de delicia celestial, no os privéis de los dulces sabores del Todo Glorioso Dios, y podáis participar, en esta Primavera espiritual, de las efusiones de su gracia. Levantaos en el nombre de Aquel quien es el Objeto de toda sabiduría, y, con absoluto desprendimiento del saber de los hombres, levantad vuestras voces y proclamad su Causa. ¡Juro por el Sol de la Revelación Divina! En el momento en que os levantéis, atestiguaréis cómo un diluvio de conocimiento divino brotará de vuestros corazones, y veréis ante vosotros las maravillas de su sabiduría celestial manifiestas en toda su gloria. Si probarais la dulzura de las palabras del Todo Misericordioso, sin vacilar renunciaríais a vosotros mismos y entregaríais vuestras vidas por el Bien Amado.

¿Quién podrá creer que este Siervo de Dios haya acariciado en su corazón un deseo de honor o beneficio terrenales? La Causa asociada con su Nombre está muy por encima de las cosas transitorias de este mundo. ¡Helo aquí! en esta la Más Grande Prisión, un exiliado, una víctima de la tiranía. Sus enemigos lo han atacado por todos lados y continuarán haciéndolo hasta el fin de su vida. Por lo tanto todo lo que Él os diga será sólo por Dios, que quizá los pueblos de la tierra limpien sus corazones de la mancha de los malos deseos, desgarren su velo y logren conocer al Dios único y verdadero. Ésta es la más exaltada posición a que hombre alguno puede aspirar. Su aceptación o rechazo de mi Causa, no podrá beneficiarme, ni hacerme daño. Los emplazamos enteramente por Dios. Él, en verdad, puede prescindir de toda criatura.

XXXVI. Sabe que cuando el Hijo del Hombre exhaló su último suspiro y se entregó a Dios, la creación entera lloró con gran llanto. Sin embargo, al sacrificarse a sí mismo, una nueva capacidad fue infundida en todas las cosas creadas. Sus efectos, de los cuales dan testimonio todos los pueblos de la tierra, están manifiestos ahora ante ti. La más honda sabiduría que los eruditos hayan expresado, los más profundos conocimientos que mente alguna haya descifrado, las obras de arte que las manos más diestras han producido, la influencia ejercida por el más potente de los gobernantes, no son sino manifestaciones de la fuerza vivificadora liberada por su resplandeciente y trascendente Espíritu que todo lo penetra.

Atestiguamos que cuando Él vino al mundo, derramó el esplendor de su gloria sobre todas las cosas creadas. Mediante Él el leproso se restableció de la lepra de la perversidad e ignorancia. Por Él el impuro y descarriado fueron curados. Mediante su poder, nacido de Dios Todopoderoso, los ojos del ciego fueron abiertos y el alma del pecador fue santificada.

La lepra puede ser interpretada como cualquier velo que se interponga entre el hombre y el reconocimiento del Señor, su Dios. Quienquiera se permita aislarse de Él, es realmente un leproso, quien no será recordado en el Reino de Dios, el Poderoso, el Todo Alabado. Atestiguamos, que por medio del Poder de la Palabra de Dios, todo leproso fue purificado, toda enfermedad fue curada, y toda debilidad humana fue eliminada. Es Él quien purificó al mundo. Bendito el hombre que con el rostro radiante se ha vuelto hacia Él.

XXXVII. Bendito el hombre que ha confesado su creencia en Dios y en sus signos, y ha reconocido que "a Él no se le ha de pedir cuenta de sus hechos". Dios ha dispuesto que tal reconocimiento sea el ornamento de toda creencia y su base fundamental. De Él debe depender la aceptación de toda buena obra. Fijad vuestros ojos en Él, no sea que las murmuraciones de los rebeldes os hagan errar.

Si Él decretara lícito lo que desde tiempo inmemorial ha sido vedado, y prohibiere lo que en todo tiempo se ha considerado lícito, nadie tiene el derecho de poner en duda su autoridad. Quienquiera que vacile, aunque fuere por un solo instante, deberá ser considerado como transgresor.

Quien no haya reconocido esta sublime y fundamental verdad, ni haya alcanzado esta muy exaltada posición, será perturbado por los vientos de la duda, y las murmuraciones de los infieles confundirán su alma. Aquel que haya reconocido este principio será dotado de la más perfecta constancia. Todo honor sea para esta toda gloriosa posición, cuyo recuerdo adorna a toda Tabla exaltada. Tal es la enseñanza que os librará de cualquier duda y perplejidad, os permitirá alcanzar la salvación, tanto en este mundo como en el venidero. Él es, verdaderamente, el que Siempre Perdona, el Más Generoso.

XXXVIII. Sabe con certeza que, en cada Dispensación, la Luz de la Divina Revelación ha sido otorgada a los hombres en proporción directa a su capacidad espiritual. Considera el sol. Cuán débiles son sus rayos en el momento en que aparece sobre el horizonte. Cómo gradualmente, su calor y potencia aumentan a medida que se aproxima a su cenit, permitiendo, mientras tanto, a todas las cosas creadas adaptarse a la intensidad creciente de su luz. Y cómo declina paulatinamente hasta alcanzar su ocaso. Si manifestara súbitamente las energías latentes en él, sin duda dañaría todas las cosas creadas.... De igual manera, si el Sol de la Verdad revelara repentinamente, en el comienzo de su manifestación, todas las potencialidades que la providencia del Todopoderoso le ha conferido, la tierra de la comprensión humana quedaría desolada y se marchitaría; porque el corazón de los hombres no podría soportar la intensidad de su revelación, ni podría reflejar el brillo de su luz. Consternados y abrumados, dejarían de existir.

XXXIX. Alabado seas, oh Señor mi Dios, por las maravillosas Revelaciones de tu inescrutable mandato y las múltiples aflicciones y pruebas que Tú has destinado para mí. En una época Tú me entregaste en manos de Nimrod; en otra Tú permitiste que la vara del Faraón me persiguiera. Sólo Tú, mediante tu conocimiento que todo lo abarca y la acción de tu Voluntad, puedes valorar las incalculables aflicciones que he sufrido en sus manos. Otra vez, Tú me arrojaste al calabozo de los descreídos, sólo porque me sentí impulsado a susurrar a los oídos de los bienamados de tu Reino, un indicio de la visión, con que Tú, mediante tu conocimiento me habías inspirado y cuyo significado me habías revelado mediante la potencia de tu poder. Posteriormente, Tú decretaste que la espada del infiel cortara mi cabeza. En otra ocasión fui crucificado, por haber descubierto ante los ojos de los hombres las gemas ocultas de tu gloriosa unidad, por haberles revelado los maravillosos signos de tu soberanía y eterno poder. ¡Cuán amargas las humillaciones que fueron amontonadas sobre mí, en una época posterior, en la llanura de Karbilá! ¡Cuán solitario me sentí entre tu pueblo! ¡A qué estado de impotencia fui reducido en aquella tierra! Insatisfechos con tales indignidades, mis perseguidores me decapitaron y llevando en alto mi cabeza de país en país, la exhibieron a la vista de la multitud incrédula y la depositaron en las moradas de los perversos e infieles. En otra edad fui suspendido y mi pecho se convirtió en blanco de los dardos de la maliciosa crueldad de mis enemigos. Mis miembros fueron acribillados con proyectiles y mi cuerpo despedazado. Finalmente, mira cómo en este Día, mis traidores enemigos se han aliado contra mí y están continuamente conspirando para inculcar el veneno del odio y malicia en las almas de tus servidores. Están tramando, con todo su poder para llevar a cabo su objetivo.... A pesar de lo penosa que es mi tribulación, oh Dios, mi Bienamado, te doy gracias y mi Espíritu está agradecido por todo lo que me ha acontecido en el sendero de tu complacencia.

Estoy contento con todo lo que Tú has ordenado para mí y doy la bienvenida a las penas y sufrimientos que tengo que soportar, por calamitosas que sean.

XL. ¡Oh mi Bien Amado! Tú has soplado tu Hálito en mí y me has separado de mí mismo. Tú posteriormente decretaste que de tu Realidad dentro de mí, sólo un tenue reflejo, un simple emblema quedara entre los perversos y envidiosos . ¡Mira cómo engañados por este emblema, se han levantado contra mí y han hacinado sobre mí sus recusaciones! Descúbrete entonces, oh mi Bien Amado y líbrame de mi aflicción.

Entonces una Voz respondió: "Amo y siento gran cariño por este emblema. ¿Cómo puedo consentir que sólo mis ojos contemplen este emblema y que ningún corazón salvo el mío lo reconozca? ¡Por mi Belleza, que es lo mismo que tu Belleza! Mi deseo es ocultarte a mis propios ojos; ¡cuánto más a los ojos de los hombres!"

Preparaba mi contestación cuando, he aquí la Tabla fue terminada repentinamente, dejando mi tema sin concluir, y la perla de mi palabra sin engarzar.

XLI. ¡Dios es mi testigo, oh pueblo! Dormía en mi lecho cuando, he aquí, la Brisa de Dios acariciándome, me despertó de mi sueño. Su Espíritu vivificador me revivió y mi lengua se desató para proclamar su llamado. No me acuséis de haber transgredido contra Dios. No me miréis con vuestros ojos sino con los míos. Así os amonesta Él quien es el Bondadoso, el Omnisciente. Oh pueblo, ¿pensáis que Yo tengo en mis manos el control de la última Voluntad y Propósito de Dios? Lejos de mí está pretender eso. Lo atestiguo ante Dios, el Todopoderoso, el Exaltado, el Omnisciente, el Omnisapiente. Si el destino final de la Fe de Dios hubiera estado en mis manos, nunca habría consentido, ni aún por un momento, en manifestarme a vosotros, ni hubiera permitido que una sola palabra brotase de mis labios. De ello Dios mismo es ciertamente testigo.

XLII. ¡Oh Hijo de la Justicia! Por la noche la belleza del Ser inmortal se dirigió desde la esmeralda altura de la fidelidad al Sadratu'l-Muntahá y lloró con tal llanto que el Concurso en lo alto y los moradores de los reinos celestiales gimieron al oír su lamento. Entonces se oyó la pregunta: ¿por qué estos lamentos y sollozos? Él respondió: Como se me ordenó, esperé atento sobre la loma de la lealtad, mas no logré respirar de aquellos que habitan en la tierra la fragancia de la fidelidad. Entonces, llamado a regresar, miré y, ¡he aquí! ciertas palomas de santidad estaban atormentadas bajo las garras de los perros de la tierra. Entonces la Doncella del Cielo apresuró desde su mística mansión, resplandeciente, desprovista de su velo, y preguntó por sus nombres, y todos fueron dichos, menos uno. Y cuando ella les urgió fue pronunciada la primera letra de él, entonces los moradores de las cámaras celestiales abandonaron precipitadamente sus habitaciones de gloria. Y mientras la segunda letra se articulaba cayeron sobre el polvo cada uno y todos. En ese momento se oyó una voz desde el más íntimo santuario: "Hasta aquí, ni un paso más". En verdad, atestiguamos lo que han hecho y lo que ahora hacen.

XLIII. ¡Oh Afnán, oh tú que has brotado de mi antiguo Linaje! Mi gloria y mi amorosa bondad descansan sobre ti. ¡Cuán vasto es el tabernáculo de la Causa de Dios! Ha cubierto con su sombra a todos los pueblos y naciones de la tierra y dentro de poco reunirá bajo su abrigo a toda la humanidad. Ya ha llegado el día de servicio. Innumerables Tablas atestiguan las generosidades que te han sido otorgadas. Levántate a hacer triunfar mi Causa y con la fuerza de tu palabra somete a los corazones de los hombres. Debes manifestar aquello que asegure la paz y el bienestar del desdichado y del oprimido. Apréstate para la acción, que quizá liberes al cautivo de sus cadenas y le permitas alcanzar la libertad verdadera.

La Justicia en este día lamenta su condición y la Equidad gime bajo el yugo de la opresión. Las densas nubes de la tiranía han oscurecido la faz de la tierra y envuelto a sus pueblos. Por el movimiento de nuestra Pluma de gloria, por deseo del omnipotente Ordenador, hemos inspirado una nueva vida en toda estructura humana y hemos infundido una nueva potencia en cada palabra. Todas las cosas creadas proclaman los indicios de esta regeneración mundial. Ésta es la más grande, la más jubilosa nueva impartida a la humanidad por la pluma de este Agraviado. ¿Por qué teméis, oh mis bienamados? ¿Quién os puede consternar? Un poco de humedad basta para disolver la arcilla endurecida de que está moldeada esta generación perversa. El simple hecho de reuniros es suficiente para dispersar las fuerzas de esta gente vana e inútil. ... .

En este día todo hombre perspicaz admitirá prontamente que los consejos revelados por la Pluma de este Agraviado constituyen la suprema fuerza animadora del progreso del mundo y la exaltación de sus pueblos. Levantaos, oh pueblos, y por la fuerza del poder de Dios, decidíos a ganar la victoria sobre vosotros mismos, que quizá toda la tierra sea librada y santificada de su servidumbre a los dioses de sus vanas fantasías, dioses que a sus desdichados adoradores han infligido tanta pérdida y de cuya miseria son responsables. Estos ídolos constituyen el obstáculo que ha estorbado al hombre en sus esfuerzos a avanzar por el sendero de perfección. Abrigamos la esperanza que la Mano del poder divino preste su ayuda a la humanidad y la libere de su estado de penosa degradación.

En una de las Tablas estas palabras han sido reveladas: ¡Oh pueblos de Dios! No os ocupéis con vuestros propios asuntos; que vuestros pensamientos se fijen en lo que será capaz de restituir la prosperidad de la humanidad y santificar los corazones y almas de los hombres. La mejor manera de lograr esto es mediante acciones puras y santas, vida casta y comportamiento digno. Actos valientes asegurarán el triunfo de esta Causa y un carácter santo reforzará su poder. ¡Aferraos a la rectitud, oh pueblo de Bahá! Esto es ciertamente el mandamiento que este Agraviado os ha dado, y es lo que su ilimitada Voluntad ha escogido para cada uno de vosotros.

¡Oh amigos! Os incumbe renovar y revivir vuestras almas por medio de los dadivosos favores que, en esta divina y conmovedora Primavera, llueven sobre vosotros. El Sol de su gran gloria ha derramado su resplandor sobre vosotros y las nubes de su ilimitada generosidad os han cubierto con su sombra. ¡Cuán elevado es el premio para quien no se haya privado de tan grande generosidad ni haya dejado de reconocer la belleza de su Bienamado en ésta, su nueva vestidura! Cuidaos, pues el Malvado os acecha listo para atraparos. Aseguraos contra sus infames artificios y, guiados por la luz del nombre de Dios Todo Veedor, escapad de la oscuridad que os rodea. Que vuestra visión abarque el mundo en vez de limitarse a vuestro propio ser. El Malvado es aquel que impide el ascenso de los hijos de los hombres y detiene su progreso espiritual.

En este Día incumbe a todo hombre asirse de lo que promueve los intereses de todas las naciones y gobiernos justos y exalte su posición. Por medio de todos y cada uno de los versos revelados por la Pluma del Altísimo, las puertas del amor y unidad han sido abiertas enteramente a los hombres. Anteriormente hemos declarado, y nuestra Palabra es la verdad: "Asociaos con los seguidores de todas las religiones en espíritu de amistad y hermandad". Cualquier cosa que haya hecho a los hijos de los hombres rehuirse uno a otro y haya causado disensiones y divisiones entre ellos, ha sido anulada y abolida por la revelación de estas palabras. Desde el cielo de la Voluntad de Dios, y con el propósito de ennoblecer al mundo del ser y elevar la mente y almas de los hombres, ha sido enviado aquello que constituye el instrumento más efectivo para la educación de toda la raza humana. La más elevada esencia y la más perfecta expresión de todo lo que los pueblos del pasado hayan dicho o escrito, por esta potentísima Revelación, ha descendido del cielo de la Voluntad del Poseedor de todo, el Dios Perdurable. En el pasado ha sido revelado: "El amor por el propio país es un elemento de la Fe de Dios". Sin embargo, la Lengua de Grandeza, en el día de su manifestación, proclamó: "No debe preciarse quien ama a su patria, sino quien ama al mundo". Mediante el poder liberado por estas exaltadas palabras, Él ha dado un nuevo impulso al ave del corazón humano, le ha señalado una nueva dirección y del Libro sagrado de Dios ha borrado toda huella de restricción y limitación.

¡Oh gente de Justicia! Sed brillantes como la luz y espléndidos como el fuego encendido en la Zarza Ardiente. El resplandor del fuego de vuestro amor sin duda fundirá y unificará a los pueblos y naciones contendedoras de la tierra, mientras que la ferocidad de la llama de la enemistad y odio no pueden dar otro resultado que la lucha y ruina. Rogamos a Dios que escude a sus criaturas de los malos designios de sus enemigos. Él ciertamente tiene poder sobre todas las cosas.

Toda alabanza sea para el Dios único y verdadero -exaltada sea su gloria- por cuanto Él ha abierto las puertas de los corazones de los hombres por la Pluma del Altísimo. Cada verso que esta Pluma ha revelado es una puerta brillante y luminosa que descubre las glorias de santa y piadosa vida, de puras e inmaculadas acciones. El emplazamiento y mensaje que dimos no fueron nunca destinados para alcanzar o beneficiar a una sola tierra o a un solo pueblo. La humanidad en su integridad debe aferrarse firmemente a lo que haya sido revelado y otorgado a ella. Entonces, y sólo entonces, alcanzará la verdadera libertad. Toda la tierra está iluminada con la resplandeciente gloria de la Revelación de Dios. En el año sesenta Aquel quien anunció la Luz de la Guía Divina -que toda la creación sea ofrendada como sacrificio por Él- se levantó para anunciar una nueva revelación del Espíritu Divino, y fue seguido, veinte años más tarde, por Aquel mediante cuya venida el mundo recibió esta gloria prometida, este maravilloso favor. Mirad cómo la mayoría de la humanidad ha sido dotada con la capacidad de escuchar la más exaltada Palabra de Dios, sobre la cual debe depender la reunión y resurrección espiritual de todos los hombres....

Inclinad vuestros corazones, oh pueblo de Dios, hacia los consejos de vuestro verdadero e incomparable Amigo. La Palabra de Dios puede ser comparada a un árbol tierno cuyas raíces han sido plantadas en los corazones de los hombres. Os incumbe nutrir su crecimiento por medio de las vivificadoras aguas de la sabiduría, de palabras santas y sagradas, para que su raíz pueda asegurarse firmemente y sus ramas puedan extenderse hasta la altura de los cielos y aun más allá.

¡Oh vosotros que moráis en la tierra! El rasgo distintivo que marca el carácter preeminente de esta Suprema Revelación consiste en que, por una parte, hemos borrado del Libro sagrado de Dios todo aquello que ha sido causa de lucha, malicia y daño entre los hijos de los hombres y por otra parte hemos sentado los requisitos esenciales del entendimiento, y de completa y permanente unidad. Venturosos quienes guardan mis estatutos.

Una vez tras otra hemos amonestado a nuestros bienamados que eviten, aun más, que huyan de toda cosa de la que perciban el olor a maldad. El mundo está sufriendo gran trastorno y las mentes de sus pueblos se encuentran en un estado de completa confusión. Suplicamos al Todopoderoso que Él bondadosamente los ilumine con la gloria de su Justicia, y los capacite para descubrir aquello que les sea provechoso en todo tiempo y bajo toda condición. Él ciertamente es el que Todo lo Posee, el Altísimo.

XLIV. No apartéis de vuestro lado el temor a Dios, oh vosotros los doctos de la tierra y juzgad con ecuanimidad la Causa de este Iletrado, de quien todos los Libros de Dios, el Protector, el que Subsiste por sí mismo, han testificado.... ¿Acaso el miedo de desagradar a Dios, el temor a Él quien no tiene par ni igual, no os despertarán? Aquel a quien el mundo ha agraviado, en ningún momento se ha asociado con vosotros, nunca ha estudiado vuestros escritos ni ha participado en ninguna de vuestras disputas. El traje que Él usa, sus ondeantes cabellos, su turbante, atestiguan la verdad de sus palabras. ¿Hasta cuándo persistiréis en vuestra injusticia? Mirad la habitación en que han obligado a morar a Aquel quien es la encarnación de la justicia. Abrid vuestros ojos y al contemplar su aflicción, meditad diligentemente sobre aquello que vuestras manos han forjado, que quizá no seáis privado de la luz de sus divinas declaraciones, ni despojado de vuestra parte del océano de su conocimiento.

Algunos entre plebeyos y nobles han objetado que este Agraviado no es miembro del orden eclesiástico, ni descendiente del Profeta. Di: ¡Oh vosotros que pretendéis ser justos! Pensad un momento y reconoceréis cuán infinitamente exaltado es su posición actual sobre la posición que según vosotros Él debería tener. La Voluntad del Todopoderoso ha decretado que su Causa debe aparecer y manifestarse en una casa completamente desprovista de todo aquello que los teólogos, doctos, sabios y letrados comúnmente poseen.

El hálito del Espíritu Divino le despertó y le pidió que se levantara y proclamara su Revelación. Tan pronto como fue despertado de su sueño levantó su voz y llamó a toda la humanidad hacia Dios, el Señor de todos los mundos. Nos hemos visto impulsados a revelar estas palabras en vista de la debilidad y fragilidad de los hombres; de lo contrario, la Causa que hemos proclamado es tal que ninguna pluma podrá describirla, ni mente alguna concebir su grandeza. Esto lo atestigua Aquel con quien está el Libro Madre.

XLV. La Antigua Belleza ha consentido ser encadenada para que la humanidad sea liberada de su cautiverio, y ha aceptado ser prisionero de esta poderosa Fortaleza para que todo el mundo logre la verdadera libertad. Ha bebido hasta los pozos de la copa del dolor, para que todos los pueblos de la tierra alcancen felicidad perdurable y sean colmados de alegría. Esto emana de la misericordia de vuestro Señor, el Compasivo, el Más Misericordioso. Hemos aceptado ser humillados, oh creyentes en la Unidad de Dios, para que vosotros seáis enaltecidos y hemos sufrido múltiples tribulaciones para que podáis prosperar y florecer. ¡Mirad cómo aquellos que se han imaginado socios de Dios, han forzado a Aquel quien ha venido a rehacer el mundo entero, a residir en la más desolada de las ciudades!

XLVI. No me apeno por la pesadumbre de mi encarcelación. Tampoco me aflijo de mi humillación, ni de las tribulaciones que sufro en manos de mis enemigos. ¡Por mi vida! Son mi gloria, gloria con la cual Dios se ha adornado a sí mismo. ¡Ojalá lo supierais!

La vergüenza que fui obligado a soportar, ha descubierto la gloria con que toda la creación ha sido dotada, y por las crueldades que he sufrido, el Sol de la Justicia, se ha manifestado y ha derramado su esplendor sobre los hombres.

Mis dolores son por aquellos que se han envuelto en sus pasiones corruptas y pretenden estar asociados con la Fe de Dios, el Dadivoso, el Todo Alabado.

Incumbe al pueblo de Bahá, morir al mundo y a todo lo que hay en él; ser tan desprendidos de las cosas terrenales que los moradores del Paraíso, inhalen de su vestidura la dulce fragancia de la santidad; para que todos los pueblos de la tierra reconozcan en sus rostros el resplandor del Todo Misericordioso, y mediante ellos se difundan los signos y señales de Dios, el Todopoderoso, el Sapientísimo. ¡Aquellos que han empañado el buen nombre de la Causa de Dios al seguir las inclinaciones de la carne, ésos están en palpable error!

XLVII. ¡Oh judíos! Si tenéis la intención de crucificar otra vez a Jesús, el Espíritu de Dios, dadme muerte a mí, porque en mi persona, Él se ha manifestado una vez más a vosotros. Tratadme como queráis porque he prometido sacrificar mi vida en el sendero de Dios. No temeré a nadie aunque los poderes de la tierra y del cielo se alíen en mi contra. ¡Seguidores del Evangelio! Si abrigáis el deseo de matar a Muhammad, el Apóstol de Dios, tomadme y poned fin a mi vida, porque yo soy Él, y mi Ser es su Ser. Haced conmigo lo que queráis porque el más profundo deseo de mi corazón es alcanzar la presencia de mi Bienamado en su Reino de Gloria. ¡Tal es el decreto divino, si lo supierais! ¡Seguidores de Muhammad! Si es vuestro deseo acribillar con vuestros dardos el pecho de Aquel quien ha hecho que su Libro el Bayán os sea enviado, poned vuestras manos sobre mí y perseguidme, porque Yo soy su Bienamado, la revelación de su propio Ser, aunque mi nombre no sea su nombre. He venido bajo la sombra de las nubes de gloria y he sido investido por Dios con invencible soberanía. Él es ciertamente la Verdad, el Conocedor de las cosas no vistas. Verdaderamente Yo espero de vosotros el mismo trato que habéis acordado a Aquel quien me precedió. De esto son testigos todas las cosas, si fuerais de aquellos que escuchan. ¡Oh pueblo del Bayán! Si habéis resuelto derramar la sangre de Aquel cuya venida el Báb ha proclamado, cuyo advenimiento Muhammad ha profetizado, y cuya Revelación Jesucristo mismo ha anunciado, miradme a mí que estoy de pie, listo y sin defensa ante vosotros. Proceded conmigo como lo dicten vuestros propios deseos.

XLVIII. ¡Dios es mi testigo! Si esto no estuviera en conflicto con aquello que las Tablas de Dios han decretado, gustosamente habría besado las manos de quienquiera hubiera intentado derramar mi sangre en el sendero del Bienamado. Aun más, le habría dotado con una parte de los bienes terrenales que Dios me ha permitido poseer, aun cuando quien perpetrare este acto provocaría la ira del Todopoderoso, incurriría en su maldición y merecería ser atormentado durante toda la eternidad de Dios, el que Todo lo Posee, el Equitativo, el Omnisapiente.

XLIX. Sabe en verdad, que cuando quiera este Joven vuelve su vista hacia su propio ser, encuentra que es lo más insignificante de toda la creación. Sin embargo, cuando contempla las brillantes refulgencias que ha sido capacitado para manifestar, he aquí, ese yo se transfigura ante Él en una potencia soberana que satura la esencia de todas las cosas visibles e invisibles. Gloria a Aquel quien, por la fuerza de la verdad, ha enviado la Manifestación de su propio Ser y le ha confiado su mensaje para toda la humanidad.

L. Oh desatentos, quitaos el sueño de la negligencia para que podáis mirar el resplandor que su gloria ha difundido a través del mundo. ¡Qué torpes son quienes murmuran contra el nacimiento prematuro de su luz! ¡Oh vosotros, ciegos de corazón! Sea temprano o tarde, las demostraciones de su gloria refulgente ya están de hecho manifiestas. Os incumbe determinar si tal luz ha aparecido o no. No está en vuestro poder ni en el mío fijar el momento en que debe ser manifiesta. La Sabiduría inescrutable de Dios ha fijado la hora de antemano. Estad contentos, oh pueblo, con lo que Dios ha deseado y predestinado para vosotros.... ¡Oh vosotros que me deseáis el mal! El Sol de la Guía eterna, es mi testigo: Si hubiera estado en mi poder, nunca habría consentido, bajo ninguna circunstancia, distinguirme entre los hombres, porque el Nombre que llevo desdeña totalmente asociarse con esta generación cuyas lenguas están sucias y cuyos corazones son falsos. Y cada vez que escogí callar y guardar silencio, he aquí, la voz del Espíritu Santo, parado a mi diestra, me despertó, y el Supremo Espíritu apareció ante mi faz, y Gabriel me cubrió con su sombra, y el Espíritu de Gloria se movió dentro de mi pecho ordenándome levantarme y romper mi silencio. Si vuestra capacidad de oír fuese depurada y vuestros oídos estuviesen atentos, seguramente comprenderíais que cada miembro de mi cuerpo, más aún, todos los átomos de mi ser, proclaman y atestiguan este llamado: "Dios, fuera de quien no hay otro Dios, y Aquel cuya belleza se manifiesta ahora, es el reflejo de su gloria para todos los que están en el cielo y en la tierra".

LI. ¡Oh pueblo! ¡Juro por el Dios único y verdadero! Éste es el Océano del cual han procedido todos los mares, y con el cual cada uno de ellos se reunirá finalmente. De Él se han generado todos los Soles y a Él regresarán todos ellos. Por su potencia los Árboles de la Revelación Divina han dado sus frutos, cada uno de los cuales ha sido enviado en la forma de un profeta que lleva un mensaje a las criaturas de Dios en cada uno de los mundos cuyo número sólo Dios, en su Conocimiento omnímodo, puede calcular. Él ha logrado esto por la acción de solo una Letra de su Palabra, revelada por su Pluma, estando su Pluma movida por su Dedo guiador, estando su propio Dedo sostenido por la fuerza de la Verdad de Dios.

LII. Di: ¡Oh pueblo! No os privéis de la gracia de Dios y de su misericordia. Quienquiera se prive de ellas está en dolorosa perdición ¡Cómo! ¡Oh pueblo! ¿Adoráis el polvo y os alejáis de vuestro Señor, el Bondadoso, el Todo Generoso? Temed a Dios y no seáis de los que perecen. Di: El Libro de Dios ha sido enviado en la forma de este Joven. ¡Por tanto, santificado sea Dios el más excelente de los hacedores! Prestad atención, oh pueblos del mundo, no sea que huyáis de su faz. Más aún, apresuraos en alcanzar su presencia y sed de aquellos que han vuelto a Él. Orad para que seáis perdonados, oh pueblos, por no haber cumplido vuestro deber para con Dios y por haber transgredido contra su Causa y no seáis de los torpes. Él es quien os ha creado; Él es quien ha alimentado vuestras almas mediante su Causa y os ha hecho capaces de reconocer a Aquel quien es el Todopoderoso, el Más Exaltado, el Omnisciente. Él es quien ha descubierto a vuestros ojos los tesoros de su conocimiento y os ha hecho ascender al cielo de la certeza de su irresistible, su irrefutable y muy exaltada Fe. Prestad atención, no sea que os privéis de la gracia de Dios, y vuestras obras se reduzcan a nada, y no repudiéis la verdad de esta clara, majestuosa, brillante y gloriosa Revelación. Juzgad imparcialmente la Causa de Dios, vuestro Creador; contemplad lo que ha sido enviado desde el Trono en lo alto y meditad sobre ello con corazones inocentes y santificados. Entonces la verdad de esta Causa se os hará tan evidente como el sol en su gloria meridiana. Entonces seréis de aquellos que han creído en Él.

Di: El primer y más importante testimonio que establece su verdad es Él mismo. Próximo a este testimonio está su Revelación. Para quienquiera no reconozca ni uno ni otro Él ha establecido las palabras que ha revelado, como prueba de su realidad y verdad. Esta es, ciertamente, una demostración de su tierna misericordia para con los hombres. Él ha dotado a toda alma con la capacidad de reconocer los signos de Dios. De otra manera, ¿cómo habría Él podido cumplir su testimonio hacia los hombres? si sois de los que ponderan su Causa en sus corazones. Él nunca procederá injustamente con nadie, ni tampoco señalará a las almas una tarea superior a sus capacidades. Él es ciertamente el Compasivo, el Todo Misericordioso.

Di: Es tan grande la gloria de la Causa de Dios, que aun los ciegos pueden percibirla, cuanto más aquellos que poseen vista perspicaz y visión pura. Los ciegos, a pesar de no ser capaces de percibir la luz del sol, sin embargo, pueden sentir su continuo calor. No obstante, los ciegos de corazón entre el pueblo del Bayán -de esto Dios es mi testigo- son impotentes, por mucho que el Sol brille sobre ellos, para percibir el resplandor de su gloria o apreciar el calor de sus rayos.

Di: ¡Oh pueblo del Bayán! Entre todos los pueblos del mundo os hemos escogido para conocernos y reconocernos. Os hemos hecho acercar al lado derecho del Paraíso, Lugar desde el cual el Fuego inmortal proclama en múltiples tonos: "¡No hay otro Dios salvo Yo, el Omnipotente, el Altísimo!" Cuidaos, no permitáis estar separados como por un velo de este Sol que brilla sobre la Aurora de la Voluntad de vuestro Señor, el Todo Misericordioso, y cuya luz ha envuelto a pequeños y grandes. Purificad vuestra vista para que podáis percibir su gloria con vuestros propios ojos, y no dependáis de la vista de otro, pues Dios jamás ha requerido de un alma algo que sobrepase su fuerza. Así ha sido anunciado a los profetas y mensajeros del antaño y se ha registrado en todas las Escrituras.

Esforzaos, oh pueblo, para conseguir entrada en esta vasta Inmensidad, que, por orden de Dios, no tiene ni principio ni fin, en la cual su voz ha sido proferida y sobre la cual se esparcen los dulces aromas de la santidad y gloria. No os despojéis del manto de grandeza, ni permitáis que vuestros corazones se priven del recuerdo de vuestro Señor, ni vuestros oídos de escuchar las dulces melodías de su maravillosa, de su sublime, clara y muy elocuente voz que todo lo compele.

LIII. ¡Oh Nasír, oh mi siervo! Dios, la Eterna Verdad, es mi testigo. En este Día el Joven Celestial ha levantado sobre las cabezas de los hombres el glorioso Cáliz de la Inmortalidad y permanece atento en su sede, preguntándose qué ojo reconocerá su gloria, y qué brazo se extenderá sin vacilar para asir la Copa de su Mano de nívea blancura y vaciarla. Hasta ahora unos pocos han bebido de esta incomparable gracia que fluye suavemente del Antiguo Rey. Éstos ocupan las mansiones más elevadas del Paraíso y están firmemente establecidos sobre los asientos de autoridad. ¡Por la rectitud de Dios! Ni los espejos de su gloria, ni los reveladores de sus nombres, ni ninguna cosa creada que haya existido o existirá, jamás podrán superarlos, si sois de los que comprenden esta verdad.

¡Oh Nasír! La excelencia de este Día está inmensamente exaltada por encima de la comprensión de los hombres, por muy extenso que sea su conocimiento, por muy profundo que sea su entendimiento. ¡ Cuánto más ha de trascender la imaginación de los que se han extraviado de su luz y han sido privados de su gloria! Si desgarraras el agraviante velo que ciega tu visión, verías una generosidad tal que nada podrá jamás asemejársele o igualarla desde el principio que no tiene principio hasta el fin que no tiene fin. ¿Qué lenguaje debería elegir Aquel quien es el Portavoz de Dios, para que aquellos que están separados como por un velo de Él, puedan reconocer su gloria? Los rectos moradores del Reino en lo alto beberán copiosamente del Vino de Santidad en mi nombre, el todo glorioso. Nadie salvo ellos participará de tales beneficios.

LIV. ¡Por la rectitud de Dios, mi Bienamado! Jamás he anhelado la soberanía mundana. Mi único propósito ha sido entregar a los hombres lo que Dios, el Dadivoso, el Incomparable, me mandó darles, para que les desligue de todo lo que pertenece a este mundo y les haga alcanzar tales alturas que ni el impío puede concebir ni el insolente imaginar.

LV. Recuerda oh tierra de Tá (Tihrán) los días pasados en que tu Señor te había hecho la sede de su trono y te había envuelto con la refulgencia de su gloria. ¡Cuán vasto el número de aquellos seres santificados, aquellos símbolos de certidumbre, quienes en su gran amor por ti han entregado sus vidas y sacrificado todo por ti! La alegría sea contigo y la suprema felicidad sea con aquellos que en ti moran. Testifico que, como lo sabe todo corazón discernedor, de ti procede el hálito viviente de Aquel quien es el Deseo del mundo. En ti ha sido revelado el Invisible y de ti ha salido aquello que estaba oculto a los ojos de los hombres. ¿A quién recordaremos de la multitud de tus sinceros amantes, cuya sangre ha sido vertida dentro de tus muros y cuyo polvo yace oculto bajo tu suelo? Los dulces aromas de Dios se han esparcido incesantemente y continuarán esparciéndose eternamente sobre ti. Nuestra Pluma se siente impulsada a conmemorarte y ensalzar a las víctimas de la tiranía, aquellos hombres y mujeres que yacen bajo tu polvo.

Entre ellas está nuestra propia hermana, a quien ahora recordamos como una señal de nuestra fidelidad y como una prueba de nuestra amorosa bondad hacia ella. ¡Cuán penosa fue su condición! ¡Con qué resignación regresó a su Dios! Sólo Nosotros, por nuestro conocimiento que todo lo abarca, lo hemos sabido.

¡Oh tierra de Tá! Por la gracia de Dios tú eres todavía un centro alrededor del cual sus bienamados se han reunido. ¡Felices ellos; feliz cada refugiado que busca tu amparo en sus padecimientos en el sendero de Dios, el Señor de este maravilloso Día! Benditos aquellos que recuerdan al Dios único y verdadero, que magnifican su nombre y buscan diligentemente servir a su Causa. Es a estos hombres que se han referido los Libros sagrados de antaño. Sobre ellos el Comandante de los Fieles ha prodigado sus alabanzas diciendo: "Las bendiciones que les esperan a ellos superan las bendiciones de que ahora gozamos". Él ciertamente ha dicho la verdad y de ello somos ahora testigos. La gloria de su posición, sin embargo, no ha sido revelada aún. La Mano del poder divino de seguro levantará el velo y expondrá a la vista de los hombres aquello que alegrará y alumbrará el ojo del mundo.

Agradecedle a Dios, la Verdad Eterna, exaltado sea su Gloria, por cuanto habéis logrado tan maravilloso favor, y habéis sido adornado con el ornamento de su alabanza. Apreciad el valor de estos días, y asíos a todo lo que es digno de esta Revelación. Él ciertamente es el Consejero, el Compasivo, el Omnisciente.

LVI. Que nada te apene, oh Tierra de Tá (Tihrán) porque Dios te ha escogido para que seas la fuente de alegría de toda la humanidad. Si es su Voluntad, Él bendecirá tu trono con uno que gobernará con justicia, y reunirá el rebaño de Dios que los lobos han dispersado. Con alegría y gozo este gobernante volverá su rostro hacia el pueblo de Bahá y le otorgará sus favores. A la vista de Dios, él es de hecho considerado como una joya entre los hombres. Sobre él descansa para siempre la gloria de Dios y la gloria de todos los que moran en el reino de su revelación.

Regocíjate con inmensa alegría, porque Dios te ha hecho "la Aurora de su Luz" ya que dentro de ti nació la Manifestación de su Gloria. Está contenta de este nombre que te ha sido conferido, nombre por el cual el Sol de gracia ha derramado su esplendor, por lo cual tanto la tierra como el cielo han sido iluminados.

Dentro de poco, tu situación interna cambiará y las riendas del poder caerán en manos del pueblo. Ciertamente, tu Señor es el Omnisciente. Su autoridad abraza todas las cosas. Permanece segura de los bondadosos favores de tu Señor. La mirada de su amorosa bondad será siempre dirigida hacia ti. Se aproxima el día en que tu agitación se habrá transformado en paz y quieta calma. Así ha sido decretado en el maravilloso Libro.

LVII. Oh Muhammad, cuando hayas partido de la corte de mi presencia, dirige tus pasos hacia mi casa (Casa de Baghdád) y visítala en nombre de tu Señor. Cuando llegues a su puerta detente ante ella y di: ¿Adónde se ha ido la Antigua Belleza, oh tú la más grande Casa de Dios, Él por quién Dios te ha hecho el objeto de atracción de un mundo adorador y te ha proclamado como el signo de su recuerdo para todos los que están en los cielos y todos los que están en la tierra? ¡Oh, si volvieran los días pasados cuando tú, oh Casa de Dios, fuiste consagrada como su escabel, días en que las incesantes melodías del Todo Misericordioso brotaban de ti! ¿Qué ha sido de tu joya, cuya gloria ha brillado sobre toda la creación? ¿Adónde se han ido los días en que Él, el Antiguo Rey, había hecho de ti el trono de su gloria, días en que Él te había escogido a ti sola para que fueras la lámpara de salvación entre la tierra y el cielo, y al amanecer y a la caída de la tarde te había hecho difundir la dulce fragancia del Todo Glorioso?

¿Dónde está, oh Casa de Dios, el Sol de majestad y poder que te había envuelto con el brillo de su presencia? ¿Dónde está Él, la Aurora de las tiernas dádivas de tu Señor, el Irrestringido, quien había establecido su sede dentro de tus murallas? ¿Oh trono de Dios, qué ha alterado tu semblante y ha hecho temblar tus pilares? ¿Qué ha podido cerrar tus puertas en la cara de quienes te buscan ansiosamente? ¿Qué te ha desconsolado tanto? ¿Te han dicho acaso que el Amado del mundo es perseguido por las espadas de sus enemigos? El Señor te bendiga y bendiga tu fidelidad hacia Él, por cuanto tú has seguido siendo su compañero a través de todas sus penas y padecimientos.

Testifico que tú eres el escenario de su trascendente gloria, su más sagrada habitación. De ti ha emanado el Hálito del Todo Glorioso, que se ha esparcido sobre todas las cosas creadas y ha llenado de alegría los pechos de los devotos que moran en las mansiones del Paraíso. El Concurso en lo alto y los que habitan las Ciudades de los Nombres de Dios lloran por ti y lamentan las cosas que te han acaecido.

Todavía eres el símbolo de los nombres y atributos del Todopoderoso, el Punto al cual los ojos del Señor de la tierra y del cielo están dirigidos. Te ha acontecido lo que aconteció al Arca en que ha sido establecida la promesa de seguridad de Dios. Bienaventurado quien comprenda la intención de estas palabras y reconozca el propósito de Aquel quien es el Señor de toda la creación.

Felices quienes aspiran de ti los dulces aromas del Misericordioso, que reconocen tu exaltación, que protegen tu santidad, que en todo tiempo reverencian tu posición. Imploramos al Todopoderoso que conceda que los ojos de quienes se han alejado de ti y no han apreciado tu valor, puedan ser abiertos para que verdaderamente te reconozcan a ti y a Aquel quien por la fuerza de la verdad te ha levantado en alto. Ciertamente, están ciegos de lo que se refiere a ti, y te ignoran, completamente, en este día. Tu Señor es realmente el Bondadoso, el Perdonador.

Atestiguo que por ti, Dios ha puesto a prueba los corazones de sus siervos. Bendito el hombre que dirija sus pasos hacia ti y te visite. ¡Ay, de quien niegue tu derecho, se aleje de ti, deshonre tu nombre y profane tu santidad!

No te aflijas, oh Casa de Dios, si el velo de tu santidad es rasgado por los infieles. En el mundo de la creación Dios te ha adornado con la joya de su recuerdo. Nadie podrá jamás profanar tal ornamento. Los ojos de tu Señor permanecerán en toda circunstancia puestos en ti. Él, ciertamente, escuchará la oración de cada uno de los que te visiten, de los que te circunden, y de los que en tu nombre le llamen. Él es, en verdad, el Perdonador, el Todo Misericordioso.

Te suplico, o mi Dios, por esta Casa que ha sufrido tal cambio en su separación de ti que llora su alejamiento de tu presencia y lamenta tu tribulación, que me perdones a mí, a mis padres, mis parientes y a aquellos de mis hermanos que han creído en ti. Permite que todas mis necesidades sean satisfechas por tu munificencia, oh Tú quien eres el rey de los Nombres. Tú eres el Más Generoso de los generosos, el Señor de todos los mundos.

LVIII. Recuerda aquello que ha sido revelado a Mihdí, nuestro siervo, en el primer año de nuestro exilio a la Tierra del Misterio (Adrianópolis). A él le predijimos lo que debía acaecer a nuestra Casa (en Baghdád) en los días por venir para que no se afligiera por los actos de violencia y robo que ya se habían perpetrado contra ella. Ciertamente, el Señor, tu Dios, conoce todo lo que está en los cielos y todo lo que está en la tierra.

A él le hemos escrito: Ésta no es la primera humillación infligida a mi Casa. En el pasado la mano del opresor la ha colmado de indignidades. Ciertamente, en los días por venir, será degradada a tal extremo que hará correr lágrimas de todo ojo discernedor. Así te hemos revelado cosas ocultas más allá del velo impenetrable para todos, salvo para Dios, el Todopoderoso, el Todo Alabado. En la plenitud del tiempo, por medio del poder de la verdad, el Señor la exaltará a los ojos de todos los hombres. Él hará que se convierta en el Estandarte de su Reino, el Santuario alrededor del cual circulará el concurso de los fieles. Así ha hablado el Señor tu Dios, antes que llegue el día de lamentación. Te hemos dado esta Revelación en nuestra Tabla sagrada para que no te apenes por todo lo que ha sobrevenido a nuestra Casa bajo los ataques del enemigo. Toda alabanza sea para Dios, el Omnisciente, el Sapientísimo.

LIX. Todo observador imparcial admitirá sin vacilación que, desde el amanecer de su Revelación, este Agraviado ha invitado a toda la humanidad a dirigir sus rostros hacia la Aurora de Gloria, y ha prohibido la corrupción, odio, opresión e iniquidad. Sin embargo, ¡ved lo que las manos del opresor han forjado! Ninguna pluma se atreve a describir su tiranía. Aun cuando el propósito de Aquel quien es la Eterna Verdad, ha sido conferir vida eterna a todos los hombres y lograr su paz y seguridad, ved cómo se han levantado para derramar la sangre de sus amados y han pronunciado su sentencia de muerte.

Los instigadores de esta opresión son aquellas mismas personas que, a pesar de su torpeza, son consideradas como los más sabios de los sabios. Tal es su ceguera que, con severidad no disimulada, le han arrojado en esta aflictiva Prisión fortificada a Él, para los siervos de cuyo Umbral el mundo ha sido creado. Sin embargo, el Todopoderoso, a pesar de ellos y de quienes han repudiado la verdad de este "Gran Anuncio", ha transformado esta Casa Prisión en el Más Exaltado Paraíso, el Cielo de los Cielos.

No hemos rechazado los beneficios materiales que pudieran aliviar nuestra aflicciones. Sin embargo, cada uno de nuestros compañeros atestiguará que nuestra corte sagrada está santificada sobre todo beneficio material y muy por encima de ellos. No obstante, mientras estábamos confinados en esta Prisión, hemos aceptado aquellas cosas de las cuales los infieles han tratado de privarnos. Si se encontrara un hombre que desease, en nuestro nombre, levantar un edificio de oro o de plata puros, o una casa cubierta de piedras preciosas de inestimable valor, tal deseo, sin duda alguna, será concedido. Él, ciertamente, hace lo que Él desea y ordena lo que es de su agrado. Asimismo se ha permitido a quienquiera lo desee, levantar estructuras nobles e imponentes a lo largo y ancho de este territorio, y dedicar las ricas y sagradas tierras adyacentes al Jordán y su vecindad al culto y servicio del Dios único y verdadero, magnificada sea su gloria, para que las profecías registradas por la Pluma del Altísimo en las Sagradas Escrituras se cumplan y para que lo que Dios, el Señor de todos los mundos, ha determinado para esta exaltadísima, sagrada y maravillosa Revelación pueda ser manifestado.

En tiempo pasado hemos proferido estas palabras: ¡Extiende tu saya, oh Jerusalén! Meditad esto en vuestro corazones, oh pueblo de Bahá y dad gracias a vuestro Señor, el Expositor, el más Manifiesto.

Si los misterios que nadie conoce salvo Dios fueran desentrañados, toda la humanidad atestiguaría las demostraciones de una perfecta y consumada justicia. Con una certeza que nadie puede poner en duda, todos los hombres se aferrarían a sus mandamientos y los observarían escrupulosamente. Verdaderamente, hemos decretado en nuestro Libro una recompensa buena y generosa para todos quienes se aparten de la maldad y sigan una vida casta y santa. Él es, en verdad, el Gran Donador, el Todo Misericordioso.

LX. Mi cautiverio no puede deshonrarme. No, por mi Vida, me confiere gloria. Lo que puede avergonzarme es la conducta de aquellos de mis seguidores que pretenden amarme, y sin embargo siguen de hecho al Malvado. En verdad, ellos son de los perdidos.

