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Tablas de Baha'u'llah Reveladas despues del Kitab-i-Aqdas

by Bahá'u'lláh

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Chapter 11

LAWH-I-MAQSÚD

Tabla de Maqsúd

En lugar de dirigirse directamente a Bahá'u'lláh, los bahá'ís, por respeto, escribían a su amanuense, Mírzá Áqá Ján, llamado "Siervo de Dios" y "Asistente". La respuesta venía en forma de una carta de Mírzá Áqá Ján, en la que citaba palabras de Bahá'u'lláh, pero que, de hecho, era dictada en su totalidad por Bahá'u'lláh. Por ello, todas las partes de la Tabla, incluso aquellas que aparentemente contienen palabras de Mírzá Áqá Ján, son Escritura Sagrada revelada por Bahá'u'lláh. La Tabla de Maqsúd está escrita de esta forma. Iba dirigida a Mírzá Maqsúd, uno de los primeros creyentes que en aquel tiempo vivían en Damasco y en Jerusalén.

Él es Dios, exaltado sea Él, el Señor de Majestad y Poder.

Una alabanza que sea exaltada por encima de toda mención o descripción es digna del Adorado, el Poseedor de todas las cosas visibles e invisibles, que ha permitido al Punto Primordial revelar incontables Libros y Epístolas, y que mediante la potencia de su Sublime Palabra ha llamado a la existencia a la creación entera, ya sea de las generaciones anteriores o de las más recientes. En cada ciclo y edad, de conformidad con su trascendente sabiduría, Él ha enviado un Mensajero divino para reanimar a las almas desalentadas y abatidas con las aguas vivas de Su Prolación, Uno que es en verdad el Expositor, el verdadero Intérprete, puesto que el hombre es incapaz de comprender lo que fluye de la Pluma de Gloria y lo que está registrado en sus Libros celestiales. En todo tiempo y en toda condición los hombres necesitan que alguien les exhorte, les guíe y les instruya y enseñe. Por lo tanto, Él ha enviado a sus Mensajeros, a sus Profetas y a sus elegidos para que familiaricen a la gente con el propósito divino, que subyace en la revelación de los Libros y en el surgimiento de los Mensajeros, para que todos conozcan el fideicomiso de Dios que está latente en la realidad de cada alma.

El hombre es el Talismán supremo. Sin embargo, la falta de educación adecuada le ha privado de aquello que posee intrínsecamente. Por una sola palabra procedente de la boca de Dios fue llamado a la existencia; por una palabra más se le guió a reconocer la Fuente de su educación; aun por otra palabra fueron salvaguardados su posición y su destino. El Gran Ser dice: Considerad al hombre como una mina rica en gemas de inestimable valor. La educación puede, ella sola, hacer que revele sus tesoros y permitir que la humanidad se beneficie de ellos. Si algún hombre meditase sobre lo que han revelado las Escrituras enviadas desde el cielo de la santa Voluntad de Dios, fácilmente reconocería que el propósito de las mismas es que todos los hombres sean considerados como una sola alma, para que el sello que lleva las palabras "El Reino será de Dios" pueda ser estampado en todos los corazones, y la luz de la generosidad, la gracia y la misericordia divinas pueda envolver a toda la humanidad. El Dios único y verdadero -exaltada sea su gloria- no ha deseado nada para Sí mismo. La fidelidad del género humano no Le es de utilidad ni Le perjudica su perversidad. El Ave del Reino de la Prolación proclama continuamente este llamamiento: "Todo lo he dispuesto para ti, y a ti, también, para ti mismo." Si los eruditos y hombres de sabiduría mundana de esta época permitieran que la humanidad aspirara la fragancia de la camaradería y el amor, todo corazón comprensivo captaría el significado de la verdadera libertad y descubriría el secreto de la paz imperturbable y de la serenidad absoluta. Si la tierra alcanzara esta posición y se iluminara con su luz, entonces, en verdad, se podría decir de ella: "No veréis en ella ni hondonadas ni lomas salientes".69 Que la bendición y la paz sean con Aquel70 por cuyo advenimiento Bathá71 se ha engalanado con sonrisas, y los suaves aromas de cuya vestidura han derramado su fragancia sobre toda la humanidad; con Aquel que vino a proteger a los hombres de lo que les perjudica aquí en el mundo. Exaltada, inmensamente exaltada está su posición por encima de la glorificación de todos los seres y santificada está ella de la alabanza de la creación entera. Mediante su advenimiento se erigió el tabernáculo de la estabilidad y el orden en todo el mundo y se enarboló el estandarte del conocimiento entre las naciones. Que las bendiciones sean también con sus parientes y con sus compañeros, por medio de los cuales se izó el estandarte de la unidad de Dios y de su singularidad y se desplegaron las enseñas del triunfo celestial. Por de medio ellos la religión de Dios se estableció firmemente entre sus criaturas, y su Nombre fue magnificado entre sus siervos. Le ruego a Él (exaltado sea) que proteja a su Fe del daño de sus enemigos, que rompieron los velos, los rasgaron y finalmente hicieron que la bandera del Islam se invirtiera entre todos los pueblos.