Cuando el tiempo fijado para esta Revelación se hubo cumplido y Aquel quien es el Sol del mundo apareció en 'Iráq, Él pidió a sus seguidores observar aquello que los santificaría de toda la inmundicia terrenal. Algunos prefirieron seguir los deseos de una inclinación corrupta mientras otros caminaron en el sendero de rectitud y verdad y fueron bien guiados.

Di: No puede ser contado entre el pueblo de Bahá aquel que sigue sus deseos mundanos o fija su corazón en cosas de la tierra. Es mi verdadero seguidor quien, si llegare a un valle de oro puro, pasará derecho por él indiferente como una nube, y no se volverá ni detendrá. Tal hombre es ciertamente de mi. De su vestidura el Concurso en lo alto puede aspirar la fragancia de santidad.... Y si encontrare la más bella y atractiva de las mujeres, no sentirá su corazón seducido por la menor sombra de deseo hacia su belleza. De hecho tal hombre es la creación de inmaculada castidad. Así os instruye la Pluma del Antiguo de los Días, como ha sido ordenado por vuestro Señor, el Todopoderoso, el Todo Misericordioso.

LXI. El mundo padece y su agitación aumenta día a día. Su rostro se ha vuelto hacia el descarrío y la incredulidad. Tal será su condición que exponerla ahora no sería aceptable ni correcto. Su perversidad continuará por largo tiempo. Y cuando llegue la hora señalada, aparecerá súbitamente aquello que hará temblar los miembros del cuerpo de la humanidad. Entonces, y sólo entonces, será desplegado el Estandarte Divino, y el Ruiseñor del Paraíso gorjeará su melodía.

LXII. Recuerda tú mis dolores, mis preocupaciones y ansiedades, mis aflicciones y pruebas, las condiciones de mi cautiverio, las lágrimas que he derramado, la amargura de mi angustia, y ahora mi encarcelamiento en esta lejana tierra. Oh Mustafá, Dios es mi testigo. Si se te pudiera decir lo que le ha acontecido a la Antigua Belleza, huirías al desierto y llorarías con gran llanto. En tu pena te golpearías la cabeza y gritarías como alguien que ha sido picado por una víbora. Está agradecido a Dios, pues hemos rehusado revelarte los secretos de los inescrutables decretos que nos han sido enviados desde el cielo de la Voluntad de tu Señor el Omnipotente, el Todopoderoso.

¡Por la rectitud de Dios! Al levantarme de mi lecho cada mañana, descubría las huestes de innumerables aflicciones reunidas tras mi puerta; y cada noche, al acostarme, ¡he aquí! mi corazón era desgarrado con agonía por lo que había padecido a causa de la diabólica crueldad de sus enemigos. Cada pedazo de pan que parte la Antigua Belleza va acompañado del ataque de una nueva aflicción, y cada gota que bebe está mezclada con la amargura de la más dolorosa de las pruebas. Cada paso que Él da está precedido por un ejército de inesperadas calamidades, mientras que a su retaguardia siguen legiones de atormentadoras penas.

Tal es mi condición, si lo ponderaras en tu corazón. Más, que tu alma no se apene por lo que Dios ha hecho caer sobre Nosotros. Somete tu voluntad a su agrado, porque en ningún tiempo hemos deseado algo que no sea su Voluntad, y hemos dado la bienvenida a cada uno de sus irrevocables decretos. Que tu corazón sea paciente, y no desmayes. No sigas el camino de aquellos que están profundamente perturbados.

LXIII. ¡Oh tú, cuyo rostro se ha vuelto hacia mí! Tan pronto como tus ojos contemplen desde lejos mi ciudad natal (Tihrán), ponte de pie y di: He venido hacia ti desde la Prisión, oh tierra de Tá, con nuevas de Dios, el que Ayuda en el Peligro, el que subsiste por sí mismo. Te anuncio, oh madre del mundo y fuente de luz para todos los pueblos, las tiernas misericordias de tu Señor, y te saludo en el nombre de Aquel quien es la Verdad Eterna, el Conocedor de cosas no vistas. Atestiguo que dentro de ti, Aquel quien es el Nombre Oculto fue revelado y el Tesoro Invisible fue descubierto. Por medio de ti el secreto de todas las cosas, sean del pasado o del futuro, ha sido revelado.

¡Oh tierra de Tá! Él, quien es el Señor de todos los Nombres, te recuerda en su gloriosa posición. Tú fuiste la Aurora de la Causa de Dios, la fuente de su Revelación, la manifestación de su Más Grande Nombre, que ha hecho temblar los corazones y almas de los hombres. Cuán numerosos han sido aquellos hombres y mujeres, aquellas víctimas de la tiranía, quienes, dentro de tus murallas, han sacrificado sus vidas en la senda de Dios, y han sido sepultados bajo tu polvo con tanta crueldad, que cada siervo honrado de Dios ha lamentado su condición.

LXIV. Es nuestro deseo recordar la Morada de la suprema felicidad (Tihrán), la santa y resplandeciente ciudad; ciudad en que la fragancia del Bienamado ha sido derramada, donde sus signos han sido difundidos, donde las señales de su gloria han sido reveladas, donde sus estandartes han sido enarbolados, donde su tabernáculo ha sido levantado, donde cada uno de sus sabios decretos ha sido proclamado.

Es la ciudad en que han sido exhalados los dulces sabores de la reunión, los que han hecho que los sinceros amantes de Dios se acerquen a Él y logren entrar en la Habitación de santidad y belleza. Feliz el caminante que dirija sus pasos hacia esta ciudad, que consiga entrar en ella, que beba el vino de la reunión mediante la gracia que fluye de su Señor, el Dadivoso, el Todo Alabado.

He venido a ti, oh tierra del deseo del corazón, con nuevas de Dios, para anunciarte su bondadoso favor y misericordia, y para saludarte y ensalzarte en su nombre. Él es, en verdad, inmensamente generoso y bondadoso. Bendito el hombre que torna su rostro hacia ti, que percibe de ti la fragancia de la Presencia de Dios, el Señor de todos los mundos. Su gloria sea contigo, y la brillantez de su luz te envuelva, por cuanto Dios ha hecho de ti un paraíso para sus siervos y te ha señalado como la tierra bendita y sagrada que Él mismo ha mencionado en los Libros que sus profetas y mensajeros han revelado.

Mediante ti, oh tierra de gloria resplandeciente, la insignia: "No hay otro Dios más que Él", ha sido revelada, y el estandarte: "Ciertamente, Yo soy la Verdad, el Conocedor de cosas no vistas", ha sido izado. Incumbe a cada uno que te visite gloriarse en ti y en quienes te habitan, que han salido de mi Árbol, quienes me siguen y son mis amantes, y quienes, con la más fuerte determinación, han vuelto sus rostros en dirección de mi gloriosa posición.

LXV. Recuerda tu llegada a la Ciudad (Constantinopla); cómo los ministros del Sultán pensaron que Tú desconocías sus leyes y reglamentos y te creyeron uno de los ignorantes. Di: ¡Sí, por mi Señor! Soy ignorante de todas las cosas salvo de lo que Dios, mediante su generoso favor, ha deseado enseñarme. Esto lo atestiguamos con toda seguridad y lo confesamos sin vacilar.

Di: Si las leyes y reglamentos a las cuales os aferráis son hechas por vosotros mismos, de ningún modo las seguiremos. Así he sido instruido por Él quien es el Sapientísimo, el Conocedor de todo. Tal ha sido mi conducta en el pasado y así permanecerá en el futuro por la fuerza de Dios y su poder. Éste es ciertamente el camino recto y verdadero. Si han sido ordenadas por Dios, mostrad entonces vuestras pruebas, si sois de aquellos que hablan la verdad. Di: Hemos escrito en un Libro, que no deja de registrar la acción de ningún hombre, por insignificante que esta sea, todo lo que te han imputado y todo lo que te han hecho.

Di: Os incumbe, oh Ministros de Estado, observar los preceptos de Dios y abandonar vuestras propias leyes y reglamentos y ser de aquellos que son guiados correctamente. Esto es mejor para vosotros que todo lo que poseéis, si sólo lo supierais. Si quebrantáis los mandamientos de Dios, ni un ápice o título de vuestras obras será aceptable a su vista. Pronto descubriréis las consecuencias de lo que habéis hecho en esta vana existencia y se os pagará por ello. Ésta es, ciertamente, la verdad; la verdad indudable.

¡Cuán grande ha sido el número de aquellos que, en edades pasadas, han cometido las mismas acciones que vosotros habéis cometido, y quienes, a pesar de tener un rango superior al vuestro, finalmente han regresado al polvo y han sido relegados a su inevitable perdición! ¡ Ojalá ponderarais la Causa de Dios en vuestros corazones! Seguiréis por su huella y se os hará entrar en una habitación en la cual no encontraréis a nadie que os ampare o ayude. Seréis ciertamente interrogados sobre vuestros actos, se os pedirá cuenta por haber faltado a vuestros deberes hacia la Causa de Dios y por haber rechazado desdeñosamente a sus amados, quienes con evidente sinceridad han venido hacia vosotros.

Sois vosotros los que habéis tomado juntos consejo referente a ellos, vosotros que habéis preferido seguir los impulsos de vuestros propios deseos y abandonar los mandamientos de Dios, el que Ayuda en el Peligro, el Todopoderoso.

Di: ¡Qué! ¿Os aferráis a vuestras propias ideas y desecháis los preceptos de Dios? ¡Ciertamente os habéis agraviado y habéis agraviado a otros! ¡Ojalá que pudierais comprenderlo! Di: Si vuestras reglas y principios están basados en la justicia, ¿por qué, entonces, seguís aquellos que están de acuerdo con vuestras inclinaciones corruptas y rechazáis aquellos que se encuentran en conflicto con vuestros deseos? ¿Con qué derecho, entonces, pretendéis juzgar con justicia entre los hombres? ¿Pueden vuestras reglas y principios justificar que persigáis a Él quien, a vuestro llamado, se ha presentado ante vosotros, que le hayáis rechazado e infligido cada día, penoso daño? ¿Os ha desobedecido Él alguna vez, aunque sea por un instante? Todos los habitantes de 'Iráq y, además de ellos, todo observador discernedor atestiguará la verdad de mis palabras.

¡Sed imparciales en vuestro juicio, oh Ministros de Estado! ¿Qué hemos cometido que justifique nuestro destierro? ¿Cuál es la ofensa que ha merecido nuestra expulsión? ¡Nosotros os hemos buscado, y sin embargo, mirad cómo habéis rehusado recibirnos! ¡Por Dios! Ésta es una penosa injusticia que habéis perpetrado; injusticia que no puede compararse con ninguna otra injusticia terrenal. El Todopoderoso es, Él mismo, testigo de ello....

Sabed que el mundo, sus vanidades y sus bellezas se acabarán. Nada perdurará salvo el Reino de Dios, que no pertenece a nadie sino a Él, el Soberano Señor de todo, el que Ayuda en el Peligro, el Todo Glorioso, el Todo Poderoso. Los días de vuestra vida pasarán y todas las cosas con que os ocupáis y de las cuales os jactáis, perecerán, y vosotros, con toda seguridad, seréis emplazados por una compañía de sus ángeles a comparecer en el lugar donde los miembros de toda la creación temblarán y la carne de todo opresor se estremecerá. Se os pedirá cuenta por las cosas que vuestras manos han forjado en vuestra vana vida y recibiréis el justo pago por vuestras acciones. Éste es el Día que llegará inevitablemente sobre vosotros, la hora que nadie puede postergar. Esto lo atestigua la Lengua de Él quien habla la verdad y es el Conocedor de todas las cosas.

LXVI. Temed a Dios, vosotros habitantes de la Ciudad (Constantinopla), y no sembréis las semillas de disensión entre los hombres. No caminéis por los senderos del Malvado. Durante los pocos días que os restan de vuestra vida, seguid el camino del Dios único y verdadero. Vuestros días se acabarán como se han acabado los días de los que os han precedido. Regresaréis al polvo, como vuestros antecesores regresaron.

Sabed que no temo a nadie excepto a Dios. No he depositado mi confianza en nadie salvo en Él. A nadie sino a Él me aferraré y sólo desearé lo que Él ha deseado para mí. Éste en verdad es el deseo de mi corazón, si sólo supierais. He ofrecido mi alma y mi cuerpo como un sacrificio para Dios, el Señor de todos los mundos. Quienquiera haya conocido a Dios no conocerá a nadie sino a Él, y quien tema a Dios no tendrá miedo de nadie salvo de Él, aunque las fuerzas de toda la tierra se levanten y se pongan en contra de él. No hablo sino por su mandato y no sigo sino su verdad, mediante la fuerza de Dios y su poder. Él, ciertamente, recompensará a los veraces.

Narra, oh Siervo, las cosas que viste en el tiempo de arribo a la Ciudad, para que tu testimonio perdure entre los hombres y sirva como advertencia para los que creen. En el momento de nuestra llegada a la Ciudad encontramos tanto a sus gobernantes como a sus dignatarios reunidos como niños y divirtiéndose con arcilla. No encontramos a nadie suficientemente maduro para recibir de nosotros las verdades que Dios nos ha enseñado, ni preparado para escuchar nuestras maravillosas palabras de sabiduría. Nuestro ojo interior lloró amargamente por ellos y por sus transgresiones y por su descuido total de aquello para lo que fueron creados. Esto es lo que observamos en esa ciudad y lo que escogimos para anotar en nuestro Libro, para que sirva de advertencia a ellos y al resto de la humanidad.

Di: Si deseáis esta vida y sus vanidades, deberíais haberlas buscado cuando aún estabais encerrados en los vientres de vuestras madres, porque en aquel tiempo os aproximabais continuamente a ellas, si sólo lo comprendierais. Por otra parte, desde que nacisteis y alcanzasteis la madurez os habéis estado alejando del mundo y acercando al polvo. ¿Por qué entonces manifestáis tanta avaricia en acaparar los tesoros de la tierra, cuando vuestros días están contados y vuestra oportunidad está casi perdida? ¿Acaso entonces, oh negligentes, no despertaréis de vuestro sueño?

Prestad atención a los consejos que este Siervo os da, por Dios. Él, en verdad, no os pide ninguna recompensa, y está resignado a lo que Dios ha ordenado para Él y es completamente sumiso a la Voluntad de Dios.

Los días de vuestra vida en gran parte se han consumido, oh pueblo, y vuestro fin se aproxima rápidamente. Abandonad entonces las cosas que habéis forjado y a las cuales os aferráis y asíos firmemente de los preceptos de Dios, que quizás alcancéis aquello que Él ha determinado para vosotros y seáis de aquellos quienes siguen un curso recto. No os entretengáis con las cosas del mundo y sus vanos ornamentos, ni pongáis vuestra esperanza en ellas. Depositad vuestra confianza en el recuerdo de Dios, el Más Exaltado, el Más Grande. Pronto Él reducirá a la nada todas las cosas que poseéis. Que Él sea vuestro temor, y no olvidéis su convenio con vosotros, y no seáis de aquellos que están separados como por un velo de Él.

Cuidaos, no os llenéis de orgullo ante Dios y no rechacéis desdeñosamente a sus amados. Tratad humildemente a los fieles, aquellos quienes han creído en Dios y en sus signos, cuyos corazones atestiguan su unidad, cuyas lenguas proclaman su unidad, y que sólo hablan cuando Él lo permite. Así os exhortamos con justicia y os advertimos con verdad, que tal vez seáis despertados.

No pongáis sobre ningún alma una carga que no quisierais puesta sobre vosotros, y no deseéis para nadie lo que no deseáis para vosotros. Éste es mi mejor consejo, si sólo lo observaseis.

Respetad a los sacerdotes y eruditos entre vosotros, aquellos cuya conducta esté de acuerdo con lo que profesan, quienes no traspasen los límites fijados por Dios, cuyas opiniones estén en armonía con sus mandatos como están revelados en su Libro. Sabed que ellos son las lámparas de guía para los que están en los cielos y en la tierra. Aquellos que menosprecian y desdeñan a los sacerdotes y doctos que viven entre ellos, ciertamente han cambiado el favor con que Dios les ha favorecido.

Di: Esperad hasta que Dios haya cambiado su favor hacia vosotros. Nada pasa inadvertido por Él. Él conoce los secretos de los cielos y de la tierra. Su conocimiento abarca todas las cosas. No os regocijéis por lo que habéis hecho o por lo que haréis en el futuro, tampoco os deleitéis con las tribulaciones que nos habéis infligido, pues no podéis exaltar vuestra posición por tales medios, si sólo examinarais vuestras obras con agudo discernimiento. Tampoco podréis disminuir la sublimidad de nuestro estado. No, Dios aumentará la recompensa con la cual Él nos premiará por haber soportado con paciencia perseverante las tribulaciones que hemos padecido. Él, en verdad, aumentará la recompensa de aquellos que soporten con paciencia.

Sabed que, desde tiempo inmemorial, las pruebas y tribulaciones han sido el destino de los escogidos de Dios y de sus amados, y de aquellos de sus siervos que se han separado de todo menos de Él, aquellos a quienes ni el comercio ni los negocios han apartado del recuerdo del Todopoderoso, aquellos que no hablan hasta que Él haya hablado y actúan de acuerdo con sus mandatos. Tal es el método empleado por Dios en el pasado y tal será en el futuro. Benditos son los que soporten con firmeza, los que son pacientes en las enfermedades y privaciones, quienes no se lamentan de nada que les acontezca y que hollan el sendero de la resignación....

Se aproxima el día en que Dios habrá creado un pueblo que recordará nuestros días, que relatará la historia de nuestras pruebas, que pedirá la restitución de nuestros derechos a aquellos quienes, sin ninguna tilde de prueba, nos han tratado con manifiesta injusticia. Dios, por cierto, domina la vida de aquellos que nos han hecho daño, y conoce sus acciones. Sin duda Él les aprehenderá por sus pecados. Él verdaderamente es el más feroz de los vengadores.

Así os hemos relatado las historias del Dios único y verdadero y os hemos enviado aquello que Él ha preordinado, que quizá pidáis su perdón, regreséis a Él, os arrepintáis de verdad, os deis cuenta de vuestros delitos, os despertéis de vuestro sueño, seáis sacudidos de vuestra negligencia, respondáis por lo que no habéis hecho y seáis de aquellos que hacen el bien. Quienquiera, que reconozca la verdad de mis palabras; y quien no quiera, que se aparte de ellas. Mi único deber es recordaros que no habéis cumplido con la Causa de Dios, que quizá seáis de aquellos que guardan mi advertencia. Por lo tanto, escuchad mis palabras, y volved a Dios, y arrepentíos para que Él por su gracia tenga misericordia de vosotros, y lave vuestros pecados, y perdone vuestras transgresiones. La grandeza de su bondad sobrepasa la furia de su ira, y su gracia abarca a todos los que han sido creados y ataviados con el manto de vida, sean ellos del pasado o del futuro.

LXVII. En esta Revelación ha aparecido lo que nunca apareció anteriormente. Los infieles que han presenciado lo que se ha manifestado murmuran y dicen: "En verdad, éste es un hechicero que ha inventado una mentira contra Dios". De hecho, ellos son un pueblo desechado.

Oh Pluma del Antiguo de los Días, proclama a las naciones lo que ha pasado en 'Iráq. Cuéntales del mensajero que fue delegado por la congregación de los sacerdotes de esa tierra para entrevistarnos, quien al alcanzar nuestra presencia nos preguntó sobre ciertas ciencias y a quien contestamos en virtud del conocimiento que inherentemente poseemos. Tu Señor ciertamente es el Conocedor de cosas no vistas. "Atestiguamos", dijo él "que el conocimiento que Tú posees es tal que nadie puede igualarlo. Sin embargo tal conocimiento es insuficiente para vindicar la exaltada posición que el pueblo te atribuye. Si Tú hablas la verdad, produce lo que las fuerzas combinadas de los pueblos de la tierra son impotentes para producir". Así fue irrevocablemente decretado en la corte de la presencia de tu Señor, el Todo Glorioso, el que Ama.

"¡Atestigua! ¿Qué ves?" Él quedó anonadado. Y cuando volvió en sí dijo: "Yo de veras creo en Dios, el Todo Glorioso, el Todo Alabado". "Ve a donde el pueblo y diles: 'Pedid todo lo que deseéis. Poderoso es Él para hacer lo que Él quiere. Ninguna cosa, sea del pasado o del futuro, puede frustrar su Voluntad'." "Di: '¡Oh vosotros, congregación de sacerdotes! Escoged cualquier asunto que deseéis y pedido a vuestro Señor, el Dios de Misericordia, que os lo revele. Si Él satisface vuestro deseo, por virtud de su soberanía, entonces creed en Él y no seáis de aquellos que rechazan su verdad.'" "La aurora del entendimiento ha despuntado", dijo él, "y el testimonio del Todo Misericordioso se ha cumplido". Se levantó y regresó donde aquellos que lo enviaron, por el mandato de Dios, el Todo Glorioso, el Bienamado.

Pasaron los días y él no volvió a nosotros. Finalmente otro mensajero vino, quien nos informó que la gente había abandonado su propósito original. Ellos son de hecho un pueblo despreciable. Esto es lo que ocurrió en 'Iráq, y de lo que acabo de revelar Yo mismo soy testigo. Este acontecimiento fue ampliamente divulgado pero no se encontró a nadie que comprendiera su significado. Así lo ordenamos. ¡Si sólo lo supierais!

¡Por mí mismo! Quienquiera nos haya pedido, en edades pasadas, demostrar los signos de Dios, tan pronto como se los hemos revelado, ha repudiado la verdad de Dios. La mayor parte de la gente, sin embargo, ha permanecido indiferente. Aquellos cuyos ojos están iluminados con la luz del entendimiento percibirán los dulces sabores del Todo Misericordioso y abrazarán su verdad. Éstos son aquellos quienes son de veras sinceros.

LXVIII. ¡Oh tú quien eres el fruto de mi Árbol y su hoja! Sobre ti sean mi gloria y mi misericordia. Que tu corazón no se apene por lo que te ha acontecido. Si observaras detenidamente las páginas del Libro de Vida, ciertamente descubrirías aquello que disiparía tus penas y disolvería tus angustias.

Sabe, oh fruto de mi Árbol, que los decretos del Soberano Ordenador, respecto de hado y predestinación, son de dos clases. Ambas deben ser obedecidas y aceptadas. Una es irrevocable, la otra es, como la denotan los hombres, inminente. A la primera todos deben someterse sin reserva, puesto que está fijada y establecida. Sin embargo, Dios puede alterar o revocarla. Como el daño que debe resultar de tal cambio será mayor que si el decreto hubiera permanecido inalterado, todos, por tanto, deben voluntariamente asentir a lo que Dios ha deseado y mantenerse con confianza en ello.

El decreto que es inminente, sin embargo, es tal que la oración y la súplica lo pueden evitar.

Dios concede que tú quien eres el fruto de mi Árbol, y aquellos que están asociados contigo, sean protegidos de sus malas consecuencias.

Di: ¡Oh Dios, mi Dios! Tú has puesto en mis manos un fideicomiso tuyo, y ahora, de acuerdo con los deseos de tu Voluntad, has pedido que vuelva a ti. No me corresponde a mí, que soy tu sierva, decir: ¿de dónde me viene esto? o ¿por qué me ha ocurrido?, por cuanto Tú eres glorificado en todos tus actos y debes ser obedecido en tu decreto. Tu sierva, oh mi Señor, ha puesto sus esperanzas en tu gracia y generosidad. Concede que ella obtenga aquello que la acercará a ti y le beneficiará en todo mundo tuyo. Tú eres el Perdonador, el Todo Generoso. No hay otro Dios más que Tú, el Ordenador, el Antiguo de los Días.

Confiere tus bendiciones, oh Señor mi Dios, a quienes han bebido el vino de tu amor ante la faz de los hombres y que, a pesar de tus enemigos, han reconocido tu unidad, atestiguado tu unicidad y han confesado su creencia en aquello que ha hecho tiritar los miembros de los opresores entre tus criaturas y temblar la carne de los orgullosos de la tierra. Atestiguo que tu Soberanía jamás perecerá ni tu Voluntad alterarse. Ordena para quienes que han vuelto sus rostros hacia ti y para tus siervas que se han sostenido firmemente de tu Cuerda, aquello que es digno del Océano de tu munificencia y el Cielo de tu gracia.

Tú eres Aquel, oh Dios, quien se ha proclamado a sí mismo como el Señor de la Riqueza y ha caracterizado a todos quienes le sirven como pobres y necesitados. Así como Tú has escrito: ¡Oh vosotros que creéis! No sois sino pobres en necesidad de Dios; pero Dios es quien Todo lo Posee, el Todo Alabado". Habiendo reconocido mi pobreza y tu riqueza, no permitas que sea privado de la gloria de tus bienes. Tú eres, ciertamente, el Supremo Protector, el Omnisciente, el Omnisapiente.

LXIX. Recuerda el proceder de la madre de Ashraf cuyo hijo ofrendó su vida en la Tierra de Zá (Zanján). Él, de cierto, ocupa el asiento de la verdad, en presencia de uno quien es el Más Fuerte, el Todopoderoso.

Cuando los infieles tan injustamente decidieron darle muerte, mandaron traer su madre, que quizás ella pudiera amonestarle e inducirle a retractarse de su fe y seguir los pasos de quienes han repudiado la verdad de Dios, el Señor de todos los mundos.

Tan pronto como vio el rostro de su hijo, le habló con palabras tales que hicieron que los corazones de los amantes de Dios, y más allá de ellos el Concurso en lo alto, gimieran y se afligieran con gran pena. Verdaderamente tu Señor sabe lo que mi lengua pronuncia. Él mismo atestigua mis palabras.

Y, cuando se dirigía a él, dijo: "¡Hijo, hijo mío! No dejes de ofrecerte como sacrificio en el sendero de tu Señor. Cuidado, no traiciones tu fe en Aquel ante cuyo rostro se han inclinado en adoración todos los que están en los cielos y todos los que están en la tierra. Sigue adelante, oh mi hijo, y persevera en el sendero del Señor tu Dios. Apresúrate a alcanzar la presencia de Aquel quien es el Bienamado de todos los mundos".

Sobre ella sean mis bendiciones, mi misericordia, mi alabanza y mi gloria. Yo mismo repararé la pérdida de su hijo, un hijo que ahora habita dentro del tabernáculo de mi majestad y gloria, cuya faz brilla con una luz que envuelve con su resplandor a las Doncellas del Cielo en sus cámaras celestiales, y aun más allá, a los moradores de mi Paraíso y a los habitantes de las Ciudades de Santidad. Si alguien contemplara su rostro exclamaría: "Mirad, éste no es sino un ángel noble".

LXX. El equilibrio del mundo ha sido trastornado por la vibrante influencia de este más grande, este nuevo Orden Mundial. La vida ordenada de la humanidad ha sido revolucionada por la acción de este único, este maravilloso Sistema, nada que se le parezca ojos mortales jamás han presenciado.

Sumergíos en el océano de mis palabras que descifréis sus secretos y descubráis todas las perlas de sabiduría que yacen ocultas en sus profundidades. Cuidaos de no vacilar en vuestra determinación de abrazar la verdad de esta Causa, Causa por la cual se han revelado las potencialidades. del poder de Dios y su soberanía ha sido establecida. Con los rostros radiantes de alegría apresuraos en llegar hasta Él. Ésta es la inmutable Fe de Dios; eterna en el pasado, eterna en el futuro. Que aquel que busca, la alcance; y en cuanto a aquel que ha rehusado buscarla, ciertamente, Dios está por encima de cualquier necesidad de sus criaturas.

Di: Ésta la infalible Balanza sostenida por la Mano de Dios, en que se pesa a todos cuantos están en los cielos y todos cuantos están en la tierra, y se determina su destino, si sois de aquellos que creen y reconocen esta verdad. Di: Mediante ella los pobres han sido enriquecidos; los eruditos, iluminados; y a los buscadores se les ha permitido ascender hasta la presencia de Dios. Cuidado, no sea que la convirtáis en causa de disensión entre vosotros. Estad firmemente asentados, cual montaña inamovible, en la Causa de vuestro Señor, el Poderoso, el Amoroso.

LXXI. No os consternéis, oh pueblos del mundo, cuando el Sol de mi belleza se haya puesto, y el cielo de mi tabernáculo esté oculto a vuestros ojos. Levantaos a promover mi Causa y exaltar mi Palabra entre los hombres. Estamos con vosotros en todo momento y os fortaleceremos con el poder de la verdad. Somos, ciertamente, todo poderosos. Quienquiera que me haya reconocido se levantará y me servirá con tal determinación, que las fuerzas de la tierra y del cielo serán incapaces de vencer su propósito.

Los pueblos del mundo están profundamente dormidos. Si despertaran de su sueño, con ansia se apresurarían en ir hacia Dios, el Omnisciente, el Omnisapiente. Desecharían cuanto poseen, aunque fuesen todos los tesoros de la tierra, para que su Señor les recordara hasta el punto de dirigirles una sola palabra. Tal es la instrucción que os ha dado Aquel quien tiene el conocimiento de cosas ocultas, en una Tabla que el ojo de la creación no ha visto, ni ha sido revelada a nadie excepto a Él mismo, el Protector omnipotente de todos los mundos. Tan confusos están por la embriaguez de sus deseos perversos, que son incapaces de reconocer al Señor de todo lo que existe, cuya voz desde todas direcciones proclama: "No hay Dios fuera de mí, el Poderoso, el Omnisapiente."

Di: No os regocijéis dé las cosas que poseéis; esta noche son vuestras, mañana otros las poseerán. Así os advierte Aquel quien es el Omnisciente, el Informante de Todo. Di: ¿Podéis aseverar que lo que poseéis es permanente o seguro? ¡No! Por mi mismo, el Todo Misericordioso. Los días de vuestra vida huyen como un soplo de viento y todo vuestro fausto y gloria llegarán a su fin, así como terminaron la pompa y la gloria de aquellos que os precedieron. ¡Reflexionad, oh pueblo! ¿Qué ha sido de vuestros días pasados, de vuestros siglos perdidos? Felices los días que han sido consagrados al recuerdo de Dios, y benditas las horas que se han dedicado a la alabanza de Aquel quien es el Omnisapiente. ¡Por mi vida! Ni la fastuosidad del poderoso, ni la abundancia del rico, ni aún el ascendiente del impío, perdurarán. Todo perecerá, con una palabra suya. Él es, ciertamente, el Omnipotente, el que Todo lo Compele, el Todopoderoso. ¿Qué ventaja hay en los bienes terrenales que los hombres poseen? Aquello que les beneficiará, lo han desdeñado. Dentro de poco, despertarán de su sueño, y encontrarán que no pueden obtener aquello que han dejado pasar en los días de su Señor, el Todopoderoso, el Todo Alabado. Si lo supieran, renunciarían a todo cuanto poseen, para que sus nombres fueran mencionados ante su trono. Ciertamente, ellos son contados entre los muertos.

LXXII. Que vuestros corazones no se perturben, oh pueblo, cuando se haya retirado la gloria de mi Presencia, y acallado el océano de mi Palabra. Hay una sabiduría en mi presencia entre vosotros, y en mi ausencia hay aún otra, inescrutable para todos salvo Dios, el Incomparable, el Omnisciente. En verdad, os contemplamos desde nuestro reino de gloria, y ayudaremos a quienquiera se levante Para el triunfo de nuestra Causa con las huestes del Concurso en lo alto y una compañía de nuestros ángeles predilectos.

¡Oh pueblos de la tierra! Dios, la Eterna Verdad, es mi testigo, que mansas y frescas corrientes de agua han brotado de las rocas por la influencia de las dulces palabras pronunciadas por vuestro Señor, el Irrestringido; y aún estáis dormidos. Desechad lo que poseéis y, en alas del desprendimiento, remontaos más allá de todo lo creado. Así os ordena el Señor de la creación, el movimiento de cuya Pluma ha revolucionado el alma de la humanidad.

¿Sabéis desde qué altura os está llamando vuestro Señor, el Todo Glorioso? ¿Pensáis que habéis reconocido la Pluma con la cual os ordena vuestro Señor, el Señor de todos los nombres? ¡No, por mi vida! Si lo supierais, renunciaríais al mundo y de todo corazón iríais presurosos a la presencia del Bienamado. Vuestro espíritu sería a tal punto extasiado por su Palabra, que causaría conmoción en el Mundo Mayor: ¡cuánto más en este mundo pequeño y mezquino! Así han sido derramadas las lluvias de mi generosidad desde el cielo de mi amorosa bondad, como signo de mi gracia; para que seáis de los agradecidos.

Cuidaos, no sea que los deseos de la carne y de una inclinación corrupta provoquen división entre vosotros. Sed como los dedos de una mano y los miembros de un cuerpo. Así os aconseja la Pluma de la Revelación, si sois de los que creen.

Considerad la misericordia de Dios y sus dádivas. Él os ordena lo que os aprovechará, aunque Él mismo puede prescindir de todas las criaturas. Vuestras malas acciones no pueden hacernos daño; tampoco pueden beneficiarnos vuestras buenas obras. Os emplazamos sólo por amor a Dios. Esto lo atestigua todo hombre perspicaz y de entendimiento.

LXXIII. Es claro y evidente que cuando los velos que ocultan las realidades de las manifestaciones de los Nombres y Atributos de Dios, más aún, de todas las cosas creadas visibles o invisibles, hayan sido rasgados, nada quedará sino el Signo de Dios, un signo que Él mismo ha puesto dentro de estas realidades. Este signo perdurará tanto tiempo como sea el deseo del Señor, tu Dios, el Señor de los cielos y de la tierra. Si tales son las bendiciones conferidas sobre todas las cosas creadas, cuán superior debe ser el destino del verdadero creyente, cuya existencia y vida deben ser consideradas como el propósito primordial de la creación. Así como la concepción de la fe ha existido desde el principio que no tiene principio, y perdurará hasta el fin que no tiene fin, similarmente el verdadero creyente vivirá y perdurará eternamente. Su espíritu girará por siempre en torno de la Voluntad de Dios. Él durará tanto tiempo como Dios mismo. Él es manifestado por la Revelación de Dios y oculto por su mandato. Es evidente que las más excelsas mansiones en el Reino de Inmortalidad han sido ordenadas como habitación de aquellos que verdaderamente han creído en Dios y en sus signos. La muerte jamás podrá invadir aquel sagrado recinto. Es así como te hemos confiado los signos de tu Señor para que perseveres en tu amor por Él, y seas de aquellos que comprenden esta verdad.

LXXIV. Toda palabra que emana de los labios de Dios, está dotada con tal potencia que puede instilar nueva vida en cada ser humano, si sois de aquellos que comprenden esta verdad. Todas las maravillosas obras que contempláis en este mundo han sido manifestadas mediante la acción de su suprema y exaltada Voluntad, su maravilloso e inflexible Propósito. Con la mera revelación de la palabra "Modelador", pronunciada por sus labios y que proclama su atributo a la humanidad, es liberada tal potencia que puede engendrar a través de edades sucesivas todas las múltiples artes que las manos del hombre pueden producir. Ésta es, indudablemente, una clara verdad. En cuanto es pronunciada esta resplandeciente palabra, sus energías animadoras, agitándose dentro de todas las cosas creadas, dan nacimiento a los medios e instrumentos con los cuales tales artes pueden ser producidas y perfeccionadas. Todas las maravillosas obras que ahora presenciáis son la consecuencia directa de la Revelación de este Nombre. En los días que vendrán, veréis por cierto cosas de las cuales jamás habéis oído. Así ha sido decretado en las Tablas de Dios, y nadie puede comprenderlo, salvo aquellos cuya vista es aguda. Igualmente, en el instante en que la palabra que expresa mi atributo "El Omnisciente" emane de mi boca, toda cosa creada, de acuerdo con su capacidad y limitación, será investida con la fuerza para exponer el conocimiento de las más maravillosas ciencias y será facultada para manifestarlas con el transcurso del tiempo por el mandato de Aquel quien es el Todopoderoso, el Conocedor de Todo. Sabe con certeza que la revelación de cualquier otro Nombre está acompañada de una similar manifestación de fuerza divina. Cada letra que procede de los labios de Dios es verdaderamente una letra madre, y cada palabra pronunciada por Él, quien es la Fuente de la Revelación Divina, es una palabra madre y Su Tabla una Tabla Madre. Venturosos son quienes emprenden esta verdad.

LXXV. Rasgad, en mi Nombre, los velos que en forma agraviante han cegado vuestra visión, y por medio del poder nacido de vuestra creencia en la unidad de Dios, dispersad los ídolos de la vana imitación. Entrad entonces, en el sagrado paraíso de la complacencia del Todo Misericordioso. Santificad vuestras almas de todo lo que no sea de Dios y disfrutad de la dulzura del descanso dentro de los confines de su vasta y poderosa Revelación, bajo la sombra de su suprema e infalible autoridad. No permitáis que los densos velos de vuestros deseos egoístas os envuelvan, ya que he perfeccionado mi corazón en cada uno de vosotros, para que la excelencia de mi obra pueda ser completamente revelada a los hombres. Por consiguiente, cada ser humano ha sido, y continuará siendo, capaz de apreciar por sí mismo la Belleza de Dios, el Glorificado. ¿Si no hubiera sido dotado de dicha capacidad, cómo podría haber sido llamado a responder de su falta? Si en el Día en que todos los pueblos de la tierra sean congregados ante la presencia de Dios se preguntare a alguna persona: "¿Por qué no has creído en mi belleza y te has apartado de mí?" y si tal persona respondiere diciendo: "Ya que todos los hombres han errado y no se ha encontrado a nadie dispuesto a volver su rostro hacia la Verdad, yo también, siguiendo su ejemplo, gravemente he dejado de reconocer la Belleza del Eterno", tal defensa será seguramente rechazada. Por cuanto la fe de ningún hombre puede depender de otro que no sea él mismo.

Ésta es una de las verdades que está guardada en mí Revelación, verdad que he revelado en todos los Libros sagrados, que he hecho pronunciar a la Lengua de Grandeza y he hecho inscribir a la Pluma del Poder. Meditad un tiempo sobre ella, para que con vuestra visión interior y exterior, percibáis las sutilezas de la sabiduría divina y descubráis las gemas del conocimiento celestial, que en lenguaje claro y ponderoso he revelado en esta exaltada e incorruptible Tabla, para que no os separéis del Más Elevado Trono, del Árbol, más allá del cual no hay paso, de la Habitación del eterno poder y gloria.

Las signos de Dios brillan tan manifiesta y resplandecientemente como el sol entre las obras de sus criaturas. Todo lo que procede de Él es distinto de los inventos de los hombres y permanecerá siempre diferente de ellos. De la Fuente de su conocimiento se han levantado innumerables Lumbreras de erudición y sabiduría, y del Paraíso de su Pluma el aliento del Todo Misericordioso ha sido exhalado continuamente a los corazones y almas de los hombres. Felices son aquellos que han reconocido esta verdad.

LXXVI. Presta atención, oh mí siervo, a lo que se te envía desde el Trono de tu Señor, el Inaccesible, el Más Grande. No hay otro Dios salvo Él. Él ha hecho existir a sus criaturas, para que conozcan a Aquel quien es el Compasivo, el Todo Misericordioso. A las ciudades de todas las naciones Él ha enviado a sus mensajeros, con la misión de anunciar a los hombres las nuevas del Paraíso de su complacencia y de atraerlos al Refugio de perdurable seguridad, la Sede de la eterna santidad y trascendente gloria.

Algunos fueron guiados por la Luz de Dios, fueron admitidos en la corte de su presencia, y de las manos de la resignación bebieron las aguas de vida eterna y fueron contados entre aquellos que verdaderamente le reconocieron y creyeron en Él. Otros se rebelaron contra Él y rechazaron los signos de Dios, el Más Fuerte, el Todopoderoso, el Omnisapiente.

Edades pasaron hasta que alcanzaron su consumación en éste, el Señor de los días, Día en que el Sol del Bayán se manifestó sobre el horizonte de la misericordia, Día en que la Belleza del Todo Glorioso brilló en la exaltada persona de 'Alí Muhammad, el Báb. Tan pronto como se manifestó, todo el mundo se alzó contra Él. Fue denunciado por algunos como uno que había calumniado a Dios, el Todo Poderoso, el Antiguo de los Días. Otros lo consideraron como un hombre poseído de locura, acusación que Yo mismo escuché de los labios de uno de los sacerdotes. Aun otros disputaron su aseveración de ser el Portavoz de Dios y lo estigmatizaron diciendo que había robado y usado como suyas las palabras del Todopoderoso, y que había pervertido su significado mezclándolas con las suyas propias. El Ojo de Grandeza llora amargamente por las cosas que sus labios han pronunciado mientras continúan regocijándose en sus asientos.

Él dijo: "¡Dios es mi Testigo, oh pueblo! He venido a vosotros con una Revelación del Señor, vuestro Dios, el Señor de vuestros antepasados. Oh pueblo, no miréis las cosas que poseéis Más bien, mirad las cosas que Dios os ha enviado. Esto, seguramente, será mejor para vosotros que toda la creación, si sólo pudierais comprenderlo. Mirad nuevamente, oh pueblo, y considerad el testimonio de Dios y su prueba, que están en vuestras manos, y comparadlas con la Revelación que en este Día os ha sido enviada, para que la verdad, la infalible verdad, os sea manifestada sin duda alguna. No sigáis, oh pueblo, los pasos del Malvado; seguid la Fe del Todo Misericordioso y sed de aquellos que verdaderamente creen. ¿Qué ventaja sacaría el hombre si no reconociera la Revelación de Dios? Absolutamente ninguna. De esto, mi propio Ser, el Omnipotente, el Omnisciente, el Omnisapiente será testigo".

Cuánto más los exhortaba, más feroz se hizo su enemistad, hasta que finalmente le dieron muerte con vergonzosa crueldad. ¡La maldición de Dios caiga sobre los opresores!

Unos cuantos creyeron en Él; pocos de nuestros siervos son los agradecidos. A éstos les amonestó en todas Sus Tablas -más aún, en cada pasaje de sus maravillosos escritos- para que no se entregaran a nada en el Día de la Revelación prometida, ya sea en el cielo o en la tierra. "¡Oh pueblo!", dijo Él, "Me he revelado para la Manifestación de Él y he hecho que mi Libro, el Bayán, descienda sobre vosotros sin otro propósito que establecer la verdad de su Causa. Temed a Dios y no disputéis con Él como el pueblo del Corán disputó conmigo. Cuando quiera escuchéis hablar de Él, apresuraos hacia Él y aferraos a todo lo que Él os revele. Nada, que no sea Él, jamás os puede aprovechar; no, aunque presentéis los testimonios de todos los que os han precedido desde el primero hasta el último".

Y cuando después de algunos años, el cielo del divino decreto fue hendido, y la Belleza del Báb apareció en las nubes de los nombres de Dios, ataviado con una nueva vestidura, esta misma gente maliciosamente se levantó contra Él, cuya luz abarca todas las cosas creadas. Violaron su Convenio, rechazaron su verdad, disputaron con Él, objetaron sus signos, denunciaron su testimonio como falso y se unieron a la compañía de los infieles. Finalmente determinaron darle muerte. ¡Tal es el estado de quienes están en grave error!

Y cuando se dieron cuenta de su impotencia para alcanzar su propósito, urdieron intrigas contra Él. Atestiguad, cómo en cada momento inventan un nuevo recurso para dañarle y de este modo perjudicar y deshonrar la causa de Dios. Di: ¡Ay de vosotros! ¡Por Dios! Vuestras artimañas os cubren de vergüenza. Vuestro Señor, el Dios de Misericordia, bien puede prescindir de todas sus criaturas. Nada puede aumentar o disminuir lo que Él posee. Si creéis en Él, será para vuestro propio provecho; y si no creéis, seréis vosotros quienes padeceréis. En ningún momento, la mano del infiel puede profanar la orla de su Manto.

¡Oh mi siervo, que crees en Dios! ¡Por la rectitud del Todopoderoso! Si Yo te relatara la historia de las cosas que me han acontecido, las almas y mentes de los hombres serían incapaces de sostener su peso. Dios mismo es mi testigo. Vela sobre ti mismo y no sigas los pasos de esta gente. Medita diligentemente sobre la Causa de tu Señor. Esfuérzate para conocerle por medio de su propio Ser y no por medio de otros. Pues nadie sino Él jamás podrá beneficiarte. Esto lo atestiguarán todas las cosas creadas, si sólo pudieras comprenderlo.

Emerge de tras el velo, con el consentimiento de tu Señor, el Todo Glorioso, el Más Fuerte, y a la vista de aquellos que están en los cielos y en la tierra, toma el Cáliz de la Inmortalidad y en el nombre de tu Señor, el Inaccesible, el Altísimo, bebe cuanto puedas, y no seas de los que tardan. ¡Juro por Dios! En el momento en que tus labios toquen el Cáliz, el Concurso en lo alto te aclamará diciendo: "¡Bebe con saludable fruición, oh hombre, que has creído de veras en Dios!", y los habitantes de las Ciudades de la Inmortalidad exclamarán "¡La alegría sea para ti, oh tú que has vaciado el Cáliz de su amor!", y la Lengua de Grandeza te saludará: "Grande la bienaventuranza que te espera, oh mi siervo, pues tú has alcanzado lo que nadie ha alcanzado, salvo quienes se han desprendido de lo que hay en los cielos y lo que hay en la tierra, y que son los emblemas del verdadero desprendimiento".

LXXVII. Y ahora respecto de tu pregunta que se refiere a la creación del hombre. Sabe que todos los hombres han sido creados en la naturaleza hecha por Dios, el Guardián, el que Subsiste por sí mismo. A cada uno le ha sido prescrita una medida preordinada, según está decretado en las poderosas y resguardadas Tablas de Dios. Sin embargo, todo lo que poseéis potencialmente sólo puede manifestarse como resultado de vuestra propia voluntad. Vuestras acciones atestiguan esta verdad. Por ejemplo, considerad aquello que ha sido prohibido a los hombres en el Bayán. En aquel Libro, Dios, por su mandato, ha declarado legal, todo aquello que Él ha deseado decretar y, mediante la fuerza de su soberano poder, ha prohibido todo aquello que Él ha deseado prohibir. Esto lo testifica el texto de ese Libro. ¿No seréis vosotros testigos? Sin embargo, los hombres han violado conscientemente su ley. ¿Tal comportamiento debe ser atribuido a Dios o a ellos mismos? Sed justos en vuestro juicio. Toda cosa buena es de Dios y todo lo malo procede de vosotros. ¿No lo comprenderéis? Esta misma verdad ha sido revelada en todas las Escrituras, si sois de los que entienden. Toda acción que meditáis, es tan clara para Él, como cuando ya ha sido ejecutada. No hay otro Dios salvo Él. Suya es toda la creación y su imperio. Todo está revelado ante Él, todo está registrado en sus sagradas y ocultas Tablas. Sin embargo, esta precognición de Dios, no debe considerarse como causa de las acciones de los hombres, al igual que vuestro propio conocimiento de que cierto acontecimiento ha de ocurrir o vuestro deseo que ocurra, no es y nunca será la razón de que éste suceda.

LXXVIII. Acerca de tu pregunta concerniente al origen de la creación. Sabe con toda seguridad que la creación de Dios ha existido desde la eternidad y continuará existiendo para siempre. Su principio no ha tenido principio y su fin no conoce fin. Su nombre, el Creador, presupone una creación, así como su título, el Señor de los Hombres, implica la existencia de un siervo.

En cuanto a las afirmaciones, atribuidas a los profetas del pasado, tales como "En el comienzo era Dios, no existían criaturas para conocerle" y "El Señor estaba solo; no había nadie que le adorara", el significado de éstas y otras frases similares es claro y evidente, y en ningún momento deben ser interpretadas mal. De esta misma verdad son testimonio las siguientes palabras que Él ha revelado "Dios estaba solo; no había nadie excepto Él; Él siempre seguirá siendo lo que Él siempre ha sido". Cualquier persona dotada de discernimiento puede comprender inmediatamente que el Señor está manifiesto ahora, sin embargo, no hay nadie que reconozca su gloria. Con esto se quiere decir que la morada en que reside este Ser Divino está muy por encima del alcance y comprensión de otro que no sea Él. Cualquier cosa que en el mundo contingente pueda ser expresada o comprendida, jamás podrá traspasar los límites que por su naturaleza inherente le han sido impuestos. Sólo Dios trasciende esas limitaciones. Él, verdaderamente, es sempiterno. Ningún par o socio ha sido, ni podrá ser jamás asociado con Él. Ningún nombre puede ser comparado con su Nombre. Ninguna pluma puede retratar su naturaleza, como tampoco puede lengua alguna describir su gloria. Para siempre Él permanecerá inmensurablemente exaltado sobre cualquiera salvo Él mismo.

Considera la hora en que la suprema Manifestación de Dios se revela a los hombres. Hasta la llegada de esa hora, el Antiguo Ser, quien permanece todavía desconocido a los hombres, y que no ha dado aún expresión a la Palabra de Dios, es, Él mismo, el Omnisciente en un mundo en que no hay ningún hombre que le haya conocido. Él, en verdad, es el Creador sin una creación. Por cuanto, en el momento que precede su Revelación, cada una y todas las cosas creadas habrán de entregar su alma a Dios. Éste es, de hecho, el Día del cual se ha escrito "¿De quién será el Reino en este Día?" ¡Y no se encuentra a nadie preparado para contestar!

LXXIX. Respecto de tu pregunta sobre los mundos de Dios. Sabe, en verdad, que los mundos de Dios son incontables en su número e infinitos en su extensión. Nadie puede contarlos ni comprenderlos salvo Dios, el Omnisciente, el Omnisapiente. Considera tu estado cuando duermes. Ciertamente, digo, este fenómeno es el más misterioso de los signos de Dios entre los hombres, si sólo lo ponderaran en sus corazones. Ve como aquello que has visto en tu sueño después de un considerable lapso se realiza plenamente. Si el mundo en que te encontrabas en tu sueño fuera idéntico con el mundo en que vives, seria necesario que el acontecimiento que ocurre en aquel sueño sucediera en este mundo en el mismo instante de su acaecimiento. Si fuera así, tú mismo lo atestiguarías. Sin embargo, como éste no es el caso necesariamente se concluye que el mundo en que vives es diferente y distinto de aquel que tú has presenciado en tu sueño. Aquel mundo no tiene principio ni fin. Sería verdad si afirmaras que ese mismo mundo, como lo ha decretado Dios, Todo Glorioso y Omnipotente, está dentro de tu propio ser y está envuelto dentro de ti. Sería igualmente cierto sostener que tu espíritu, después de haber traspasado las limitaciones del sueño y de haberse desligado de toda atracción terrenal, por la acción de Dios ha sido impulsado a recorrer un reino que yace oculto en la más íntima realidad de este mundo. Verdaderamente digo, que la creación de Dios abarca otros mundos fuera de éste y otras criaturas fuera de éstas. En cada uno de estos mundos Él ha ordenado cosas que nadie puede escudriñar, excepto Él mismo, el que Todo lo Escudriña, el Omnisapiente. Medita sobre aquello que te hemos revelado, para que descubras el propósito de Dios, tu Señor, el Señor de todos los mundos. En estas palabras han sido atesorados los misterios de la Sabiduría Divina. Nos hemos abstenido de extendernos sobre este tema por el dolor que nos ha rodeado a causa de las acciones de aquellos que han sido creados mediante nuestras palabras, si eres de aquellos que escuchan nuestra Voz.

LXXX. Me has preguntado si el hombre, con excepción de los profetas de Dios y de sus escogidos, conserva, después de su muerte física, la misma individualidad, personalidad, conciencia y entendimiento que caracterizan su vida en este mundo. Has observado que si esto fuera así, ¿cómo es que, mientras ligeras perturbaciones en sus facultades mentales tales como desmayo y enfermedad severa le privan de su entendimiento y conciencia, la muerte, que implica la descomposición de su cuerpo y la disolución de sus elementos, es impotente para destruir ese entendimiento y extinguir esa conciencia? ¿Cómo puede alguien imaginarse que la conciencia y personalidad del hombre se mantienen, cuando los instrumentos necesarios para su existencia y función han sido completamente desintegrados?

Sabe que el alma del hombre, es exaltada sobre todas las enfermedades de cuerpo y mente y es independiente de ellas. Que una persona enferma muestre signos de debilidad, se debe a los obstáculos que se interponen entre su alma y su cuerpo, porque el alma misma no es afectada por ninguna dolencia del cuerpo. Considera la luz de la lámpara. Aunque un objeto exterior interfiera su resplandor, la luz en sí continúa brillando sin disminuir su poder. De igual manera, cualquier mal que afecte el cuerpo del hombre, es un obstáculo que impide la manifestación del poder y fuerza inherentes al alma. Cuando ésta abandona el cuerpo, sin embargo, evidenciará tal ascendiente y revelará tal influencia como ninguna fuerza en la tierra puede igualar. Cada alma pura, refinada y santificada será dotada de tremenda fuerza y se regocijará con inmensa alegría.

Considera la lámpara cuando se cubre. Aunque su luz brille, su resplandor está oculto a los hombres. De igual modo considera el sol, cuando ha sido oscurecido por las nubes. Observa cómo su esplendor parece haber disminuido, cuando en realidad la fuente de aquella luz no ha cambiado. El alma del hombre debe ser comparada con este sol, y todas las cosas de la tierra, consideradas como su cuerpo. Mientras ningún obstáculo externo se interponga entre ellos, el cuerpo en su totalidad continuará reflejando la luz del alma y será sostenido por su fuerza. Sin embargo, tan pronto como un velo se interpone entre ellos, el brillo de esa luz parece disminuir.

Considera además el sol cuando está completamente oculto tras las nubes. Aunque la tierra está todavía iluminada con su luz, la medida de luz que recibe se ha reducido considerablemente. Hasta que las nubes no se hayan dispersado, el sol no brillará en la plenitud de su gloria. Ni la presencia ni la ausencia de la nube pueden, en forma alguna, afectar el esplendor inherente al sol. El alma del hombre es el sol que ilumina su cuerpo y del cual deriva su sustento y debe considerarse así.

Aún más, considera cómo el fruto antes de formarse, yace potencialmente dentro del árbol. Si se cortara el árbol en pedazos, no podría encontrarse ningún signo o partícula del fruto, por pequeña que fuera. Sin embargo, como has observado, cuando el fruto aparece, se manifiesta con su maravillosa hermosura y gloriosa perfección. Ciertos frutos, realmente, alcanzan su pleno desarrollo sólo después que han sido separados del árbol.

LXXXI. Y ahora, referente a tu pregunta acerca del alma del hombre y su supervivencia después de la muerte. Sabe tú ciertamente que el alma después de su separación del cuerpo, continuará progresando hasta que alcance la presencia de Dios, en un estado y condición que ni la revolución de las edades y siglos, ni los cambios o azares de este mundo pueden alterar. Perdurará tanto como el Reino de Dios, su soberanía, su dominio y fuerza perduren. Manifestará los signos de Dios y sus atributos y revelará su amorosa bondad y generosidad. El movimiento de mi Pluma se detiene cuando intenta describir apropiadamente la grandeza y gloria de tan exaltada posición. El honor con el cual la Mano de Misericordia investirá al alma es tal, que ninguna lengua puede revelarlo adecuadamente, ni ningún otro medio terrenal puede describir. Bendita es el alma que en la hora de su separación del cuerpo esté purificada de las vanas imaginaciones de los pueblos del mundo. Tal alma vive y se mueve de acuerdo con la Voluntad de su Creador y entra al más elevado Paraíso. Las doncellas del cielo, habitantes de las más sublimes mansiones, la rodearán y los profetas de Dios y sus escogidos buscarán su compañía. Esta alma conversará con ellos libremente, y les contará lo que ha tenido que soportar en el sendero de Dios, el Señor de todos los mundos. Si se dijera a cualquier hombre, lo que ha sido ordenado para tal alma en los mundos de Dios, el Señor del trono en lo alto y de aquí en la tierra, todo su ser se inflamaría instantáneamente en su gran anhelo por alcanzar aquella exaltada, santificada y resplandeciente posición.... La naturaleza del alma después de la muerte, nunca podrá ser descrita; no es conveniente, ni permisible revelar todo su carácter a los ojos de los hombres. Los profetas y mensajeros de Dios han sido enviados con el único propósito de guiar a la humanidad en el recto Sendero de la Verdad. El propósito fundamental de su revelación ha sido educar a todos los hombres para que, en la hora de su muerte, asciendan con la mayor pureza y santidad y con absoluto desprendimiento hacia el trono del Altísimo. La luz que estas almas irradian es responsable del progreso del mundo y del adelanto de sus pueblos. Son como levadura, que hace levantar el mundo del ser y constituyen la fuerza animadora por la cual las artes y maravillas del mundo se manifiestan. Por medio de ellas las nubes derraman su munificencia sobre los hombres y la tierra produce sus frutos. Todas las cosas tienen necesariamente una causa, una fuerza motora, un principio animador. Estas almas y símbolos de desprendimiento han provisto y continuarán proveyendo al mundo del ser con el supremo impulso movedor. El otro mundo es tan diferente de este mundo, como lo es éste del mundo de la criatura mientras está en el vientre de la madre. Cuando el alma alcance la Presencia de Dios, tomará la forma que sea más apropiada a su inmortalidad y digna de su habitación celestial. Tal existencia es contingente y no existencia absoluta, ya que una es precedida por una causa, mientras que la otra es independiente de ella. La existencia absoluta está limitada estrictamente a Dios. ¡Exaltada sea su gloria! Venturosos son quienes comprenden esta verdad. Si ponderaras en tu corazón la conducta de los profetas de Dios, seguramente atestiguarías de inmediato que necesariamente deben haber otros mundos además de éste. Como ha sido registrado en la Tabla de la Sabiduría por la Pluma del Glorioso, la mayoría de los verdaderos sabios y doctos, a través de todas las edades, han atestiguado la verdad de lo que el sagrado Verbo de Dios ha revelado. Aun los materialistas han dejado testimonio en sus escritos de la sabiduría de estos mensajeros divinamente nombrados, y han considerado que las referencias hechas por los profetas acerca del Paraíso, fuego del infierno, futura recompensa y castigo, han tenido su origen en el deseo de educar y elevar las almas de los hombres. Considera, por consiguiente, cómo la mayoría de la humanidad, cualesquiera que fueran sus creencias o teorías, ha reconocido la excelencia de estos profetas de Dios y ha admitido su superioridad. Estas Gemas de Desprendimiento son aclamadas por algunos, como las personificaciones de la sabiduría, en tanto que otros las consideran como portavoz de Dios mismo. ¿Cómo podrían, tales almas haber consentido entregarse a sus enemigos, si hubieran creído que todos los mundos de Dios se reducen a esta vida terrenal? ¿Hubieran sufrido violentamente tales aflicciones y tormentos como jamás ningún hombre ha experimentado o presenciado?

LXXXII. Me has preguntado acerca de la naturaleza del alma. Sabe en verdad, que el alma es un signo de Dios, una gema celestial cuya realidad los más doctos de los hombres no han comprendido, y cuyo misterio ninguna mente, por aguda que sea, podrá esperar jamás desentrañar. Es, entre todas las cosas creadas, la primera en declarar la excelencia de su creador, la primera en reconocer su gloria, en aferrarse a su verdad, e inclinarse en adoración ante Él. Si es fiel a Dios, reflejará su luz y finalmente regresará a Él. Si, por el contrario, no es leal a su Creador, se convertirá en una víctima del yo y de la pasión y, por último, se hundirá en sus profundidades.

Quienquiera, que haya rehusado permitir en este Día, que las dudas y fantasías de los hombres lo aparten de Aquel quien es la Verdad Eterna, y no ha dejado que el tumulto provocado por las autoridades seglares y eclesiásticas le impidan reconocer su Mensaje, tal hombre será considerado por Dios, el Señor de todos los hombres, como uno de sus más poderosos signos y será contado entre aquellos cuyos nombres han sido inscritos por la Pluma del Altísimo en su Libro. Bendito aquel que ha reconocido el verdadero estado y posición de tal alma y ha descubierto sus virtudes.

En los libros del pasado, mucho se ha escrito sobre los diversos grados en el desarrollo del alma, tales como concupiscencia, irascibilidad, inspiración, benevolencia, contento, divina complacencia y otros; sin embargo, la Pluma del Altísimo no está dispuesta a tratar de ellos. En este Día toda alma que camine humildemente con su Dios y se aferra a Él, se encontrará investida con el honor y gloria de todos los bellos nombres y posiciones.

Cuando el hombre duerme, de ningún modo puede decirse que su alma haya sido afectado inherentemente por algún objeto externo. No es susceptible de ningún cambio en su estado o carácter originales. Cualquier variación en sus funciones, se debe a causas externas. Es a estas influencias externas que deben ser atribuidas cualesquiera variaciones en su ambiente, entendimiento y percepción.

Considera el ojo humano. Aunque tiene la facultad de percibir todas las cosas creadas, sin embargo, el más pequeño impedimento obstruirá su visión tanto como para privarlo del poder de distinguir cualquier objeto. Alabado sea el nombre de Aquel quien ha creado todas estas causas y es la Causa de ellas, que ha ordenado que todo cambio y variación en el mundo del ser dependan de ellas. Toda cosa creada en el universo entero no es sino una puerta que conduce al conocimiento de Él, un signo de su soberanía, una revelación de sus nombres, un símbolo de su majestad, una muestra de su fuerza, un medio de ser admitido en su recto Sendero....

En verdad digo que el alma humana es en su esencia uno de los signos de Dios, un misterio entre sus misterios. Es uno de los poderosos signos del Omnipotente, el heraldo que proclama la realidad de todos los mundos de Dios. Dentro de ella yace oculto lo que ahora el mundo es completamente incapaz de comprender. Pondera en tu corazón la revelación del Alma de Dios que penetra todas sus Leyes y compárala con esa naturaleza baja y apetecedora que se ha rebelado contra Él, que prohibe a los hombres volverse hacia el Señor de los Nombres, y que los empuja ir tras sus deseos y perversidad. En verdad tal alma se ha adentrado lejos en el sendero del error....

Además me has preguntado sobre el estado del alma después de su separación del cuerpo. Sabe, de verdad, que si el alma del hombre ha seguido los caminos de Dios, ciertamente regresará y será recogida en la gloria del Amado. ¡Por la rectitud de Dios! Logrará una posición que ninguna pluma puede retratar, ni lengua describir. El alma que se ha mantenido fiel a la Causa de Dios, y ha permanecido invariablemente firme en su Sendero, poseerá después de su ascensión tal poder que obtendrán provecho de ella todos los mundos que el Todopoderoso ha creado. Tal alma suministra a petición del Rey Ideal y Educador Divino, la levadura pura que fermenta el mundo del ser, y provee la fuerza, por la cual las artes y maravillas del mundo se hacen manifiestas. Considera que la harina necesita levadura para fermentar. Aquellas almas que son el símbolo del desprendimiento son la levadura del mundo. Medita sobre esto y sé de los agradecidos.

En algunas de nuestras Tablas, nos hemos referido a este tema y hemos mostrado las variadas etapas del desarrollo del alma. En verdad te digo, que el alma humana está exaltada por encima de todo egreso y regreso. Está quieta, y sin embargo se remonta; se mueve, y sin embargo está quieta. Es, en sí, una prueba que atestigua la existencia de un mundo contingente, así como la realidad de un mundo que no tiene principio ni fin. Ve cómo el sueño que has tenido, después del lapso de muchos años se representa de nuevo ante tus ojos. Considera cuán extraño es el misterio del mundo que aparece en tus sueños. Pondera en tu corazón la inescrutable sabiduría de Dios y medita sobre sus múltiples revelaciones....

Atestigua las maravillosas muestras de la obra de Dios, y reflexiona sobre su alcance y carácter. Aquel quien es el Sello de los Profetas ha dicho: "¡Acrecienta mi admiración y asombro por ti, oh Dios!"

Respecto de tu pregunta si el mundo físico está sujeto a limitaciones, sabe que la comprensión de este tema depende del observador mismo. En un sentido está limitado; en otro sentido está exaltado más allá de toda limitación. El Dios único y verdadero ha existido eternamente, y eternamente continuará existiendo. Su creación, asimismo, no ha tenido principio ni tendrá fin. Sin embargo, todo lo creado es precedido por una causa. Este hecho en sí establece, sin la menor sombra de duda, la unidad del Creador.

Además me has preguntado acerca de la naturaleza de las esferas celestes. Para comprender su naturaleza sería necesario inquirir el significado de las alusiones que se han hecho sobre las esferas celestes y los cielos en los Libros del pasado, y descubrir el carácter de su relación con este mundo físico y la influencia que ejercen sobre él. Todo corazón se maravilla ante un tema tan anonadador, y toda mente queda perpleja por su misterio. Solamente Dios puede sondear su significación. Los sabios que han fijado en varios miles de años la vida de esta tierra, no han considerado durante el largo período de sus observaciones ni el número ni la edad de los otros planetas. Considera además las múltiples divergencias que han resultado de las teorías propuestas por estos hombres. Sabe que cada estrella fija tiene sus propios planetas, y cada planeta sus propias criaturas, cuyo número ningún hombre puede calcular.

¡Oh tú que has fijado tus ojos en mi semblante! La Aurora de Gloria ha manifestado en este Día su esplendor, y la Voz del Más Alto está llamando. Antes hemos pronunciado estas palabras: "Éste no es el día, para que alguien cuestione a su Señor. Incumbe a quienquiera que haya escuchado el Llamado de Dios, proclamado por Aquel quien es la Aurora de Gloria, levantarse y exclamar: '¡Aquí estoy, aquí estoy, oh Señor de todos los nombres; aquí estoy, aquí estoy, oh Hacedor de los Cielos! Atestiguo que por tu Revelación las cosas ocultas en los Libros de Dios han sido reveladas, y que todo lo que ha sido registrado en las Sagradas Escrituras se ha cumplido' ".

LXXXIII. Considera la facultad racional con que Dios ha dotado la esencia del hombre. Examínate a ti mismo y observa cómo tu movimiento y quietud, tu voluntad y propósito, tu vista y oído, tu olfato y poder de expresión, y todo aquello que esté en relación con tus sentidos físicos o percepción espiritual, o los trascienda, procede de la misma facultad y deben su existencia a ella. Están tan íntimamente ligadas a ella, que si en menos de un abrir y cerrar de ojos, su relación con el cuerpo humano se interrumpirá, cada uno de estos sentidos cesaría inmediatamente de ejercer su función y sería privado del poder de manifestar los signos de su actividad. Es indudablemente claro y evidente que cada uno de los medios anteriormente mencionados ha dependido y continuará dependiendo para su propio funcionamiento de esta facultad racional, que debe ser considerada como un signo de la revelación de Aquel quien es el soberano Señor de todo. Mediante su manifestación, todos estos nombres y atributos han sido revelados y por la suspensión de su acción todos son destruidos y perecen.

Sería totalmente falso sostener que esta facultad es igual al poder de visión, por cuanto el poder de visión deriva de ella y actúa dependiendo de ella. Igualmente, sería vano afirmar que esta facultad puede ser identificada con el sentido del oído, ya que éste recibe de la facultad racional, la energía necesaria para ejercer sus funciones.

La misma relación liga a esta facultad con todo lo que haya sido el recipiente de estos nombres y atributos dentro del templo humano. Estos nombres diversos y atributos revelados han sido generados mediante la acción de este signo de Dios. En su esencia y realidad este signo es inmensamente exaltado por sobre todos esos nombres y atributos. No, más bien, todo fuera de él, al compararse con su gloria, se desvanece en la nada absoluta y se vuelve una cosa olvidada.

Si ponderares en tu corazón, desde ahora hasta el fin que no tiene fin, concentrando toda la inteligencia y entendimiento que las más grandes mentes han logrado en el pasado o lograrán en el futuro, esta Realidad sutil y divinamente ordenada, este signo de la revelación del Dios Viviente y Todo Glorioso, aun así no comprenderás su misterio ni podrás valorar su virtud. Habiendo reconocido tu impotencia para lograr un entendimiento adecuado de aquella Realidad que mora dentro de ti, admitirás prontamente la inutilidad de los esfuerzos que intentes tú o cualquiera de las cosas creadas, en sondear el misterio del Dios Viviente, el Sol de gloria que no se desvanece, el Antiguo de los días sempiternos. Esta confesión de impotencia, que finalmente la contemplación madura debe impulsar cada mente a hacer, es en sí la cima del entendimiento humano y marca la culminación del desarrollo del hombre.

LXXXIV. Considera al Dios único y verdadero como a uno que está separado de todas las cosas creadas y es inmensamente exaltado sobre ellas. Todo el universo refleja su gloria, mientras que Él mismo es independiente de sus criaturas y las trasciende. Éste es el verdadero significado de la unidad divina. Aquel, quien es la Verdad Eterna, es el único poder que ejerce indiscutida soberanía sobre el mundo del ser, cuya imagen se refleja en el espejo de la creación entera. Toda la existencia depende de Él, y de Él proviene la fuente de sustento de todas las cosas. Éste es el significado de la unidad divina; éste es su principio fundamental.

Algunos, engañados por sus vanas fantasías han concebido que todas las cosas creadas son partícipes y socios de Dios, e imaginan que ellos mismos son los exponentes de su unidad. ¡Por Aquel quien es el Dios único y verdadero! Tales hombres han sido, y continuarán siendo, las víctimas de ciegas imitaciones y deben ser contados entre aquellos que han restringido y limitado el concepto de Dios.

Es un verdadero creyente en la unidad divina aquel que, lejos de confundir dualidad con unicidad, rehúsa permitir que ninguna noción de multiplicidad nuble su conceptos de la singularidad de Dios, quien considera al Ser Divino como Aquel quien, por su propia naturaleza, trasciende las limitaciones de los números.

La esencia de la creencia en la unidad divina consiste en considerar a Aquel quien es la Manifestación de Dios, y a Aquel quien es el invisible, el inaccesible e incognoscible Esencia, como uno y el mismo. Con esto quiere decir que todo lo que pertenezca a Él, con todos sus actos y hechos, todo que Él ordene o prohíba, deben ser considerados, bajo todos sus aspectos, en todas las circunstancias, y sin reserva alguna, como idénticos con la Voluntad de Dios mismo. Ésta es la posición más elevada que puede lograr un verdadero creyente en la unidad de Dios. Bendito es el hombre que alcanza esta posición y es de aquellos que son firmes en su creencia.

LXXXV. ¡Oh mis siervos! Os incumbe refrescar y revivir vuestras almas mediante los misericordiosos favores que, en esta divina, en esta conmovedora Primavera se derraman sobre vosotros. El Sol de su gran gloria ha derramado su resplandor sobre vosotros y las nubes de su gracia ilimitada os han amparado. ¡Cuán grande es la recompensa de aquel que no se ha privado de tan inmensa generosidad, ni ha dejado reconocer la belleza de su Bienamado en ésta, su nueva vestidura!

Di: ¡Oh pueblo! La lámpara de Dios está encendida; prestad atención, no sea que los impetuosos vientos de vuestra desobediencia extingan su luz. Ahora es el tiempo de levantaros y magnificar al Señor vuestro Dios. No luchéis por las comodidades materiales, y conservad vuestro corazón puro y sin mancha. El Malvado os espera, listo para atraparos. Fortaleceos contra sus malignos artificios y, conducidos por la luz del nombre del Dios único y verdadero, liberaos de la oscuridad que os envuelve. Centrad vuestros pensamientos en el Bienamado, y no en vosotros mismos.

Di: ¡Oh vosotros que os habéis desviado y habéis perdido vuestro camino! El Mensajero Divino, que no habla sino la verdad, os ha anunciado la venida del Bienamado. He aquí que Él ya ha llegado. ¿Por qué motivo estáis deprimidos y abatidos? ¿Por qué permanecéis desalentados, cuando el Puro y Oculto Ser ha aparecido libre de velos entre vosotros? Aquel quien es el principio y el Fin, Aquel quien es Quietud y Movimiento ya es manifiesto ante vuestros ojos. Ve cómo, en este Día, el Principio se refleja en el Fin, cómo de la Quietud se ha engendrado el Movimiento. Este Movimiento se ha generado por las potentes energías que las palabras del Todopoderoso han liberado a través de la creación entera. Quienquiera haya sido revivido por su fuerza revitalizadora, se encontrará impulsado a alcanzar la corte del Amado; y quienquiera se haya privado de ella, se hundirá en irreparable abatimiento. Es realmente sabio aquel a quien el mundo y todo lo que en él existe no han impedido reconocer la luz de este Día, quien no ha permitido que la vana palabrería de los hombres lo desvíe del sendero de la rectitud. Es realmente como un muerto, aquel que en el maravilloso amanecer de esta Revelación, no ha sido revivido por su brisa conmovedora. Es en verdad un cautivo aquel que no ha reconocido al Supremo Redentor, pero que ha aceptado que su alma esté trabada, afligida y desamparada en las cadenas de sus deseos.

¡Oh mis siervos! Quienquiera haya probado de esta Fuente, ha alcanzado la Vida eterna, y quienquiera haya rehusado beber de ella, es como los muertos. Di: ¡Oh obradores de iniquidad! La codicia os ha impedido prestar oído atento a la dulce voz de Aquel quien es el que Satisface a todo. Limpiad vuestros corazones de ella para que su Secreto Divino sea descubierto a vosotros. Hele aquí manifiesto y resplandeciente como el sol en toda su gloria.

Di: ¡Oh vosotros que carecéis de entendimiento! Una severa prueba os persigue y repentinamente os alcanzará. Levantaos, que quizá pase sin causaros daño. Reconoced el carácter exaltado del nombre del Señor, vuestro Dios, quien ha venido a vosotros en la grandeza de su gloria. Él, en verdad, es el Omnisciente, el que Todo lo Posee, el Supremo Protector.

LXXXVI. Ahora, referente a tu pregunta sobre si las almas humanas siguen siendo conscientes unas de las otras después de su separación del cuerpo. Sabe que las almas del pueblo de Bahá, que han entrado y están establecidas dentro del Arca Carmesí, se asociarán y comulgarán íntimamente unas con otras, y estarán tan profundamente ligadas en sus vidas, aspiraciones, fines y anhelos, que serán como una sola alma. Ellas son, en verdad, las que están bien informadas, poseen vista penetrante y están ataviadas de entendimiento. Así lo ha decretado Aquel quien es el Omnisciente, el Sapientísimo.

El pueblo de Bahá, que son los moradores del Arca de Dios, son todos bien conscientes del estado y la condición de cada uno, y están unidos por los lazos de intimidad y amistad. Este estado, no obstante, debe depender de la fe y conducta de ellos. Aquellos que son del mismo grado y posición comprenden perfectamente la capacidad, carácter, logros y méritos de cada cual. Sin embargo, quienes son de un grado inferior son incapaces de comprender adecuadamente la posición de los que ocupen rangos superiores o de estimar sus méritos. Cada cual recibirá su porción de tu Señor. Bendito es el hombre que ha vuelto su rostro hacia Dios, y ha caminado firmemente en su amor, hasta que su alma haya remontado vuelo hacia Dios, el Soberano Señor de todo, el Más Poderoso, el que Siempre Perdona, el Todo Misericordioso.

Las almas de los infieles, sin embargo, y de esto soy testigo, al exhalar su último suspiro, serán informadas de lo bueno que se les ha escapado, por lo cual lamentarán su condición y se humillarán ante Dios. Continuarán así después que sus almas se hayan separado de sus cuerpos.

Es claro y evidente que, después de su muerte física, todos los hombres estimarán el valor de sus acciones y se darán cuenta de aquello que sus manos han forjado. ¡Juro, por el Sol que brilla sobre el horizonte del poder divino! Aquellos que son los seguidores del Dios único y verdadero, desde el momento en que abandonen esta vida, experimentarán tal gozo y alegría, que será imposible describirlos, mientras que aquéllos que viven en error serán sobrecogidos por tal temor y estremecimientos, y se llenarán de tal consternación, que nada podrá excederlos. Bienaventurado quien haya bebido el selecto e incorruptible vino de la fe por el dadivoso favor y las múltiples generosidades de Aquel quien es el Señor de todas las Religiones....

Éste es el Día en que los amados de Dios deben mantener su vista dirigida hacia su Manifestación, y deben fijarla en todo lo que esta Manifestación desee revelar. Ciertas tradiciones de edades pasadas no se basan en fundamento alguno; asimismo, las ideas abrigadas por generaciones de antaño, y que han registrado en sus libros, han sido influidas, en su mayor parte, por los deseos de una inclinación corrupta. Tú atestiguas cómo la mayoría de los comentarios e interpretaciones de las palabras de Dios, ahora corrientes entre los hombres, carecen de verdad. En algunos casos su falsedad ha sido descubierta cuando los velos interpuestos fueron rasgados. Ellos mismos han reconocido que no han comprendido el significado de ninguna de las palabras de Dios.

Nuestro propósito es mostrar que, si los amados de Dios santificaran sus corazones y oídos de las vanas palabras dichas en el pasado, y se volvieran con sus íntimas almas a Aquel quien es la Aurora de su Revelación, y a todo lo que Él ha manifestado, tal comportamiento sería considerado meritorio a la vista de Dios....

Magnifica su Nombre, y sé de los agradecidos. Transmite mis saludos a mis amados, a quienes Dios ha elegido para su amor, y les ha hecho lograr su objetivo. ¡Toda gloria sea para Dios, el Señor de todos los mundos!

LXXXVII. Ahora acerca de tu pregunta: "¿Por qué no se encuentra ningún registro referente a los profetas que han precedido a Adán, el Padre de la Humanidad, o de los reyes que han vivido en los días de esos profetas?" Sabe que la falta de toda referencia a ellos no prueba que de hecho no hayan existido. Si actualmente no se dispone de ningún registro acerca de ellos, esto debe atribuirse a su extrema antigüedad, así como también a los grandes cambios que la tierra ha sufrido desde su tiempo.

Además, los modos y formas de escritura que ahora son corrientes entre los hombres, eran desconocidos a las generaciones anteriores a Adán. Incluso hubo un tiempo en que los hombres ignoraban por completo el arte de la escritura y adoptaron un sistema completamente distinto del que se usa en la actualidad. Para una exposición apropiada de este asunto se requeriría una explicación elaborada.

Considera las diferencias que han surgido desde los días de Adán. Las diversas y muy conocidas lenguas que ahora hablan los pueblos de la tierra, eran originalmente desconocidas, así como también las variadas reglas y costumbres que ahora prevalecen entre ellos. Los pueblos de esos tiempos usaban un lenguaje diferente de los que conocemos actualmente. Las diferencias de idioma aparecieron en una edad posterior en una tierra llamada Babel. Recibió el nombre de Babel porque este término significa "lugar en que surgió la confusión de lenguas".

Posteriormente, el siríaco se hizo prominente entre las lenguas existentes. Las Escrituras sagradas de tiempos pasados fueron reveladas en esa lengua. Más tarde, Abraham, el Amigo de Dios, apareció y derramó sobre el mundo la luz de la Revelación Divina. El idioma que Él habló, cuando cruzaba el Jordán, fue conocido como hebreo ('ibrání) que significa "lengua de la travesía". Entonces los Libros de Dios y las Escrituras sagradas fueron reveladas en esa lengua, y sólo después de un lapso considerable, el árabe se convirtió en la lengua de Revelación....

Atestigua, entonces, cuán numerosos y trascendentales han sido los cambios del lenguaje, de la palabra y de la escritura, desde los días de Adán. ¡Cuán mayores aun han debido ser los cambios antes de Él!

Al revelar estas palabras nuestro propósito ha sido demostrar que el Dios único y verdadero, en su altísima y trascendente posición, ha sido siempre, y continuará siendo, eternamente exaltado sobre la loanza y concepción de cualquiera salvo Él. Su creación ha existido siempre, y las manifestaciones de su divina gloria y las auroras de eterna santidad han sido enviadas desde tiempo inmemorial y han sido comisionadas para emplazar a la humanidad al Dios único y verdadero. Que los nombres de algunos de ellos se hayan olvidado y los registros de sus vidas se hayan perdido, debe atribuirse a los cambios y transformaciones que han sobrevenido al mundo.

En algunos libros se hace mención de un diluvio que causó la destrucción de todo lo que existía en la tierra, incluyendo registros históricos y muchas otras cosas. Además han ocurrido muchos cataclismos que han borrado las huellas de innumerables acontecimientos. Asimismo, entre los registros históricos existentes hay diferencias y cada uno de los pueblos del mundo tiene su propia relación sobre la edad de la tierra y su historia. Algunos extienden su historia hasta ocho mil años atrás, mientras que otros lo hacen hasta doce mil anos. Para cualquiera que haya leído el libro de Júk, es claro, y evidente cuánto han diferido las relaciones proporcionadas por los diversos libros.

Quiera Dios que vuelvas tus ojos hacia la Más Grande Revelación y desatiendas completamente estas tradiciones y relatos contradictorios.

LXXXVIII. Sabed, ciertamente, que la esencia de la justicia y su fuente están incorporadas en las ordenanzas prescritas por Aquel quien es la Manifestación de la Persona de Dios entre los hombres, si sois de aquellos que reconocen esta verdad. Él, por cierto, encarna la altísima, la infalible norma de justicia para toda la creación. Aunque su ley fuera tal que infundiera terror en el corazón de todos los que están en el cielo y en la tierra, aquella ley no sería sino justicia manifiesta. Los temores y agitación que la revelación de esta ley provocarían en los corazones de los hombres, pueden compararse con el llanto del niño al quitársele la leche materna, si sois de aquellos que comprenden. Si los hombres descubrieran el propósito que motiva la Revelación de Dios, seguramente desecharían sus temores y con el corazón lleno de gratitud se regocijarían con gran alegría.

LXXXIX. Sabe con toda seguridad que, así como crees firmemente que la Palabra de Dios, exaltada sea su gloria, perdura para siempre, también debes creer con fe libre de dudas que su significado nunca podrá ser agotado. Sin embargo, aquellos que son sus intérpretes señalados, aquellos cuyos corazones son los depositarios de sus secretos, son los únicos que pueden comprender su múltiple sabiduría. Quienquiera que, al leer las Sagradas Escrituras, se sienta tentado a escoger lo que convenga para desafiar la autoridad del Representante de Dios entre los hombres, es por cierto como un muerto, aunque en apariencia camine y converse con sus semejantes, y comparta con ellos su alimento y bebida.

¡Oh, si el mundo me creyera! Si todo lo que yace guardado dentro del corazón de Bahá, y que el Señor, su Dios, el Señor de todos los nombres, le ha enseñado, fuera manifestado a la humanidad, todo hombre sobre la tierra quedaría atónito.

¡Cuán grande es la multitud de verdades que no podrán jamás ser ataviadas con la vestidura de palabras! ¡Cuán vasto es el número de verdades que ninguna expresión puede describir adecuadamente, cuyo significado nunca podrá ser revelado, y a las cuales no podrá hacerse ni siquiera la más remota alusión! ¡Cuán múltiples son las verdades que deben permanecer sin ser pronunciadas hasta que haya llegado el tiempo señalado! Así se ha dicho: "No todo lo que sabe un hombre puede ser revelado, ni puede todo lo que él pueda revelar ser considerado como oportuno, ni tampoco puede toda expresión oportuna ser considerada como apropiada para la capacidad de aquellos que lo oyen".

De estas verdades algunas pueden ser reveladas solamente de acuerdo con la capacidad de los repositorios de la luz de nuestro conocimiento y los recipientes de nuestra gracia oculta. Rogamos a Dios que te fortalezca con su poder, y que te haga capaz de reconocer a Aquel quien es la Fuente de todo conocimiento, para que puedas desligarte de todo saber humano, por cuanto "¿qué provecho obtiene el hombre de esforzarse por obtener erudición, cuando ya ha encontrado y reconocido a Aquel quien es el Objeto de todo conocimiento?" Aférrate a la Raíz de Conocimiento, y a Aquel quien es el Manantial de éste, para que seas independiente de todos los que aseguran ser versados en el saber humano, y cuya pretensión ninguna prueba clara, ni el testimonio de ningún libro ilustrativa pueden sostener.

XC. Todo lo que hay en los cielos y en la tierra es prueba directa de la revelación en ellos de los atributos y nombres de Dios, ya que en cada átomo están encerradas las señales que dan testimonio elocuente de la revelación de aquella muy grande luz. Me parece que, a no ser por la potencia de esa revelación, ningún ser podría jamás existir. ¡Cuán resplandeciente son las lumbreras de conocimiento que brillan en un átomo, y cuán vastos los océanos de sabiduría que se agitan dentro de una gota! Esto, en grado sumo, es aplicable al hombre, quien, entre todo lo creado, ha sido investido con el manto de tales dones y señalado para la gloria de tal distinción. Pues en él están revelados potencialmente todos los atributos y nombres de Dios en un grado que no ha sido superado ni excedido por otro ser creado. A él le son aplicables todos esos nombres y atributos. Así Él ha dicho: "El hombre es mi misterio, y Yo soy su misterio". Son múltiples los versículos que se han revelado repetidamente en todos los Libros celestiales y santas Escrituras, con referencia a este muy profundo y elevado tema. Así Él ha revelado: "De seguro les mostraremos nuestros signos en el mundo y dentro de ellos mismos". Otra vez dice: "Y también en vosotros mismos, ¿acaso no veréis los signos de Dios?" Y en otra parte Él revela: "Y no seáis como los que olvidan a Dios, y por tanto Él les ha hecho olvidarse a sí mismos". Con respecto a esto, Aquel quien es el Rey eterno -que las almas de todos los que moran en el Tabernáculo místico sean sacrificados por Él- ha dicho: "Ha conocido a Dios aquel que se ha conocido a sí mismo".

...De lo que se ha dicho queda claro que todas las cosas, en su más íntima realidad, atestiguan la revelación de los nombres y atributos de Dios dentro de ellas mismas. Cada una, según su capacidad, señala y expresa el conocimiento de Dios. Es tan potente y universal esta revelación, que ha abarcado todas las cosas visibles e invisibles. Así Él ha revelado: "¿Tiene algo que no seas Tú, poder de revelación para que hubiese podido manifestarte? Ciego es el ojo que no te percibe". Asimismo ha dicho el Rey eterno: "Ninguna cosa he percibido sin percibir a Dios antes de ello, o a Dios después de ello." Y también aparece en la tradición de Kumayl: "Mirad, una luz ha resplandecido en la Mañana de la eternidad y ¡he aquí!, sus rayos han penetrado la más íntima realidad de todos los hombres". El hombre, lo más noble y perfecto de todo lo creado, supera a todo en la intensidad de esta evolución, y es una expresión más plena de su gloria. Y de todos los hombres son las Manifestaciones del Sol de la Verdad los más perfectos, los más distinguidos y los más excelsos. Más aun, todos excepto estas Manifestaciones, viven por la acción de su Voluntad, y se mueven y existen por las efusiones de su gracia.

XCI. Entre las pruebas que demuestran la verdad de esta Revelación está que, en toda época y Dispensación, cuando quiera que se revelara la Esencia invisible en la persona de su Manifestación, ciertas almas humildes y liberadas de todo apego mundano buscaban iluminación en el Sol de la Profecía y en la Luna de la guía divina, llegando a la Presencia divina. Por esta razón, los sacerdotes de la época y quienes poseían riquezas se burlaron desdeñosamente de esos hombres. Así Él ha revelado refiriéndose a los errados: "Entonces dijeron los jefes de su pueblo que no creyeron: 'En ti no vemos más que un hombre como nosotros; y no vemos que te hayan seguido sino aquellos que son los más viles de nosotros, faltos de reflexión, ni os vemos con excelencia alguna sobre nosotros; es más, os consideramos mentirosos'". Pusieron reparos a estas santas manifestaciones, y protestaron diciendo: "Nadie os ha seguido, excepto los despreciables entre nosotros, aquellos que no merecen atención". Su objetivo era demostrar que nadie entre los eruditos, los ricos y los renombrados, creía en ellos. Mediante ésta y semejantes pruebas pretendían demostrar la falsedad de Aquel que no dice sino la verdad.

Sin embargo, en esta muy resplandeciente Dispensación y poderosísima Soberanía, un número de sacerdotes iluminados, de hombres de erudición consumada, de doctores de madura sabiduría, llegaron a su Corte, bebieron del cáliz de su divina Presencia, y fueron investidos con el honor de su muy excelente favor. Renunciaron, por el amor del Bienamado, al mundo y todo lo que hay en él....

Todos ellos fueron guiados por la luz del Sol de la Revelación divina, confesaron y reconocieron su verdad. Tal era su fe, que la mayoría de ellos renunciaron a sus bienes y familia, aferrándose a la complacencia del Todo Glorioso. Dieron la vida por su Bienamado, y lo entregaron todo en su sendero. Sus pechos fueron el blanco de los dardos del enemigo, y sus cabezas adornaron las lanzas de los infieles. No quedó tierra que no bebiese la sangre de esas personificaciones del desprendimiento, ni espada que no hiriese su cuello. Sus actos, por sí solos, atestiguan la verdad de sus palabras. ¿No les basta a los hombres de este día el testimonio de estas almas santas, que tan gloriosamente se levantaron para ofrendar sus vidas a su Amado, que todo el mundo quedó maravillado ante su sacrificio? ¿No es testimonio suficiente contra la infidelidad de quienes, por una baratija, traicionaron su fe, y trocaron la inmortalidad por aquello que perece; quienes cedieron el Kawthar de la Presencia divina a cambio de fuentes salobres, y cuyo único objetivo en la vida es usurpar la propiedad ajena? Así ves cómo todos ellos se han ocupado con las vanidades del mundo, apartándose de Aquel quien es el Señor, el Altísimo.

Sé justo: ¿Es aceptable y digno de atención el testimonio de aquellos cuyas obras concuerdan con sus palabras, cuyo comportamiento exterior se ajusta a su vida interior? La mente se desconcierta al ver sus obras, y el alma se maravilla ante su valor y resistencia física. ¿O es aceptable el testimonio de estas almas sin fe, que no exhalan sino el aliento de sus deseos egoístas, presos en la jaula de sus vanas fantasías? Al igual que los murciélagos de las tinieblas, no levantan la cabeza de su lecho, salvo para ocuparse de las cosas pasajeras del mundo, y no encuentran descanso de noche si no es empeñándose en promover los fines de su sórdida vida. Absortos en sus planes egoístas, están inconscientes del Decreto divino. De día, se afanan con toda su alma por conseguir beneficios mundanos; de noche, su única ocupación es satisfacer sus deseos carnales. ¿Con qué ley o norma podrían justificarse los hombres al adherirse a las recusaciones de almas tan limitadas y desconocer la fe de quienes, por la complacencia de Dios, han renunciado a su vida y sus bienes, su fama y su renombre, su reputación y honor?...

¡Con qué amor, devoción, alborozo y santo arrobamiento sacrificaron sus vidas en el sendero del Todo Glorioso! Todos dan testimonio de esta verdad. Y, sin embargo, ¿cómo pueden despreciar esta Revelación? ¿Ha presenciado época alguna acontecimientos tan trascendentales? ¿Si estos compañeros no son los que verdaderamente se afanan por llegar a Dios, a quién puede considerarse como tal? ¿Han sido estos compañeros buscadores de poder o de gloria? ¿Han anhelado riquezas? ¿Han abrigado deseo alguno que no sea la complacencia de Dios? ¿Si estos compañeros, con todos sus maravillosos testimonios y prodigiosas obras, son falsas, quien entonces puede dignamente pretender que tiene la verdad? ¡Juro por Dios! Sus propios actos son testimonio suficiente y prueba irrefutable para todos los pueblos de la tierra, si ponderasen los hombres en su corazón los misterios de la Revelación divina. "¡Y aquellos que actúan injustamente pronto sabrán lo que les espera!"...

Considera a estos mártires de sinceridad incuestionable, cuya veracidad la testifica el texto explícito del Libro, todos los cuales, como has visto, sacrificaron su vida, sus bienes, sus esposas, sus hijos y todo cuanto tenían, y ascendieron a los más elevados aposentos del Paraíso. ¿Está bien rechazar el testimonio que estos seres exaltados y desprendidos dan de la verdad de esta preeminente y gloriosa Revelación, y considerar aceptables las denuncias que contra esta Luz resplandeciente han hecho esos hombres incrédulos, quienes por el oro han renegado de su fe, y por su afán de mando han rechazado a Aquel quien es el Jefe Supremo de toda la humanidad? Y esto, a pesar de que su carácter se ha revelado a todos los hombres, que les han reconocido como aquellos que de ningún modo renunciarán a una tilde o ápice de su autoridad temporal a favor de la santa Fe de Dios, cuanto menos a su vida, sus bienes o cosa parecida.

XCII. El Libro de Dios está completamente abierto y su Palabra emplaza al género humano a Él. Sin embargo, se ha encontrado apenas un puñado de hombres dispuestos a aferrarse a su Causa, o convertirse en instrumentos para su promoción. Estos pocos han sido proveídos con el Elíxir Divino, que es lo único que puede trasmutar en oro puro la escoria del mundo, y han recibido el poder de administrar el remedio infalible para todos los males que afligen a los hijos de los hombres. Ningún hombre podrá lograr vida eterna, a menos que abrace la verdad de esta inestimable, esta maravillosa y sublime Revelación.

Prestad atención, oh amigos de Dios, a la voz de Aquel a quien el mundo ha agraviado y sosteneos firmemente de todo aquello que exaltará su causa. Él, ciertamente, guía a quienquiera Él desea a su recto Sendero. Ésta es una Revelación que infunde fuerzas al débil y corona con riquezas al desamparado.

Con la mayor amistad y con espíritu de perfecta fraternidad, tomad consejo juntos y dedicad los preciosos días de vuestras vidas al mejoramiento del mundo y a la promoción de la Causa de Aquel quien es el Antiguo Soberano Señor de todo. Él, ciertamente, prescribe a todos los hombres lo que es justo y les prohíbe todo aquello que degrade su posición.

XCIII. Sabe que toda cosa creada es un signo de la revelación de Dios. Cada uno, de acuerdo con su capacidad es, y siempre será, una señal del Todopoderoso. Por cuanto Él, el Soberano Señor de todo, ha dispuesto revelar su soberanía en el reino de los nombres y atributos, toda cosa creada, por el acto de la Voluntad Divina, ha sido hecha un signo de su gloria. Tan penetrante y universal es esta revelación que en todo el universo, no puede descubrirse nada que no refleje su esplendor. En tales circunstancias toda consideración de proximidad o lejanía es eliminada.... Si la Mano del poder divino despojara a todas las cosas creadas de este elevado don, todo el universo quedaría desolado y vacío.

¡Ve cuán inmensamente glorificado es el Señor, tu Dios, sobre todas las cosas creadas! Atestigua la majestad de su soberanía, su ascendiente, y supremo poder. Si las cosas que han sido creadas por Él -magnificada sea su Gloria- y dispuestas para ser manifestaciones de sus nombres y atributos, por virtud de la gracia con la cual han sido dotadas, están exaltadas mucho más allá de toda proximidad o lejanía, ¿cuánto más elevada debe ser aquella Esencia Divina que les ha llamado a existir?...

Medita sobre lo que el poeta ha escrito: "No os sorprendáis, si mi Bienamado está más cerca de mí que mi propio yo; maravillas de que, a pesar de tal proximidad, esté yo todavía tan lejos de Él".... Considerando lo que Dios ha revelado, que "Nosotros estamos más cerca del hombre que su vena vital", el poeta, aludiendo a este verso, ha declarado que, aun cuando la revelación de mi Bienamado ha impregnado a tal punto mi ser que Él está más cerca de mí que mi vena vital, sin embargo, a pesar de mi certeza de su realidad y mi reconocimiento de mi estado, me encuentro todavía tan lejos de Él. Con esto quiere decir que su corazón, que es el asiento del Todo Misericordioso y el trono donde habita el esplendor de su revelación, ha olvidado a su Creador, se ha desviado de su sendero, se ha apartado de su gloria y está manchado con la corrupción de deseos terrenales.

Debe recordarse en cuanto a esto, que Dios único y verdadero es en sí exaltado más allá de toda proximidad y lejanía y por encima de ellas. Su realidad trasciende tales limitaciones. Su relación con sus criaturas no comprende grados. Que algunas estén cerca y otras lejos, debe atribuirse a las manifestaciones mismas.

Que el corazón es el trono en que la Revelación de Dios, el Todo Misericordioso, está centrada, lo atestiguan las sagradas palabras que hemos revelado anteriormente. Entre ellas está este dicho: "Cielo y tierra, no me pueden contener; lo único que puede contenerme es el corazón de aquel que cree en mí y es fiel a mi Causa". Cuán a menudo ha errado el corazón humano -que es el recipiente de la luz de Dios y el asiento de la revelación del Todo Misericordioso- de Aquel quien es la Fuente de esa luz y el Manantial de esa revelación. Es la rebeldía del corazón que lo aparta de Dios y lo condena a estar lejos de Él. Sin embargo, aquellos corazones que son conscientes de su Presencia, están cerca de Él y deben considerarse como que se han aproximado a su trono.

Considera, además, cuán a menudo el hombre se olvida de sí mismo, mientras que Dios, por su conocimiento que todo lo abarca, permanece consciente de su criatura y continúa derramando sobre ella el manifiesto resplandor de su gloria. Es evidente, por tanto, que en tales circunstancias, Él está más cerca de éste que él de sí mismo. Ciertamente, Él permanecerá siempre así, pues mientras que el Dios único y verdadero conoce todas las cosas, percibe todas las cosas, y comprende todas las cosas, el hombre mortal es propenso a errar, e ignora los misterios que yacen envueltos dentro de él....

Que nadie imagine que nuestra aseveración, que todas las cosas creadas son signos de la revelación de Dios, quiere decir -Dios no lo permita- que todos los hombres, sean buenos o malos, piadosos o infieles, sean iguales a la vista de Dios. Tampoco implica que el Ser Divino - magnificado sea su nombre y exaltada sea su gloria- sea, en ninguna circunstancia comparable con los hombres, ni que pueda, de ningún modo, ser asociado con sus criaturas. Tal error ha sido cometido por ciertos insensatos que, habiendo ascendido al cielo de sus vanas fantasías, han interpretado la Unidad Divina como que ésta significaría que todas las cosas creadas son los signos de Dios, y que, consecuentemente, no existe distinción alguna entre ellas. Otros les han pasado al sostener que estos signos son pares y socios de Dios mismo. ¡Dios Misericordioso! Él, en verdad, es único e indivisible; único en su esencia, único en sus atributos. Todo lo demás fuera de Él, no es nada al enfrentarse a la resplandeciente revelación de apenas uno de sus nombres, con el más tenue indicio de su gloria; ¡cuánto menos aún, al confrontársele con su propio Ser!

¡Por la rectitud de mi nombre, el Todo Misericordioso! La Pluma del Altísimo tiembla con gran estremecimiento y está muy conmovida ante la revelación de estas palabras. ¡Cuán exigua e insignificante es la gota evanescente al ser comparada con las olas y movimiento del ilimitado y eterno Océano de Dios, y cuán despreciable debe parecer todo lo contingente y perecedero al enfrentársele a la inefable gloria del Eterno, que no ha sido creado! Imploramos perdón de Dios, el Todopoderoso, para aquellos que abrigan tales creencias y pronuncian semejantes palabras. Di: ¡Oh pueblo! ¿Cómo puede ser comparada una fantasía fugaz con Aquel que subsiste por sí mismo, y cómo puede compararse el Creador con sus criaturas, que son tan sólo como la escritura de su Pluma? No, más aún, su escritura excede todas las cosas y está santificada de todas las criaturas e inmensamente exaltada sobre ellas.

Más aún, considera los signos de la revelación de Dios, en su relación mutua. ¿Puede el sol, que no es sino uno de estos signos, considerarse en igual categoría que la oscuridad? ¡Él Dios único y verdadero es mi testigo! Ningún hombre puede creerlo, a menos que sea de aquellos cuyos corazones son pobres y cuyos ojos han sido engañados. Di: Consideraos a vosotros mismos. Tanto vuestras uñas como vuestros ojos son partes de vuestro cuerpo. ¿Los consideráis de igual categoría y valor? Si decís sí; di entonces: Verdaderamente habéis imputado con falsedad el Señor, mi Dios, el Todo Glorioso, por cuanto cortáis unas y estimáis los otros tan apasionadamente como a vuestra propia vida.

De ningún modo es permisible transgredir los límites del propio grado o posición. La integridad de cada grado y posición debe ser preservada necesariamente. Esto significa que toda cosa creada debe ser vista a la luz del grado o posición que se la ha ordenado ocupar.

Sin embargo, se debe tener presente que, cuando la luz de mi Nombre, el que Todo lo Penetra, ha derramado su resplandor sobre el universo, todas las cosas creadas y cada una de ellas, de acuerdo con un mandato establecido, han sido dotadas con la capacidad de ejercer una influencia particular, y se les ha hecho poseer una virtud especial. Considera el efecto del veneno. Aunque mortífero, posee el poder de ejercer bajo ciertas circunstancias una influencia benéfica. La potencia infundida en todas las cosas creadas es la consecuencia directa de la revelación de este muy bendito Nombre. ¡Glorificado sea Aquel quien es el Creador de todos los nombres y atributos! Arroja al fuego el árbol podrido y seco, y permanece bajo la sombra del Árbol verde y hermoso, y participa de su fruto.

La gente que vive en los días de las manifestaciones de Dios, en su mayoría ha pronunciado tales frases indecorosas. Éstas han sido registradas incidentalmente en los Libros revelados y en las Sagradas Escrituras.

Es realmente un creyente en la Unidad de Dios aquel que reconoce en todas las cosas creadas y en cada una de ellas, el signo de la revelación de Aquel quien es la Verdad Eterna, y no aquel que sostiene que la criatura no se distingue del Creador.

Considera, por ejemplo, la revelación de la luz del Nombre de Dios, el Educador. Ve cómo son manifiestas las pruebas de tal revelación en todas las cosas, cómo el mejoramiento de todos los seres depende de ella. Esta educación es de dos clases. Una es universal. Su influencia penetra todas las cosas y las sostiene. Por esta razón Dios ha asumido el título: "Señor de todos los mundos". La otra está limitada a quienes se han cobijado bajo la sombra de este Nombre y han buscado la protección de esta poderosísima Revelación. Quienes, sin embargo, no han buscado esta protección, se han privado de este privilegio y son incapaces de beneficiarse con el sustento espiritual que ha sido enviado por la gracia celestial de éste, el Más Grande Nombre. ¡Cuán profundo es el abismo que separa al uno del otro! Si se levantara el velo, y se manifestara la gloria plena de la posición de aquellos que se han vuelto completamente hacia Dios y han renunciado al mundo en su amor por Él, toda la creación quedaría atónita. El verdadero creyente en la Unidad de Dios, como ya se ha explicado, reconocerá, tanto en el creyente como en el incrédulo, las pruebas de la revelación de estos dos Nombres. Si esta revelación fuera removida todo perecería.

Igualmente, considera la revelación de la luz del Nombre de Dios, el Incomparable. Ve cómo esta luz ha envuelto a toda la creación, cómo cada cosa creada manifiesta el signo de su Unidad, atestigua la realidad de Aquel quien es la Verdad Eterna, proclama su soberanía, su unicidad y su poder. Esta revelación es una muestra de su misericordia, que envuelve a todas las cosas creadas. Sin embargo, aquellos que han unido socios a Él, no tienen conocimiento de tal revelación y están privados de la Fe mediante la cual pueden acercarse y unirse a Él. Mira cómo los diversos pueblos y razas de la tierra atestiguan su unidad y reconocen su unicidad. De no ser por el signo, dentro de ellos, de la Unidad de Dios, nunca hubieran reconocido la verdad de las palabras "No hay otro Dios sino Dios". Y, no obstante, considera cuán penosamente han errado y se han desviado de su sendero. Por cuanto no han reconocido al Soberano Revelador, han dejado de ser contados entre aquellos que pueden ser considerados verdaderos creyentes en la Unidad de Dios.

Este signo de la revelación del Ser Divino en aquellos que han unido socios a Él, puede ser considerado en un sentido como un reflejo de la gloria con que son iluminados los fieles. Sin embargo, nadie puede comprender esta verdad, salvo los hombres dotados de entendimiento. Aquellos que en verdad han reconocido la Unidad de Dios deberían ser considerados como las manifestaciones primordiales de este Nombre. Son ellos quienes han bebido el vino de la Unidad Divina, de la copa que las manos de Dios les ha ofrecido, y han vuelto sus rostros hacia Él. ¡Cuán enorme es la distancia que separa a estos seres santificados de aquellos hombres que están tan lejos de Dios!...

Dios conceda que, con visión penetrante, puedas percibir, en todas las cosas, el signo de la revelación de Aquel quien es el Antiguo Rey, y reconocer cuán exaltado y santificado de toda la creación es aquel santísimo y sagrado Ser. Esto, en verdad, es la raíz y la esencia misma de la creencia en la unidad y singularidad de Dios. "Dios estaba solo, no había nadie fuera de Él". Él es ahora, lo que siempre ha sido. No hay otro Dios sino Él, el Uno, el Incomparable, el Todopoderoso, el Más Exaltado, el Más Grande.

XCIV. Y ahora, respecto de tu referencia a la existencia de dos Dioses. ¡Cuidado, cuidado!, que no seas llevado a unir socios al Señor, tu Dios. Él es, y ha sido desde siempre, uno y solo, sin par o igual, eterno en el pasado, eterno en el futuro, separado de todas las cosas, siempre existente, inmutable, y subsistente de sí mismo. Él no ha designado a ningún asociado para sí en su Reino, a ningún consejero para que le aconseje, a nadie que pueda compararse a Él, nadie que rivalice su gloria. Todos los átomos del universo atestiguan esto, y más allá de ellos, los moradores de los reinos en lo alto, quienes ocupan las más exaltadas posiciones, y cuyos nombres son recordados ante el Trono de Gloria.

Atestigua en lo íntimo de tu corazón este testimonio que Dios mismo ha pronunciado para sí, que no hay otro Dios sino Él, que todo fuera de Él ha sido creado por su mandato, modelado por su consentimiento, está sujeto a su ley, es como una cosa olvidada cuando se le compara con las gloriosas muestras de su unicidad, y es como nada cuando se le enfrenta a las poderosas revelaciones de su unidad.

Él, ciertamente, ha sido, a través de la eternidad, único en su Esencia, único en sus atributos, único en sus obras. Toda comparación es sólo aplicable a sus criaturas, y todas las ideas de asociación son conceptos que pertenecen solamente a aquellos que le sirven. Su Esencia es inmensamente exaltada por encima de las descripciones de sus criaturas. Él solo ocupa la Sede de majestad trascendente, de suprema e inaccesible gloria. El ave del corazón humano, por muy alto que se remonte, nunca podrá esperar alcanzar las alturas de su incognoscible Esencia. Es Él quien ha llamado a existir a toda la creación, quien ha hecho que cada cosa tome vida por su mandato. ¿Debe, entonces, lo que ha nacido en virtud de la palabra que su Pluma ha revelado, la que ha dirigido el dedo de su Voluntad ser considerado como su asociado, o como una personificación de su Ser? Lejos sea de su gloria, que la pluma o la lengua del hombre haga alusión a su misterio, o que el corazón humano conciba su Esencia. Todos fuera de Él, se encuentran pobres y desolados delante de su puerta, todos son impotentes ante la grandeza de su poder, y todos no son más que esclavos en su Reino. Él es lo suficientemente rico como para prescindir de todas sus criaturas.

El lazo de servidumbre establecido entre el que adora y el Adorado, entre la criatura y el Creador, debería ser considerado, en sí mismo, como una prueba de su bondadoso favor hacia los hombres, y no como una indicación de algún mérito que pudieran tener. Esto lo atestigua todo creyente verdadero y discernidor.

XCV. Sabe que, de acuerdo con lo que tu Señor, el Señor de todos los hombres, ha prescrito en su libro, los favores conferidos por Él a la humanidad han sido y siempre serán ilimitados en su alcance. EL primero y más sobresaliente de estos favores que el Todopoderoso ha otorgado a los hombres, es el don del entendimiento. Su objetivo al conferir dicho don, no ha sido sino capacitar a su criatura para conocer y reconocer al Dios único y verdadero, ¡exaltada sea su gloria! Este don da al hombre el poder de discernir la verdad en todas las cosas, lo conduce hacia aquello que es justo y le ayuda a descubrir los secretos de la creación. Próximo en importancia es el poder de la visión, el instrumento principal mediante el cual su entendimiento puede funcionar. Los sentidos del oído, del corazón y otros similares deben, de igual manera, ser considerados entre los dones con que ha sido dotado el cuerpo humano. Inmensamente exaltado es el Todopoderoso, quien ha creado estos poderes y los ha revelado en el cuerpo del hombre.

Cada uno de estos dones es una muestra indudable de la majestad, el poder, el ascendiente, el conocimiento que todo lo abarca del Dios único y verdadero, ¡exaltada sea su gloria! Considera el sentido del tacto. Atestigua cómo se ha extendido su poder sobre todo el cuerpo humano. Mientras que los sentidos de la vista y oído están localizados cada uno en un centro particular, el sentido del tacto abarca todo el cuerpo humano. ¡Glorificado sea su poder, magnificada sea su soberanía!

Estos dones están inherentes en el hombre mismo. Aquel que predomina sobre todos los demás dones, que es incorruptible en su naturaleza y que pertenece sólo a Dios mismo, es el don de la Revelación Divina. Toda dádiva conferida al hombre por el Creador, ya sea material o espiritual, está subordinada a ésta. En su esencia es, y siempre será, el Pan que desciende del cielo. Es el supremo testimonio de Dios, la más clara demostración de su verdad, el signo de su plena generosidad, la señal de su misericordia que todo lo abarca, la prueba de su muy amorosa providencia, el símbolo de su perfecta gracia. Verdaderamente ha participado de este grandioso don de Dios, quien haya reconocido a su Manifestación en este Día.

Da gracias a tu Señor por haberte otorgado tan grandiosa dádiva. Levanta tu voz y di: ¡Toda alabanza sea para ti, oh Tú, el Deseo de todo corazón comprensivo!

XCVI. La Pluma del Altísimo llama sin cesar; y sin embargo, ¡cuán pocos son los que han prestado oído a su voz! Los moradores del reino de los nombres se han ocupado con la alegre vestimenta de este mundo, olvidando que todo hombre que tiene ojos para percibir y oídos para escuchar no puede sino reconocer cuán fugaces son sus colores.

Una nueva vida se agita, en esta época, dentro de todos los pueblos de la tierra; y sin embargo, nadie ha descubierto su causa ni comprendido su motivo. Considerad los pueblos de Occidente. Mirad cómo, en su búsqueda de lo vano y trivial, han sacrificado y siguen sacrificando incontables vidas por el establecimiento y la promoción de ello. Por otra parte, los pueblos de Persia, aun cuando son el repositorio de una clara y luminosa Revelación, la gloria de cuya grandeza y renombre ha abarcado el mundo entero, están desalentados y sumidos en un profundo letargo.

¡Oh amigos! No descuidéis las virtudes con que habéis sido dotados, ni seáis negligentes con vuestro alto destino. No permitáis que vuestros esfuerzos se pierdan a causa de las vanas imaginaciones que algunos corazones han ideado. Sois las estrellas del cielo del entendimiento, la brisa que sopla al amanecer, las fluyentes aguas de las cuales debe depender la vida misma de todos los hombres, las letras inscritas en Su pergamino sagrado. Con la mayor unidad y con un espíritu de perfecta fraternidad, esforzaos a fin de que podáis alcanzar aquello que es digno de este Día de Dios. Ciertamente os digo, contiendas, disensiones y cualquier otra cosa que la mente del hombre detesta, es indigno de su posición. Centrad vuestras energías en la propagación de la Fe de Dios. Quien sea digno de vocación tan elevada, que se levante y la promueva. Quien sea incapaz de hacerlo, tiene el deber de designar a quien, en su lugar, haya de proclamar esta Revelación, cuya fuerza ha hecho temblar las más poderosas estructuras, ha reducido a polvo todas las montañas y ha anonadado a todas las almas. Si la grandeza de este Día fuera revelada en toda su amplitud, todo ser humano abandonaría una miríada de vidas en su anhelo de participar, aunque sólo fuera por un momento, de su gran gloria, cuánto más este mundo y sus tesoros corruptibles.

Dejaos guiar por la sabiduría en todas vuestras acciones y aferraos tenazmente a ella. Quiera Dios que todos seáis fortalecidos para llevar a cabo aquello que es la Voluntad de Dios, y que seáis ayudados benévolamente a apreciar el grado conferido a aquellos de sus amados que se han levantado para servirle a Él y magnificar su nombre. Sobre ellos sea la gloria de Dios, la gloria de todo lo que está en los cielos y todo lo que está en la tierra, y la gloria de los moradores del más exaltado Paraíso, el cielo de los cielos.

XCVII. Considera las dudas que aquellos que han unido socios a Dios, han instilado en el corazón de la gente de esta tierra. Preguntaron: "¿Es posible que el cobre sea transmutado en oro?" Di: Sí, por mi Señor, es posible. Su secreto, sin embargo, permanece oculto en nuestro Conocimiento. Lo revelaremos a quien queramos. Quienquiera que dude de nuestro poder, que pida al Señor, su Dios, que Él le descubra el secreto y le asegure de su verdad. Que el cobre pueda ser transformado en oro, es en sí, prueba suficiente de que el oro puede igualmente ser transmutado en cobre, si eres de los que pueden comprender esta verdad. Se puede hacer que cualquier mineral adquiera la densidad, forma y sustancia de cualquier otro mineral. El conocimiento de ello está con Nosotros en el Libro Oculto.

XCVIII. Di: ¡Oh jefes de religiones! No peséis el Libro de Dios con las normas y ciencias que son corrientes entre vosotros, porque el Libro mismo es la balanza infalible establecida entre los hombres. En ésta muy perfecta balanza debe pesarse todo lo que poseen los pueblos y razas de la tierra, en tanto que la medida de su peso deberá ser comprobada según sus propias normas, si lo supierais.

El ojo de mi amorosa bondad llora amargamente por vosotros, ya que no habéis reconocido a Aquel a quien habéis estado llamando de día y de noche, al atardecer y de mañana. Avanza, oh pueblo, con rostros de nívea blancura y corazones radiantes hacia el bendito lugar carmesí, desde donde el Sadratu'l-Muntahá proclama; "¡Verdaderamente, no hay Dios fuera de mí, el Omnipotente Protector, el que Subsiste por sí mismo!"

¡Oh vosotros jefes de religiones! ¿Quién de entre vosotros es el hombre que pueda competir conmigo en visión o discernimiento? ¿Dónde se puede encontrar quién se atreva a sostener que es mi igual en palabra o sabiduría? ¡No, por mi Señor, el Todo Misericordioso! Cuanto hay en la tierra perecerá; y ésta es la faz de vuestro Señor, el Todopoderoso, el Bienamado.

Hemos decretado, oh pueblo, que el fin más alto y último de toda erudición sea el reconocimiento de Aquel quien es el Objeto de todo conocimiento; y, sin embargo, reflexionad cómo habéis permitido que vuestros conocimientos os hayan separado, como por un velo, de Aquel quien es la Aurora de esta Luz, por quien ha sido descubierta toda cosa oculta. Si sólo pudierais descubrir la fuente desde donde se difunde el resplandor de esta aseveración, desecharíais los pueblos del mundo y todo cuanto ellos poseen, y os acercaríais a esta más bendita Sede de gloria.

Di: Éste, verdaderamente, es el cielo en que se ha atesorado el Libro Madre, si sólo pudierais comprenderlo. Él es quien ha hecho que la Roca clame y la Zarza Ardiente eleve su voz, sobre el Monte que se alza en la Tierra Santa, y proclame: "¡El Reino es de Dios, el soberano Señor de todo, el Omnipotente, el Amoroso!"

No hemos asistido a escuela alguna, ni leído ninguna de vuestras disertaciones. Inclinad vuestros oídos a las palabras de este Iletrado, con las que os emplaza hacia Dios, el que Siempre Perdura. Esto para vosotros es mejor que todos los tesoros de la tierra, si sólo lo comprendierais.

XCIX. La vitalidad de la fe de los hombres en Dios, se está extinguiendo en todos los países; nada que no sea su saludable medicina podrá jamás restaurarla. La corrosión de la impiedad está carcomiendo las entrañas de la sociedad humana: ¿Qué otra cosa, sino el Elixir de su potente Revelación puede limpiarla y revivirla? ¿Está dentro del poder humano, oh Hakím, producir una transformación tan completa en los elementos constitutivos de cualquiera de las diminutas e indivisibles partículas de materia, como para transmutarlas en oro puro? La tarea aun mayor de convertir fuerza satánica en poder celestial, por desconcertante y difícil que esto parezca, es una tarea que Nosotros hemos sido habilitados para efectuar. La Fuerza capaz de tal transformación supera la potencia del Elíxir mismo. La sola Palabra de Dios puede vindicar la distinción de estar dotada de la capacidad requerida para un cambio tan grande y trascendental.

C. La voz del Heraldo Divino, que procede desde el Trono de Dios declara: ¡Oh vosotros, mis amados! No permitáis que la orla de mi sagrada vestidura sea mancillada y enlodada con las cosas de este mundo, y no sigáis las instigaciones de vuestros deseos malos y corruptos. La Aurora de la Revelación Divina, que brilla en la plenitud de su gloria en el cielo de esta Prisión, es mi testigo. Aquellos cuyos corazones están vueltos hacia Aquel quien es el Objeto de la adoración de toda la creación deben necesariamente, en este Día, trascender todas las cosas creadas, visibles e invisibles y estar santificados de ellas. Si se levantan para enseñar mi Causa, deben permitir que el hálito de Aquel quien es el Irrestringido les anime, y deben difundirla por toda la tierra con gran determinación, con mentes completamente centradas en Él y con corazones totalmente desprendidos de todas las cosas e independientes de ellas, y con almas santificadas de este mundo y de sus vanidades. Les incumbe escoger como mejor provisión para sus viajes, la confianza en Dios y ataviarse con el amor de su Señor, el Más Exaltado, el Todo Glorioso. Si así lo hacen, sus palabras tendrán influencia sobre sus oyentes.

¡Cuán grande, cuán inmensamente grande es el abismo que nos separa de aquellos que, en este Día, están ocupados con sus pasiones mundanas, y han puesto sus esperanzas en las cosas de la tierra y su efímera gloria! Muchas veces, la corte del Todo Misericordioso, parecía tan desprovista exteriormente de la riqueza de este mundo, que aquellos que vivían en íntima asociación con Él sufrían penosa indigencia. A pesar de sus padecimientos, la Pluma del Altísimo no ha deseado en ningún momento referirse, ni hacer la más ligera alusión, a las cosas que pertenecen a este mundo y a sus tesoros. Y si alguna vez le era presentado algún obsequio, éste era aceptado, como una muestra de su gracia hacia quien se lo ofrecía. Si alguna vez quisiéramos apropiarnos, para nuestro uso, de todos los tesoros de la tierra, a nadie se le ha dado el derecho de objetar nuestra autoridad o desafiar nuestro derecho. Sería imposible concebir una acción más despreciable que solicitar, en nombre del Dios único y verdadero, las riquezas que poseen los hombres.

Te incumbe a ti y a los seguidores de Aquel que es la Verdad Eterna, llamar a los hombres a todo lo que les santifique del apego a las cosas de la tierra y que les purifique de su contaminación, para que el dulce aroma de las vestiduras del Todo Glorioso pueda ser aspirado de todos aquellos que le aman.

Sin embargo, los que poseen riquezas, deben tener la mayor consideración para con los pobres, ya que grande es el honor destinado por Dios para los pobres que son firmes en paciencia. ¡Por mi vida! No hay otro honor, fuera del que Dios desee conceder, que pueda compararse con este honor. Grande es la bienaventuranza que espera a los pobres que soporten pacientemente y encubran sus padecimientos y venturosos son los ricos que donen riquezas a los necesitados y los prefieran a ellos antes que a sí mismos.

Conceda Dios que los pobres se esfuercen y luchen para ganar los medios de subsistencia. Éste es un deber que ha sido prescrito para todos en ésta, la más grande Revelación, y es considerado a la vista de Dios como una buena acción. Quienquiera que cumpla con este deber, ciertamente recibirá ayuda del Invisible. Él puede enriquecer mediante su gracia a quienquiera Él desee. Verdaderamente, Él tiene poder sobre todas las cosas....

Oh 'Alí, di a los amados de Dios que la equidad es la más fundamental de las virtudes humanas. La evaluación de todas las cosas debe depender necesariamente de ella. Medita un momento sobre las calamidades y aflicciones que este Prisionero ha soportado. Toda mi vida he estado a la merced de mis enemigos, y he sufrido cada día una nueva tribulación en el sendero del amor de Dios. He perseverado pacientemente hasta que la fama de la Causa de Dios se hubo difundido sobre la tierra. Si ahora alguien se levantara, incitado por las vanas imaginaciones que su corazón haya forjado, y se esforzara en sembrar abierta o secretamente las semillas de la disensión entre los hombres, ¿se puede decir que semejante hombre ha obrado con equidad? ¡No, por Aquel, cuyo poder se extiende sobre todas las cosas! ¡Por mi vida! Mi corazón gime y mis ojos lloran penosamente por la Causa de Dios y por aquellos que no entienden lo que dicen e imaginan lo que no pueden comprender.

Conviene a todos los hombres en este Día asirse firmemente del Más Grande Nombre y establecer la unidad de toda la humanidad. No hay donde huir, ni refugio que nadie pueda buscar sino Él. Si algún hombre fuera llevado a pronunciar palabras que hicieran al pueblo apartarse de las costas del ilimitado océano de Dios, y fijar sus corazones en cualquier cosa fuera de su Ser glorioso y manifiesto -que ha tomado una forma sujeta a las limitaciones humanas- este hombre, por muy elevada que sea la posición que ocupe, será denunciado por toda la creación como alguien que se ha privado de las dulces fragancias del Todo Misericordioso.

Di: ¡Sed equitativos en vuestro juicio, oh hombres de corazón comprensivo! Aquel que es injusto en su juicio carece de las características que distinguen la posición del hombre. Aquel quien es la Verdad Eterna conoce bien lo que ocultan los pechos de los hombres. Su longanimidad ha envalentonado a sus criaturas, por cuanto, hasta que no llegue el tiempo señalado, Él no rasgará ningún velo. Su incomparable misericordia ha reprimido la furia de su cólera y ha hecho imaginar a la mayoría de los hombres que el Dios único y verdadero no sabe lo que han cometido secretamente. ¡Por Aquel quien es el Omnisapiente, el Conocedor de Todo. El espejo de su conocimiento refleja con absoluta claridad, precisión y fidelidad las acciones de todos los hombres. Di: ¡La loanza a ti, oh Encubridor de los pecados de los débiles y desamparados! ¡Magnificado sea tu nombre, oh Tú que perdonas a los negligentes que te ofenden!

Hemos prohibido a los hombres que sigan las imaginaciones de sus corazones, para que puedan reconocer a Aquel quien es la soberana Fuente y el Objeto de todo conocimiento y aceptar todo lo que Él desee revelar. Mira cómo se han enredado en sus vanas fantasías y ociosas imaginaciones. ¡Por mi Vida! Ellos mismos son las víctimas de aquello que sus propios corazones han forjado y, no obstante, no pueden percibirlo. Vana e inútil es la palabra de sus labios y, sin embargo, no lo comprenden.

Imploramos a Dios que otorgue benévolamente su gracia a todos los hombres y les capacite para lograr conocimiento de Él y de sí mismos. ¡Por mi vida! Quienquiera que le haya conocido se remontará en la inmensidad de su amor y se desligará del mundo y de todo lo que hay en él. Nada en esta tierra le desviará de su camino, menos aún los que impulsados por sus vanas imaginaciones, dicen lo que Dios ha prohibido.

Di: Éste es el Día, en que todo oído necesariamente debe prestar atención a su voz. Escuchad el Llamado de este Agraviado y magnificad el nombre del Dios único y verdadero, adornaos con el ornamento de su recuerdo e iluminad vuestros corazones con la luz de su amor. Ésta es la llave que abre el corazón de los hombres, el bruñidor que limpiará el alma de todos los seres. Aquel que descuida lo que mana de los dedos de la Voluntad de Dios, vive en error evidente. Amistad y rectitud de conducta, y no disensión y maldad, son las señales de la verdadera fe.

Proclama a los hombres lo que Aquel quien habla la verdad y es el Fideicomisario de Dios te ha ordenado observar. Mi gloria sea contigo, oh tú que invocas mi nombre, que diriges tu mirada hacia mi corte y que expresas con tu lengua la alabanza de tu Señor, el Benéfico.

CI. El propósito que fundamenta la revelación de todo Libro sagrado, aun más, de todo verso divinamente revelado, es dotar a los hombres de rectitud y entendimiento para que la paz y tranquilidad puedan ser establecidas firmemente entre ellos. Todo lo que infunda confianza en los corazones de los hombres, y todo lo que enaltezca su posición o promueva su contento es aceptable a la vista de Dios. ¡Cuán elevada es la posición que el hombre puede alcanzar, si sólo eligiera cumplir con su alto destino! A qué profundidades de degradación puede hundirse, profundidades que ni la más vil de las criaturas jamás ha alcanzado! Asid, oh amigos, la oportunidad que este Día os ofrece, y no os privéis de las generosas efusiones de su gracia. Imploro a Dios que benévolamente permita a cada uno de vosotros, en este sagrado Día, adornaros con el ornamento de acciones puras y santas. Él, en verdad, hace todo lo que sea su voluntad.

CII. Poned oído atento, oh pueblo, a lo que Yo, en verdad, os digo. El Dios único y verdadero -exaltada sea su gloria- siempre ha considerado y continuará considerando a los corazones de los hombres como su posesión propia y exclusiva. Todo lo demás, ya pertenezca a la tierra o al mar, ya sea riqueza o gloria, Él lo ha legado a los reyes y gobernantes de la tierra. Desde el principio que no tiene principio, el estandarte que proclama las palabras "Él hace todo lo que sea su voluntad" ha sido desplegado en todo su esplendor delante de su Manifestación. Lo que la humanidad necesita en este día, es obediencia a aquellos que ejercen autoridad y fiel adhesión a la cuerda de sabiduría. Los instrumentos que son esenciales para la protección inmediata, la seguridad y paz de la raza humana, han sido confiados en manos de los gobernantes de la sociedad humana y están en su poder. Éste es el deseo de Dios y su decreto.... Abrigamos la esperanza que alguno de los reyes de la tierra, por Dios, se levante para el triunfo de este pueblo agraviado y oprimido. Semejante soberano será exaltado y glorificado eternamente. Dios ha prescrito a este pueblo el deber de ayudar a quienquiera les ayude, servir sus mejores intereses y demostrarle su lealtad perdurable. Aquellos que me siguen deben luchar en todas circunstancias para promover el bienestar de quienquiera que se levante para el triunfo de mi Causa y deben demostrar en todo momento su devoción y fidelidad hacia él. Feliz el hombre que escucha mi consejo y lo observa. ¡Ay! de aquel que no cumpla con mi deseo.

CIII. Por medio de su lengua que dice la verdad, Dios ha testificado en todas sus Tablas estas palabras: "Yo soy Aquel que vive en el Reino Abhá de Gloria".

¡Por la rectitud de Dios! Él, desde las alturas de esta sublime, esta santa, esta poderosa y eminente posición ve todo y oye todo, y en esta hora proclama: Bienaventurado eres, oh Javád, por cuanto has logrado lo que ningún hombre antes de ti ha logrado. ¡Juro por Aquel quien es la Verdad Eterna! Por ti se han alegrado los ojos de los moradores del Exaltado Paraíso. La gente, sin embargo, está completamente desatenta. Si reveláramos tu posición, los corazones de los hombres quedarían penosamente perturbados, sus pasos resbalarían, las personificaciones de la vanagloria quedarían atónitas, y se desplomarían, y por temor de oír, se taparían los oídos con los dedos de la negligencia.

No te apesadumbres por causa de aquellos que se han ocupado con las cosas de este mundo y han olvidado el recuerdo de Dios, el Más Grande. ¡Por Aquel quien es la Verdad Eterna! Se aproxima el día, cuando la indignada ira del Todopoderoso se apoderará de ellos. Verdaderamente Él es el Omnipotente, el que Todo Sojuzga, el Todopoderoso. Él limpiará el mundo de la contaminación de su corrupción, y lo hará un legado para aquellos de sus siervos que estén cerca de Él.

Di: ¡Oh pueblo! Que polvo llene vuestras bocas y cenizas cieguen vuestros ojos, por haber trocado al Divino José al más miserable precio. ¡Oh, qué miseria descansa sobre vosotros, que os habéis desviado tan lejos! ¿Habéis imaginado en vuestros corazones que tenéis el poder para aventajarle a Él y a su Causa? ¡Lejos estáis de ello! Así lo atestigua Él mismo, el Omnipotente, el Exaltadísimo, el Más Grande.

Pronto las ráfagas de su castigo golpearán sobre vosotros y os cubrirá el polvo del infierno. Aquellos hombres que, habiendo acumulado las vanidades y adornos de la tierra, se han alejado de Dios con desdén, ellos han perdido este mundo y el mundo venidero. Dentro de poco Dios, con la Mano del Poder, les arrancará sus posesiones y les despojará del manto de su generosidad. Esto pronto lo atestiguarán ellos mismos. Tú también serás testigo de ello.

Di: ¡Oh pueblo! No dejéis que esta vida y sus falacias os engañen, pues el mundo y todo lo que hay en él está asido firmemente en el puño de su Voluntad. Él concede su favor a quien Él quiera, y a quien Él quiera se lo quita. Él hace lo que desea. Si a su vista el mundo tuviera algún valor, Él de cierto, jamás habría permitido que sus enemigos lo poseyeran, ni siquiera en la medida de un grano de mostaza. Sin embargo, Él ha hecho que os enredéis en los asuntos del mundo en pago por lo que vuestras manos han forjado en su Causa. Esto es de hecho un castigo que vosotros por vuestra propia voluntad os habéis infligido, si sólo pudierais comprenderlo. ¿Os regocijáis con las cosas que, de acuerdo con el juicio de Dios, son despreciables e indignas, cosas con que Él pone a prueba los corazones de los que dudan?

CIV. ¡Oh vosotros, pueblos del mundo! Sabed en verdad que una calamidad imprevista os sigue, y os espera un doloroso castigo. No penséis que las acciones que habéis cometido han sido ocultas a mi vista. ¡Por mi belleza! Todas vuestras acciones han sido grabadas por mi Pluma, con caracteres claros sobre tablas de crisolita.

CV. ¡Oh reyes de la tierra! Ha venido Aquel quien es el soberano Señor de todo. El Reino es de Dios, el Protector omnipotente, el que Subsiste por sí mismo. No adoréis a nadie sino a Dios, y con corazones radiantes alzad vuestros rostros hacia vuestro Señor, Señor de todos los nombres. Ésta es una Revelación con la cual nada que poseéis podrá ser jamás comparada, silo supierais.

Vemos cómo os regocijáis por lo que habéis acumulado para otros, excluyéndoos de los mundos que sólo mi Tabla guardada puede calcular. Los tesoros que habéis acumulado os han alejado inmensamente de vuestro objetivo último. Esto es indigno de vosotros, si sólo pudieseis comprenderlo. Limpiad vuestros corazones de toda suciedad terrenal, y apresuraos a entrar en el Reino de vuestra Señor, Creador del cielo y de la tierra, quien hizo temblar al mundo y que se lamentaran todos sus pueblos, salvo aquellos que han renunciado a todo, aferrándose a lo que la Tabla Oculta ha ordenado.

Éste es el Día en que Aquel quien conversó con Dios ha alcanzado la luz del Antiguo de los Días y bebido las aguas puras de la reunión, de esta Copa que ha hecho crecer los mares. Di: ¡Por el Dios único y verdadero! Sinaí gira en torno a la Aurora de la Revelación, en tanto que de las alturas del Reino se oye la Voz del Espíritu de Dios que proclama: "Moveos, oh vosotros los orgullosos de la tierra e id presurosos hacia Él." El Carmelo, en este Día, se ha apresurado en vehemente adoración para alcanzar su corte, mientras que el corazón de Sión proclama: "La Promesa está cumplida. Aquello que había sido anunciado en la Santa Escritura de Dios, el Más Exaltado, el Todopoderoso, el Bienamado, se ha hecho manifiesto."

¡Oh reyes de la tierra! La Más Grande Ley ha sido revelada en este lugar, en este escenario de trascendente esplendor. Toda cosa oculta ha sido descubierta, en virtud de la Voluntad del Supremo Ordenador, Aquel que ha anunciado la Hora Final, por quien la Luna ha sido hendida, y expuesto todo decreto irrevocable.

¡No sois más que vasallos, oh reyes de la tierra! Aquel quien es el Rey de Reyes ha aparecido, ataviado con su muy maravillosa gloria, y os emplaza ante sí, el que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por sí mismo. Estad atentos, no sea que el orgullo os impida reconocer la Fuente de la Revelación; no sea que las cosas del mundo como un velo os separen de Aquel quien es el Creador del cielo. Levantaos y servid a Aquel quien es el Deseo de todas las naciones, quien os ha creado mediante una palabra suya, y ha ordenado que seáis, para siempre, los emblemas de su soberanía.

¡Por la rectitud de Dios! No es nuestro deseo adueñarnos de vuestros reinos. Nuestra misión es tomar y poseer los corazones de los hombres. En ellos están puestos los ojos de Bahá. De esto da testimonio el Reino de los Nombres, si pudierais comprenderlo. Quienquiera que siga a su Señor, renunciará al mundo y a todo cuanto hay en él; ¡cuánto mayor entonces, ha de ser el desprendimiento de Aquel quien ocupa tan augusta posición! Abandonad vuestros palacios y apresuraos para que seáis admitidos en su Reino. Esto, en verdad, os aprovechará tanto en este mundo como en el venidero. Esto lo atestigua el Señor del reino en lo alto, si lo supierais.

¡Cuán grande la bienaventuranza que espera al rey que se levanta para ayudar a mi Causa en mi Reino, y se desprenda de todo menos de mí! Tal rey se cuenta entre los compañeros del Arca Carmesí, Arca que Dios ha preparado para el pueblo de Bahá. Todos deben glorificar su nombre, reverenciar su posición y ayudarle a abrir las puertas de las ciudades con las llaves de mi Nombre, el omnipotente Protector de todos los que habitan los reinos visibles e invisibles. Tal rey es el ojo mismo de la humanidad, el luminoso ornamento de la frente de la creación, la fuente de bendiciones para el mundo entero. Oh pueblo de Bahá, ofrendad en su ayuda vuestros bienes, es más, vuestra vida misma.

CVI. El Médico Omnisciente tiene puesto su dedo en el pulso de la humanidad. Percibe la enfermedad y en su infalible sabiduría prescribe el remedio. Cada época tiene su propio problema y cada alma su aspiración particular. El remedio que el mundo necesita para sus aflicciones actuales no puede ser nunca el mismo que el que pueda requerir una edad siguiente. Preocupaos fervientemente con las necesidades de la edad en que vivís y centrad vuestras deliberaciones en sus exigencias y requerimientos.

Percibimos perfectamente cómo toda la raza humana está rodeada de grandes, de incalculables aflicciones. La vemos languidecer en su lecho de enfermos, severamente atribulada y desilusionada. Los que están embriagados con egoísmo vanidoso se han interpuesto entre ella y el divino e infalible Médico. Atestiguad cómo han envuelto a todos los hombres y a sí mismos en la red de sus artificios. No pueden ni descubrir la causa de la enfermedad, ni tampoco poseen ningún conocimiento del remedio. Han concebido que lo recto es torcido, y han imaginado que su amigo es un enemigo.

Prestad oídos a la dulce melodía de este Prisionero. Levantaos y dejad oír vuestras voces, para que quizás aquellos que están profundamente dormidos puedan ser despertados. Di: ¡Oh vosotros que estáis como muertos! La Mano de la generosidad divina os brinda el Agua de Vida. Apresuraos y tomad lo que podáis. Quien haya nacido de nuevo en este Día, nunca morirá; quien permanezca muerto nunca vivirá.

CVII. Aquel quien es vuestro Señor, el Todo Misericordioso, atesora en su corazón el deseo de ver a toda la raza humana como una alma y un cuerpo. Apresuraos en ganar vuestra porción de la bondadosa gracia y misericordia de Dios, en este Día que eclipsa todos los otros Días creados. ¡Cuán grande es la felicidad que espera al hombre que abandona todo lo que posee en su deseo por obtener las cosas de Dios! Atestiguamos que tal hombre está entre los venturosos de Dios.

CVIII. Tenemos un tiempo fijo para vosotros, oh pueblos. Si a la hora señalada no os volvéis hacia Dios, Él en verdad os asirá violentamente y hará que penosas aflicciones os acosen de todas direcciones ¡Cuán severo es, en verdad, el castigo con que entonces os castigará vuestro Señor!

CIX. ¡Oh Kamál! Las alturas que puede lograr el hombre mortal en este Día, mediante el munífico favor de Dios, aún no han sido reveladas a su vista. El mundo de la existencia nunca ha tenido, ni posee todavía la capacidad para tal revelación. Sin embargo, se aproxima el día en que las potencialidades de tan grandioso favor, por virtud de su mandato, serán manifestadas a los hombres. Aun si las fuerzas de las naciones se alinearan contra Él, aun silos reyes de la tierra se aliaren para socavar su Causa, la fuerza de su poder permanecerá inmutable. Él, verdaderamente, habla la verdad y llama a toda la humanidad hacia el camino de Aquel quien es el Incomparable, el Omnisciente.

Todos los hombres han sido creados para llevar adelante una civilización en continuo progreso. EL Todopoderoso es mi testigo: Actuar como las bestias del campo no es digno del hombre. Las virtudes que corresponden a su dignidad son indulgencia, misericordia, compasión, y amorosa bondad hacia todos los pueblos y razas de la tierra. Di: ¡Oh amigos! Bebed cuanto podáis de esta corriente cristalina que fluye por la gracia celestial de Aquel quien es el Señor de los Nombres. Dejad que en mi nombre, otros participen de sus aguas, para que los gobernantes de los hombres en todos los países puedan reconocer plenamente el propósito para el cual la Verdad Eterna ha sido revelada, y la razón por la cual ellos mismos han sido creados.

CX. El Gran Ser dice: ¡Oh vosotros, hijos de los hombres! El propósito fundamental que anima a la Fe de Dios y su Religión es proteger los intereses de la raza humana, promover su unidad, y estimular el espíritu de amor y fraternidad entre los hombres. No dejéis que se convierta en fuente de disensión y discordia, de odio y enemistad. Éste es el Sendero recto, el cimiento fijo e inamovible. Todo lo que sea erigido sobre este cimiento, los cambios y azares del mundo no podrán nunca menoscabar su resistencia, ni el transcurso de incontables siglos podrá socavar su estructura. Nuestra esperanza es que los jefes religiosos del mundo y sus gobernantes se levanten unidos para reformar esta edad y rehabilitar su destino. Que tomen consejo juntos después de haber meditado sobre sus necesidades, y suministren mediante deliberación ferviente y plena a un mundo enfermo y penosamente afligido el remedio que requiere.... Incumbe a quienes tienen autoridad observar moderación en todo. Todo lo que traspase los límites de la moderación cesará de ejercer influencia beneficiosa. Considerad, por ejemplo, cosas como la libertad, la civilización y otras. Por muy favorablemente que hombres de entendimiento las consideren, éstas, si son llevadas a exceso, ejercerán influencia perniciosa sobre los hombres.... Conceda Dios que los pueblos del mundo, como resultado de los elevados esfuerzos hechos por sus gobernantes y los sabios y eruditos entre los hombres, sean conducidos a reconocer lo que más les conviene. ¿Hasta cuándo persistirá la humanidad en su descarrío? ¿Hasta cuándo continuará la injusticia? ¿Hasta cuándo reinarán el caos y la confusión entre los hombres? ¿Hasta cuándo agitará la discordia la faz de la sociedad? Los vientos de la desesperación, lamentablemente, soplan desde todas direcciones, y la contienda que divide y aflige a la raza humana crece día a día. Los signos de convulsiones y caos inminentes pueden discernirse ahora, por cuanto el orden prevaleciente resulta ser deplorablemente defectuoso. Imploro a Dios, exaltada sea su gloria, que benévolamente despierte a los pueblos de la tierra, que conceda que el resultado de su conducta les sea provechoso, y les ayude a realizar lo que es digno de su posición.

CXI. ¡Oh pueblos y razas contendientes sobre la tierra! Dirigid vuestros rostros hacia la unidad y dejad que el fulgor de su luz brille sobre vosotros. Reuníos y por amor a Dios, decidíos a extirpar todo lo que sea fuente de discordia entre vosotros. Entonces, el resplandor del gran Lucero del mundo envolverá a toda la tierra y sus habitantes llegarán a ser los ciudadanos de una sola ciudad y los ocupantes de un solo trono. Siempre, desde los primeros días de su vida, este Agraviado no ha tenido ningún deseo más que éste ni sentirá anhelo alguno que no sea éste. Es indudable que los pueblos del mundo de cualesquiera raza o religión derivan su inspiración de una sola fuente celestial y son los súbditos de un solo Dios. La diferencia entre las ordenanzas bajo las que viven debe ser atribuida a los requisitos y exigencias variables de la época en que fueron reveladas. Todas ellas, excepto de unos pocos, que son producto de la perversidad humana, fueron ordenadas por Dios y son el reflejo de su Voluntad y Propósito. Levantaos, y armados con el poder de la fe, despedazad a los dioses de vuestras vanas imaginaciones, los sembradores de disensión entre vosotros. Aferraos a aquello que os junte y una. Esto es, en verdad, la más exaltada Palabra que el Libro Madre ha enviado y revelado a vosotros. Esto lo atestigua la Lengua de Grandeza desde su morada de gloria.

CXII. Ved los disturbios que por muchos años han afligido a la tierra y la perturbación que ha conmovido a sus pueblos. O ha sido asolada por guerras, o bien, atormentada por calamidades repentinas e imprevistas. A pesar de que el mundo está rodeado de miseria y sufrimiento, ningún hombre se ha detenido a reflexionar cuál puede ser la causa o fuente de ello. Cada vez que el Verdadero Consejero pronunciaba una palabra en amonestación, he aquí que todos le denunciaban como autor de maldad y rechazaban su proclamación. ¡Cuán incomprensible y desconcertante es tal conducta! No se encuentran ni dos hombres de quienes pueda decirse que están unidos interior y exteriormente. Las señales de discordia y maldad son evidentes en todas partes, a pesar de que todos fueron creados para la armonía y la unión. El Gran Ser dice: ¡Oh bienamados! El tabernáculo de la unidad ha sido levantado; no os miréis como extraños los unos a los otros. Sois los frutos de un solo árbol y las hojas de una sola rama. Abrigamos la esperanza que la luz de la justicia brille sobre el mundo y que lo purifique de la tiranía. Si los gobernantes y reyes de la tierra, los símbolos del poder de Dios - exaltada sea su gloria- se levantan y deciden dedicarse a lo que promueve los más altos intereses de toda la humanidad, el reinado de la justicia, ciertamente, será establecido entre los hijos de los hombres y el fulgor de su luz envolverá toda la tierra. El Gran Ser dice: La estructura de la estabilidad y el orden mundiales ha sido erigida sobre los pilares gemelos de recompensa y castigo y continuarán siendo sostenidas por ellos. En otro pasaje Él ha escrito: ¡Prestad atención, oh concurso de gobernantes del mundo! No hay fuerza en la tierra que pueda igualarse en su poder conquistador a la fuerza de justicia y sabiduría.... Bienaventurado es el rey que marcha con la insignia de la sabiduría desplegada al frente y con los batallones de la justicia alineados detrás de él. Él es, en verdad, el ornamento que adorna la frente de la paz y el semblante de la seguridad. No hay ninguna duda que si el sol de la justicia que las nubes de la tiranía han oscurecido derramara su luz sobre los hombres, la faz de la tierra sería completamente transformada.

CXIII. ¿Imaginas, oh Ministro del Sháh en la Ciudad (Constantinopla), que Yo tengo en mis manos el destino final de la Causa de Dios? ¿Piensas que mi encarcelamiento o la vergüenza que he tenido que soportar, o aun mi muerte y completa aniquilación, pueden desviar su curso? ¡Miserable es lo que has imaginado en tu corazón! Tú eres ciertamente de aquellos que siguen las vanas imaginaciones que forjan sus corazones. No hay Dios sino Él. Potente es Él para manifestar su Causa, y para exaltar su testimonio, y para establecer todo lo que sea su Voluntad, y para elevarla a una posición tan eminente que ni tus propias manos ni las de los que se han apartado de Él no podrán jamás tocar o dañarla.

¿Crees que tú tienes el poder de frustrar su Voluntad, de impedirle ejecutar su juicio o de no dejarle ejercer su soberanía? ¿Pretendes tú que algo en los cielos o en la tierra pueda resistir su Fe? ¡No, por Aquel quien es la Verdad Eterna! Nada, en toda la creación, puede desbaratar su Propósito. Desecha, por tanto, la vana presunción que Sigues, pues la mera presunción no podrá jamás tomar el lugar de la verdad. Sé tú de aquellos que de verdad se han arrepentido y han vuelto a Dios, el Dios que te ha creado, que te ha alimentado y que te ha hecho un ministro entre los que profesan tu fe.

Sabe además que Él es quien, por su propio deseo ha creado todo lo que está en los cielos y todo lo que está en la tierra. ¿Cómo puede, entonces, lo que ha sido creado por su mandato, vencerle a Él? ¡Muy exaltado es Dios sobre lo que vosotros podéis imaginar de Él, vosotros pueblo de malicia! Si esta Causa es de Dios ningún hombre puede derrotarla; y si no es de Dios, los teólogos entre vosotros, los que siguen sus deseos corruptos, y quienes se han rebelado contra Él, por cierto, bastarían para vencerla.

¿No has escuchado lo que un hombre de la familia de Faraón, un creyente, ha dicho antaño, y que Dios contó a su Apóstol, a quien Él ha elegido sobre todos los seres humanos, ha confiado su Mensaje y ha hecho la fuente de su misericordia hacia todos los que moran en la tierra? Él dijo, y Él ciertamente habla la verdad: "¿Mataréis a un hombre, porque dice mi Señor es Dios, cuando ya ha venido con pruebas de su misión? Si es un mentiroso, sobre él será su mentira, pero si es un hombre de verdad, al menos parte de lo que amenaza caerá sobre vosotros". Esto es lo que Dios ha revelado a su Bienamado, en su Libro infalible.

Y sin embargo, no habéis dado oídos a su llamado, habéis desatendido su ley, habéis rechazado su consejo, como está registrado en su Libro, y habéis sido de los que se han desviado lejos de Él. ¡Cuántos son aquellos que cada año y cada mes han sido muertos a causa de vosotros! ¡Cuán múltiples las injusticias que habéis perpetrado; injusticias como que los ojos de la creación no han visto, que ningún cronista jamás ha registrado! ¡Cuán numerosos los niños y criaturas que quedaron huérfanos, y los padres que perdieron a sus hijos a causa de vuestra crueldad, oh vosotros, los injustos! ¡Cuán a menudo la hermana se ha desconsolado y ha llorado la muerte de su hermano, y cuántas veces la esposa ha lamentado la desaparición de su esposo y único sostenedor!

Vuestra iniquidad crecía cada vez más hasta que matasteis a Aquel que nunca había quitado su vista de la faz de Dios, el Exaltadísimo, el Más Grande. ¡Si por lo menos le hubierais muerto de la manera que los hombres suelen matarse! Le matasteis empero en tales circunstancias que ningún hombre ha presenciado jamás. Los cielos lloraron penosamente por Él y las almas de aquellos que están cerca de Dios clamaron por su aflicción. ¿No era Él un Vástago de la Antigua Casa de vuestro Profeta? ¿No se había difundido entre vosotros su fama de descendiente directo del Apóstol? ¿Por qué, entonces, infligisteis sobre Él lo que ningún hombre, por lejos que miréis atrás en el pasado, ha infligido sobre otro? ¡Por Dios! ¡El ojo de la creación no ha visto a alguien como vosotros! ¡ Matáis a Aquel quien es el Vástago de la Casa de vuestro Profeta y os regocijáis y divertís mientras estáis sentados en vuestros asientos de honor! ¡Pronunciáis vuestras imprecaciones contra los que fueron antes de vosotros, y que han perpetrado lo que vosotros habéis perpetrado, y permanecéis todo el tiempo sin daros cuenta de vuestras atrocidades!

Sed justos en vuestro juicio. ¿Aquellos a quienes maldecís, sobre quienes invocáis el mal, actuaron en forma diferente de vosotros? ¿No han muerto al descendiente de su Profeta así como vosotros habéis muerto al descendiente del vuestro? ¿No es vuestra conducta similar a la de ellos? ¿Cómo, entonces, pretendéis ser diferentes de ellos, oh vosotros, sembradores de disensión entre los hombres?

Y cuando le quitasteis la vida, uno de sus seguidores se levantó para vengar su muerte. Era un desconocido, y el propósito que había concebido no fue notado por nadie. Éste, al fin, efectuó lo que fuera preordinado. Os incumbe, por lo tanto, no culpar a nadie sino a vosotros mismos por lo que habéis cometido, si juzgáis con rectitud. ¿Quién en toda la tierra ha hecho lo que vosotros habéis hecho? ¡Nadie, por Aquel quien es el Señor de todos los mundos!

Todos los gobernantes y reyes de la tierra honran y reverencian a los descendientes de sus profetas y santos, si sólo pudierais comprenderlo. Vosotros, en cambio, sois responsables de hechos tales que en ninguna época ha cometido hombre alguno. Vuestros delitos han sido la causa de que todo corazón comprensivo se consuma de dolor. Y sin embargo, habéis permanecido sumidos en vuestra negligencia y no habéis comprendido la iniquidad de vuestras acciones.

Habéis persistido en vuestro descarrío hasta que os levantasteis contra Nosotros, aunque no habíamos hecho nada que justificara vuestra enemistad. ¿No teméis a Dios, quien os ha creado, quien os ha modelado, quien os ha hecho lograr vuestra fuerza y quien os ha unido con aquellos que se han resignado a Él (musulmanes)? ¿Hasta cuándo persistiréis en vuestro descarrío? ¿Hasta cuándo rehusaréis reflexionar? ¿Hasta cuándo no sacudiréis vuestro letargo y os despertaréis de vuestra negligencia? ¿Hasta cuándo permaneceréis inconscientes de la verdad?

Ponderad en vuestros corazones. A pesar de vuestro comportamiento y de lo que vuestras manos han forjado, ¿habéis conseguido extinguir el fuego de Dios o apagar la luz de su Revelación, una luz que ha envuelto con su brillo a aquellos que están sumergidos en los ondulantes océanos de la inmortalidad, y que ha atraído a las almas de los que verdaderamente creen y sostienen su unidad? ¿No sabéis que la Mano de Dios está por sobre vuestra mano, que su irrevocable Decreto trasciende todas vuestras maquinaciones, que Él es supremo sobre sus siervos, que Él es capaz de cumplir su propósito, que Él hace lo que desea, que Él no debe ser interrogado sobre lo que es su voluntad, que Él ordena lo que le place, que Él es el Más Poderoso, el Omnipotente? ¿Si creéis que esto es la verdad, por qué entonces no cesáis en vuestra agitación y vivís en paz con vosotros mismos?

Vosotros perpetráis cada día una nueva injusticia y me tratáis como me tratasteis en épocas pasados, aunque jamás intenté entrometerme en vuestros asuntos. Nunca me opuse a vosotros, ni me rebelé contra vuestras leyes. ¡He aquí que finalmente me hicisteis prisionero en esta lejana tierra! Sin embargo, sabed ciertamente que nada que vuestras manos o las manos de los infieles hayan forjado jamás pudo en el pasado, ni jamás podrá en el futuro cambiar la Causa de Dios ni alterar sus procedimientos.

¡Prestad atención a mi advertencia, vosotros, pueblo de Persia! Si soy muerto por vuestras manos, de cierto, Dios levantará a alguien que ocupará el asiento hecho vacante por mi muerte, porque tal es el método que Dios ha llevado a efecto antaño, y no podréis encontrar cambio en el método de proceder de Dios. ¿Tratáis de extinguir la luz de Dios que brilla sobre su tierra? Dios está contra lo que deseáis. Él perfeccionará su luz a pesar de que vosotros la aborrecéis en lo íntimo de vuestros corazones.

Detente por un momento y reflexiona, oh Ministro, y sé justo en tu juicio. ¿Qué hemos cometido que pueda justificar que tú nos hayas difamado ante los Ministros del Rey, que hayas seguido tus deseos, tergiversado la verdad y expuesto tus calumnias contra Nosotros? Nunca nos hemos conocido excepto cuando nos encontramos en la casa de tu padre en los días en que se conmemoraba el martirio del Imán Husayn. En esas ocasiones nadie tenía la oportunidad para hacer conocer a otros sus opiniones o creencias ni en conversación ni en discurso. Atestiguarás la verdad de mis palabras si eres de los veraces. No he frecuentado otras reuniones en las que pudieras haber conocido mi pensamiento ni en que ningún otro pudiera haberlo hecho. ¿Cómo entonces pronunciaste tu veredicto contra mí, cuando no habías escuchado mi testimonio de mis propios labios? ¿No has escuchado lo que Dios, exaltada sea su gloria, ha dicho, "No digáis a nadie que os salude al encontraros: Tú no eres un creyente". "No rechacéis a aquellos que en la mañana y en la noche suplican a su Señor, ansiosos de contemplar su faz." ¡Tú, en verdad, has abandonado lo que el Libro de Dios ha prescrito y no obstante consideras que eres un creyente!

A pesar de lo que has hecho -y de esto Dios es mi testigo- no tengo rencor contra ti ni contra nadie, aunque de ti y de otros recibimos tal daño que ningún creyente en la unidad de Dios podría soportar. Mi causa no está en manos de nadie sino Dios y mi confianza no está en ningún otro más que en Él. Dentro de poco acabarán vuestros días así como pasarán los días de aquellos que vanaglorian con exorbitante orgullo ante sus semejantes. ¡Pronto seréis juntados en presencia de Dios, y seréis interrogados sobre vuestras acciones y tendréis el pago por lo que vuestras manos han forjado y desdichada es la morada de los hacedores de iniquidad!

¡Por Dios! Si pudieras darte cuenta de lo que has hecho, seguramente llorarías tristemente por ti mismo, huirías para refugiarte hacia Dios, te desconsolarías y te lamentarías todos los días de tu vida hasta que Dios te perdonara, pues Él es en verdad el Más Generoso, el Todo Munífico. Tú, sin embargo, persistirás en tu negligencia hasta la hora de tu muerte, por cuanto tú, con todo tu corazón, tu alma y más íntimo ser, te has ocupado con las vanidades del mundo. Tú, después de tu partida, descubrirás lo que te hemos revelado y encontrarás todas tus acciones registradas en el Libro, en el cual se anotan las obras de todos los que viven en la tierra, sean éstas mayores o menores que el peso de un átomo. Atiende, por tanto, mi consejo y escucha con el oído de tu corazón mis palabras y no las descuides, ni seas de aquellos que rechazan mi verdad. No te gloríes en las cosas que te han sido dadas. Pon ante tus ojos lo que ha sido revelado en el Libro de Dios, el que Ayuda en el Peligro, el Todo Glorioso: "Y cuando habían olvidado sus advertencias, les abrimos las puertas de todas las cosas", así como te abrimos a ti y a tus iguales las puertas de esta tierra y de los ornamentos de ella. Aguarda, por tanto, lo que ha sido prometido en la última parte de este santo verso, pues ésta es una promesa de Aquel quien es el Todopoderoso, el Omnipotente, una promesa que no resultará ser falsa.

No conozco el sendero que habéis escogido y que holláis, ¡oh congregación de los que me desean el mal! ¡Os emplazamos a Dios, os recordamos su Día, os anunciamos las nuevas de vuestra reunión con Él, os atraemos a su corte y os enviamos señales de su maravillosa sabiduría, y aun así, ves cómo nos rechazáis, cómo nos condenáis como a un infiel mediante lo que vuestros labios mentirosos han pronunciado, cómo tramáis vuestras maquinaciones contra Nosotros! Y cuando os manifestamos lo que Dios por su munífico favor, nos ha concedido, decís "Esto no es sino magia evidente". Las mismas palabras fueron dichas por las generaciones anteriores a vosotros, que eran lo que sois vosotros, si sólo pudierais comprenderlo. Con esto, os habéis privado de la munificencia de Dios y de su gracia, y jamás las obtendréis hasta el día en que Dios haya juzgado entre Nosotros y vosotros, y Él, ciertamente, es el mejor de los jueces.

Algunos de entre vosotros han dicho: "Él es quien ha pretendido ser Dios". ¡Por Dios! Ésta es una grave calumnia. No soy sino un siervo de Dios que ha creído en Él, y en sus signos, y en sus profetas y en sus ángeles. Mi lengua, y mi corazón, y mi ser interior y exterior atestiguan que no hay Dios sino Él, que todos los demás han sido creados por su mandato y modelados por la acción de su Voluntad. No hay otro Dios sino Él, el Creador, el Resucitador de los muertos, el Vivificador, el que da muerte. Yo soy aquel que esparce los favores con que Dios, por su munificencia, me ha favorecido. Si ésta es mi transgresión, entonces soy ciertamente el primero de los transgresores. Yo y mis parientes estamos a vuestra merced. Haced lo que os plazca y no seáis de los que vacilan, para que Yo pueda volver a Dios mi Señor, y alcanzar el lugar donde Yo no pueda ver ya vuestras caras. Esto, verdaderamente, es mi mayor anhelo, mi más ardiente deseo. De mi condición Dios es, ciertamente, informado, observante.

¡Imagina que estás bajo los ojos de Dios, oh Ministro! Si no le ves, en verdad, Él te ve claramente. Observa y juzga nuestra Causa con justicia. ¿Qué hemos cometido que haya podido inducirte a levantarte contra Nosotros, y calumniarnos ante la gente si eres de los que son justos? Partimos de Tihrán por mandato del Rey, y con su permiso, trasladamos nuestra residencia a 'Iráq. ¿Si hubiese transgredido contra él, por qué entonces me liberó? ¿Si estaba libre de culpa, por qué razón nos afligisteis con tales tribulaciones que nadie entre los que profesan vuestra fe ha sufrido? ¿Ha sido alguna de mis acciones, después de mi llegada a 'Iráq, tal que haya subvertido la autoridad del gobierno? ¿Quién puede decir que ha percibido algo reprensible en nuestro comportamiento? Averigua tú mismo de su pueblo, para que puedas ser de aquellos que han discernido la verdad.

Durante once años vivimos en esa tierra, hasta que llegó el Ministro que representaba a tu gobierno, cuyo nombre mi pluma abomina mencionar, quien era dado a la bebida, quien seguía sus pasiones, y cometía iniquidad, y era corrupto y corrompía a 'Iráq. Esto lo atestiguarán los más de los habitantes de Baghdád, si inquirieras de ellos y fueras de los que buscan la verdad. Fue él quien se apoderó ilícitamente de los bienes de sus congéneres, quien abandonó todos los mandamientos de Dios, y perpetró todo lo que Dios ha prohibido. Finalmente, siguiendo sus deseos, se levantó contra Nosotros y caminó en el sendero de los injustos. En su carta dirigida a ti nos acusó, y tú le creíste y seguiste su camino, sin buscar de él ninguna prueba ni testimonio fidedigno. No pediste ninguna explicación ni trataste de investigar o averiguar el asunto, para que la verdad pueda ser distinguida de la falsedad a tu vista y puedas ser claro en tu discernimiento. Indaga tú mismo qué clase de hombre era, consultando a los Ministros que estaban en ese tiempo en 'Iráq, como asimismo al Gobernador de la Ciudad (Baghdád), a su primer Consejero, para que la verdad te sea revelada y seas de los bien informados.

¡Dios es nuestro testigo! Nosotros, en ninguna circunstancia, hemos demostrado oposición a él ni a otros. Observamos, en todas condiciones los preceptos de Dios y nunca fuimos uno de aquellos que hacían desórdenes. Esto lo atestigua él mismo. Su intención era prendernos y enviarnos de vuelta a Persia, para poder así exaltar su fama y reputación. Tú has cometido el mismo crimen y con el mismo propósito. Ambos son de un mismo grado a la vista de Dios, el soberano Señor de todo, el Omnisciente.

No es nuestro propósito al dirigirte estas palabras aliviar el peso de nuestra aflicción, o inducirte a interceder por Nosotros ante nadie. ¡No, por Aquel quien es el Señor de todos los mundos! Hemos expuesto todo este asunto ante ti, para que quizá te des cuenta de lo que has hecho, desistas de infligir a otros el daño que tú nos has infligido, y seas de aquellos que se han arrepentido verdaderamente ante Dios, quien te creó a ti y todas las cosas y finalmente actúes con discernimiento en el futuro. Esto es mejor para ti que todo lo que tú posees, que tu ministerio cuyos días están contados.

Ten cuidado, no seas inducido a tolerar la injusticia. Asienta tu corazón sobre la justicia, y no alteres la Causa de Dios, y sé de aquellos cuyos ojos están dirigidos hacia las cosas que han sido reveladas en su Libro. No sigas, en ninguna circunstancia, los impulsos de tus malos deseos. Guarda la ley de Dios, tu Señor, el Benéfico, el Antiguo de los Días. Tú, con toda seguridad volverás al polvo y perecerás como todas las cosas con que te deleitas. Esto lo ha dicho la Lengua de verdad y gloria.

¿No recuerdas la advertencia de Dios, pronunciada en tiempos pasados, para que seas de aquellos que acatan su advertencia? Él dijo, y Él ciertamente, habla la verdad: "De ella (la tierra) os hemos creado y a ella os volveremos y de ella os sacaremos una segunda vez". Esto es lo que Dios ha ordenado para todos los que moran en la tierra, sean elevados o humildes. No incumbe, por tanto, a quien fue creado del polvo, quien volverá a éste, y será nuevamente sacado de él, llenado de orgullo ante Dios y ante sus amados, menospreciarles altivamente, y estar lleno de desdeñosa arrogancia. No, más bien te incumbe a ti y a aquellos semejantes a ti, someteros a quienes son las manifestaciones de la unidad de Dios, y ceder humildemente a los fieles, que han abandonado todo por causa de Dios, y se han desprendido de las cosas que absorben la atención de los hombres y los desvían lejos del sendero de Dios, el Todo Glorioso, el Todo Alabado. Así os enviamos lo que os aprovechará y aprovechará a quienes han puesto toda su fe y confianza en su Señor.

CXIV. Escucha, oh Rey (Sultán 'Abdu'l-'Azíz) la palabra de Aquel quien habla la verdad, quien no te pide que le recompenses con las cosas que Dios ha escogido conferirte, quien, sin errar, holla el recto Sendero. Él es quien te emplaza a Dios, tu Señor, quien te muestra el rumbo correcto, el camino que lleva a la verdadera felicidad, para que quizá seas de aquellos con quienes será el bien.

Ten cuidado, oh Rey, no te rodees de aquellos ministros que siguen los deseos de una inclinación corrupta, que ha desechado lo que ha sido entregado a sus manos y traicionado manifiestamente sus responsabilidades. Sé generoso con los demás como Dios ha sido generoso contigo y no abandones los intereses de tu pueblo a merced de ministros como éstos. No deseches el temor a Dios y sé de los que obran con rectitud. Rodéate de ministros de quienes podéis percibir la fragancia de fe y justicia, toma consejo con ellos, y escoge lo que sea lo mejor a tu vista, y sé de los que obran con generosidad.

Sabe con certeza que quienquiera que no crea en Dios no es digno de confianza ni veraz. Esto es de hecho la verdad, la indudable verdad. Quien obra traidoramente hacia Dios obrará también traidoramente hacia su rey. Nada puede apartar a este hombre del mal, nada puede impedirle traicionar a su prójimo, nada puede inducirle a actuar con rectitud.

Ten cautela, no entregues las riendas de los asuntos de tu estado en manos de otros y no pongas tu confianza en ministros indignos de tu crédito, y no seas de aquellos que viven en negligencia. Aborrece a aquellos cuyos corazones se han apartado de ti, no pongas tu confianza en ellos ni les confíes tus asuntos ni los asuntos de los que profesan tu fe. Está alerta, no sea que permitas que el lobo llegue a ser pastor del rebaño de Dios, y no abandones el destino de sus amados a merced de los malvados. No esperes que aquellos que violan las ordenanzas de Dios sean veraces ni sinceros en la fe que profesan. Evítalos y mantén guardia estricta sobre ti, no sea que sus maquinaciones y maldades te dañen. Apártate de ellos y fija tu mirada en Dios, tu Señor, el Todo Glorioso, el Más Generoso. Aquel que se entrega por completo a Dios, ciertamente, Dios estará con él y aquel que pone toda su confianza en Dios, verdaderamente, Él le protegerá de todo lo que pueda dañarle y le escudará de la iniquidad de todo tramador de mal.

Si pusieres oídos a mi voz y observares mi consejo, Dios te exaltará a tan eminente posición, que los designios de ningún hombre sobre la tierra no podrán nunca tocarte ni lastimarte. Observa, oh Rey, con lo más íntimo de tu corazón y con todo tu ser, los preceptos de Dios y no camines por las sendas del opresor. Toma las riendas de los asuntos de tu pueblo y sosténlas firmes en la mano de tu poder, y examina personalmente cualquier cosa que les concierna. Que nada se te escape, pues en ello está el bien supremo.

Da gracias a Dios por haberte escogido a ti del mundo entero y haberte hecho rey de aquellos que profesan tu fe. Te corresponde apreciar los maravillosos favores con que Dios te ha favorecido y magnificar continuamente su nombre. Le alabarás de la mejor manera si amas a sus amados y resguardas y proteges a sus siervos de la maldad de los pérfidos, para que nadie los siga oprimiendo. Deberías, además, levantarte a imponer la ley de Dios entre ellos, para que seas de aquellos que están firmemente establecidos en su ley.

Si tú hicieras que ríos de justicia difundieran sus aguas entre tus súbditos, Dios de seguro te ayudaría con las huestes de lo invisible y de lo visible, y te fortalecería en tus asuntos. No hay Dios sino Él. Toda la creación y su imperio son suyos. A Él vuelven las obras de los fieles.

No te confíes en tus tesoros. Pon toda tu fe en la gracia de Dios, tu Señor. Que Él sea tu confianza en todo lo que hagas, y sé de aquellos que se han sometido a su Voluntad. Deja que Él sea tu ayuda y enriquécete con sus tesoros, pues con Él están los tesoros de los cielos y de la tierra. Él los concede a quien quiere, y de quien quiere los retiene. No hay otro Dios sino Él, el Poseedor de Todo, el Todo Alabado. Todos son sólo indigentes ante la puerta de su Misericordia; todos son impotentes ante la revelación de su soberanía, e imploran sus favores.

No sobrepases los límites de la moderación, y procede justamente con aquellos que te sirven. Dales lo que esté de acuerdo con sus necesidades, pero no lo que les permita acumular riquezas para adornarse a sí mismos, embellecer sus hogares, adquirir cosas que no son de ningún beneficio para ellos, y ser contados entre los extravagantes. Procede con ellos con justicia inflexible, de modo que ninguno sufra privación ni sea mimado con lujos. Esto no es sino justicia manifiesta.

No permitas que el abyecto gobierne y domine a aquellos que son nobles y dignos de honor, y no dejes que los magnánimos estén a merced de los despreciables e indignos, pues esto es lo que Nosotros observamos a nuestra llegada a la Ciudad (Constantinopla), y esto lo atestiguamos. Encontramos entre sus habitantes algunos que poseían fortuna opulenta y vivían en medio de riquezas excesivas, en tanto que otros estaban en penosa necesidad y pobreza miserable. Esto es impropio de tu soberanía e indigno de tu posición.

Que mi consejo sea aceptable para ti, y esfuérzate en gobernar con equidad entre los hombres, para que Dios exalte tu nombre y difunda la fama de tu justicia en todo el mundo. Ten cuidado, no sea que enriquezcas a tus ministros a expensas de tus súbditos. Teme los suspiros de los pobres y de los rectos de corazón, quienes al amanecer de cada día deploran su condición, y sé para ellos un soberano benigno. Ellos, en verdad, son tus tesoros sobre la tierra. Te atañe, por tanto, proteger tus tesoros de los asaltos de aquellos que desean saquearte. Inquiere sus asuntos e indaga cada año, no, más, aun, cada mes, su situación, y no seas de aquellos que son desatentos con sus deberes.

Pon ante tus ojos la infalible Balanza de Dios, y como si estuvieras en su Presencia, pesa en esa Balanza tus acciones cada día, cada momento de tu vida. Haz un examen de conciencia antes que seas llamado a rendir cuenta, en el Día en que ningún hombre tendrá fuerza para sostenerse por temor a Dios, en que se hará estremecer los corazones de los desatentos.

Incumbe a todo rey ser tan generoso como el sol, que estimula el crecimiento de todos los seres y da a cada uno lo que merece, cuyos beneficios no son inherentes en sí, sino que son ordenados por Aquel quien es el Omnipotente, el Todo Poderoso. El Rey debería ser tan generoso, tan munífico en su misericordia como las nubes, las efusiones de cuya generosidad son derramadas sobre todas las tierras, por el mandato de Aquel quien es el Supremo Ordenador, el Omnisapiente.

Ten cuidado de no confiar los asuntos de tu gobierno enteramente en manos de otro. Nadie puede cumplir tus funciones mejor que tú mismo. Así te aclaramos nuestras palabras de sabiduría y te enviamos aquello que te permitirá pasar de la siniestra de la opresión a la diestra de la justicia y aproximarte al resplandeciente océano de sus favores. Así es el sendero que los reyes que fueron antes de ti han hollado, aquellos que actuaron equitativamente con sus súbditos y caminaron por los caminos de inflexible justicia.

Tú eres la sombra de Dios en la tierra. Por lo tanto, esfuérzate en actuar de manera tal que corresponda a una posición tan augusta. Si dejas de seguir las cosas que hemos hecho descender sobre ti y te hemos enseñado, ciertamente menoscabarás este grande e inapreciable honor. Vuelve entonces y aférrate enteramente a Dios, y limpia tu corazón del mundo y todas sus vanidades, y no permitas que el amor hacia un extraño entre y more en él. Mientras no hayas purificado tu corazón de todo vestigio de ese amor, el brillo de la luz de Dios no podrá derramar su resplandor sobre él, porque Dios no ha dado a nadie más que un solo corazón. Verdaderamente, esto ha sido decretado y escrito en su antiguo Libro. Y ya que el corazón humano, como ha sido modelado por Dios, es uno e indiviso, te incumbe cuidar que sus afectos sean también, uno e indivisos. Aférrate, por tanto, con todo el afecto de tu corazón a su amor, y deslígalo del amor de cualquier otro fuera de Él, para que Él te ayude a sumergirte en el océano de su unidad, y te permite ser un verdadero sostenedor de su unicidad. Dios es mi testigo. Mi único propósito al revelarte estas palabras es santificarte de las cosas transitorias de la tierra y ayudarte a entrar en el reino de gloria sempiterna, para que, con el consentimiento de Dios, seas de aquellos que moran y reinan allí....

¡Juro por Dios, oh Rey! No es mi deseo presentar mi queja a ti contra aquellos que me persiguen. Solamente expreso mi pena y sufrimiento a Dios, quien me ha creado a mí y a ellos, quien conoce bien nuestra condición y quien vigila todas las cosas. Mi deseo es advertirles las consecuencias de sus acciones, para que quizá desistan de tratar a otros como me han tratado a mí, y sean de aquellos que atienden mi advertencia.

Las tribulaciones que nos han alcanzado, la privación que sufrimos, las variadas dificultades que nos han rodeado, todas pasarán, como pasarán asimismo, los placeres en que se regocijan y la opulencia que disfrutan. Ésta es la verdad que ningún hombre sobre la tierra puede rechazar. Los días en que hemos sido compelidos a habitar en el polvo pronto se acabarán, así como los días en que ellos ocupan los asientos de honor. Dios, de seguro, juzgará con verdad entre nosotros y ellos, y Él, ciertamente, es el mejor de los jueces.

Damos gracias a Dios por todo lo que nos ha acontecido, y sobrellevamos pacientemente las cosas que Él ha ordenado en el pasado o que ordenará en el futuro. En Él he depositado mi confianza, y a sus manos he entregado mi Causa. Él, ciertamente, retribuirá a todos aquellos que resisten con paciencia y ponen su confianza en Él. Suya es la creación y su imperio. Él exalta a quien quiere, y a quien quiere Él rebaja. A Él no se le debe pedir cuenta de sus hechos. Él, verdaderamente, es el Todo Glorioso, el Omnipotente.

Que tu oído sea atento, oh Rey, a las palabras que te hemos dirigido. Haz que el opresor desista de su tiranía y separa a los perpetradores de injusticia de entre aquellos que profesan tu fe. ¡Por la rectitud de Dios! Las tribulaciones que hemos soportado son tales, que cualquier pluma que las narre no puede ser sino sobrecogida por la angustia. Ninguno de aquellos que creen de verdad en la unidad de Dios y la mantienen, puede soportar el peso de su narración. Tan grandes han sido nuestros sufrimientos, que hasta los ojos de nuestros enemigos han llorado por Nosotros, y más allá de ellos, los de toda persona discernidora. Y hemos sido sometidos a todas estas pruebas, a pesar de nuestra acción de dirigirnos a ti y de exhortar al pueblo a entrar bajo tu sombra, para que seas una fortaleza para los que creen en la unidad de Dios y la mantienen.

¿Acaso alguna vez, oh Rey, te he desobedecido? ¿He transgredido alguna vez alguna de tus leyes? ¿Puede alguno de los ministros que te representaban en 'Iráq presentar alguna prueba que pueda establecer mi deslealtad hacia ti? ¡No, por Aquel quien es el Señor de todos los mundos! Ni por un breve instante nos rebelamos contra ti ni contra ninguno de tus ministros. Quiera Dios, nunca nos sublevaremos contra ti, aunque seamos expuestos a pruebas más severas que ninguna que hemos sufrido en el pasado.

De día y de noche, en la tarde y de mañana, oramos a Dios por ti, para que te ayude benévolamente a ser obediente hacia Él, y a observar su mandamiento, para que te escude de las huestes de los malvados. Haz, por tanto, como te plazca y trátanos como corresponde a tu posición y es digno de tu soberanía. No seas negligente con la ley de Dios en todo lo que tú desees lograr ahora o en los días por venir. Di: ¡Alabado sea Dios, el Señor de todos los mundos!

CXV. La Pluma de Revelación, oh Dhabíh, en la mayoría de las Tablas divinamente reveladas, ha registrado estas palabras: Hemos amonestado a todos los amados de Dios, que tengan cuidado, no sea que la orla de nuestra sagrada vestidura sea manchada con la inmundicia de acciones ilícitas o ensuciada con el polvo de una conducta reprensible. Además, les hemos exhortado a fijar su mirada en todo lo que ha sido revelado en nuestras Tablas. Si sus oídos interiores hubieran estado atentos a los consejos divinos, que han brillado de la Aurora de la Pluma del Todo Misericordioso, y si hubieran escuchado su Voz, lo más de los pueblos de la tierra ya hubieran sido adornados con el ornamento de su guía. Empero, lo que había sido preordinado ha ocurrido.

Una vez más, la Lengua del Antiguo de los Días, desde ésta la Más Grande Prisión, revela estas palabras que están registradas en este Pergamino de nívea blancura: ¡Oh vosotros, los bienamados del Dios único y verdadero! Pasad más allá de los estrechos retiros de vuestros deseos malos y corruptos, y avanzad hacia la vasta inmensidad del reino de Dios, y morad en los prados de la santidad y del desprendimiento para que la fragancia de vuestras obras pueda guiar a toda la humanidad al océano de la imperecedera gloria de Dios. Absteneos de ocuparos con los asuntos de este mundo y de todo lo que pertenece a él, o de mezclaros en las actividades de lo que son sus jefes visibles.

El Dios único y verdadero, exaltada sea su gloria, ha concedido a los reyes el gobierno del mundo. A nadie se le ha dado derecho de actuar de una manera contraria a las opiniones consideradas de quienes tienen autoridad. Lo que Él ha reservado para sí son las ciudades de los corazones de los hombres; y los amados de Aquel que es la Verdad Soberana son en este Día como las llaves de éstas. Quiera Dios, que todos ellos sean capacitados para abrir, mediante el poder del Más Grande Nombre, las puertas de estas ciudades. Esto es lo que significa ayudar al Dios único y verdadero, tema a que se ha referido la Pluma de Aquel que hace que rompa el alba en todos sus Libros y Tablas.

Incumbe, asimismo, a los amados de Dios ser indulgentes con sus semejantes, y ser tan santificados y desprendidos de todas las cosas, y mostrar tal sinceridad y equidad, que todos los pueblos de la tierra puedan reconocer que ellos son los procuradores de Dios entre los hombres. Considera a qué elevadas alturas se han remontado los mandatos del Todopoderoso, y cuán abyecta es la habitación donde viven estas almas endebles. Bienaventurados son aquellos que, con las almas de la certeza han volado en los cielos que ha desplegado la Pluma de tu Señor, el Todo Misericordioso.

Mira, oh Dhabíh, las obras que ha producido Dios, la Soberana Verdad. Di tú: ¡Cuán grande, cuán intensamente grande es la fuerza de su poder, que abarca todos los mundos! ¡Exaltado, inmensamente exaltado es su desprendimiento, por encima del alcance y comprensión de toda la creación! ¡Glorificada, glorificada sea su docilidad que ha derretido los corazones de aquellos que han sido llevados cerca de Dios!

A pesar de ser afligidos por innumerables tribulaciones, que hemos sufrido en manos de nuestros enemigos, hemos proclamado a todos los gobernantes de la tierra lo que Dios ha querido proclamar, para que todas las naciones sepan que ninguna forma de aflicción, puede impedir a la Pluma del Antiguo de los Días lograr su propósito. Su Pluma se mueve con el permiso de Dios, quien modela los huesos podridos que se desmoronan.

Considerando esta poderosísima empresa, incumbe a todos los que le aman, apretarse para el esfuerzo y fijar sus pensamientos en lo que asegure la victoria de la causa de Dios, en vez de cometer acciones viles y despreciables. Si, por un momento, consideraras las obras y acciones visibles de Aquel quien es la Verdad Eterna, caerías sobre el suelo y exclamarías: ¡Oh, Tú, quien eres el Señor de los Señores! Atestiguo que Tú eres el Señor de toda la creación, y el Educador de todos los seres visibles e invisibles. Soy testigo que tu poder ha abarcado el universo entero, y que las huestes de la tierra nunca podrán desalentarte, ni el dominio de todos los pueblos y naciones podrán impedirte ejecutar tu propósito. Confieso que Tú no tienes otro deseo sino la regeneración del mundo entero, el establecimiento de la unidad de sus pueblos, y la salvación de los que habitan en él.

Reflexiona algún tiempo, y considera cómo deben conducirse quienes son los amados de Dios, y a qué alturas deben remontarse. Ruega en todo momento a tu Señor, el Dios de Misericordia, para que les ayude a hacer lo que es su Voluntad. Verdaderamente Él es el Más Poderoso el Todo Glorioso, el Omnisapiente.

La encarcelación infligida a este Agraviado, oh Dhabíh, no le hizo ningún daño ni podrá nunca hacerlo; tampoco podrán la pérdida de todos sus bienes terrenales, su exilio, ni aun su martirio y aparente humillación, causarle ningún perjuicio. Lo que puede perjudicarle son las acciones malas que cometan los amados de Dios, y que le imputen a Él quien es la Soberana Verdad. Ésta es la aflicción que sufro, y de esto Aquel quien es poderoso sobre todas las cosas es mi testigo. Lo que me ha adolorido enormemente son las pretensiones que el pueblo del Bayán expresa cada día. Algunos han declarado su lealtad a una de mis Ramas (Hijos), mientras que otros han afirmado sus pretensiones independientes y han actuado de acuerdo con sus propios deseos.

¡Oh Dhabíh! La Lengua de Grandeza dice: ¡Por mí mismo quien habla la verdad! En esta poderosísima Revelación, todas las Dispensaciones del pasado han alcanzado su más elevada y final consumación. Quienquiera que pretenda traer una Revelación después de Él es de seguro un impostor mentiroso. Rogamos a Dios que Él, por su gracia, le ayude a retractarse de tal pretensión y repudiarla. Si se arrepintiere, Dios, sin duda, le perdonará. Pero si insiste en su error, Dios enviará, con toda seguridad, a uno que lo tratará sin misericordia. Verdaderamente Él es el Todopoderoso, el Omnipotente.

Mira cómo el pueblo de Bayán no ha reconocido de ningún modo que el único objetivo de todo lo que ha revelado mi Manifestación Anterior y Precursor de mi Belleza, ha sido mi Revelación y la proclamación de mi Causa. Él nunca habría pronunciado, sino por mí, lo que pronunció, y de esto Aquel que es la Soberana Verdad es mi testigo. ¡Atestigua cómo esta gente insensata ha tratado la Causa de Aquel quien es Poseedor de Todo, el Inaccesible, como juego y pasatiempo! Sus corazones forjan cada día una nueva maquinación y su fantasía los lleva a buscar un retiro nuevo. Si lo que dicen es cierto, ¿cómo, entonces, puede ser asegurada la estabilidad de la Causa de tu Señor? Pondera esto en tu corazón y sé de aquellos de vista aguda, que inquieren con cuidado, que son firmes en su propósito y creencia. Tal debería ser tu certeza, que si toda la humanidad presentara pretensiones que ningún hombre haya jamás presentado ni ninguna mente concebido, tú no harías caso de ellas, las desecharías y volverías tu rostro hacia Aquel quien es el Objeto de la adoración de todos los mundos.

¡Por la rectitud de mi propio Ser! ¡Grande, inmensamente grande es esta Causa! ¡Poderoso, inconcebiblemente poderoso es este Día! Bienaventurado, de verdad, es el hombre que ha renunciado a todo y ha fijado su vista sobre Aquel cuya faz ha dado iluminación a todos los que están en los cielos y a todos los que están en la tierra.

Tu vista debe ser aguda, oh Dhabíh, tu alma diamantina, y tus pies como el bronce, si no deseas ser estremecido por los asaltos de deseos egoístas que susurran en los pechos de los hombres. Éste es el firme mandamiento que, en virtud de la Voluntad del Antiguo Rey, la Pluma del Más Grande Nombre ha sido movido a revelar. Cuídala como tu vista y sé de los agradecidos. Empéñate día y noche en servir la Causa de Aquel quien es la Verdad Eterna, y sé desprendido de todo menos de Él. ¡Por mí mismo! Todo lo que veas en este Día, perecerá. Sumamente elevada será tu posición, si permaneces firme en la Causa de tu Señor. Hacia Él están dirigidos tus diligentes movimientos y en Él está tu descanso final.

CXVI. ¡Oh reyes de la cristiandad! No escuchasteis las palabras de Jesús, el Espíritu de Dios: "Yo me voy, y vuelvo a donde vosotros". ¿Por qué, entonces, cuando Él vino nuevamente a vosotros en las nubes del cielo, no os acercasteis a Él, para que pudierais ver su rostro y ser de aquellos que alcanzaron su Presencia? En otro pasaje Él dice: "Cuando Él, el Espíritu de la Verdad, venga, Él os guiará a toda verdad". Empero, ved, cómo, cuando Él os trajo la verdad, rehusasteis volver vuestros rostros hacia Él, y persististeis en divertiros en vuestros pasatiempos y vanidades. No le disteis la bienvenida, ni buscasteis su Presencia, para que pudierais oír los versos de Dios de sus propios labios y participar de la múltiple sabiduría del Todopoderoso, el Todo Glorioso, el Sapientísimo. Debido a vuestra falta, habéis impedido que el aliento de Dios sople sobre vosotros, y habéis retenido de vuestras almas la dulzura de su fragancia. Continuáis vagando con deleite en el valle de vuestros deseos corruptos. Vosotros, y todo lo que poseéis, pasará. De cierto, volveréis a Dios y seréis llamados a rendir cuenta de vuestros actos en presencia de Aquel quien reunirá a toda la creación....

Han pasado veinte años, oh reyes, durante los cuales cada día hemos probado la angustia de una nueva tribulación. Ninguno de los que nos precedieron ha soportado lo que Nosotros hemos soportado. ¡Oh, que pudierais comprenderlo! Aquellos que se levantaron contra Nosotros nos han muerto, han derramado nuestra sangre, han saqueado nuestros bienes y violado nuestro honor. Aunque conscientes de la mayoría de nuestras aflicciones, no habéis detenido, sin embargo, la mano del agresor. ¿Pues no es acaso vuestro claro deber refrenar la tiranía del opresor y tratar con equidad a vuestros súbditos, para que vuestro alto sentido de la justicia se demuestre plenamente ante toda la humanidad?

Dios ha confiado en vuestras manos las riendas del gobierno del pueblo, para que reinéis con justicia sobre ellos, resguardéis los derechos de los humillados y castiguéis a los malhechores. Si descuidáis el deber prescrito a vosotros por Dios en su Libro, vuestros nombres serán contados entre los injustos a su vista. Grave, ciertamente, será vuestro error. ¿Os aferráis a lo que vuestras imaginaciones han maquinado y arrojáis tras de vosotros los mandamientos de Dios, el Exaltadísimo, el Inaccesible, el que Compele Todo, el Todopoderoso? Desechad las cosas que poseéis y aferraos a lo que Dios os ha ordenado observar. Buscad su gracia, pues aquel que la busca holla su recto Sendero.

Considerad la condición en que estamos y ved qué males y dificultades que nos han probado. No nos desatendáis ni por un momento y juzgad entre Nosotros y nuestros enemigos con equidad. Esto, de seguro, será por vosotros un beneficio manifiesto. Así os relatamos nuestra historia y os contamos las cosas que nos han acaecido, para que remediéis nuestros males y alivies nuestra carga. Que aquel que quiera, nos libere de nuestra dificultad; y en cuanto a aquel que no quiera, mi Señor es de seguro el mejor de los socorredores.

Advierte y haz conocer a la gente, oh Siervo, aquello que te hemos enviado, y no dejes que el temor a nadie te desaliente, y no seas de aquellos que vacilan. Se aproxima el día en que Dios habrá exaltado su Causa y magnificado su testimonio a los ojos de todos los que están en los cielos y todos los que están en la tierra. Pon en todas circunstancias, plena confianza en tu Señor, y fija tu mirada en Él y apártate de todos los que repudian su Verdad. Que Dios, tu Señor, sea tu único socorredor y ayuda. Nos hemos comprometido a asegurar tu triunfo sobre la tierra y exaltar nuestra Causa por encima de todos los hombres, aunque no encontremos ningún rey que dirija su mirada a ti.

CXVII. El Gran Ser, deseando revelar los requisitos previos para la paz y tranquilidad del mundo y el adelanto de sus pueblos, ha escrito: Debe llegar el tiempo cuando la imperativa necesidad de tener una concentración vasta y omnímoda de los hombres será universalmente comprendida. Los gobernantes y reyes de la tierra deben necesariamente concurrir a ella y participando en sus deliberaciones deben considerar los fundamentos de la Gran Paz mundial. Tal paz exige que las grandes potencias decidan, para la tranquilidad de los pueblos de la tierra, estar completamente reconciliadas entre sí. Si algún rey tomare sus armas contra otro, todos deberán levantarse unidos e impedírselo. Si esto se hace las naciones del mundo ya no necesitarán armamentos, salvo con el fin de preservar la seguridad de sus reinos y mantener el orden interno dentro de sus territorios. Esto asegurará la paz y la calma de todos los pueblos, gobiernos y naciones. Esperamos que los reyes y gobernantes de la tierra, los espejos del dadivoso y omnipotente nombre de Dios, puedan alcanzar esta posición y escudar a la humanidad de la embestida de la tiranía.... Se aproxima el día en que todos los pueblos de la tierra habrán adoptado un idioma universal y una escritura común. Cuando se haya logrado esto, a cualquier ciudad que uno viaje, será como llegar a la tierra nativa. Estas cosas son obligatorias y absolutamente esenciales. Incumbe a todo hombre dotado de discernimiento y comprensión, esforzarse por llevar lo que ha sido escrito a la realidad y acción.... Es de hecho un hombre, quien, hoy, se dedica al servicio de toda la raza humana. El Gran Ser dice: Bienaventurado y feliz es aquel que se levanta para promover los mejores intereses de los pueblos y razas de la tierra. En otro pasaje Él ha proclamado: No debe enaltecerse quien ama a su patria, sino quien ama al mundo entero. La tierra es un solo país, y la humanidad sus ciudadanos.

CXVIII. No dejéis de lado el temor a Dios, oh reyes de la tierra, y cuidaos de no transgredir los límites que ha fijado el Todopoderoso. Observad los mandamientos prescritos a vosotros en su Libro, y tomad cuidado de no sobrepasar sus límites. Estad alertas para que no hagáis injusticia a nadie, aunque sea como un grano de mostaza. Hollad el sendero de la justicia, porque éste es, ciertamente, el sendero recto.

Resolved vuestras diferencias y reducid vuestros armamentos, para que el peso de vuestros gastos sea aliviado y vuestras mentes y corazones se tranquilicen. Reparad las disensiones que os dividen y ya no necesitaréis armamentos, excepto los que la protección de vuestras ciudades y territorios requiera. Temed a Dios y cuidaos de no traspasar los límites de la moderación y ser contados entre los extravagantes.

Hemos sabido que aumentáis vuestros desembolsos cada año, y cargáis el peso de ellos sobre vuestros súbditos. Esto, en verdad, es más de lo que pueden soportar y es una grave injusticia. Decidid con justicia entre los hombres y sed los emblemas de la justicia entre ellos. Esto, si juzgáis imparcialmente, es lo que os incumbe y corresponde a vuestra posición.

Guardaos de tratar injustamente a quienquiera que recurra a vosotros y entre bajo vuestro amparo. Tened temor a Dios y sed de los que llevan una vida piadosa. No os fiéis de vuestro poder, vuestros ejércitos, ni vuestros tesoros. Poned toda vuestra fe y confianza en Dios, quien os ha creado, y buscad su ayuda en todos vuestros asuntos. El socorro viene sólo de Él. Él socorre a quien quiere con las huestes de los cielos y de la tierra.

Sabed que los pobres son el depósito de Dios en medio de vosotros. Cuidaos que no traicionéis su depósito, que no procedáis injustamente con ellos y que no caminéis por los caminos de los pérfidos. Con toda seguridad, seréis llamados a dar cuenta de su depósito en el día en que la Balanza de la Justicia será establecida, día en que todos recibirán lo que merezcan, en que los hechos de todos los hombres, ricos y pobres, serán ponderados.

Si no prestáis atención a los consejos que, en lenguaje incomparable e inequívoco, hemos revelado en esta Tabla, el castigo divino os asaltará de todas direcciones y la sentencia de su justicia será pronunciada contra vosotros. En ese día no tendréis poder para resistirle, y reconoceréis vuestra propia impotencia. Tened misericordia de vosotros mismos y de los que están bajo vosotros. Juzgad entre ellos de acuerdo con los preceptos prescritos por Dios en su muy santa y exaltada Tabla, Tabla en que Él ha asignado a cada cosa una medida determinada, en que Él ha dado una clara explicación de todas las cosas y que es, en sí misma, una amonestación para los que creen en Él.

Examinad nuestra causa, inquirid las cosas que nos han acaecido, y decidid con justicia entre Nosotros y nuestros enemigos y sed de los que obran equitativamente con sus semejantes. Si no detenéis la mano del opresor, si no resguardáis los derechos de los oprimidos, ¿qué justifica entonces que os vanagloriáis ante los hombres? ¿De qué podéis jactaros con derecho? ¿Es de vuestros alimentos o bebidas que os enorgullecéis, de las riquezas que almacenáis en vuestros tesoros, de la diversidad y valor de los ornamentos con que os adornáis? Si la verdadera gloria consistiera en la posesión de esas cosas perecederas, entonces la tierra sobre la cual camináis debería enaltecerse sobre vosotros, porque os suministra y confiere estas mismas cosas por decreto del Todopoderoso. En sus entrañas se halla, de acuerdo con lo que Dios ha ordenado, todo lo que poseéis. De ella, como un signo de su misericordia, deriváis vuestras riquezas. Mirad, entonces, vuestra condición, aquella de que os gloriáis! ¡Oh, si pudierais comprenderlo!

¡No, más aún! ¡Por Aquel que sostiene en su mano el reino de toda la creación! En nada reside vuestra gloria verdadera y perdurable salvo en la adhesión firme a los preceptos de Dios, en la observancia plena de sus leyes, en la resolución de ver que no queden sin cumplir, y en proseguir firmemente el camino derecho.

CXIX. ¡Oh gobernantes de la tierra! ¿Por qué habéis ofuscado el resplandor del Sol, y hecho que deje de brillar? Escuchad el consejo que os da la Pluma del Altísimo, que quizá tanto vosotros como los pobres podáis lograr tranquilidad y paz. Imploramos a Dios que ayude a los reyes de la tierra a establecer la paz en el mundo. Él, verdaderamente hace lo que es su Voluntad.

¡Oh reyes de la tierra! Vemos que aumentáis vuestros gastos cada año y cargáis el peso de ellos sobre vuestros súbditos. Esto, en verdad, es grave y totalmente injusto. Temed los suspiros y lágrimas de este Agraviado y no impongáis cargas excesivas a vuestros pueblos. No les robéis para erigir palacios para vosotros; no, más bien, escoged para ellos lo que escogéis para vosotros mismos. Así desplegamos a vuestros ojos lo que os aprovecha, si sólo lo comprendierais. Vuestros pueblos son vuestros tesoros. Tened cuidado, no sea que vuestro dominio viole los mandamientos de Dios y entreguéis a vuestros protegidos en manos del ladrón. Por ellos reináis, mediante ellos subsistís, con su ayuda conquistáis. ¡Empero, con qué desdén les miráis! ¡Cuán extraño, cuán profundamente extraño!

Ya que habéis rehusado la Más Grande Paz, aferraos a ésta, la Paz Menor, que quizá podáis mejorar vuestra propia condición y la de vuestros dependientes.

Estad reconciliados entre vosotros, oh gobernantes de la tierra, para que no necesitéis más armamentos, salvo en la medida para resguardar vuestros territorios y dominios. Cuidado, no sea que desatendáis el consejo del Omnisciente, el Justo.

Sed unidos, oh reyes de la tierra, pues así la tempestad de la discordia entre vosotros será apaciguada y vuestros pueblos hallarán descanso, si sois de aquellos que comprenden. Si alguno de vosotros toma armas contra otro, levantaos todos contra él, porque esto no es sino justicia manifiesta.

CXX. ¡Oh vosotros, los representantes elegidos del pueblo en todos los países! Tomad consejo juntos y ocupaos sólo con lo que beneficie a la humanidad y mejore su condición, si sois de los que inquieren con cuidado. Considerad al mundo como el cuerpo humano, que aunque al ser creado es sano y perfecto, ha sufrido, por diversas causas, graves trastornos y enfermedades. Ni un día logró alivio; no, más bien su dolencia se hizo más severa, puesto que cayó en manos de médicos ignorantes que daban rienda suelta a sus deseos personales, y han errado gravemente. Y si alguna vez, por el cuidado de un médico hábil, un miembro de aquel cuerpo sanaba, el resto quedaba enfermo como antes. Así os informa el Omnisciente, el Sapientísimo.

Lo vemos, en este día, a la merced de gobernantes tan embriagados con orgullo, que no pueden discernir claramente lo que más les conviene, ni menos aún reconocer una Revelación tan asombrosa y desafiante como ésta. Y cuando alguno entre ellos se ha empeñado en mejorar su condición, su motivo ha sido su propio provecho, lo haya declarado o no; y la indignidad de este motivo ha limitado su poder para curar y sanar.

Lo que el Señor ha ordenado como el supremo remedio y el más poderoso instrumento para la curación del mundo entero, es la unión de todos sus pueblos en una Causa universal, en una Fe común. Esto no puede lograrse sino por el poder de un Médico inspirado, hábil y todopoderoso. Esto, ciertamente, es la verdad y todo lo demás no es sino error.

CXXI. Di: ¡Oh vosotros que me envidiáis y buscáis dañarme! ¡Que la furia de vuestra ira contra mí os confunda! He aquí que el Sol de Gloria se ha levantado sobre el horizonte de mi Revelación y ha envuelto con su resplandor a toda la humanidad. Y ved cómo, no obstante, os habéis apartado de su esplendor y estáis sumergidos en la mayor negligencia. Tened misericordia de vosotros mismos, no repudiéis la pretensión de Aquel cuya verdad ya habéis reconocido y no seáis de los transgresores.

¡Por la rectitud del Dios único y verdadero! Si rechazáis esta Revelación, todas las naciones de la tierra se mofarán de vosotros y os menospreciarán, pues habéis sido vosotros, quienes, con objeto de vindicar la verdad de vuestra Causa, habéis expuesto ante sus ojos los testimonios de Dios, el Soberano Protector> el Todopoderoso, el Todo Glorioso, el Sapientísimo. Y, a pesar de esto, tan pronto como su Revelación siguiente investida con la gloria de una soberanía que compele todo, fue enviada a vosotros, la desechasteis, ¡oh vosotros que sois contados entre los negligentes!

¡Cómo! ¿Creéis de corazón que poseéis el poder de extinguir el resplandor del Sol, o eclipsar su esplendor? ¡No, por mi vida! No podéis ni podréis nunca lograr vuestro propósito, aunque tengáis la ayuda de todo lo que está en los cielos y de todo lo que está en la tierra. Tened temor a Dios, y no hagáis vanas vuestras obras. Poned oído a sus palabras y no seáis de aquellos que están apartados, como por un velo de Él. Di: ¡Dios es mi testigo! Nada he deseado para mí mismo. Lo que he deseado es la victoria de Dios y el triunfo de su Causa. Él mismo es testigo suficiente entre Yo y vosotros. Si limpiarais vuestros ojos, percibiríais fácilmente cómo mis acciones atestiguan la verdad de mis palabras, cómo mis palabras son una guía para mis acciones.

¡Cegados están vuestros ojos! ¿No habéis comprendido la grandeza del poder de Dios y de su soberanía? ¿No habéis visto su majestad y gloria? ¡Ay de vosotros, oh congregación de los malvados y envidiosos! Escuchad mis palabras y no vaciléis ni por un momento. Así os pide Aquel quien es la belleza del Todo Misericordioso, para que quizás os desprendáis de lo que poséis y ascendáis a las alturas desde donde podréis descubrir cómo la creación entera está cobijada bajo la sombra de su Revelación.

Di: No hay refugio para vosotros, ni asilo adonde podáis huir, ni nadie para defenderos ni protegeros en este Día, de la furia de la ira de Dios y de su vehemente poder, a menos que busquéis el amparo de su Revelación. Ésta es, en verdad, su Revelación, que ha sido manifestada a vosotros en la persona de este Joven. Glorificado, entonces, sea Dios por tan resplandeciente, preciosa y maravillosa visión.

Apartaos de todo menos de mí, y volved vuestros rostros hacia mi rostro, pues esto es mejor para vosotros que todas las cosas que poseéis. La Lengua de Dios atestigua la verdad de mis palabras por mi propia Palabra, que habla la verdad, y abarca y comprende todas las cosas.

Di: ¿Pensáis que vuestra lealtad a su Causa pueda ser de provecho para Él, o que vuestra repudiación de su verdad puede causarle algún daño? ¡No, por mi mismo, Él que Sojuzga Todo, el Inaccesible, el Altísimo! Rasgad los velos de los nombres y hendid su reino. ¡Por mi Belleza! Aquel quien es el Monarca de todos los nombres ha llegado, Aquel por cuyo mandato cada uno de los nombres ha sido creado, desde el principio que no tiene principio, Aquel que continuará creándolos como Él crea apropiado. Él verdaderamente es el Todopoderoso, el Sapientísimo.

Cuidaos de que os despojéis del atavío de la guía divina. Bebed lo que podáis de la Copa que los Jóvenes del Cielo han levantado por encima de vuestras cabezas. Así os ordena Aquel quien tiene más misericordia para vosotros que vosotros la tenéis, Aquel quien no ha pedido ninguna recompensa ni agradecimiento de vosotros. Su recompensa viene de Aquel quien por el poder de la verdad, le ha enviado a vosotros, le ha elegido y proclamado como su propio testimonio para toda la creación. Él es quien le ha dado el poder de manifestar todos sus signos. Volved a mirar para que podáis percibir aquello a que la Lengua del Antiguo de los Días os ha llamado, que quizá seáis de aquellos que han comprendido la verdad. ¿Habéis oído alguna vez que vuestros antepasados, o las generaciones que les precedieron, aun hasta el primer Adán, relataran que alguien que viniera en las nubes de la revelación, investido de manifiesta y trascendente soberanía, teniendo en su diestra el Reino de Dios y en su siniestra todo el poder y gloria de su dominio eterno, alguien precedido por las huestes de Dios, el Todopoderoso, el que Compele Todo, el Omnipotente, y pronunciando continuamente versos cuyo significado ni aun las mentes de los más eruditos y sabios de los hombres fueran incapaces de sondear, fuera, a pesar de esto, portador de un mensaje que no es de Dios? Sed discernidores entonces, y decid la verdad, la verdad misma, si pretendéis ser honestos y magnánimos.

Di: Los versos que hemos revelado son tan numerosos como aquellos que en la Revelación anterior descendieron sobre el Báb. Que aquel que dude de las palabras que el Espíritu de Dios ha pronunciado, busque la corte de nuestra presencia y escuche la melodía de nuestros versos divinamente revelados, y que sea testigo de la prueba evidente de nuestra pretensión.

Di: ¡Por la rectitud del Todopoderoso! La medida de los favores de Dios se ha colmado, su palabra ha sido perfeccionada, la luz de su semblante ha sido revelada, su soberanía ha envuelto a toda la creación, la gloria de su Revelación ha sido hecha manifiesta, y sus dádivas han llovido sobre toda la humanidad.

CXXII. El hombre es el Talismán supremo. Sin embargo, la falta de una educación adecuada le ha privado de aquello que inherentemente posee. Por una sola palabra procedente de la boca de Dios, fue llamado a existir; por una palabra más, fue guiado a reconocer la Fuente de su educación; por otra palabra aún, su posición y destino fueron asegurados. El Gran Ser dice: Considerad al hombre como una mina, rica en gemas de valor inestimable. Solamente la educación puede hacerle revelar sus tesoros y permitir a la humanidad beneficiarse de éstos. Si algún hombre meditare sobre lo que han revelado las Escrituras enviadas desde el cielo de la santa Voluntad de Dios, reconocerá fácilmente que el propósito de ella es que todos los hombres sean considerados como un alma, para que el sello con las palabras "El Reino será de Dios" pueda ser estampado en cada corazón, y la luz de la generosidad, gracia y misericordia divinas puedan envolver a toda la humanidad. El Dios único y verdadero, exaltado sea su gloria, no ha deseado nada para sí. La lealtad del género humano no le aprovecha, ni su perversidad puede dañarle. El Ave del Reino de la Prolación emite continuamente este llamado: "Todas las cosas las he destinado para ti, y también a ti, para ti mismo". Si los eruditos y hombres de sabiduría mundana de esta época, permitieran a la humanidad aspirar la fragancia de la fraternidad y del amor, todo corazón comprensivo entendería el significado de la verdadera libertad y descubriría el secreto de la paz imperturbable y de la tranquilidad absoluta. Si la tierra alcanzara esta posición y fuera iluminada con su luz, entonces, en verdad, se podría decir de ella: "No verás en ella ni hondonadas ni lomas".

CXXIII. Las generaciones que fueron antes de vosotros, ¿a dónde han ido? Y aquellos en torno de los cuales giraban las más bellas y hermosas del país, ¿ahora dónde están? Que su ejemplo os aproveche, oh pueblo, y no seáis de aquellos que se han desviado.

Otros, dentro de poco, pondrán sus manos sobre lo que poseéis y ocuparán vuestras habitaciones. Poned oído a mis palabras y no seáis contados entre los necios.

Para cada uno de vosotros es deber supremo escoger para sí lo que nadie pueda violar ni usurpar. Esto es -y ello me lo atestigua el Todopoderoso- el amor a Dios, si sólo pudierais comprenderlo.

Construid para vosotros casas que ni la lluvia ni los diluvios podrán jamás destruir, y que os protejan de los cambios y azares de esta vida. Ésta es la orden de Aquel a quien el mundo ha agraviado y desamparado.

CXXIV. ¡Cuán maravillosa es la Unidad del Dios Viviente y Perdurable, unidad que es exaltada por encima de toda limitación, que trasciende la comprensión de todas las cosas creadas! ¡Desde la eternidad, Él ha habitado su inaccesible morada de santidad y gloria y continuará siempre entronizado sobre las alturas de su independiente soberanía y grandeza! ¡Cuán excelsa ha sido su incorruptible Esencia, cuán independiente del conocimiento de todas las cosas creadas, y cuán inmensamente exaltada permanecerá por encima de la alabanza de todos los habitantes de los cielos y de la tierra!

Desde la fuente exaltada y de la esencia de su favor y generosidad Él ha encomendado a toda cosa creada un signo de su conocimiento, para que ninguna de sus criaturas sea privada de su parte, de acuerdo con su capacidad y grado, en la expresión de este conocimiento. Este signo es el espejo de su belleza en el mundo de la creación. Cuanto más grande sea el esfuerzo hecho para el pulimento de este espejo sublime y noble, tanto más fielmente reflejará la gloria de los nombres y atributos de Dios, y revelará las maravillas de sus signos y conocimientos. Toda cosa creada podrá revelar (tan grande es este poder de reflexión) las potencialidades de su posición preordinada, reconocerá su capacidad y limitaciones, y atestiguará la verdad que "Él, ciertamente, es Dios; no hay otro Dios fuera de Él"....

No puede haber ninguna duda que, como consecuencia de los esfuerzos que cada uno haga conscientemente y como resultado del ejercicio de sus propias facultades espirituales, este espejo podrá a tal punto ser limpiado de la escoria de la inmundicia terrenal y purgado de fantasías satánicas, que será capaz de aproximarse a los prados de santidad eterna y alcanzar las cortes de fraternidad sempiterna. Sin embargo, en cumplimiento del principio que para cada cosa ha sido fijado un tiempo y para cada fruta ha sido ordenada una sazón, las energías latentes de tal generosidad pueden ser liberadas mejor, y la gloria vernal de tal dádiva puede ser sólo manifestada en los Días de Dios. Aunque cada día sea investido con su parte preordinada de la maravillosa gracia de Dios, los Días asociados directamente con la Manifestación de Dios poseen una distinción única y ocupan una posición que ninguna mente podrá nunca comprender. Tal es la virtud infundida en ellos, que si en esos días de delicia sempiterna los corazones de todos los que moran en los cielos y en la tierra fuera enfrentados con aquel Sol de gloria imperecedera y fueran acordados con su Voluntad, cada uno se hallaría exaltado sobre todas las cosas terrenales, radiante con su luz y santificado por su gracia. ¡Alabada sea esta gracia, que ninguna bendición, por grande que sea puede exceder, y todo honor sea para esta amorosa bondad, nada semejante a la cual ha visto el ojo de la creación! ¡Exaltado es Él sobre lo que le atribuyen o cuentan de Él!

Por esta razón, ningún hombre necesitará en esos días de su prójimo. Ya se ha demostrado plenamente que, en ese Día divinamente designado, la mayoría de los que han buscado y han alcanzado su santa corte, han mostrado tal conocimiento y sabiduría que ni una gota de los cuales nadie, fuera de estas almas benditas y santificadas, por mucho tiempo que haya enseñado o estudiado, ha captado, ni jamás comprenderá. Es por virtud de este poder que los amados de Dios, en los días de la Manifestación del Sol de la Verdad, han sido exaltados por encima de toda erudición humana y hecho independientes de ésta. No, más aún, de sus corazones y de los manantiales de sus poderes innatos ha brotado incesantemente la esencia íntima de la erudición y sabiduría humanas.

CXXV. ¡Oh mi hermano! Cuando un buscador verdadero decide dar el paso de la búsqueda por el camino que lleva al conocimiento del Antiguo de los Días, debe antes que nada purificar su corazón, que es la sede de revelación de los misterios interiores de Dios, del polvo ofuscador de todo conocimiento adquirido y de las insinuaciones de las personificaciones de la fantasía satánica. Debe purgar su pecho, que es el santuario del amor perdurable del Amado, de toda contaminación, y santificar su alma de todo lo que pertenece al agua y arcilla y de todo apego vago y efímero. Debe limpiar su corazón tanto que no quede en él ningún vestigio de amor ni odio; no sea que ese amor le incline ciegamente al error o ese odio le aleje de la verdad. Así puedes ver, en este día, cómo la mayoría de la gente, a causa de tal amor y odio, está privada de la Faz inmortal, se ha apartado lejos de las Personificaciones de los misterios divinos y vaga sin pastor por los desiertos del olvido y del error.

Ese buscador debe en todo momento poner su confianza en Dios, debe renunciar a los pueblos de la tierra, desprenderse del mundo del polvo y aferrarse a Aquel quien es el Señor de los Señores. No debe nunca tratar de enaltecerse por encima de nadie, debe borrar de la tabla de su corazón toda huella de orgullo y vanagloria, debe asirse a la paciencia y resignación, guardar silencio y abstenerse de la conversación ociosa. Pues la lengua es fuego latente, y el exceso de palabras un veneno mortal. El fuego material consume el cuerpo, mientras que el fuego de la lengua devora tanto corazón como alma. La fuerza de aquél dura sólo un tiempo, en tanto que los efectos de éste persisten un siglo.

Ese buscador también debiera considerar la murmuración como grave error y mantenerse alejado de su dominio, por cuanto que la murmuración apaga la luz del corazón y extingue la vida del alma. Debiera conformarse con poco y liberarse de todo deseo desmesurado. Debiera apreciar la compañía de quienes han renunciado al mundo y considerar que rehuir a la gente jactanciosa y mundana es un gran beneficio. Al amanecer de cada día debiera comulgar con Dios y perseverar con toda su alma en la búsqueda de su Amado. Debiera consumir todo pensamiento descarriado con la llama de su amorosa mención y, con la rapidez del relámpago, pasar por encima de todo lo que no sea Él. Debiera socorrer al desposeído y nunca rehusar su favor al menesteroso. Debiera ser bondadoso con los animales, y más aún con su semejante, que está dotado del poder del habla. No debiera vacilar en sacrificar su vida por su Amado, ni permitir que la desaprobación de los hombres le aparte de la Verdad. No debiera desear a otros lo que no desea para sí mismo, ni prometer lo que no ha de cumplir. Con todo su corazón debiera el buscador evitar la compañía de malhechores y orar por la remisión de sus pecados. Debiera perdonar al pecaminoso y jamás despreciar su baja condición, pues nadie sabe cuál será su propio fin. ¡Cuántas veces un pecador, en la hora de su muerte, ha llegado a la esencia de la fe, y tomando la bebida inmortal, ha alzado el vuelo hacía el Concurso celestial! ¡Y cuántas veces un creyente piadoso ha cambiado tanto al momento de la ascensión de su alma, que ha caído en el fuego infernal!

Es nuestro propósito, al revelar estas convincentes e importantes palabras, inculcar en el buscador que debe considerar a todo, excepto Dios, como transitorio, y debe estimar a todo lo que no sea Él, quien es el Objeto de toda adoración, como la nada absoluta .

Éstos son algunos de los atributos de los exaltados, y constituyen el sello de quienes están dotados de espiritualidad. Ya se los ha mencionado a propósito de los requisitos para los caminantes que hollan el Sendero del Conocimiento Positivo. Cuando el caminante desprendido y buscador sincero ha cumplido con estas condiciones esenciales, entonces, y sólo entonces, puede llamársele buscador verdadero. Cuandoquiera que haya cumplido las condiciones implícitas en el versículo: "Quien se esfuerce por Nosotros", disfrutará de las bendiciones conferidas por las palabras: "De seguro le guiaremos por nuestros caminos".

Sólo cuando la lámpara de la búsqueda, del esfuerzo ardiente, del deseo anhelante, de la devoción apasionada, del amor fervoroso, del arrobamiento y del éxtasis, se haya encendido en el corazón del buscador, y sople en su alma la brisa de su amorosa bondad, será disipada la oscuridad del error, será dispersada la bruma de las dudas y los recelos y su ser será envuelto por la luz del conocimiento y de la certeza. En ese momento, el Heraldo Místico, portador de las felices nuevas del Espíritu, aparecerá resplandeciente como la mañana desde la Ciudad de Dios, y mediante el son de trompeta del conocimiento, despertará del sueño de la negligencia al corazón, al alma y al espíritu. Entonces los múltiples favores y la efusión de gracia del santo y eterno Espíritu conferirá al buscador una nueva vida tal que se hallará dotado de vista nueva, oído nuevo, corazón nuevo y mente nueva. Contemplará las manifiestas señales del universo y penetrará los misterios ocultos del alma. Mirando con el ojo de Dios, percibirá dentro de cada átomo una puerta que le conducirá a las posiciones de la certeza absoluta. En todas las cosas descubrirá los misterios de la Revelación divina y las pruebas de una manifestación perdurable.

Juro por Dios que si aquel que holla el sendero de la guía y busca escalar las alturas de la rectitud, llegara a esta gloriosa y suprema posición, aspiraría la fragancia de Dios a una distancia de mil leguas y percibiría la resplandeciente mañana de una Guía divina apareciendo en el amanecer de todas las cosas. Cada cosa, por pequeña que fuera, sería para él una revelación que le llevaría donde su Amado, el Objeto de su búsqueda. Sería tan grande el discernimiento de ese buscador, que distinguiría entre verdad y falsedad como distingue el sol de la sombra. Si se esparcieran en los rincones más remotos del Oriente los fragantes perfumes de Dios, él de seguro los reconocería y aspiraría su fragancia, aunque habitara en los últimos confines del Occidente. Asimismo distinguiría todos los signos de Dios -sus maravillosas palabras, sus grandes obras y poderosos hechos- de las acciones, las palabras y los hábitos de los hombres, al igual que el joyero separa la joya de la piedra, o el hombre que distingue la primavera del otoño y el calor del frío. Cuando el canal del alma humana se haya limpiado de todo apego impeditivo y mundano, percibirá indefectiblemente, a través de distancias inmensurables, el hálito del Amado, y, guiado por su perfume, llegará a la Ciudad de la Certeza y entrará en ella.

Allí descubrirá las maravillas de su antigua sabiduría y percibirá todas las enseñanzas ocultas en el susurro de las hojas del Árbol que florece en esa Ciudad. Escuchará, con su oído externo e interno, los himnos de alabanza y gloria que de su polvo ascienden hacia el Señor de los Señores, y descubrirá con su vista interior los misterios de la "vuelta" y "renacimiento".

¡Cuán inefablemente gloriosos son los signos, las señales, las revelaciones y los esplendores que ha destinado para esa ciudad Aquel quien es el Rey de los nombres y atributos! La llegada a esa Ciudad apaga la sed sin agua, y enciende el amor a Dios sin fuego. Dentro de cada tallo de hierba se atesoran los misterios de una sabiduría inescrutable, y en cada rosal una miríada de ruiseñores gorjean sus melodías con venturoso encantamiento. Sus maravillosos tulipanes revelan el misterio de la Zarza Ardiente, y sus fragantes aromas de santidad exhalan el perfume del Espíritu Mesiánico. Otorga riquezas sin oro, y confiere inmortalidad sin muerte. En cada hoja se atesoran inefables delicias, y en cada aposento yacen ocultos innumerables misterios.

Aquellos que valientemente se afanan en la búsqueda de la voluntad de Dios, una vez que hayan renunciado a todo salvo a Él, estarán de tal manera ligados y aferrados a esa Ciudad, que una momentánea separación de ella les será inconcebible. Escucharán pruebas infalibles del Jacinto de esa asamblea, y percibirán los más seguros testimonios en la belleza de su Rosa y la melodía de su Ruiseñor. Una vez alrededor de cada mil años, será esta Ciudad renovada y adornada nuevamente....

Aquella Ciudad no es otra que la Palabra de Dios, revelada en cada época y dispensación. En los días de Moisés fue el Pentateuco; en los días de Jesús, el Evangelio; en los días de Muhammad, el Mensajero de Dios, el Corán; en este día, es el Bayán; y en la dispensación de Aquel a quien Dios hará manifiesto, su propio Libro, Libro al que necesariamente han de referirse todos los Libros de Dispensaciones anteriores, Libro que entre todos sobresale, trascendente y supremo.

CXXVI. Dondequiera que nos destierren, por grande que sea la tribulación que suframos, aquellos que son del pueblo de Dios, con firme resolución y perfecta confianza, deben mantener su vista dirigida hacia la Aurora de Gloria, y ocuparse con todo lo que conduzca al mejoramiento del mundo y a la educación de sus pueblos. Todo lo que nos ha acaecido en el pasado, ha promovido los intereses de nuestra Revelación y ha proclamado su fama; y todo lo que nos acaezca en el futuro tendrá un resultado semejante. Aferraos con vuestro íntimo corazón a la Causa de Dios, Causa que ha sido enviada por Aquel quien es el Ordenador, el Sapientísimo. Con la mayor bondad y misericordia hemos llamado y dirigido a todos los pueblos y naciones hacia lo que de cierto les aprovechará.

¡El Sol de la Verdad, que brilla con su esplendor meridiano, es nuestro testigo! Aquellos que son del pueblo de Dios no tienen otra ambición salvo revivir al mundo, ennoblecer su vida y regenerar a sus pueblos. La veracidad y buena voluntad han señalado, en todo tiempo, sus relaciones con todos los hombres. Su comportamiento no es sino un reflejo de su vida interior, y su vida interior, el espejo de su comportamiento. Ningún velo oculta ni oscurece las verdades sobre las que está establecida su Fe. Ante los ojos de todos los hombres, estas verdades han sido descubiertas y pueden ser reconocidas inequívocamente. Sus propias acciones atestiguan la verdad de estas palabras.

Todo ojo discernidor puede percibir en este Día la luz matutina de la Revelación de Dios, y todo oído atento puede reconocer la Voz que se escuchó desde la Zarza Ardiente. Tal es el ímpetu de las aguas de la misericordia divina, que Aquel quien es la Aurora de los signos de Dios y el Revelador de las señales de su gloria, se asocia sin velo ni encubrimiento con los pueblos y naciones de la tierra y conversa con ellos. ¡Cuán numerosos aquellos que, con corazones que intentan maldad, han buscado nuestra Presencia, y han salido de ella como leales y cariñosos amigos! Las puertas de la gracia están abiertas de par en par a la faz de todos los hombres. En nuestras relaciones externas con ellos hemos tratado igualmente al recto y al pecador, que quizás el malhechor alcance el ilimitado océano del perdón divino. Nuestro nombre "el Encubridor" ha derramado tal luz sobre los hombres, que el malvado ha imaginado ser de los piadosos. A nadie que nos busque jamás desilusionaremos, ni se le negará a aquel que haya puesto su rostro en Nosotros, acceso a nuestra Corte....

¡Oh amigos! Ayudad al Dios único y verdadero, exaltada sea su gloria, con vuestras acciones buenas, con tal conducta y carácter, que sean aceptables a su vista. Aquel que aspire ser un ayudante de Dios en este Día, que cierre sus ojos a todo lo que posea y los abra a las cosas de Dios. Que cese de ocuparse con aquello que le dé provecho, y se dedique a lo que exalte el nombre compeledor del Todopoderoso. Deberá limpiar su corazón de toda mala pasión y deseo corrupto, porque el temor a Dios es el arma que le hará victorioso, el instrumento primordial con el que puede lograr su objetivo. El temor a Dios es el escudo que defiende su Causa, el adarga que permite a su pueblo alcanzar la victoria. Es un estandarte que ningún hombre puede derribar, una fuerza que ningún poder puede rivalizar. Con su ayuda, y con el consentimiento de Aquel quien es el Señor de las Huestes, aquellos que se han aproximado a Dios han podido someter y conquistar las ciudades de los corazones de los hombres.

CXXVII. Oh pueblo, si deseáis conocer a Dios y descubrir la grandeza de su poder, miradme entonces con mis propios ojos, y no con los ojos de cualquiera fuera de mí. De otro modo, no seréis nunca capaces de reconocerme, aunque ponderarais mi Causa tanto como perdure mi Reino, y meditareis sobre todas las cosas creadas, a través de la eternidad de Dios, el Soberano Señor de todo, el Omnipotente, el Perdurable, el Omnisapiente. Así hemos manifestado la verdad de nuestra Revelación, que quizás el pueblo sea despertado de su negligencia y sea de aquellos que comprenden.

Mirad el vil estado de estos hombres que saben muy bien cómo me he ofrendado a mí mismo y a mis parientes en el sendero de Dios y por la preservación de su fe en Él, quienes son plenamente conscientes de cómo me han rodeado mis enemigos en los días en que los corazones de los hombres temían y temblaban, días en que se ocultaban de los ojos de los amados de Dios y de sus enemigos, y estaban ocupados con el afianzamiento de su propia seguridad y paz.

Finalmente conseguimos manifestar la Causa de Dios, y la exaltamos a una posición tan eminente, que todos, salvo aquellos que abrigaban rencor contra este Joven en sus corazones y unían socios con el Todopoderoso, reconocieron la soberanía de Dios y su poderoso dominio. Mas, no obstante esta Revelación cuya influencia ha penetrado todas las cosas, y a pesar del brillo de está Luz, nada semejante a la cual ninguno de ellos ha visto, atestigua cómo el pueblo del Bayán me ha negado y ha contendido conmigo. Algunos se han apartado del Sendero de Dios, han rechazado la autoridad de Aquel en quien habían creído y han actuado insolentemente hacia Dios, el Poderosísimo, el Supremo Protector, el Más Exaltado, el Más Grande. Otros vacilaron y se detuvieron en su Sendero, y consideraron la Causa del Creador, en su verdad íntima, como inválida a menos que fuera acreditada por la aprobación de aquel que fue creado por acción de mi Voluntad. Así sus obras se reducían a nada, y sin embargo, no lo percibieron. Entre ellos está aquel que quiso medir a Dios con la medida de sí mismo, y fue tan desviado por los nombres de Dios, que se levantó contra mí, me condenó como a una que merecía la muerte, y me imputó las ofensas de las cuales él mismo era culpable.

Por lo tanto declaro mi pena y mi dolor a Aquel quien me creo y me confió su Mensaje. A Él doy gracias y elevo alabanzas por lo que ha ordenado, por mi soledad y la angustia que sufro en manos de estos hombres que se han desviado tan lejos de Él. He soportado pacientemente las tribulaciones que me han acosado, y continuaré soportándolas y pondré toda mi fe y confianza en Dios. A Él suplicaré diciendo: "Guía a tus siervos, oh mi Señor, hacia la corte de tu favor y munificencia, y no permitas que sean privados de las maravillas de tu gracia y de tus múltiples bendiciones. Pues ellos no saben lo que Tú has ordenado para ellos, en virtud de tu misericordia que abarca toda la creación. Exteriormente, oh Señor, son débiles e impotentes; interiormente no son sino huérfanos. Tú eres el Todo Generoso, el Munífico, el Más Exaltado, el Más Grande. No descargues sobre ellos, oh mi Dios, la furia de tu ira, mas permíteles durar hasta el tiempo en que las maravillas de tu misericordia se hayan manifestado, quizá vuelvan a ti y te pidan perdón por las cosas que han cometido contra ti. Verdaderamente, Tú eres el Perdonador, el Todo Misericordioso.

CXXVIII. Di: ¿Es digno de un hombre que, mientras pretenda ser un seguidor de su Señor, el Todo Misericordioso, haga en su corazón las acciones propias del Malvado? No, es muy indigno de él, y de esto Aquel quien es la Belleza del Todo Glorioso, es mi testigo. ¡Oh, que pudierais comprenderlo!

Limpiad de vuestros corazones el amor por las cosas mundanas; de vuestras lenguas, todo recuerdo salvo su recuerdo; de vuestro ser, todo lo que os impida ver su Faz, u os tiente a seguir los impulsos de vuestras inclinaciones malas y corruptas. Que Dios sea vuestro temor, oh pueblo, y sed de aquellos que hollan el sendero de la rectitud.

Di: ¡Oh pueblo! Si vuestra conducta contradice lo que profesáis, ¿cómo pensáis, entonces, que sois capaces de distinguiros de aquellos que, aunque profesan su fe en el Señor, su Dios, tan pronto como Él vino hacia ellos en la nube de santidad, han rehusado reconocerle, y han repudiado su verdad? Libraos de todo apego a este mundo y sus vanidades. Tened cuidado de acercaros a ellas, por cuanto os incitan a seguir vuestros propios placeres y deseos ávidos y os impiden entrar en el recto y glorioso Sendero.

Sabed que "el mundo" significa vuestra inconsciencia de Aquel quien es vuestro Hacedor y vuestra absorción en cualquier cosa salvo Él. La "vida por venir", por otra parte, designa las cosas que os dan un acercamiento seguro a Dios, el Todo Glorioso, el Incomparable. Cualquier cosa que os impida amar a Dios en este Día, no es sino el mundo. Rehuidle, para que seáis contados con los venturosos. Si un hombre deseare adornarse con los ornamentos de la tierra, vestir sus prendas, o participar de los beneficios que ésta pueda conferirle, ningún daño podrá acaecerle, con tal que no permita que nada intervenga entre él y Dios, pues Dios ha ordenado todas las cosas buenas, creadas en el cielo o en la tierra, para los siervos suyos que realmente creen en Él. Comed, oh pueblo, de las cosas buenas que Dios os ha permitido, y no os privéis de sus maravillosas dádivas. Dad gracias a Él y alabadle, y sed de aquellos que de verdad son agradecidos.

¡Oh tú que has abandonado tu hogar y has buscado la presencia de Dios! Proclama a los hombres el Mensaje de tu Señor, para que quizá les impida seguir los impulsos de sus deseos malos y corruptos, y les traiga al recuerdo de Dios, el Exaltadísimo, el Más Grande. Di: Temed a Dios, oh pueblo, y absteneos de derramar la sangre de nadie. No contendáis con vuestro prójimo y sed de los que hacen el bien. Guardaos de cometer desórdenes en la tierra, después que haya sido bien ordenada y no sigáis las huellas de los descarriados.

Quienquiera se levante entre vosotros para enseñar la Causa de su Señor, que ante todo, se enseñe a sí mismo, para que su palabra atraiga los corazones de los que le escuchan. A menos que se enseñe a sí mismo, las palabras de su boca no influirán el corazón del buscador. Tened cuidado, oh pueblo, de ser de aquellos que dan buenos consejos a otros, pero olvidan seguirlos ellos mismos. Las palabras de tales personas, y más allá de las palabras, las realidades de todas las cosas, y más allá de estas realidades, los ángeles que están cerca de Dios, les acusan de falsedad.

Si tal hombre lograra alguna vez influir a alguien, este éxito no debe atribuírsele a él, sino más bien, a la influencia de las palabras de Dios, como está decretado por Aquel quien es el Todopoderoso, el Sapientísimo. A la vista de Dios, es considerado como una lámpara que imparte su luz, y que, no obstante, en todo momento se consume a sí misma.

Di: Oh pueblo, no cometáis aquello que traiga vergüenza sobre vosotros, o deshonre la Causa de Dios a los ojos de los hombres y no seáis de los sediciosos. No os acerquéis a aquello que vuestras mentes condenan. Evitad toda clase de maldad, porque esto es prohibido a vosotros en el Libro que nadie puede tocar, excepto aquellos a quienes Dios ha limpiado de toda mancha de culpa y ha contado entre los purificados.

Sed justos con vosotros mismos y con los demás, para que las señales de justicia sean reveladas por vuestras acciones entre nuestros fieles siervos. Guardaos de usurpar la propiedad de vuestro prójimo. Probad ser dignos de la confianza y fe que ha depositado en vosotros, y no retengáis del pobre las dádivas que la gracia de Dios os ha conferido. Él, verdaderamente, recompensará a los caritativos y les devolverá el doble de lo que hayan dado. No hay otro Dios sino Él. Toda la creación y su imperio son suyos. Él confiere sus dones a quien Él quiere y de quien quiera, los retiene. Él es el Gran Donador, el Más Generoso, el Benévolo.

Di: Enseñad la Causa de Dios, oh pueblo de Bahá, porque Dios ha prescrito a todos y a cada uno el deber de proclamar su Mensaje y lo considera como la más meritoria de todas las acciones. Tal acción es aceptable sólo cuando aquel que enseña la Causa ya es un firme creyente en Dios, el Supremo Protector, el Misericordioso, el Todopoderoso. Además, Él ha ordenado, que su Causa sea enseñada por el poder de la palabra de los hombres y no recurriendo a la violencia. Así ha sido enviado su mandato desde el Reino de Aquel quien es el Exaltadísimo, el Omnisapiente. Cuidaos, no sea que contendáis con alguien, más aún, esforzaos para hacerle consciente de la verdad de manera bondadosa y con muy convincente exhortación. Si vuestro oyente responde, responderá para su propio bien, y si no, apartaos de él y volved vuestros rostros hacia la sagrada Corte de Dios, la sede de resplandeciente santidad.

No disputéis con nadie sobre las cosas de este mundo y sus asuntos, porque Dios las ha abandonado a aquellos que han puesto sus afectos en ellas. De todo el mundo, Él ha escogido para sí los corazones de los hombres, corazones que las huestes de la revelación y de la prolación pueden someter. Así ha sido ordenado por los Dedos de Bahá, sobre la Tabla del decreto irrevocable de Dios, por mandato de Aquel quien es el Supremo Ordenador, el Omnisciente.

CXXIX. ¡Oh caminante en el sendero de Dios! Toma tu porción del océano de su gracia y no te prives de las cosas que yacen ocultas en sus profundidades. Sé de aquellos que han participado de sus tesoros. Una gota de este océano, si fuera derramada sobre todos los que están en los cielos y en la tierra, sería suficiente para enriquecerles con la munificencia de Dios, el Todopoderoso, el Omnisciente, el Sapientísimo. Con las manos de la renuncia, saca de sus aguas vivificadoras, y rocía con ellas todas las cosas creadas, para que sean limpiadas de todas las limitaciones humanas y puedan aproximarse a la poderosa sede de Dios, este resplandeciente y sagrado Lugar.

No te apenes si lo realizas solo. Dios te sea suficiente para todo. Comulga íntimamente con su Espíritu y sé de los agradecidos. Proclama la Causa de tu Señor a todos los que están en los cielos y en la tierra. Si algún hombre respondiera a tu llamado, descubre ante él las perlas de la sabiduría del Señor, tu Dios, que su Espíritu te ha enviado, y sé de aquellos que de verdad creen. Y si alguien rechazara tu ofrecimiento, apártate de él y deposita tu fe y confianza en el Señor, tu Dios, el Señor de todos los mundos.

¡Por la rectitud de Dios! Quienquiera en este Día, abra sus labios y haga mención del nombre de su Señor, las huestes de la inspiración divina descenderán sobre él desde el cielo de mi nombre, el Omnisciente, el Sapientísimo. También descenderá sobre él el Concurso en lo alto, cada uno llevando en alto, un cáliz de luz pura. Así ha sido preordinado en el reino de la Revelación de Dios, por el mandato de Aquel quien es el Todo Glorioso, el Todopoderoso.

Dentro del Santo Velo, y preparado para el servicio de Dios, yace una compañía de sus escogidos que serán manifestados a los hombres, ayudarán a su Causa, y no temerán a nadie, aunque toda la raza humana se levante y lidie contra ellos. Éstos son aquellos que, ante la vista de los habitantes de la tierra y los moradores del cielo, se erguirán, y aclamarán en alta voz el nombre del Todopoderoso, y llamarán a los hijos de los hombres a seguir el sendero de Dios, el Todo Glorioso, el Todo Alabado. Sigue su camino y no dejes que nadie te desanime. Sé de aquellos a quienes la conmoción del mundo, por mucho que les agite en el sendero de su Creador, nunca podrá entristecer, cuyo propósito, la censura de los censuradores jamás podrá derrotar.

Ve con la Tabla de Dios y sus signos, y únete a los que han creído en mí y anúnciales nuevas de nuestro más sagrado Paraíso. Amonesta, entonces a los que han unido socios a Él. Di: Vengo a vosotros, oh pueblo, desde el Trono de gloria y os traigo un mensaje de Dios el Más Poderoso, el Exaltadísimo, el Más Grande. En mi mano llevo el testimonio de Dios, vuestro Señor, y el Señor de vuestros antepasados. Pesadlo en la Balanza justa que poseéis, la Balanza del testimonio de los profetas y mensajeros de Dios. Si lo encontráis fundado sobre la verdad, si creéis que es de Dios, tened cuidado, entonces, no sea que lo caviléis y volváis vanas vuestras obras, y seáis contados entre los infieles. Es ciertamente el signo de Dios que ha sido enviado, por el poder de la verdad, con el cual se ha demostrado a sus criaturas la validez de su Causa, y han sido levantadas las insignias de pureza entre la tierra y el cielo.

Di: Éste es el Pergamino místico y sellado, el repositorio del Decreto irrevocable de Dios, que contiene las palabras que ha trazado el Dedo de Santidad, que yacía envuelto en el velo de impenetrable misterio y que ahora ha sido enviado como una muestra de gracia de Aquel quien es el Todopoderoso, el Antiguo de los Días. En él hemos decretado los destinos de todos los habitantes de la tierra y los moradores del cielo, y hemos registrado el conocimiento de todas las cosas desde la primera hasta la última. Nada puede pasar inadvertido para Él, ni frustrarle, ya haya sido creado en el pasado, o sea creado en el futuro, si sólo pudierais comprenderlo.

Di: La Revelación enviada por Dios ha sido, con toda seguridad, repetida, y la Mano extendida de nuestro poder ha amparado a todos los que están en los cielos y a todos los que están en la tierra. Hemos manifestado por el poder de la verdad, la verdad misma, una vislumbre infinitesimal de nuestro Misterio impenetrable, y he aquí, aquellos que han reconocido el fulgor del esplendor sinaico expiraron, cuando percibieron un ligero atisbo de esta Luz Carmesí que envuelve el Sinaí de nuestra Revelación. Así ha venido en las nubes de su testimonio Aquel quien es la Belleza del Todo Misericordioso, y se ha cumplido el decreto en virtud de la Voluntad de Dios, el Todo Glorioso, el Omnisapiente.

Di: ¡Sal de Tu cámara sagrada, oh Doncella del Cielo, moradora del Exaltado Paraíso! Atavíate de la manera que agrades con la sedosa Vestidura de Inmortalidad, y ponte, en nombre del Todo Glorioso, el bordado Manto de Luz. Escucha, entonces, el dulce y maravilloso acento de la Voz que viene del Trono de tu Señor, el Inaccesible, el Altísimo. Quita el velo de tu rostro y revela la belleza de la Zagala de ojos negros, y no permitas que los siervos de Dios sean privados de la luz de tu luminoso semblante. No te apenes si escuchas los gemidos de los que habitan la tierra o las lamentaciones de los que moran en el cielo. Deja que perezcan en el polvo de la extinción. Que sean reducidos a la nada, por cuanto el fuego del odio ha sido encendida en sus pechos. Entona, entonces, ante la faz de los pueblos de la tierra y del cielo, y con voz muy melodiosa, el himno de alabanza, en conmemoración de Aquel quien es el Rey de los nombres y atributos de Dios. Así hemos decretado tu destino. Y Nosotros bien podemos lograr nuestro propósito.

Ten cuidado, Tú que eres la Esencia de la Pureza, que no te despojes de tu manto de gloria reluciente. Más bien, enriquécete cada vez más, en el reino de la creación, con las vestiduras incorruptibles de tu Dios, para que la hermosa imagen del Todopoderoso sea reflejada por ti en todas las cosas creadas, y la gracia de tu Señor sea infundida en la plenitud de su poder a toda la creación.

Si percibes de alguien el aroma del amor de tu Señor, ofréndate por él, porque te hemos creado para este fin, y hemos hecho convenio contigo, desde tiempo inmemorial y en la presencia de la congregación de nuestros favorecidos, con este mismo propósito. No te impacientes, si los ciegos de corazón lanzan los dardos de sus vanas fantasías sobre ti. Abandónales a si mismos, pues siguen las instigaciones de los malvados.

Proclama a la vista de los moradores del cielo y de la tierra: Yo soy la Doncella del Cielo, la Criatura engendrada por el Espíritu de Bahá. Mi morada es la Mansión de su Nombre, el Todo Glorioso. Ante el concurso en lo alto fui adornada con el ornamento de sus nombres. Estaba envuelta en el velo de una seguridad inviolable y yacía oculta a los ojos de los hombres. Me parece haber escuchado una Voz de divina e incomparable dulzura, que procedía de la diestra del Dios de Misericordia, y he aquí, todo el Paraíso se conmovió y tembló ante mí en su anhelo por escuchar sus palabras y contemplar la belleza de Aquel quien las pronunciaba. Así hemos revelado en esta luminosa Tabla, y en la más dulce de las lenguas, los versos que la Lengua de la Eternidad fue movida a pronunciar en el Qayyúmu'l-Asmá'.

Di: Él ordena lo que desea, en virtud de su soberanía, y hace lo que es su Voluntad por su propio mandato. No debe ser interrogado sobre lo que Él desee ordenar. Él, en verdad, es el Irrestringido, el Todopoderoso, el Sapientísimo.

Aquellos que no han creído en Dios, y se han rebelado contra su soberanía, son las impotentes víctimas de sus deseos e inclinaciones corruptas. Éstos regresarán a su habitación en el fuego del infierno: ¡miserable es la morada de los negadores!

CXXX. Sé generoso en la prosperidad y agradecido en la adversidad. Sé digno de la confianza de tu prójimo, y mírale con rostro resplandeciente y amistoso. Sé para el pobre un tesoro, para el rico, un amonestador; sé uno que responde al llamado del menesteroso, y guarda la santidad de tu promesa. Sé recto en tu juicio y moderado en tu palabra. No seas injusto con nadie, y a todos muestra mansedumbre. Sé como una lámpara para quienes andan en tinieblas, una alegría para los entristecidos, un mar para los sedientos, un asilo para los afligidos, un sostenedor y defensor de la víctima de la opresión. Que la integridad y rectitud distingan todos tus actos. Sé un hogar para el forastero, un bálsamo para el que padece, un baluarte para el fugitivo. Sé ojos para el ciego y una luz de guía a los pies de los que yerran. Sé un ornamento del semblante de la verdad, una corona sobre la frente de la fidelidad, un pilar del templo de la rectitud, un hálito de vida para el cuerpo de la humanidad, una insignia de las huestes de la justicia, un lucero sobre el horizonte de la virtud, un rocío para la tierra del corazón humano, un arca en el océano del conocimiento, un sol en el cielo de la munificencia, una gema en la diadema de la sabiduría, una luz refulgente en el firmamento de tu generación, un fruto del árbol de la humildad.

CXXXI. La Pluma del Antiguo Rey nunca ha cesado de recordar a los amados de Dios. En un tiempo ríos de misericordia han fluido de su Pluma, en otro, mediante su movimiento, el claro Libro de Dios ha sido revelado. Él es Aquel, a quien nadie es comparable, en cuyo lenguaje ninguno podía nunca competir. Él es quien, desde la eternidad, ha estado establecido en la sede del ascendiente y poder, de cuyos labios han procedido consejos que pueden satisfacer las necesidades de toda la humanidad, y advertencias que pueden beneficiarle.

El Dios único y verdadero me atestigua, y sus criaturas testificarán que ni por un momento me he permitido estar oculto a los ojos de los hombres, ni he consentido escudarme contra su agravio. Ante la faz de todos los hombres me he levantado y les he ordenado cumplir mi agrado. Mi objetivo no es sino el mejoramiento del mundo y la tranquilidad dé sus pueblos. El bienestar de la humanidad, su paz y seguridad son inalcanzables, a menos que su unidad sea firmemente establecida. Esta unidad no podrá jamás lograrse mientras se permita que los consejos que ha revelado la Pluma del Altísimo pasen desatendidos.

Mediante el poder de las palabras que Él ha pronunciado, toda la raza humana puede ser iluminada con la luz de la unidad, y el recuerdo de su Nombre es capaz de inflamar los corazones de todos los hombres y consumir los velos que se interponen entre ellos y su gloria. Una acción recta está dotada de tal potencia que puede enaltecer a tal punto al polvo como para hacerlo ir más allá del cielo de los cielos. Puede rasgar toda atadura y tiene el poder de restaurar la fuerza que se ha gastado y desvanecido....

Sed puros, oh pueblo de Dios, sed puros; sed rectos, sed rectos.... Di: ¡Oh pueblo de Dios! Lo que puede asegurar la victoria de Aquel quien es la Verdad Eterna, sus huestes y ayudantes en la tierra, han sido anotadas en los Libros y Escrituras sagradas, y son tan claras y manifiestas como el sol. Estas huestes son los actos rectos, la conducta y carácter que son aceptables a su vista. Quienquiera se levante a ayudar a nuestra Causa en este Día, y llame en su ayuda las huestes de un carácter loable y una conducta recta, la influencia que fluye de tal acción, ciertamente será difundida por todo el mundo.

CXXXII. El propósito del Dios único y verdadero, exaltada sea su gloria, al revelarse a los hombres, es poner en descubierto las gemas que yacen ocultas en la mina de su ser íntimo y verdadero. Es parte de la esencia de la Fe de Dios y su Religión en este Día, que no deberá permitirse nunca que las diversas comuniones de la tierra, y los múltiples sistemas de creencias religiosas, fomenten la animosidad entre los hombres. Estos principios y leyes, estos sistemas poderosos y firmemente establecidos, han procedido de una sola Fuente, y son los rayos de una sola Luz. Que difieren unos de otros debe atribuirse a los requisitos variables de las edades en que fueron promulgadas.

¡Oh pueblo de Bahá! Aprestaos en vuestros esfuerzos, que quizás el tumulto de lucha y disensión religiosas, que agita a los pueblos de la tierra, sea aquietado, para que toda huella de ellas sea completamente borrada. Por el amor a Dios y a aquellos que le sirven, levantaos para ayudar a esta, la más sublime y trascendental Revelación. El fanatismo y odio religiosos son un fuego que devora el mundo, cuya violencia nadie puede extinguir. Sólo la Mano del Poder Divino puede librar a la humanidad de esta aflicción desoladora....

La prolación de Dios es una lámpara, cuya luz son estas palabras: Sois los frutos de un solo árbol y las hojas de una sola rama. Proceded uno con otro con extremo amor y armonía, con amistad y compañerismo. ¡Aquel, quien es el Sol de la Verdad, es mi testigo! Tan potente es la luz de la unidad que puede iluminar toda la tierra. El Dios único y verdadero, quien conoce todas las cosas, atestigua Él mismo la verdad de estas palabras.

Esforzaos para que alcancéis esta trascendente y muy sublime posición, posición que puede asegurar la protección y seguridad de toda la humanidad. Esta meta supera todas las demás metas, y esta aspiración es el monarca de todas las aspiraciones. Sin embargo, mientras no se disipen las espesas nubes de la opresión que oscurecen el sol de la justicia, será difícil que la gloria de esta posición sea revelada a los ojos de los hombres....

Asociaos con todos los hombres, oh pueblo de Bahá, con espíritu de amistad y compañerismo. Si sois conscientes de cierta verdad, si poseéis una joya, de la que otros están privados compartidla con ellos en un lenguaje de sumo afecto y buena voluntad. Si es aceptada, si cumple su propósito, habréis logrado vuestro objetivo. Si alguien la rehusara, abandonadle a sí mismo, e implorad a Dios que le guíe. Guardaos de tratarle sin bondad. Una lengua amable es el imán del corazón de los hombres. Es el pan del espíritu, reviste de significado las palabras, es fuente de la luz de la sabiduría y el entendimiento....

CXXXIII. La ordenanzas de Dios han sido enviadas desde el cielo de su muy augusta Revelación. Todos deben observarlas diligentemente. La suprema distinción del hombre, su verdadero adelanto, su victoria final, ha dependido siempre y continuará dependiendo de ellas. Quienquiera guarde los mandamientos de Dios alcanzará felicidad eterna.

Una doble obligación descansa sobre aquel que ha reconocido la Aurora de la Unidad de Dios y aceptado la verdad de Aquel quien es la Manifestación de su unicidad. La primera es constancia en su amor, tal que ni el clamor del enemigo ni las pretensiones del impostor ocioso puedan impedirle aferrarse a Aquel quien es la Verdad Eterna, constancia que prescinda totalmente de ellos. La segunda es estricta observancia de las leyes que Él ha prescrito, leyes que Él siempre ha ordenado a los hombres y continuará ordenando, mediante las cuales la verdad puede ser distinguida y separada de la falsedad.

CXXXIV. El primer deber y el más sobresaliente, después del reconocimiento de Aquel quien es la Verdad Eterna, es la constancia en su Causa. Aférrate a ella, y sé de aquellos cuyas mentes están fijas y fundadas firmemente en Dios. Ninguna acción, por muy meritoria que sea, no ha sido ni será jamás comparable a ésta. Es el rey de todas las acciones, y esto lo atestiguará tu Señor, el Altísimo, el Más Poderoso....

Las virtudes y atributos que pertenecen a Dios son todos evidentes y manifiestos, y han sido mencionados y descritos en todos los Libros Celestiales. Entre éstos se encuentran la confiabilidad, la veracidad, la pureza de corazón en comunión con Dios, la indulgencia, la resignación a todo lo que el Todopoderoso ha decretado, el contento con las cosas que su Voluntad ha proveído, la paciencia, aun más, el agradecimiento en medio de las tribulaciones, y completa confianza en Él bajo todas circunstancias. De acuerdo con la estimación de Dios, éstas figuran como las más elevadas y loables entre todas las acciones. Todas las demás acciones son secundarias y subordinadas a ellas, y continuarán siempre siéndolo....

El espíritu que anima al corazón humano es el conocimiento de Dios, y su mejor adorno es el reconocimiento de la verdad que: "Él hace todo lo que es su Voluntad y ordena lo que Él desea". Su atavío es el temor a Dios, y su perfección es la constancia en su Fe. Así instruye Dios a todos los que le buscan. Él, en verdad, ama a aquel que se vuelve hacia Él. No hay otro Dios sino Él, el Perdonador, el Más Generoso. Toda loanza sea a Dios, el Señor de todos los mundos.

CXXXV. ¡Oh Letra del Viviente! El oído de Dios ha escuchado tu llamado, y sus ojos han visto la súplica que has escrito. Él te llama desde su sede de gloria y te revela los versos que han sido enviados por aquel que Ayuda en el Peligro, el que Subsiste por sí mismo.

Bendito eres por haber abolido enteramente el ídolo del egoísmo y de la vana imaginación, por haber rasgado el velo de la ociosa fantasía, mediante la fuerza del poder de tu Señor, el Supremo Protector, el Todopoderoso, el único Amado. Ciertamente serás contado entre aquellas Letras que han superado a toda otra Letra. Por esto has sido elegido por Dios, por la lengua de tu Señor, el Báb, el resplandor de cuyo semblante ha envuelto a toda la creación y continuará envolviéndola. Da gracias al Todopoderoso y magnifica su nombre por cuanto Él te ha ayudado a reconocer una Causa que ha hecho temblar los corazones de los habitantes de los cielos y de la tierra, que ha hecho clamar a los moradores de los Reinos de la creación y de la Revelación, por la cual los secretos ocultos en los corazones de los hombres han sido descubiertos y probados.

Tu Señor, el Altísimo (el Báb), desde su Reino de gloria, te dirige esta palabras: Grande es la bendición que te espera, oh Letra del Viviente, por que tú de verdad has creído en mí, has rehusado avergonzarme ante el Concurso en lo Alto, has cumplido tu promesa, te has despojado del velo de las vanas imaginaciones, y has fijado tu mirada en el Señor, tu Dios, el Señor de lo visible e invisible, el Señor del Templo Frecuentado. Estoy muy contento contigo, por cuanto he encontrado tu rostro resplandeciente en el Día en que los rostros se han hecho lúgubres y se han vuelto negros.

Di: ¡Oh pueblo del Bayán! ¿No os hemos amonestado, en todas nuestras Tablas y en todas nuestras Escrituras ocultas, para que no sigáis vuestras pasiones malas e inclinaciones corruptas, sino para que dirijáis vuestras miradas hacia la Escena de gloria trascendente en el Día en que será establecida la Más Poderosa Balanza, Día en que las dulces melodías del Espíritu de Dios manarán de la diestra del trono de vuestro Señor, el omnipotente Protector, el Todopoderoso, el Santo de los Santos? ¿No os hemos prohibido aferraros a las cosas que os apartaran de la Manifestación de nuestra Belleza en su siguiente Revelación, sean ellas las personificaciones de los nombres de Dios y toda su gloria, o los reveladores de sus atributos y su dominio? ¡Ve cómo, en cuanto me he revelado, habéis rechazado mi verdad y os habéis alejado de mí, y habéis sido de los que han considerado los signos de Dios como un juego y pasatiempo!

¡Por mi Belleza! En este Día nada en absoluto será aceptado de vosotros aunque. continuéis adorando a Dios y postrándoos ante Él por toda la eternidad de su dominio. Pues todas las cosas dependen de su Voluntad, y el valor de todos los hechos está condicionado a su aceptación y agrado. Todo el universo no es sino un puñado de arcilla en su mano. A no ser que uno reconozca a Dios y le ame, su llamado no será escuchado por Dios en este Día. Ésta es parte de la esencia de su Fe, si sólo supierais.

¿Estaréis contentos con aquello que sólo es como la niebla en la llanura y dispuestos a privaros del Océano, cuyas aguas, en virtud de la Voluntad de Dios, refrescan las almas de los hombres? ¡Ay de vosotros, por haber respondido a la generosidad de Dios con algo tan vano y despreciable! Sois, en verdad, de aquellos que me han rechazado en mi Revelación anterior. ¡Oh qué vuestros corazones comprendieran!

Levantaos y, a la vista de Dios, expiad vuestras faltas de deber hacia Él. Éste es mi mandamiento a vosotros, si prestarais oídos a mi mandamiento. ¡Por mi mismo! Ni el pueblo del Corán, ni los seguidores de la Tora, ni del Evangelio, ni los de ningún otro Libro han cometido lo que vuestras manos han hecho. Yo mismo he dedicado toda mi vida a la vindicación de la verdad de esta Fe. Yo mismo, en todas mis Tablas he anunciado el advenimiento de su Revelación. Sin embargo, tan pronto como Él se manifestó en su Revelación subsiguiente, vestido con la gloria de Bahá y ataviado con el manto de su grandeza, vosotros os rebelasteis contra Aquel quien es el Supremo Protector, el que Subsiste por sí mismo. ¡Cuidaos, oh pueblo! Avergonzaos de aquello que me ha acaecido por vuestras manos en el Sendero de Dios. Cuidaos de que no seáis contados entre los que han rechazado lo que les ha sido enviado desde el Cielo de la trascendente gloria de Dios.

Tales son, oh Letra del Viviente, las palabras que tu Señor ha pronunciado y te ha dirigido desde los reinos en lo alto. Proclama las palabras de vuestro Señor a sus siervos, que tal vez sacudan su sueño y pidan perdón a Dios, quien les ha formado y les ha modelado, y les ha enviado esta muy refulgente, esta muy santa y manifiesta Revelación de Su Belleza.

CXXXVI. Di: Oh pueblo, librad vuestras almas de las cadenas del yo y purificadlas de todo apego a cualquier cosa fuera de mí. El recuerdo de mí limpia todas las cosas de mancha, si pudierais comprenderlo. Di: Si todas las cosas creadas fuesen despojadas enteramente del velo de vanidad y deseo mundanos, la Mano de Dios las vestiría en este Día, a todas y cada una, con la vestidura "Él hace lo que es su Voluntad en el reino de la creación", para que así sea manifestado en todas las cosas el signo de su soberanía. Exaltado, entonces, sea Él, el Soberano Señor de todo, el Todopoderoso, el Supremo Protector, el Todo Glorioso, el Omnipotente.

Entona, oh mi siervo, los versos de Dios que tú has recibido, como son entonados por aquellos que se han acercado a Él, para que la dulzura de tu melodía encienda tu propia alma y atraiga los corazones de todos los hombres. Quienquiera recite retirado en su cámara los versos revelados por Dios, los ángeles esparcidores del Todopoderoso difundirán por doquier la fragancia de las palabras pronunciadas por su boca, y harán que palpite el corazón de todo hombre recto. Aunque al principio permanezca inconsciente de su efecto, sin embargo, la virtud de gracia concedida a él debe necesariamente ejercer tarde o temprano influencia sobre su alma. Así han sido decretados los misterios de la Revelación de Dios en virtud de la Voluntad de Aquel quien es la Fuente de poder y sabiduría.

¡Oh Khalíl! Dios es mi testigo. Aunque mi Pluma se mueva sobre mi Tabla, sin embargo, en el fondo de su corazón llora y está dolorosamente afligida. La lámpara que arde ante el Trono, asimismo, llora y gime por causa de lo que la Antigua Belleza ha sufrido en manos de aquellos que no son sino una creación de su Voluntad. Dios mismo sabe y atestigua la verdad de mis palabras. Ningún hombre que haya purgado su oído del ruidoso clamor de los infieles y lo haya puesto hacia todas las cosas creadas, puede dejar de oír la voz de su lamento y llanto por el dolor que nos ha sucedido en manos de aquellos de nuestros siervos que no han creído y se han rebelado contra Nosotros. Así te hemos revelado un vislumbre de las penas que nos han sobrevenido para que seas consciente de nuestros sufrimientos y soportes pacientemente tus aflicciones.

Levántate para ayudar a tu Señor en todo tiempo y en todas circunstancias, y sé tú uno de sus ayudantes. Amonesta, entonces, al pueblo para que presten atención a las palabras que el Espíritu de Dios ha pronunciado en esta refulgente y esplendorosa Tabla. Di: No sembréis, oh pueblo, las semillas de disensión entre los hombres, y no contendáis con vuestro prójimo. Sed pacientes bajo todas condiciones, y depositad toda vuestra fe y confianza en Dios. Ayuda a vuestro Señor con la espada de la sabiduría y la prolación. Esto, ciertamente, es propio de la posición del hombre. Apartarse de ello sería indigno para Dios, el Soberano Señor de todo, el Glorificado. El pueblo, sin embargo, ha sido desviado, y es, ciertamente, de los desatentos.

Abrid, oh pueblo, las puertas de los corazones de los hombres con las llaves del recuerdo de Aquel quien es el Recuerdo de Dios y la Fuente de sabiduría entre vosotros. Él ha elegido de todo el mundo los corazones de sus siervos, y los ha hecho sede de la revelación de su gloria. Por tanto, santificadlos de toda mancha, para que aquello para lo cual fueron creados sea grabado en ellos. Esto, de hecho, es una muestra del generoso favor de Dios.

Embelleced vuestras lenguas, oh pueblo, con la veracidad, y adornad vuestras almas con el ornamento de la honestidad. Cuidad, oh pueblo, no sea que obréis traicioneramente con alguno. Sed los procuradores de Dios entre sus criaturas y los emblemas de su generosidad en medio de su pueblo. Aquellos que siguen sus placeres y corruptas inclinaciones han errado y disipado sus esfuerzos. Ellos, de veras, son de los perdidos. Esforzaos, oh pueblo, para que vuestros ojos sean dirigidos hacia la misericordia de Dios, que vuestros corazones estén en consonancia con su maravilloso recuerdo, que vuestras almas dependan confiadamente de su gracia y munificencia, que vuestros pies hollen el sendero de su complacencia. Éstos son los consejos que os lego. ¡Ojalá siguierais mis consejos!

CXXXVII. Algunos han considerado que es lícito violar la integridad de los bienes de su prójimo y no han dado importancia a la orden de Dios prescrita en su Libro. ¡Que el mal caiga sobre ellos y el castigo de Dios, el Todopoderoso, el Omnisciente, les aflija! ¡Por Aquel quien brilla sobre la Aurora de santidad! Si toda la tierra fuera convertida en plata y oro, ningún hombre del que pueda decirse que verdaderamente ha ascendido al cielo de fe y certeza se dignaría a mirarlo, menos aun a tomar y guardarlo. Anteriormente nos hemos referido a este tema en pasajes revelados en lengua árabe, en palabras de exquisita belleza. ¡Dios es nuestro testigo! Quienquiera haya gustado la dulzura de esas palabras nunca consentirá transgredir los límites que Dios ha fijado, ni volverá su mirada hacia nadie excepto su Bienamado. Tal hombre reconocerá fácilmente con su vista interior cuán vanas y fugaces son las cosas de este mundo, y pondrá sus afectos en cosas sublimes.

Di: ¡Avergonzaos, oh vosotros que os llamáis los amantes de la Antigua Belleza! Que os sirvan de amonestación las tribulaciones que Él ha sufrido, el peso de la angustia que ha soportado por amor de Dios. Que vuestros ojos se abran. ¿Con qué propósito se ha afanado Él, si las múltiples pruebas que ha sobrellevado han de tener finalmente como resultado tan despreciables profesiones, y tan miserable conducta? Todo ladrón, todo obrador de iniquidades, en los días anteriores a mi Revelación, ha pronunciado estas mismas palabras y ha efectuado estos mismos hechos.

Ciertamente digo: Prestad atención a mi dulce voz y santificaos de la suciedad de vuestras malas pasiones y deseos corruptos. Aquellos que moran dentro del tabernáculo de Dios, y están establecidos en las sedes de gloria sempiterna, rehusarán, aunque estén muriendo de hambre, extender y tomar ilícitamente la propiedad de su prójimo, por muy bajo y despreciable que éste sea.

El propósito del Dios único y verdadero al manifestarse a sí mismo es emplazar a toda la humanidad a la veracidad y sinceridad, a la piedad y confiabilidad, a la resignación y sumisión a la Voluntad de Dios, a la paciencia y amabilidad, a la rectitud y sabiduría. Su objetivo es cubrir a cada hombre con el manto de un carácter santificado y adornarlo con el ornamento de acciones buenas y santas.

Di: Tened misericordia de vosotros mismos y de vuestros semejantes, y no permitáis que la Causa de Dios -Causa que es inmensamente exaltada sobre la esencia íntima de la santidad- sea manchada por la inmundicia de vuestras ociosas fantasías, de vuestras imaginaciones indecorosas y corruptas.

CXXXVIII. Tú ves, oh Dios de Misericordia, Tú cuyo poder penetra todas las cosas creadas, a estos siervos tuyos, tus esclavos, quienes de acuerdo con el beneplácito de tu Voluntad, observan de día el ayuno prescrito por ti, quienes se levantan, con el alba del día, para hacer mención de tu Nombre y celebrar tu alabanza, en el deseo de obtener su parte de las cosas buenas que están atesoradas en los erarios de tu gracia y munificencia. Te imploro, oh Tú que tienes en tus manos las riendas de toda la creación, en cuyo puño está todo el reino de tus nombres y de tus atributos, que no prives en tu Día a tus siervos de las lluvias que se vierten de las nubes de tu misericordia, ni les impidas tomar su porción del océano de tu complacencia.

Todos los átomos de la tierra son testigos, oh mi Señor, de la grandeza de tu poder y soberanía; y todos los signos del universo atestiguan la gloria de tu majestad y fuerza. Ten misericordia, entonces, oh Tú que eres el soberano Señor de todo, que eres el Rey de los días sempiternos y Monarca de todas las naciones, sobre éstos, tus siervos, que se han aferrado a la cuerda de tus mandamientos, que han doblado su cerviz a las revelaciones de tus leyes que han sido enviadas desde el cielo de tu Voluntad.

Ve, oh mi Señor, cómo sus ojos se han levantado hacia el orto de tu amorosa bondad, cómo sus corazones están puestos sobre los océanos de tus favores, cómo se acallan sus voces ante los acentos de tu muy dulce Voz, que llama, desde la Posición más sublime, en tu nombre, el Todo Glorioso. Ayuda Tú a tus amados, oh mi Señor, a aquellos que han abandonado todo para poder obtener lo que Tú posees, quienes han sido envueltos por pruebas y tribulaciones por haber renunciado al mundo y depositado su afecto en tu dominio de gloria. Escúdalos, te imploro, oh mi Señor, de los asaltos de las malas pasiones y deseos, ayúdales a obtener lo que ha de aprovecharles en este presente mundo y el venidero.

Te pido, oh mi Señor, por tu oculto, tu atesorado Nombre, que llama en alta voz en el reino de la creación y emplaza a todos los pueblos al Árbol más allá del cual no hay paso, la sede de trascendente gloria, que derrames sobre nosotros, y sobre tus siervos la inundante lluvia de tu misericordia, para que nos limpie del recuerdo de todo salvo de ti, nos acerque a las orillas del océano de tu gracia. Ordena, oh Señor, por tu muy exaltada Pluma, lo que ha de inmortalizar nuestras almas en el Dominio de gloria, perpetuar nuestros nombres en tu Reino, y guardar nuestras vidas en los erarios de tu protección y nuestros cuerpos en el baluarte de tu inviolable fortaleza. Potente eres Tú sobre todas las cosas, ya sean del pasado o del futuro. No hay otro Dios sino Tú, el Protector omnipotente, el que subsiste por sí mismo.

Tú ves, oh Señor, nuestras manos suplicantes levantadas hacia el cielo de tu favor y generosidad. Concede que sean colmadas con los tesoros de tu munificencia y generoso favor. Perdónanos a nosotros, y a nuestros padres, y a nuestras madres, y cumple todo lo que hemos deseado desde el océano de tu gracia y divina generosidad. Acepta, oh Amado de nuestros corazones, todas nuestras obras en tu sendero. Tú eres, verdaderamente, el Todopoderoso, el Más Exaltado, el Incomparable, el Único, el Perdonador, el Conferidor de Gracia.

CXXXIX. Presta atención, oh Nabíl-i-A'zam, a la Voz del Antiguo de los Días, que te llama desde el Reino de su Nombre todo glorioso. Es Él quien proclama desde los dominios en lo alto y dentro de la esencia íntima de todas las cosas creadas: "Yo, verdaderamente, soy Dios, no hay otro Dios sino Yo. Yo soy Aquel quien, desde siempre, ha sido la Fuente de toda soberanía y poder, Aquel quien continuará, por la eternidad, ejerciendo su dignidad soberana y dando su protección a todas las cosas creadas. Mi prueba es la grandeza de mi poder y mi soberanía que abarca a toda la creación"....

Bendito eres tú, oh mi nombre, por cuanto has entrado en mi Arca, y te deslizas, por la fuerza de mi soberano y muy exaltado poder, sobre el océano de grandeza, y te cuentas entre mis favorecidos cuyos nombres ha inscrito el Dedo de Dios. Has bebido de la copa que es en verdad la vida de las manos de este Joven, en torno de quien giran las Manifestaciones del Todo Glorioso, y el brillo de cuya presencia aquellos que son las Auroras de Misericordia ensalzan de día y de noche.

Su gloria sea contigo, por cuanto has ido de Dios hacia Dios y has entrado en las márgenes de la Corte de esplendor inmarcesible, Lugar que el hombre mortal no podrá nunca describir. Allí la brisa de santidad, cargada del amor de tu Señor, ha conmovido tu espíritu dentro de ti, y las aguas del entendimiento te han lavado de las manchas de alejamiento e impiedad. Has sido admitido en el Paraíso del Recuerdo de Dios, por tu reconocimiento de Aquel quien es la Personificación de ese Recuerdo entre los hombres.

Por tanto, sé agradecido a Dios, por que te ha fortalecido para ayudar a su Causa, porque ha hecho que las flores del conocimiento y la comprensión broten en el jardín de tu corazón. Así te ha envuelto su gracia, como ha envuelto a toda la creación. Cuidado, no permitas que algo te apene. Líbrate de todo apego a las vanas alusiones de los hombres y arroja tras de ti las vanas y sutiles disputas de aquellos que están separados de Dios por velos. Proclama, entonces, lo que el Más Grande Espíritu te hará pronunciar en el servicio de la Causa de tu Señor, para que conmuevas las almas de todos los hombres y atraigas sus corazones hacia esta muy bendita y toda gloriosa Corte....

Sabe que hemos anulado la regla de la espada como ayuda a nuestra Causa, y la hemos sustituido por el poder nacido de la prolación de los hombres. Así lo hemos decretado irrevocablemente, en virtud de nuestra gracia. Di: ¡Oh pueblo! No sembréis las semillas de discordia entre los hombres, y absteneos de contender con vuestro prójimo, pues vuestro Señor ha encomendado el mundo y las ciudades de éste al cuidado de los reyes de la tierra, y los ha hecho emblemas de su propio poder, en virtud de la soberanía que Él ha elegido para conferirles. Él ha rehusado reservar para sí parte alguna del dominio de este mundo. Esto lo atestigua Aquel quien es, Él mismo, la Verdad Eterna. Lo que Él ha reservado para sí, son las ciudades de los corazones de los hombres, para que Él pueda limpiarlos de toda inmundicia terrenal y habilitarlos para aproximarse al Lugar santificado que las manos de los infieles no podrán nunca profanar. Abrid, oh pueblo, la ciudad del corazón humano con la llave de vuestra palabra. Así Nosotros, de acuerdo con una medida preordinada, os hemos prescrito vuestro deber.

¡Por la rectitud de Dios! El mundo y sus vanidades, y su gloria, y todas las delicias que pueda ofrecer, son todos, a la vista de Dios, tan viles como polvo y cenizas, no, y aún mas despreciables que éstos. ¡Si los corazones de los hombres pudieran comprenderlo! Limpíaos completamente, oh pueblo de Bahá, de la contaminación del mundo, y de todo lo que le pertenece. Dios mismo es mi testigo. Las cosas de la tierra no os convienen. Desechadlas para quienes las deseen, y fijad vuestros ojos en esta muy santa y refulgente Visión.

Lo que os conviene es el amor a Dios, y el amor a Aquel quien es la Manifestación de su Esencia, y la observancia de todo lo que Él elija para prescribiros, si sólo lo supierais.

Di: Que la veracidad y la cortesía sean vuestro adorno. No permitáis ser privados del manto de la paciencia y justicia, para que los dulces aromas de santidad sean exhalados desde vuestros corazones sobre todas las cosas creadas. Di: Cuidado, oh pueblo de Bahá, no sea que andéis por los caminos de aquellos cuyas palabras difieren de sus hechos. Esforzaos que seáis habilitados para manifestar a los pueblos de la tierra los signos de Dios y reflejar sus mandamientos. Que vuestros hechos sean una guía para toda la humanidad, pues lo que profesan la mayoría de los hombres, sean nobles o humildes, difieren de su conducta. Es por vuestros actos que podéis distinguiros de los demás. Por ellos puede ser derramado sobre toda la tierra el brillo de vuestra luz. Feliz es el hombre que atiende mi consejo y guarda los preceptos prescritos por Aquel quien es el Omnisciente, el Omnisapiente.

CXL. ¡Oh Muhammad-'Alí! Grande es la ventura que te espera, por cuanto has adornado tu corazón con el ornamento del amor a tu Señor, el Todo Glorioso, el Todo Alabado, Aquel que haya alcanzado esta posición en este día, todo el bien será suyo.

No prestes atención a la humillación a que han sido sometidos en este Día los amados de Dios. Esta humillación es el orgullo y la gloria de todo honor temporal y elevación mundana. ¿Qué honor puede imaginarse mayor que el honor conferido con la Lengua del Antiguo de los Días cuando recuerda a sus amados en su Prisión, la Más Grande? El día se aproxima, en que las nubes interpuestas se habrán disipado completamente, en que la luz de las palabras: "Todo honor pertenece a Dios y a aquellos que le aman", habrá aparecido, tan manifiesta como el sol, sobre el horizonte de la Voluntad del Todopoderoso.

Todos los hombres, sean nobles o humildes, han buscado tan gran honor y aún lo buscan. Todos, sin embargo, tan pronto como el Sol de la Verdad derramara su resplandor sobre el mundo, han sido privados de sus beneficios, y han sido apartados como por un velo de su gloria, excepto aquellos que se han aferrado a la cuerda de la infalible providencia del Dios único y verdadero, y que, con completo desprendimiento de todo salvo Él, han vuelto sus rostros hacia su santa corte.

Da gracias a Aquel, quien es el Deseo de todos los mundos por haberte investido con tan alto honor. Dentro de poco el mundo y todo lo que hay en él será como una cosa olvidada, y todo el honor será para los amados de tu Señor, el Todo Glorioso, el Más Generoso.

CXLI. ¡Un Libro enviado en verdad a los hombres de discernimiento! Ordena al pueblo observar la justicia y obrar la rectitud, y les prohíbe seguir sus inclinaciones corruptas y deseos carnales, acaso los hijos de los hombres sean despertados de su negligencia.

Di: Seguid, oh pueblo, lo que ha sido prescrito a vosotros en nuestras Tablas, y no os dejéis llevar por las imaginaciones que han maquinado los sembradores de maldad, aquellos que cometen malicia y la imputan a Dios, el Más Santo, el Todo Glorioso, el Exaltadísimo. Di: Hemos aceptado ser probados con males y aflicciones para que os santifiquéis de toda inmundicia terrenal. ¿Por qué rehusáis entonces ponderar en vuestros corazones nuestro propósito? ¡Por la rectitud de Dios! Quienquiera que reflexione sobre las tribulaciones que Nosotros hemos sufrido, su alma se desvanecerá de pena. Tu Señor, Él mismo, atestigua la verdad de mis palabras. Hemos soportado el peso de todas las calamidades para santificaros de toda corrupción terrenal, y, sin embargo, estáis indiferentes.

Di: Incumbe a cada uno que se sostiene firmemente del borde de nuestro Manto, no ser manchado por nada que sea contrario al Concurso en lo alto. Así ha sido decretado por tu Señor, el Todo Glorioso, en su perspicua Tabla. Di: ¿Dejáis a un lado mi amor y cometéis lo que entristece mi corazón? ¿Qué os impide comprender lo que ha sido revelado a vosotros por Aquel quien es el Omnisciente, el Omnisapiente?

Nosotros de verdad vemos vuestras acciones. Si percibimos de ellas el dulce aroma de la pureza y santidad, Nosotros, ciertamente, os bendeciremos. Entonces, las lenguas de los moradores del Paraíso pronunciaran vuestra alabanza y magnificarán vuestros nombres entre aquellos que se han acercado a Dios.

Aférrate al borde del Manto de Dios y sosténte firmemente de su Cuerda, que nadie puede dividir. Cuida que el clamor de aquellos que han repudiado su Más Grande Anuncio no te impida lograr tu propósito. Proclama lo que te ha sido prescrito en esta Tabla, aunque todos los pueblos se alcen y se opongan a ti. Tu Señor es, en verdad, el que Compele Todo, el Protector Infalible.

Mi gloria sea contigo y con aquellos de mis amados que se han asociado contigo. Éstos son de verdad aquellos con quienes estará el bien.

CXLII. ¡Juro por la belleza del Bienamado! Ésta es la Misericordia que ha envuelto a toda la creación, el Día en que la gracia de Dios ha penetrado e impregnado todas las cosas. Las aguas vivientes de mi misericordia, oh 'Alí, vierten copiosamente, y mi corazón se funde con el calor de mi ternura y amor. En ningún momento he podido resignarme a las aflicciones que han sucedido a mis amados ni a ninguna pena que pudiera ofuscar la alegría de sus corazones.

Cada vez que mi nombre "el Todo Misericordioso" escuchaba que uno de mis amados había proferido una palabra que iba contra mi deseo, se retiraba herido de dolor y desconsolado a su morada; y cuando mi nombre "el Encubridor" descubría que alguno de mis seguidores había infligido una afrenta o humillación a su prójimo, asimismo volvía apesadumbrado y lleno de tristeza a sus retiros de gloria, y allí lloraba y se lamentaba penosamente. Y cuando mi nombre "el que Siempre Perdona" percibía que alguno de mis amigos había cometido una transgresión gritaba en su gran tormento, y vencido por la angustia, caía sobre el polvo y era llevado por una compañía de los ángeles invisibles a su habitación en los dominios en lo alto.

¡Por mí mismo, el Verdadero, oh 'Alí! El fuego que ha inflamado el corazón de Bahá es más abrasador que el fuego que arde en tu corazón, y su lamentación, más aguda que tu lamentación. Cada vez que el pecado cometido por alguno entre ellos era pronunciado en la Corte de su Presencia, la Antigua Belleza se llenaba tanto de vergüenza como para desear que pudiese ocultar la gloria de su semblante de los ojos de todos los hombres, porque Él en todo momento ha fijado su mirada en su fidelidad y ha observado sus requisitos esenciales.

Las palabras que tú escribiste, tan pronto como fueron leídas en mi Presencia, han hecho que el océano de mi fidelidad se mueva dentro de mí, y que la brisa de mi perdón acaricie tu alma, y que el árbol de mi amorosa bondad te dé sombra, y que las nubes de mi generosidad viertan sus dádivas sobre ti. Juro por el Sol que gira sobre el horizonte de la eternidad. Lloro por ti en tu tristeza, y me lamento contigo en tu tribulación.... Soy testigo de los servicios que me has hecho, y atestiguo las diversas aflicciones que has soportado por mi amor. Todos los átomos de la tierra declaran mi amor por ti.

El llamado que tú elevaste, oh 'Alí, es altamente aceptable a mi vista. Proclama con tu pluma y lengua mi Causa. Llama y emplaza al pueblo hacia Aquel quien es el Soberano Señor de todos los mundos, con tal celo y fervor, que todos los hombres sean encendidos por ti.

Di: ¡Oh mi Señor, mi Bienamado, el Movedor de mis acciones, la Estrella de Guía de mi alma, la Voz que llama en mi ser íntimo, el Objeto de la adoración de mi corazón! La loanza sea a ti por haberme habilitado para volver mi rostro hacia ti, por haber inflamado mi alma mediante el recuerdo de ti, por haberme ayudado a proclamar tu Nombre y cantar tus alabanzas.

¡Mi Dios, mi Dios! Si no se encontrara a nadie que se desviase de tu sendero, ¿cómo podría entonces ser desplegada la enseña de tu misericordia o izado el estandarte de tu generoso favor? Y si no se cometiera iniquidad, ¿qué podría proclamarte como el Encubridor de los pecados de los hombres, el que Siempre Perdona, el Omnisciente, el Sapientísimo? Que mi alma sea un sacrificio por los delitos de aquellos que te contravienen, porque sobre éstos sopla la dulce fragancia de los tiernos mercedes de tu Nombre, el Compasivo, el Todo Misericordioso. Que mi vida sea entregada por las transgresiones de aquellos que te desobedecen, porque mediante ellas el hálito de tu gracia y la fragancia de tu amorosa bondad se hacen conocer y difundir entre los hombres. Que mi ser íntimo sea ofrendado por los pecados de aquellos que han pecado contra ti, porque es como resultado de tales pecados que el Sol de tus múltiples favores se revela sobre el horizonte de tu generosidad y las nubes de tu infalible providencia vierten sus dádivas sobre las realidades de todas las cosas creadas.

Yo soy aquel, oh mi Señor, que te ha confesado la multitud de sus malas obras, que ha reconocido lo que ningún hombre ha reconocido. Me he apresurado para alcanzar el océano de tu perdón, y he buscado refugio bajo la sombra de tu muy bondadoso favor. Concede, te lo imploro, oh Tú que eres el Rey Eterno y el Soberano Protector de todos los hombres, que yo sea habilitado para manifestar lo que ha de hacer que los corazones y almas de los hombres se remonten a la inmensidad ilimitada de tu amor y comulguen con tu Espíritu. Fortaléceme con la fuerza de tu soberanía para que yo pueda volver todas las cosas creadas hacia la Aurora de tu Manifestación y la Fuente de tu Revelación. Ayúdame, oh mi Señor, a someterme completamente a tu Voluntad, y a levantarme y servirte, porque yo no estimo esta vida terrenal para ningún propósito que no sea el de rodear el Tabernáculo de tu revelación y la Sede de tu Gloria. Tú me ves, oh mi Dios, desprendido de todo salvo de ti y humilde y servil a tu Voluntad. Procede conmigo como sea propio de ti y como corresponda a tu alteza y gran gloria.

¡Oh 'Alí! La munificencia de Aquel quien es el Señor de todos los mundos, ha sido conferida a ti, y sigue siéndolo. Ármate con su fortaleza y fuerza, y levántate a ayudar a su Causa y a magnificar su santo nombre. No dejes que tu ignorancia del conocimiento de los hombres y tu incapacidad de leer y escribir entristezcan tu corazón. Las puertas de su múltiple gracia están dentro del poderoso puño de la fuerza del Dios único y verdadero. Él las ha abierto, y continuará abriéndolas, a la faz de todos aquellos que le sirven. Ojalá que esta brisa de dulzura divina continúe soplando del prado de tu corazón sobre todo el mundo, de manera que sus efectos sean manifiestos en cada país. Es Él que tiene poder sobre todas las cosas. Él ciertamente, es el Más Fuerte, el Todo Glorioso, el Omnipotente.

CXLIII. Bienaventurado eres, oh mi siervo, por cuanto has reconocido la Verdad y te has apartado de aquel que repudiara al Todo Misericordioso, y fuera condenado como malvado en la Tabla Madre. Ve seguro en el amor de Dios, y mantente recto en su Fe, y ayúdale con el poder de tu prolación. Así te lo ordena el Todo Misericordioso, quien sufre aprisionamiento en manos de sus opresores.

Si te llega la tribulación por mi Causa, trae a la memoria mis males y aflicciones, y recuerda mi destierro y aprisionamiento. Así te transmitimos lo que ha descendido sobre Nosotros de Aquel quien es el Todo Glorioso, el Omnisapiente.

¡Por mí mismo! Se aproxima el día en que habremos enrollado el mundo y todo lo que hay en él, y habremos extendido un nuevo orden en su lugar. Él, ciertamente, es poderoso sobre todas las cosas.

Santifica tu corazón para que puedas recordarme, y purifica tu oído para que puedas escuchar mis palabras. Pon entonces tu rostro hacia el Punto donde ha sido establecido el trono de tu Señor, el Dios de Misericordia, y di: La loanza sea a ti, oh mi Señor, porque me has habilitado para reconocer la Manifestación de tu propio Ser, y me has ayudado a fijar mi corazón en la corte de tu presencia, el objeto de la adoración de mi alma. Te suplico, por tu nombre que ha hecho que los cielos se rasguen y la tierra se parte, que ordenes para mí lo que Tú ordenaste para aquellos que se han alejado de todo menos de ti y han puesto sus corazones firmemente en ti. Concede que sea sentado en tu presencia en el asiento de la verdad, dentro del Tabernáculo de la Gloria. Potente eres Tú para hacer tu voluntad. No hay otro Dios sino Tú, el Todo Glorioso, el Omnisapiente.

CXLIV. La Pluma del Altísimo ha decretado la obligación de enseñar esta Causa y la ha impuesto a cada uno.... Dios, sin duda, inspirará a quienquiera se desprenda de todo salvo de Él, y hará que de su corazón se viertan y fluyan copiosamente las aguas puras de la sabiduría y la prolación. Verdaderamente, tu Señor, el Todo Misericordioso, es potente para hacer su voluntad y ordena todo lo que a Él le place.

Si consideraras este mundo y te dieras cuenta de cuán fugaces son las cosas que pertenecen a él, no escogerías hollar ningún sendero excepto el sendero del servicio a la Causa de tu Señor. Nadie tendría poder para impedirte celebrar su alabanza, aunque todos los hombres se levantaran para oponerse a ti.

Sigue derecho y sé perseverante en su servicio. Di: ¡Oh pueblo! El Día, prometido a vosotros en todas las Escrituras, ya ha llegado. Temed a Dios y no os abstengáis de reconocer al Objeto de vuestra creación. Apresuraos en ir hacia Él. Esto es mejor para vosotros que el mundo y todo lo que hay en él. ¡Ojalá pudierais comprenderlo!

CXLV. Si os encontráis con los humillados u oprimidos, no les deis la espalda desdeñosamente, porque el Rey de la Gloria siempre los guarda y los rodea con tal ternura que nadie puede sondearla salvo aquellos que han hecho que sus esperanzas y deseos se sumerjan en la Voluntad de vuestro Señor, el Conferidor de Gracia, el Omnisapiente. ¡Oh, vosotros, ricos de la tierra! No huyáis de la faz del pobre que yace en el polvo; no, más bien, amparadlo y dejad que os cuente el relato de los dolores con que el Decreto inescrutable de Dios ha hecho que sea afligido. ¡Por la rectitud de Dios! Mientras os asociáis con él, el Concurso en lo alto os estará observando, estará intercediendo por vosotros, estará ensalzando vuestros nombres y glorificando vuestra acción. Bienaventurados son los doctos que no se enorgullecen de sus logros; y el bien está con los rectos que no menosprecian los pecaminosos, sino, más bien, encubren sus fechorías, para que sus propias faltas puedan permanecer veladas a los ojos de los hombres.

CXLVI. Es nuestra esperanza y deseo que cada uno de vosotros se convierta en fuente de toda bondad hacia los hombres y un ejemplo de rectitud para la humanidad. Cuidaos, no sea que os prefiráis sobre vuestros semejantes. Fijad vuestra mirada en Aquel quien es el Templo de Dios entre los hombres. Él, en verdad, ha ofrendado su vida como un rescate para la redención del mundo. Él, ciertamente, es el Todo munífico, el Conferidor de Gracia, el Altísimo. Si aparecen diferencias entre vosotros, vedme de pie ante vuestra faz, y pasad por alto las faltas de cada uno por amor a mi nombre y como una muestra de vuestro amor por mi manifiesta y resplandeciente Causa. Gustamos de veros en todo momento uniéndoos en amistad y concordia dentro del paraíso de mi complacencia, y de aspirar de vuestros actos la fragancia de amabilidad y unidad, de amorosa bondad y fraternidad. Así os aconseja el Omnisapiente, el Fiel. Siempre estaremos con vosotros; si aspiramos el perfume de vuestra fraternidad, nuestro corazón de seguro se regocijará, pues nada más nos puede satisfacer. Esto lo atestigua todo hombre de verdadero entendimiento.

CXLVII. ¡El Más Grande Nombre es mi testigo! ¡Cuán triste sería si en este Día algún hombre pusiera su corazón en las cosas transitorias de este mundo! Levantaos y aferraos firmemente a la Causa de Dios. Sed muy amorosos el uno al otro. Quemad el velo del yo con la llama del Fuego inextinguible por amor al Bienamado, y asociaos con vuestro prójimo con rostros alegres y radiantes de luz. Habéis observado bien, en todos sus aspectos, el comportamiento de Aquel quien es la Palabra de la Verdad entre vosotros. Conocéis muy bien cuán duro es para este Joven permitir, aunque fuere por una noche, que sea entristecido por Él el corazón de cualquiera de los amados de Dios.

La Palabra de Dios ha encendido el corazón del mundo: ¡Cuán deplorable será si no sois abrasados con su llama! Quiera Dios que consideréis esta bendita noche como la noche de la unidad, entrelacéis vuestras almas, y decidáis adornaros con el ornamento de un carácter excelente y loable. Que vuestro interés principal sea rescatar al caído de la ciénaga de la extinción inminente y ayudarle a abrazar la antigua Fe de Dios. Vuestro comportamiento para con vuestro prójimo debe ser tal que manifieste claramente los signos del Dios único y verdadero, porque entre los hombres, vosotros sois los primeros en ser creados de nuevo por su Espíritu, los primeros en adorarle e inclinarse ante Él, los primeros en circundar su trono de gloria. ¡Juro por Aquel quien me ha hecho revelar todo lo que le ha placido! Sois más conocidos a los habitantes del Reino en lo alto que a vosotros mismos. ¿Pensáis que estas palabras son vanas y huecas? ¡Ojalá pudierais percibir las cosas que ve vuestro Señor, el Todo Misericordioso, cosas que atestiguan la excelencia de vuestro grado, que son testigos de la grandeza de vuestro valor, que proclaman la sublimidad de vuestra posición! Conceda Dios que vuestros deseos y pasiones irrefrenadas no os impidan alcanzar lo que ha sido ordenado para vosotros.

CXLVIII. ¡Oh Salmán! Todo lo que hayan dicho los sabios o místicos nunca ha excedido las limitaciones a que ha estado estrictamente sujeta la mente finita del hombre, ni podrán jamás esperar excederlas. A cualquier altura se remonte la mente de los más exaltados de los hombres, por muy grandes que sean las profundidades en que penetre el corazón comprensivo y desprendido, tal mente y corazón no podrán nunca trascender aquello que es lo creado por sus propios conceptos y el producto de sus propios pensamientos. Las meditaciones del pensador más profundo, las devociones del más santo de las santos, las más elevadas expresiones de alabanza de lengua o pluma humanas, no son sino un reflejo de aquello que ha sido creado dentro de ellos mismos, mediante la revelación del Señor, su Dios. Quienquiera pondere esta verdad en su corazón fácilmente admitirá que hay ciertos límites que ningún hombre puede transgredir. Todo intento que, desde el principio que no tiene principio, se haya hecho para representarse a Dios y conocerle, está limitado por las exigencias de su propia creación, creación que Él ha hecho existir por la acción de su propia Voluntad y no para los propósitos de nadie sino para los de su propio Ser. Inmensamente exaltado es Él sobre los afanes de la mente humana para concebir su Esencia, o los de la lengua humana para describir su misterio. Ningún lazo de relación directa podrá jamás unirle a las cosas que Él ha creado, ni pueden las más abstrusas ni las más remotas alusiones de sus criaturas hacer justicia a su ser. Por su Voluntad que penetra el mundo, Él ha hecho existir a todas las cosas creadas. Él está velado en la antigua eternidad de su propia Esencia exaltada e indivisible, siempre lo ha estado, y continuará eternamente encubierto en su inaccesible majestad y gloria. Todo lo que hay en el cielo y todo lo que hay en la tierra ha venido a existir por su mandato, y por su Voluntad han salido de la nada absoluta al reino de la existencia. ¿Cómo puede, entonces, la criatura que La Palabra de Dios ha modelado comprender la naturaleza de Aquel quien es el Antiguo de los Días?

CXLIX. Si algún hombre se levantare en este Día, y con absoluto desprendimiento de todo lo que hay en los cielos y de todo lo que hay en la tierra pusiera sus afectos en Aquel quien es la Aurora de la santa Revelación de Dios, ciertamente se le dará poder para someter a todas las cosas creadas mediante la potencia de uno de los Nombres del Señor, su Dios, el Omnisciente, el Omnisapiente. Sabe con certeza que el Sol de la Verdad en este día ha derramado sobre el mundo un esplendor al cual nada semejante han presenciado edades pasadas. Que la luz de su gloria, oh pueblo, brille sobre vosotros, no seáis de los negligentes.

CL. Cuando llegue la victoria, cada hombre se declarará creyente y se apresurará al refugio de la Fe de Dios. Felices aquellos que en los días de las pruebas que envuelven al mundo se han mantenido firmes en la Causa y han rehusado desviarse de su verdad.

CH. Libraos, oh ruiseñores de Dios, de las espinas y zarzas de la desdicha y la miseria, y alzad vuelo hacia el rosedal de esplendor inmarcesible. ¡Oh mis amigos que permanecéis sobre el polvo! Daos prisa hacia vuestra habitación celestial. Anunciaos a vosotros mismos la felices nuevas: "¡Aquel quien es el Más Amado ya ha llegado! Él se ha coronado con la gloria de la Revelación de Dios, y ha abierto a la faz de los hombres las puertas de su antiguo Paraíso". Que todos los ojos se regocijen y que todo oído se alegre, porque ahora es el tiempo para contemplar su Belleza, ahora es el tiempo justo para escuchar su voz. Proclama a todo amador anhelante: "¡Mirad, vuestro Bienamado ha venido entre los hombres!" y a los mensajeros del Monarca del amor imparte las nuevas: "¡He aquí, el Adorado ha aparecido ataviado en la plenitud de su gloria!" ¡Oh amantes de su belleza! Convertid la angustia de vuestra separación de Él en la alegría de reunión sempiterna, y dejad que la dulzura de su presencia disuelva la amargura de vuestra lejanía de su corte.

Ved cómo la múltiple gracia de Dios, que es vertida de las nubes de gloria divina, ha envuelto al mundo en este día. Pues mientras que en días pasados todo amante suplicaba y buscaba a su Amado, es el mismo Amado quien ahora llama a sus amantes y les invita a alcanzar su presencia. Cuidado, no sea que perdáis tan preciado favor; estad atentos, no sea que menospreciéis tan maravillosa muestra de su gracia. No abandonéis los beneficios incorruptibles, y no os contentéis con lo que perece. Levantad el velo que oscurece vuestra visión y disipad las tinieblas en que está envuelta, para que podáis contemplar la belleza descubierta de la faz del Amado, podáis ver lo que ningún ojo ha visto, y escuchar lo que ningún oído ha escuchado.

¡Escuchadme, oh aves mortales! En el Rosedal de esplendor inmutable ha brotado una Flor, con la cual cualquier otra flor comparada no es sino una espina, y ante el brillo de cuya gloria la esencia misma de la belleza palidece y se marchita. Levantaos, por tanto, y, con todo el entusiasmo de vuestros corazones, con todo el anhelo de vuestras almas, el pleno fervor de vuestra voluntad, y los esfuerzos concentrados de todo vuestro ser, luchad por alcanzar el paraíso de su presencia, y esforzaos por aspirar la fragancia de la Flor incorruptible, respirar los dulces aromas de santidad y obtener una porción de ese perfume de gloria celestial. Quienquiera siga este consejo romperá sus cadenas, gustará el abandono del amor arrobador, logrará el deseo de su corazón y entregará su alma a las manos de su Amado. Rompiendo su jaula, al igual que el ave del espíritu, alzará vuelo a su santo y eterno nido.

La noche ha sucedido al día, y el día ha sucedido a la noche, y las horas y momentos de vuestra vida han venido y se han ido, y sin embargo ninguno de vosotros ha consentido, ni por un instante, en desprenderse de aquello que perece. Moveos, para que los breves momentos que aún os quedan no sean disipados y perdidos. Vuestros días pasarán con la rapidez del relámpago, y vuestros cuerpos serán sepultados bajo un dosel de polvo. ¿Qué podréis obtener entonces? ¿Cómo podréis reparar vuestra falta pasada?

La eterna Candela brilla en su gloria descubierta. Ved cómo ha consumido todo velo mortal. ¡Oh vosotros, que como las polillas amáis su luz! Oponeos valientemente a todo peligro, y consagrad vuestras almas a su llama consumidora. ¡Oh vosotros que estáis sedientos de Él! Despojaos de todo afecto terrenal, y apresuraos a abrazar a vuestro Amado. Con un gozo que nada puede igualar, daos prisa en alcanzarle. La Flor, hasta ahora oculta a la vista de los hombres, está descubierta a vuestros ojos. En el patente esplendor de su gloria está Él ante vosotros. Su voz emplaza a todos los seres santos y consagrados a venir y unirse a Él. Feliz es aquel que se vuelve a ello; bienaventurado aquel que ha alcanzado y ha contemplado la luz de tan maravilloso semblante.

CLII. Tu ojo es mi depósito, no permitas que el polvo de los vanos deseos ofusque su lustre. Tu oído es un signo de mi munificencia, no dejes que el tumulto de motivos indecorosos lo aparte de mi Palabra que envuelve toda la creación. Tu corazón es mi erario, no consientas que la traicionera mano del yo te despoje de las perlas que he atesorado dentro de él. Tu mano es un símbolo de mi amorosa bondad, no le impidas asirse firmemente a mis resguardadas y ocultas Tablas.... Sin que me pidieras, he derramado sobre ti mi gracia. Sin que me demandaras, he cumplido tu deseo. A pesar de tu desmerecimiento, te he escogido para mis muy valiosos, mis incalculables favores.... ¡Oh mis siervos! Sed tan resignados y sumisos como la tierra, para que del suelo de vuestro ser puedan florecer los fragantes, los santos y multicolores jacintos de mi conocimiento. Sed llameantes como el fuego, para que podáis consumir los velos de la desidia y encender, mediante las vivificadoras energías del amor de Dios, el corazón arrecido y renuente. Sed ligeros e irrestringidos como la brisa, para que seáis admitidos en los aledaños de mi corte, mi inviolable Santuario.

CLIII. ¡Oh desterrado y fiel amigo! Apaga la sed de la incuria con las aguas santificadas de mi gracia, y desaloja la lobreguez de la lejanía con la luz matutina de mi divina presencia. No permitas que la habitación dentro de la cual mora mi imperecedero amor por ti sea destruida por la tiranía de los deseos ávidos, ni anubles la belleza del Joven celestial con el polvo del yo y la pasión. Atavíate con la esencia de la rectitud, que tu corazón no tema a nadie excepto Dios. No obstruyas el luminoso manantial de tu alma con las espinas y zarzas de afectos inmoderados y vanos, y no impidas que fluyan las aguas vivientes que manan de la fuente de tu corazón. Pon toda tu esperanza en Dios, y aférrate tenazmente a su infalible misericordia. ¿Quién sino Él puede enriquecer al indigente, y librar al caído de su envilecimiento?

¡Oh mis siervos! Si descubrieseis los ocultos océanos, sin riberas, de mi incorruptible riqueza, con toda certeza no estimarías en nada al mundo, no, menos aún, a toda la creación. Que la llama de la búsqueda arda en vuestros corazones con tal vehemencia, que os permita alcanzar vuestro supremo y más exaltado objetivo: la posición en que podáis acercaros a vuestro Más Amado y unirse a Él....

¡Oh mis siervos! No dejéis que vuestras vanas esperanzas y ociosas fantasías socaven los fundamentos de vuestra creencia en Dios Todo Glorioso, por cuanto tales imaginaciones han sido totalmente inútiles para los hombres, y no les han dirigido hacia el Sendero recto. ¿Pensáis, oh mis siervos, que la Mano de mi soberanía trascendente, ensombrecedora, y que envuelve todo ha sido encadenada, que el flujo de mi antigua, mi incesante misericordia que penetra todo, ha sido coartado, o que las nubes de mis sublimes e insuperables favores han cesado de verter sus dádivas sobre los hombres? ¿Podéis imaginar que las miríficas obras que han proclamado mi divino e irresistible poder han sido retiradas, o que la potencia de mi voluntad y propósito ha sido vedada de dirigir los destinos de la humanidad? ¿Si no es así, por qué entonces os habéis esforzado por prevenir que la Belleza inmortal de mi sagrado y bondadoso Semblante sea descubierta a los ojos de los hombres? ¿Por qué habéis luchado por impedir que la Manifestación del Ser Todo Glorioso y Todopoderoso derrame el resplandor de su Revelación sobre la tierra? Si fueseis justos en vuestro juicio, fácilmente reconoceríais cómo las realidades de todas las cosas están embriagadas con la alegría de esta nueva y maravillosa Revelación, cómo todos los átomos de la tierra han sido iluminados con el brillo de su gloria. ¡Vano y miserable es lo que habéis imaginado y aún imagináis!

Desandad vuestros pasos, oh mis siervos, e inclinad vuestros corazones hacia Aquel quien es la Fuente de vuestra creación. Libraos de vuestros afectos malos y corruptos, y apresuraos a abrazar la Luz del Fuego inmortal que arde en el Sinaí de esta misteriosa y trascendente Revelación. No corrompáis la santa Palabra primordial de Dios, que abarca todo, y no tratéis de profanar su santidad ni rebajéis su carácter exaltado. ¡Oh negligentes! Aun cuando las maravillas de mi misericordia han envuelto a todas las cosas creadas, visibles e invisibles, y las revelaciones de mi gracia y munificencia han embebido cada átomo del universo, no obstante la vara con que puedo castigar a los malvados es dolorosa, y la fiereza de mi ira contra ellos, terrible. Con oídos que estén santificados de vanagloria y deseos mundanos, escuchad los consejos que Yo, en mi misericordiosa bondad, os he revelado, y con vuestros ojos exteriores e interiores, contemplad las pruebas de mi maravillosa Revelación....

¡Oh mis siervos! No os privéis de la inmarcesible y resplandeciente Luz que brilla dentro de la Lámpara de gloria divina. Que la llama del amor a Dios arda brillantemente dentro de vuestros corazones radiantes. Alimentadla con el aceite de la guía divina y protegedla dentro del amparo de vuestra constancia. Guardadlo dentro del globo de la fidelidad y el desprendimiento de todo salvo Dios, para que las malas murmuraciones de los impíos no extingan su luz. ¡Oh mis siervos! Mi santa, mi divinamente ordenada Revelación puede ser comparada con un océano en cuyas profundidades yacen ocultas innumerables perlas de gran precio, de excelente lustre. Es el deber de todo buscador moverse y luchar por alcanzar las riberas de este océano, para que así pueda, en proporción con la intensidad de su búsqueda y los esfuerzos que ha hecho, participar de los beneficios que han sido preordinados en las irrevocables y ocultas Tablas de Dios. Si nadie quisiera dirigir sus pasos hacia sus riberas, si ninguno se levantara ni le hallase, ¿puede decirse que ha despojado a este océano de su poder o ha disminuido, en grado alguno, sus tesoros? ¡Cuán vanas, cuán despreciables las imaginaciones que vuestros corazones han concebido, y aún conciben! ¡Oh mis siervos! ¡El Dios único y verdadero es mi testigo! Este muy grande, este insondable y ondeante Océano está cerca, asombrosamente cerca de vosotros. ¡Ved, está más próximo a vosotros que vuestra vena vital! Veloces como el pestañeo del ojo podréis, si sólo lo deseareis, alcanzar este favor imperecedero, y participar de él, esta gracia dada por Dios, este don incorruptible, esta muy potente e inefablemente gloriosa generosidad.

¡Oh mis siervos! Si pudieseis comprender qué maravillas de mi munificencia y generosidad he querido confiar a vuestras almas, de verdad os libraríais del apego a todas las cosas creadas, y ganaríais verdadero conocimiento de vosotros mismos, conocimiento que es lo mismo que la comprensión de mi propio Ser. Os encontraríais independientes de todo salvo de mí y percibiríais, con vuestro ojo interior y exterior, y tan manifiestos como la revelación de mi refulgente Nombre, los mares de mi amorosa bondad y generosidad moviéndose dentro de vosotros. No dejéis que vuestras vanas fantasías, vuestras malas pasiones, vuestra insinceridad y ceguera de corazón apaguen el brillo ni manchen la santidad de tan excelsa posición. Sois como el pájaro que se remonta, con toda la fuerza de sus poderosas alas y con completa y alegre confianza, en la inmensidad de los cielos hasta que, impelido a satisfacer su hambre, se vuelve anhelante al agua y barro de la tierra bajo él y, atrapado en la red de su deseo, se encuentra impotente para reanudar su vuelo hacia los reinos de donde vino. Impotente para sacudir la carga que pesa sobre sus alas enlodadas, aquel pájaro, hasta entonces un habitante de los cielos, es forzado ahora a buscar su morada en el polvo. Por lo tanto, oh mis siervos, no manchéis vuestras alas con el barro del descarrío y deseos vanos y no dejéis que se ensucien con el polvo de la envidia y el odio, para que nada os impida remontaros en los cielos de mi divino conocimiento.

¡Oh mis Siervos! Mediante el poder de Dios y su fuerza, y del erario de su conocimiento y sabiduría, he hecho aparecer y os he revelado las perlas que yacían encubiertas en las profundidades de su eterno océano. He llamado a las Doncellas del Cielo para que emerjan de tras el velo del encubrimiento y las he revestido con éstas, mis palabras de consumado poder y sabiduría. Más aún, con la mano del poder divino, he roto el sello del escogido vino de mi Revelación, y he esparcido esta santa, esta oculta fragancia cargada de almizcle sobre todas las cosas creadas. ¿Quién sino vosotros debe ser culpado si escogéis permanecer privados de tan grande efusión de la trascendente gracia de Dios que todo lo envuelve, con tan luminosa revelación de su resplandeciente misericordia?...

¡Oh mis siervos! Nada brilla en mi corazón salvo la inmarcesible luz de la Mañana de guía divina, y de mi boca no procede nada sino la esencia de la verdad, que el Señor, vuestro Dios, ha revelado. No sigáis, por tanto, vuestros deseos mundanos, y no violéis el Convenio de Dios, ni rompáis vuestro compromiso con Él. Con firme determinación, con todo el afecto de vuestro corazón, y con la plena fuerza de vuestras palabras, volveos hacia Él, y no andéis por los caminos de los necios. El mundo no es más que una apariencia, vana y vacía, una mera nada que lleva semejanza de realidad. No pongáis vuestros afectos en él. No rompáis el vínculo que os une con vuestro Creador y no seáis de aquellos que han errado y se han desviado de sus caminos. Ciertamente digo: El mundo es como el vapor en un desierto; el sediento sueña que es agua y lucha por alcanzarlo con todas sus fuerzas, hasta que cuando llega a él, encuentra que es sólo una mera ilusión. Más aún, puede comparársele con la imagen sin vida de la amada, a quien el amante ha buscado y, al fin, después de larga búsqueda y para su mayor pesar, ha encontrado que es tal que no puede "cebar ni aquietar su hambre".

¡Oh mis siervos! No os apenéis si, en estos días y en este plano terrenal, cosas contrarias a vuestros deseos han sido ordenadas y manifiestas por Dios, porque días de inmensa alegría, de delicia celestial, hay de seguro en abundancia para vosotros. Mundos, santos y espiritualmente gloriosos, serán descubiertos a vuestros ojos. Habéis sido destinados por Él a participar, en este mundo y en el siguiente, de sus beneficios, compartir sus alegrías y obtener una porción de su gracia sostenedora. A todos y a cada uno de ellos, sin duda, alcanzaréis.

CLIV. Advierte, oh Salmán, a los amados del Dios único y verdadero que no juzguen con ojo crítico los dichos y escritos de los hombres. Que más bien consideren tales dichos y escritos con espíritu de imparcialidad y amorosa simpatía. Sin embargo, aquellos hombres que, en este Día, han sido llevados a atacar en sus escritos enardecidos, las normas de la Causa de Dios, deben ser tratados en forma diferente. Incumbe a todos los hombres, cada cual de acuerdo con su habilidad, refutar los argumentos de aquellos que han atacado la Fe de Dios. Así ha sido decretado por Aquel quien es el Omnipotente, el Todopoderoso. Aquel que desee promover la Causa del Dios único y verdadero, que la promueva mediante su pluma y lengua, y no recurriendo a la espada ni la violencia. En una ocasión previa revelamos este mandato, y ahora lo confirmamos, si sois de aquellos que comprenden. Por la rectitud de Aquel quien, en este Día, exclama dentro del corazón íntimo de todas las cosas creadas: "¡Dios, no hay otro Dios fuera de mí!" Si algún hombre se levantare para defender, en sus escritos, la Causa de Dios contra sus acometedores, tal hombre, por muy insignificante que fuere su aporte, será tan honrado en el mundo venidero que el Concurso en lo alto envidiaría su gloria. Ninguna pluma puede retratar la sublimidad de su posición, ni puede lengua alguna describir su esplendor. Porque a quienquiera que se mantenga firme y constante en esta santa, esta gloriosa y exaltada Revelación, le será dado tal poder, que lo habilitará para arrostrar y resistir todo lo que hay en el cielo y en la tierra. De esto Dios mismo es testigo.

¡Oh vosotros, amados de Dios! No reposéis en vuestros lechos, no, más bien, conmoveos tan pronto como reconozcáis a vuestro Señor, el Creador, y oíd de las cosas que le han sucedido, y apresuraos para ayudarle. Desatad vuestras lenguas y proclamad sin cesar su Causa. Esto será para vosotros mejor que todos los tesoros del pasado y del futuro, si sois de aquellos que comprenden esta verdad.

CLV. El primer deber prescrito por Dios a sus siervos es el reconocimiento de Aquel quien es la Aurora de su Revelación y la Fuente de sus leyes, quien representa a la Deidad tanto en el Reino de su Causa como en el mundo de la creación. Quienquiera cumpla este deber ha logrado todo el bien; y quienquiera esté privado de él, se ha extraviado, aunque sea autor de todo hecho justo. Incumbe a cada uno que alcanza esta muy sublime posición, esta cima de trascendente gloria, observar toda ordenanza de Aquel quien es el Deseo del mundo. Estos deberes gemelos son inseparables. Ninguno es aceptable sin el otro. Así ha sido decretado por Aquel quien es la Fuente de inspiración divina.

Aquellos a quienes Dios ha dotado con perspicacia reconocerán fácilmente que los preceptos dictados por Dios constituyen los más altos medios para el mantenimiento del orden en el mundo y la seguridad de sus pueblos. Aquel que se aparta de ellos, es contado entre los abyectos y necios. Nosotros, en verdad, os hemos ordenado rechazar los dictados de vuestras malas pasiones y deseos corruptos, y no transgredir los límites que ha fijado la Pluma del Altísimo, porque éstos son el hálito de vida para todas las cosas creadas. Los mares de sabiduría divina y de divina prolación se han agitado por el soplo de la brisa del Todo Misericordioso. Apresuraos y bebed cuanto podáis, ¡oh hombres de entendimiento! Aquellos que han violado el Convenio de Dios al quebrantar sus mandamientos, y se han vuelto atrás sobre sus talones, ésos han errado lastimosamente a la vista de Dios, el que Todo lo Posee, el Altísimo.

¡Oh vosotros pueblos del mundo! Sabed, ciertamente, que mis mandamientos son las lámparas de mi amorosa providencia entre mis siervos, y las llaves de mi misericordia para mis criaturas. Así ha sido enviado desde el cielo de la Voluntad de vuestro Señor, el Señor de la Revelación. Si algún hombre gustara la dulzura de las palabras que han querido proferir los labios del Todo Misericordioso, aunque estuvieran en su poder los tesoros de la tierra, renunciaría a todos y a cada uno de ellos para poder vindicar la verdad de siquiera uno sólo de sus mandamientos, los cuales brillan sobre la Aurora de su generoso cuidado y amorosa bondad.

Di: De mis leyes puede aspirarse el dulce aroma de mi vestidura, y con su ayuda los estandartes de la Victoria serán plantados sobre las más altas cumbres. La Lengua de mi poder, desde el cielo de mi omnipotente gloria, ha dirigido a mi creación estas palabras: "Observa mis mandamientos, por amor a mi belleza". Feliz el amante que de estas palabras ha inhalado la divina fragancia de su Bienamado, saturadas con el perfume de una gracia que ninguna lengua puede describir. ¡Por mi vida! Aquel que ha tomado el vino escogido de la equidad de manos de mi generoso favor, circulará alrededor de mis mandamientos, que brillan sobre la Aurora de mi creación.

No penséis que os hemos revelado un mero código de leyes. No, más bien, hemos roto el sello del Vino escogido con los dedos de la fuerza y del poder. Esto lo atestigua aquello que ha revelado la Pluma de la Revelación. ¡Meditad sobre esto, oh hombres de perspicacia!...

Cada vez que mis leyes aparecen como el sol en el cielo de mi prolación, deben ser fielmente obedecidas por todos, aunque mi decreto sea tal que haga henderse el cielo de toda religión. Él hace lo que le place. Él elige; y nadie puede objetar su elección. Todo lo que Él, el Bienamado, ordena, eso mismo es, ciertamente, amado. Esto, Aquel quien es el Señor de toda la creación me lo atestigua. Quienquiera que haya inhalado la dulce fragancia del Todo Misericordioso, y haya reconocido la fuente de estas palabras, dará la bienvenida con sus propios ojos a las saetas del enemigo, para poder establecer entre los hombres la verdad de las leyes de Dios. Bienaventurado aquel que se haya vuelto hacia ello y haya comprendido el significado de su decisivo decreto.

CLVI. Aquel quien es la Verdad Eterna, desde la Aurora de Gloria, ha dirigido sus ojos hacia el pueblo de Bahá, y les dice las siguientes palabras: "Consagraos a la promoción del bienestar y la tranquilidad de los hijos de los hombres. Dedicad vuestra mente y voluntad a la educación de los pueblos y razas de la tierra, que quizá las disensiones que la dividen, por la fuerza del Más Grande Nombre sean borrados de su faz, y toda la humanidad se convierta en los sostenedores de un Orden único y los habitantes de una sola Ciudad. Iluminad y santificad vuestros corazones; no dejéis que sean profanados por las espinas del odio ni por los abrojos de la malicia. Moráis en un solo mundo y habéis sido creados por la acción de una sola Voluntad. Bendito es aquel que se asocia con todos los hombres en espíritu de máxima bondad y amor".

CLVII. Aquellos que han abandonado su país por el propósito de enseñar nuestra Causa, a éstos los fortalecerá el Fiel Espíritu mediante su poder. Una compañía de nuestros ángeles escogidos los acompañará, como lo ha ordenado Aquel quien es el Todopoderoso, el Omnisapiente. ¡Cuán grande la bienaventuranza que espera a aquel que ha alcanzado el honor de servir al Todopoderoso! ¡Por mi vida! Ningún acto, por muy grande que sea, puede comparársele, excepto los hechos que han sido ordenados por Dios, el Omnipotente, el Más Poderoso. Tal servicio es, en verdad, el príncipe de toda buena acción y el ornamento de toda obra meritoria. Así ha sido ordenado por Aquel quien es el Soberano Revelador, el Antiguo de los Días.

Quienquiera se levante a enseñar nuestra Causa debe necesariamente desprenderse de todas las cosas terrenales, y debe considerar, en todo momento, el triunfo de nuestra Fe como su objetivo supremo. Esto, ciertamente, ha sido decretado en la Tabla Guardada. Y cuando determine dejar su hogar, por amor de la Causa de su Señor, que ponga toda su confianza en Dios, como la mejor provisión para su viaje, y que se atavíe con el manto de la virtud. Así ha sido decretado por Dios, el Todopoderoso, el Todo Alabado.

Si es encendido con el fuego de su amor, si renuncia a todas las cosas creadas, las palabras que profiera abrasarán a quienes le escuchen. Verdaderamente, tu Señor es el Omnisciente, el Informado de Todo. Feliz es el hombre que ha oído nuestra voz y ha respondido a nuestro llamado. Él, en verdad, es de aquellos que serán traídos cerca de Nosotros.

CLVIII. Dios ha prescrito a cada uno el deber de enseñar su Causa. Quienquiera se levante a cumplir este deber, debe necesariamente, antes de proclamar su Mensaje, adornarse con el ornamento de un carácter recto y loable, para que sus palabras puedan atraer los corazones de aquellos que son receptivos a su llamado. Sin ello, nunca podrá esperar influir a sus oyentes.

CLIX. Considerad la mezquindad de las mentes humanas. Piden lo que les hace daño, y rechazan aquello que les aprovecha. Son, en verdad, de los que se han extraviado lejos. Encontramos a algunos hombres que desean la libertad y se jactan de ello. Tales hombres están en las profundidades de la ignorancia.

La libertad, finalmente, tiene que llevar a la sedición, cuyas llamas nadie puede apagar. Así os advierte Aquel que prevé, el Omnisciente. Sabed que la personificación de la libertad y su símbolo es el animal. Lo que conviene al hombre es sumisión a las restricciones que le protegerán de su propia ignorancia y le resguardarán contra el daño de los promotores de discordia. La libertad hace que el hombre sobrepase los límites de la decencia e infrinja la dignidad de su posición. Le rebaja al nivel de extrema depravación y perversidad.

Considerad a los hombres como un rebaño de ovejas que necesitan un pastor que las proteja. Esto, ciertamente, es la verdad, la clara verdad. Aprobamos la libertad en ciertas circunstancias, y en otras, rehusamos sancionaría. Nosotros, en verdad, somos el Omnisciente.

Di: La verdadera libertad consiste en la sumisión del hombre a mis mandamientos, por poco que lo sepáis. Si los hombres observaran aquello que les hemos enviado desde el Cielo de la Revelación, ciertamente, alcanzarían la perfecta libertad. Feliz el hombre que ha comprendido el Propósito de Dios en todo cuanto Él ha revelado desde el Cielo de su Voluntad, que penetra todas las cosas creadas. Di: La libertad que os aprovecha no se halla sino en la completa servidumbre a Dios, la Eterna Verdad. Quienquiera haya gustado su dulzura, rehusará trocarla por todo el dominio de la tierra y del cielo.

CLX. ¡Ciertamente es un verdadero creyente en la unidad de Dios quien, en este Día, le considera como uno que es inmensamente exaltado sobre todas las comparaciones y semejanzas con que los hombres le han comparado. Ha errado gravemente quien haya tomado a estas comparaciones y semejanzas por Dios mismo. Considerad la relación entre el artesano y su obra, entre el pintor y su pintura. ¿Podría alguna vez sostenerse que la obra producida por sus manos es igual que ellas mismas? ¡Por Aquel quien es el Señor del Trono en lo alto y de la tierra abajo! No pueden interpretarse de ningún modo sino como pruebas que proclaman la excelencia y perfección de su autor.

¡Oh Shaykh, oh tú que has sometido tu voluntad a Dios! Por autosometimiento y unión perpetua con Dios se entiende que los hombres deberían sumir su voluntad totalmente en la Voluntad de Dios, y considerar sus deseos como la nada extrema al lado de su Propósito. Todo lo que el Creador ordene observar a sus criaturas, diligentemente y con el mayor regocijo y vehemencia, deben levantarse y cumplirlo. En ningún caso deben permitir que su fantasía oscurezca su juicio, ni tampoco deben considerar sus propias imaginaciones como la voz del Eterno. Hemos revelado en la Oración del Ayuno: "Si tu Voluntad decretase que de tu boca procedieran estas palabras, y fuesen dirigidas a ellos: 'Observa, por amor a mi Belleza, el ayuno, oh pueblo, y no pongas ningún límite a su duración juro por la majestad de tu gloria, que todos ellos lo observarían fielmente, se abstendrían de violar tu ley y continuarían haciéndolo hasta que entregaran sus almas a ti'". En esto consiste el completo sometimiento de la voluntad de uno a la Voluntad de Dios. Medítalo para que puedas beber las aguas de vida sempiterna que fluyen a través de las palabras del Señor de toda la humanidad, y puedas atestiguar que el Dios único y verdadero siempre ha sido inmensurablemente exaltado sobre sus criaturas. Él, ciertamente, es el Incomparable, el Perdurable, el Omnisciente, el Omnisapiente. La posición del absoluto autosometimiento trasciende todas las demás posiciones y siempre permanecerá exaltado sobre ellas.

Te incumbe consagrarte a la Voluntad de Dios. Todo lo que ha sido revelado en sus Tablas no es más que un reflejo de su Voluntad. Tan completa debe ser tu consagración, que toda huella de deseo mundano debe ser lavada de tu corazón. Este es el significado de la verdadera unidad.

Implora a Dios que te habilite para permanecer firme en esta senda y que te ayude a guiar a los pueblos del mundo hacia Aquel quien es el manifiesto y soberano Gobernante, quien se ha revelado en un atavío distinto, quien da palabra a un Mensaje divino y específico. Ésta es la esencia de la fe y certeza. Aquellos que son los adoradores del ídolo que han cincelado sus imaginaciones, y que lo llaman Realidad Interior, tales hombres en verdad son contados entre los paganos. Esto lo ha testificado el Todo Misericordioso en sus Tablas. Él, ciertamente es el Omnisciente, el Omnisapiente.

CLXI. Apresta tus esfuerzos, que quizá puedas guiar a tu prójimo a la ley de Dios, el Más Misericordioso. Tal acto, ciertamente, supera todos los demás actos a la vista de Dios, el que posee todo, el Altísimo. Tal debe ser tu constancia en la Causa de Dios, que ninguna cosa terrenal tenga la fuerza de disuadirte de tu deber. Aunque las fuerzas de la tierra se alíen contra ti, aunque todos los hombres disputen contigo, debes permanecer inconmovible.

Sé irrestringido como el viento, al llevar el Mensaje de Aquel que hizo romper el alba de la Guía Divina. Considera como el viento, fiel a lo que Dios ha ordenado, sopla sobre todas las regiones de la tierra, sean habitadas o desoladas. Ni la vista de desolación, ni las muestras de prosperidad pueden causarle dolor ni agradarle. Sopla en todas direcciones, como le ha sido ordenado por su Creador. Así debería ser el que pretenda ser amante del Dios único y verdadero. Le incumbe fijar su mirada en los fundamentos de su Fe y afanarse diligentemente por su propagación. Deberá proclamar, enteramente por amor a Dios, su Mensaje, y con ese mismo espíritu, aceptar cualquier respuesta que sus palabras puedan evocar en quien le escucha. Aquel que acepte y crea, recibirá su recompensa; y aquel que se aparte, no recibirá nada sino su propio castigo.

En la víspera de nuestra partida de 'Iráq, hemos advertido a los fieles que esperen la aparición de los Pájaros de la Oscuridad. No puede haber duda alguna que el graznido del Cuervo será elevado en ciertas tierras, como ha sido oído en años recientes. Cualquier cosa que suceda, buscad refugio en el Dios único y verdadero, para que os escude de las astucias del impostor.

Ciertamente digo: En esta poderosísima Revelación, todas las Dispensaciones del pasado han alcanzado su más alta, su final consumación. Así os aconseja vuestro Señor, el Omnisciente, el Sapientísimo. La loanza a Dios, el Señor de todos los mundos.

El Todo Misericordioso ha conferido al hombre la facultad de visión y le ha dotado con el poder del oído. Algunos la han descrito como el "mundo menor", cuando en realidad, debería considerársele como el "mundo mayor". Las potencialidades inherentes a la posición del hombre, la medida plena de su destino en el mundo y la excelencia inherente de su realidad, deben ser todas manifiestas en este Día prometido de Dios.

La Pluma del Altísimo, en todo tiempo y en todas condiciones, ha recordado, con alegría y ternura, a sus amados, y les ha aconsejado seguir su camino. Bienaventurado aquel a quien ni los cambios ni los azares de este mundo han impedido reconocer la Aurora de la Unidad de Dios, quien ha bebido, con resolución inquebrantable, y en nombre del que Subsiste por sí mismo, el vino sellado de su Revelación. Tal hombre será contado con los moradores del Paraíso, en el libro de Dios, el Señor de todos los mundos.

CLXII. Toda alabanza sea a Dios quien ha adornado al mundo con un ornamento, y lo ha ataviado con una vestidura, de la que no puede ser despojado por ninguna fuerza terrenal, por muy poderosos que sean sus batallones, por muy vasta que sea su riqueza, por muy profunda que sea su influencia. Di: La esencia de toda fuerza es la de Dios, el Fin último y más alto de toda la creación. La fuente de toda majestad es de Dios, el Objeto de adoración de todo lo que está en los cielos y todo lo que está en la tierra. Las fuerzas que tienen su origen en este mundo de polvo son, por su misma naturaleza, indignas de consideración.

Di: Los manantiales que mantienen la vida de estas aves, no son de este mundo. Su fuente está muy por encima del alcance y percepción de la comprensión humana. ¿Quién hay que pueda apagar la luz que la nívea Mano de Dios ha encendido? ¿Dónde se encuentra aquel que tenga la fuerza para extinguir el fuego que ha sido encendido por el poder de tu Señor, el Omnipotente, el que Compele Todo, el Todopoderoso? Es la Mano del poder divino que ha sofocado las llamadas de la disensión. Potente es Él para hacer lo que le place. Él dice: Sé y es. Di: Los fieros ventarrones y torbellinos del mundo y sus pueblos no podrán nunca sacudir el fundamento sobre el cual está basada la rosácea estabilidad de mis escogidos. ¡Magnánimo Dios! ¿Qué pudo haber impulsado a esta gente a esclavizar y aprisionar a los amados de Aquel quien es la Verdad Eterna?... Se aproxima, sin embargo, el día en que los fieles contemplarán al Sol de la justicia que brillará en su pleno esplendor desde la Aurora de gloria. Así se informa el Señor de todo ser en ésta, su dolorosa Prisión.

CLXIII. ¡Miembros de la raza humana! Asíos firmemente a la Cuerda que ningún hombre puede dividir. Esto, de veras, os aprovechará todos los días de vuestra vida, pues su resistencia es de Dios, el Señor de todos los mundos. Aferraos a la justicia y equidad, y apartaos de las murmuraciones de los necios, aquellos que se han enajenado de Dios, que han cubierto sus cabezas con el ornamento de los doctos, y han condenado a muerte a Aquel quien es la Fuente de sabiduría. Mi nombre los ha elevado a tan altos grados, y sin embargo, tan pronto como me hube revelado a sus ojos, ellos, con manifiesta injusticia, pronunciaron la sentencia de mi muerte. Así nuestra Pluma ha revelado la verdad, y sin embargo, el pueblo está sumido en la negligencia.

Quienquiera que se aferre a la justicia, no puede en ninguna circunstancia, transgredir los límites de la moderación. Discierne la verdad en todas las cosas, por la guía de Aquel que todo lo ve. La civilización, tan a menudo preconizada por los doctos representantes de las artes y ciencias, traerá, si se le permite rebasar los límites de la moderación, gran daño sobre los hombres. Así os advierte Aquel quien es el Omnisciente. Si es llevada a exceso, la civilización resultará ser una fuente de maldad tan prolífica como lo fue de bondad cuando era mantenida dentro de las restricciones de la moderación. Medítalo, oh pueblo, y no seas de aquellos que vagan dementes por el páramo del error. Se aproxima el día en que su llama devorará las ciudades, en que la Lengua de Grandeza proclamará: "¡El Reino es de Dios, el Todopoderoso, el Todo Alabado!"

Todo lo demás está sujeto a este mismo principio de moderación. Da gracias a tu Señor quien te ha recordado en esta maravillosa Tabla. Toda alabanza sea a Dios, el Señor del glorioso trono.

Si algún hombre ponderase en su corazón lo que la Pluma del Altísimo ha revelado y gustase su dulzura, ciertamente, se hallaría vaciado y liberado de sus propios deseos, y sería enteramente servil a la Voluntad del Todopoderoso. Feliz es el hombre que ha alcanzado tan elevada posición y no se ha privado de tan munífica gracia.

En este Día, no podemos ni aprobar la conducta del temeroso que trata de disimular su fe, ni ratificar el comportamiento del creyente declarado que clamorosamente sostiene su lealtad a esta Causa. Ambos deberían observar los dictados de la sabiduría y luchar diligentemente por servir a los mejores intereses de la Fe.

Que cada hombre observe y medite sobre la conducta de este Agraviado. Siempre, desde el alba de esta Revelación hasta el tiempo presente, hemos rehusado tanto a ocultarnos de nuestros enemigos, como a retraernos de la compañía de nuestros amigos. Aun envueltos con una miríada de dolores y aflicciones, con poderosa confidencia hemos emplazado a los pueblos de la tierra a la Aurora de Gloria. La Pluma del Altísimo no está dispuesta a relatar, en conexión con esto, los males que ha sufrido. Si se revelaran, sin duda sumirían en el dolor a los favorecidos de entre los fieles, aquellos que verdaderamente sostienen la unidad de Dios y están totalmente consagrados a su Causa. Él ciertamente, habla la verdad y es el que Escucha Todo, el Omnisapiente. Nuestra vida, en su mayor parte, ha sido gastada en medio de nuestros enemigos. Atestigua cómo, en el presente, estamos viviendo en un nido de serpientes.

Esta Tierra Santa ha sido mencionada y exaltada en todas las sagradas Escrituras. En ella han aparecido los profetas de Dios y sus elegidos. Éste es el desierto en el que han vagado todos los mensajeros de Dios, desde el que fue elevado el grito: "Aquí estoy, aquí estoy, oh mi Dios". Ésta es la Tierra prometida en que Aquel quien es la Revelación de Dios fue destinado a ser manifiesto. Éste es el Valle del decreto impenetrable de Dios, el lugar de nívea blancura, la Tierra de esplendor inmarcesible. Todo lo que ha sucedido en este Día ha sido predicho en las Escrituras de antaño. Sin embargo, estas mismas Escrituras condenan unánimemente al pueblo que habita esta tierra. En un tiempo, ellos han sido tildados como la "generación de víboras". Ved cómo este Agraviado, ahora, en tanto que está rodeado por una "generación de víboras", llama y emplaza a todos los hombres hacia Aquel quien es el Deseo Último del mundo, la Cima y Aurora de Gloria. Feliz es el hombre que ha escuchado la voz de Aquel quien es el Señor del Reino de la Prolación, y ¡ay! de los negligentes, aquellos que se han desviado lejos de su verdad.

CLXIV. Sabe que todo oído atento, si se mantiene puro e impoluto, debe, en todo momento y desde todas direcciones, escuchar la voz que pronuncia estas santas palabras: "Ciertamente, somos de Dios, y a Él volveremos". Los misterios de la muerte física del hombre y de su retorno no han sido divulgados, y aún permanecen sin ser leídos. ¡Por la rectitud de Dios! Si fuesen revelados, evocarían tal miedo y tristeza que algunos perecerían, mientras que otros se llenarían tanto de alegría, que ansiarían la muerte, e implorarían, con anhelo incesante, al Dios único y verdadero -exaltada sea su gloria- que apresurase su fin.

La muerte ofrece a todo creyente seguro la copa que es, en verdad, la vida. Confiere regocijo y es portadora de alegría. Concede el don de la vida eterna.

En cuanto a aquellos que han gustado el fruto de la existencia terrenal del hombre, que es reconocimiento del Dios único y verdadero, exaltada sea su gloria, su vida venidera es tal que Nosotros no estamos habilitados para describirla. El conocimiento de ella es únicamente de Dios, el Señor de todos los mundos.

CLXV. Quienquiera que eleve la pretensión de una Revelación directa de Dios antes de la expiración de un plazo de mil años, tal hombre es de seguro un impostor mentiroso. Oramos a Dios para que Él benignamente le ayude a retractarse y repudiar tal pretensión. Si se arrepintiere, Dios, sin duda, le perdonará. Si, no obstante, persistiere en su error, Dios, de seguro, enviará a uno que le tratará sin misericordia. ¡Terrible, ciertamente, es Dios en su castigo! Quienquiera que interprete este verso de otro modo que no sea su significado obvio, está privado del espíritu de Dios y de su misericordia que envuelve a todas las cosas creadas. Temed a Dios, y no sigáis vuestras ociosas fantasías. No, más bien, seguid el mandato de vuestro Señor, el Todopoderoso, el Omnisapiente.

GLOSARIO Y NOTAS

'Abdu'l-Azíz: El Sultán que decretó los tres destierros de Bahá'u'lláh.

'Abdu'l-Bahá: El Sucesor designado por Bahá'u'lláh; Centro de su Convenio (1844-1921).

'Abdu'lláh-i-Ubayy: Un opositor de Muhammad.

Abhá: Bahá significa "gloria". Abhá es su superlativo. Ambos son títulos de Bahá'u'lláh y de su Reino.

Abú 'Amir: Un opositor de Muhammad.

Afnán: Lit. "vástagos". Denota a los parientes del Báb.

'Akká: San Juan de Acre, la ciudad fortaleza en Palestina a donde fue desterrado Bahá'u'lláh en 1868.

'Alí: El primer Imán; primo y primer discípulo de Muhammad, casado con su hija Fátimih. En pasaje CXLII, un seguidor de Bahá'u'lláh.

'Alí Muhammad: Siyyid 'Alí Muhammad, nacido en Shíráz, Persia, el 20 de octubre de 1819, el "Punto del Bayán" y el "Báb" y precursor de Bahá'u'lláh.

Annás: Gran sacerdote de los judíos y suegro de Caifás (Juan 18:13).

Antiguo de los Días: Un título de Dios, en la Biblia peculiar del Libro de Daniel.

Aqdas: Kitáb-i-Aqdas, lit. "El Libro Más Sagrado". El Libro de Leyes revelado por Bahá'u'lláh en 'Akká cerca del año 1873. (Pasajes: XXXVII, LVI, LXX, LXXI, LXXII, XCVIII, CV, CLV, CLIX, CLXV.)

Ashraf: Siyyid Ashraf nacido en el Fortín de Zanján, durante el sitio de éste. (Véase "Los Rompedores del Alba".)

Báb, El: Siyyid 'Alí Muhammad, nacido en Shíráz Persia, el 20 de octubre de 1819, "La Puerta", el Heraldo de la Fe Bahá'í (18191850).

Bábí: Seguidor del Báb.

Bahá: Un título dado a Bahá'u'lláh por el Báb. Significa "Gloria", "Esplendor", "Luz".

Bahá'í: Seguidor de Bahá'u'lláh.

Bahá'u'lláh: Título de Mírzá Husayn-'Alí; el Fundador de la Fe Bahá'í (1817-1892).

Balál: Un esclavo etíope, iletrado y despreciado, transformado en La Meca por haber reconocido a Muhammad.

Bayán: Lit. "Exposición", "Prolación". La más grande obra doctrinaria del Fundador de la Dispensación Bábí.

Caifás: Gran sacerdote y presidente de la corte que condenó a Jesús.

Carmelo, Monte: Uno de los lugares sagrados en la historia bahá'í donde se hallan las tumbas del Báb y 'Abdu'l-Bahá y monumentos a otros miembros de la familia de 'Abdu'l-Bahá.

Ciudad de la Certeza: Una condición de alto logro espiritual.

Dhabíh: Ishmael, famoso bahá'í, hermano de Mírzá Jání de Káshán (véase "Los Rompedores del Alba"). Este título, que significa "sacrificio", le fue dado por Bahá'u'lláh.

Dispensación: Período en que prevalece un sistema religioso.

Elíxir Divino: Símbolo del poder de la fe de conferir vida eterna al hombre; vino de "elíxir", licor imaginario que prolongaría la vida humana indefinidamente.

Gabriel: Se dice que es el más elevado de los ángeles, y que se cierne sobre el trono de Dios y lo cubre con sus alas.

Husayn: El tercer Imán, el Mártir de Karbilá.

Imán 'Alí: El primer Imán, yerno del Profeta Muhammad.

Imanes (Imáms): Título de los doce sucesores Shí'ihs de Muhammad.

Isaías, Libro de: Véase, Isaías 2:10.

Islám: Lit. "Obediencia o sumisión a la Voluntad de Dios"; nombre dado a la religión de Muhammad.

Javád: Hájí Siyyid Javád, uno de los primeros bábís, exaltado por el Báb y más tarde por Bahá'u'lláh, a quien encontró en Baghdád.

Kaaba: Santuario que guarda la Piedra Negra en la Mezquita de La Meca.

Ka'b-ibn-i-Ashraf: Enemigo implacable de Muhammad que trató de matarle.

Kamál: Hájí Mírzá Kamál, famoso bábí de alta educación que encontró a Bahá'u'lláh en Baghdád y reconoció su posición, antes de su declaración. Deseaba contar a todos la nueva y fue enviado de vuelta a Persia.

Karbilá: Ciudad en 'Iráq donde fue martirizado el Imán Husayn y donde está enterrado. Es uno de los dos "santuarios supremos"; el otro es Najaf.

Kawthar: Río en el Paraíso y fuente de todos los demás ríos.

Kitáb-i-Íqán: Lit. "El Libro de la Certeza". Obra doctrinaria de preeminencia inigualada. Revelado por Bahá'u'lláh en 1862. (Pasajes: XIII, XIX, XXII, XC, XCI, CXXV.)

Lámpara de Dios, La: Luz espiritual derramada por el Profeta de Dios.

Letras del Viviente: Los primeros 18 discípulos del Báb.

Manifestación: Uno que manifiesta las perfecciones y atributos de Dios, el Mensajero de Dios.

Más Grande Nombre, Él: Un título de Bahá'u'lláh.

Meca, La: Ciudad en que nació Muhammad y donde Él se declaró su Misión.

Medina: Ciudad que cobijó a Muhammad y donde Él está enterrado; es estimada en su santidad como segunda después de La Meca.

Mensajero Divino: Profeta de Dios, el Ser Todo Perfecto por quien se da la Revelación.

Mesías Divino: El Rey y Libertador Divino esperado por los hebreos.

Mihdí: Título de la Manifestación esperada por el Islám.

Muhammad (Mahoma) Lit. "El Alabado". Fundador del Islam, nacido en La Meca, según se dice, el año 570 después de Cristo.

Mustagháth: Lit. "Aquel que es invocado".

Nabíl-i-A'zam: El título bahá'í de Muhammad-i-Zarandí, devoto seguidor del Báb y Bahá'u'lláh, autor de la narración histórica conocido como "Los Rompedores del Alba".

Nadr-ibn-i-Hárith: Un opositor de Muhammad.

Nimrod: El persecutor de Abraham.

Párán: Cordillera de montañas al norte del Sinaí; palabra usada para designar un lugar de revelación.

Pentateuco: Los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, atribuidos a Moisés.

Prolación: Acción de proferir o pronunciar.

Qá'im: El prometido del Islám.

Qayyúmu'l-Asmá: Una de las obras principales del Báb.

Quintaesencia: Última y más alta esencia de algo.

Corán (Corán): El Libro revelado por Muhammad. Lit. "La Lectura".

Revelación: Descubrimiento que hace Dios a los hombres de algo que hasta entonces Él tenía oculto a ellos.

Ridván: Custodio del Paraíso. Se usa para denotar el Paraíso mismo.

Sadratu'l-Muntahá: Nombre de un árbol plantado al final dé un camino para servir de guía; símbolo de una Manifestación de Dios.

Salmán, o Shaykh Salmán: Nacido en el sur de Persia; un iletrado, se convirtió en uno de los más amados y más devotos discípulos del Bahá'u'lláh, quien le confió muchas importantes y peligrosas misiones.

Salsabíl: Una fuente del Paraíso.

Sello de los Profetas: Un título de Muhammad que se refiere al cierre del Ciclo Profético.

Sháh: Nasiri'd-Dín Sháh de Persia.

Shaykh: Se refiere a Shaykh Salmán.

Shí'ih: "Partido" (de 'Alí). Rama musulmana que se distingue por su creencia en los doce Imanes de la era mahometana.

Shoghi Effendi: Nieto de 'Abdu'l-Bahá y Guardián de la Fe Bahá'í (1896- 1957).

Sinaí: Montaña donde Dios dio las tablas de la Ley a Moisés; a veces, emblema del corazón humano que es el lugar del descenso de Dios.

Sión: Loma en Jerusalén, sitio de la residencia real de David y sus sucesores.

Sol de Muhammad: Símbolo del Profeta como iluminador del mundo.

Sultán: Sultán 'Abdu'l-'Azíz de Turquía.

Sunní: La mayor y más poderosa de las dos grandes sectas del Islám; representada por el la Fe.

Súriy-i-Ra'ís: Epístola de Bahá'u'lláh revelada en Adrianópolis; dirigido a 'Alí Pashá el Gran Visir de Turquía.

Tá, Tierra de: Tihrán, denotada por su letra inicial.

Tabla a Ra'ís: Súriy-i-Ra'ís.

Tabla Guardada: Significa el conocimiento de Dios y de su Manifestación.

Talismán: Objeto encantado que atraía la fuerza del cielo para proteger a su portador. Símbolo del hombre protegido por la fuerza de Dios.

Tihrán (Teherán): Lugar de nacimiento de Bahá'u'lláh (el 12 de noviembre de 1817) y capital de Irán (Persia).

Tora: Libro de la Ley de los judíos.

Zá, Tierra de: Zanján, derrotado por su letra inicial.

Zanján: Capital del distrito de Khamsih y escenario del martirio de cerca de 1.800 bahá'ís.

Zarza Ardiente: Simboliza la presencia de Dios en el corazón de Moisés. Véase: Exod. III:2.
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