Se ha recibido tu carta, de la que se inhalaba la fragancia de la reunión. Alabado sea Dios, pues después del rígido decreto de separación la brisa de la proximidad y la comunión se ha agitado y la tierra del corazón se ha refrescado con las aguas del gozo y la alegría. Damos gracias a Dios en toda circunstancia y abrigamos la esperanza de que Él -exaltada sea su gloria-, por su magnífica providencia, guíe a todos los que habitan en la tierra hacia lo que es aceptable y grato ante Él.

Observad las convulsiones que durante muchos años han afligido a la tierra, y la perturbación que se ha apoderado de sus pueblos. Ha sido asolada por guerras, o atormentada por calamidades repentinas e imprevistas. Aun cuando el mundo está rodeado de miseria y aflicciones, ningún hombre se ha detenido a reflexionar sobre cuál pueda ser la causa o el origen de ello. Cada vez que el Consejero Verdadero pronunciaba una palabra de advertencia, todos Le denunciaban como agente del mal y rechazaban su declaración. ¡Qué sorprendente, qué desconcertante es tal conducta! No pueden hallarse dos hombres de quienes pueda decirse que estén unidos exterior e interiormente. Las señales de discordia y mala voluntad son evidentes en todas partes, a pesar de que todos fueron creados para la armonía y la unión. El Gran Ser dice: ¡Oh bienamados! El tabernáculo de la unidad ha sido erigido; no os miréis como extraños los unos a los otros. Sois los frutos de un solo árbol y las hojas de una misma rama. Abrigamos la esperanza de que la luz de la justicia brille sobre el mundo y lo santifique de la tiranía. Si los gobernantes y reyes de la tierra, los símbolos del poder de Dios -exaltada sea su gloria-, se levantan y acuerdan dedicarse a lo que promueva los más altos intereses de toda la humanidad, el reinado de la justicia se establecerá, sin duda, entre los hijos de los hombres y el fulgor de su luz envolverá a toda la tierra. El Gran Ser dice: La estructura de la estabilidad y el orden mundiales se ha alzado sobre los pilares gemelos de la recompensa y el castigo, y continuará siendo sostenida por ellos. Y en otra ocasión ha declarado lo siguiente en la lengua elocuente:72 la justicia tiene una fuerza poderosa a su disposición. Ésta no es otra que la recompensa y el castigo de las acciones de los hombres. Por el poder de esta fuerza se establece el tabernáculo del orden en todo el mundo, haciendo que los perversos repriman sus naturalezas por temor al castigo.

En otro pasaje Él ha escrito: ¡Prestad atención, oh asamblea de los gobernantes del mundo! No hay fuerza en la tierra que pueda igualarse en poder conquistador a la fuerza de la justicia y la sabiduría. Verdaderamente yo afirmo que no hay, y nunca ha habido, unas huestes más poderosas que las de la justicia y la sabiduría. Bienaventurado es el rey que marcha con la enseña de la sabiduría desplegada ante él y con los batallones de la justicia concentrados detrás de sí. Él es, en verdad, el ornamento que adorna la frente de la paz y el semblante de la seguridad. No cabe duda alguna de que si el sol de la justicia, al que han oscurecido las nubes de la tiranía, derramara su luz sobre los hombres, la faz de la tierra se transformaría por completo.

El Gran Ser, deseando revelar los requisitos previos para lograr la paz y la tranquilidad del mundo y el progreso de sus pueblos, ha escrito: Debe llegar el momento en que se reconozca universalmente la imperiosa necesidad de tener una reunión vasta y omnímoda de los hombres. Los gobernantes y reyes de la tierra tienen necesariamente que concurrir a ella y, participando en sus deliberaciones, tienen que estudiar los modos y maneras de poner los cimientos de la Gran Paz mundial entre los hombres. Tal paz exige que las grandes potencias decidan, para la tranquilidad de los pueblos de la tierra, estar completamente reconciliadas entre sí. Si algún rey se levantase en armas contra otro, todos deben levantarse conjuntamente e impedírselo. Si así se hiciera, las naciones del mundo ya no necesitarían armamentos, salvo con el fin de preservar la seguridad de sus reinos y mantener el orden interno en sus territorios. Esto asegurará la paz y la calma de todos los pueblos, Gobiernos y naciones. De buena gana esperamos que los reyes y gobernantes de la tierra, los espejos del generoso y todopoderoso Nombre de Dios, alcancen esta posición y protejan a la humanidad de la furiosa embestida de la tiranía.

Asimismo Él dice: Entre las cosas que conducen a la unidad y a la concordia, y que harán que la tierra entera sea considerada como un solo país, está el que los diversos idiomas se reduzcan a un solo idioma y, de igual manera, que los alfabetos utilizados en el mundo se limiten a uno solo. Incumbe a todas las naciones designar a algunos hombres de entendimiento y erudición para que convoquen una reunión y, a través de la consulta conjunta, elijan un idioma de entre las diversas lenguas existentes, o bien creen uno nuevo, que se enseñe a los niños en todas las escuelas del mundo.

Se acerca el día en que todos los pueblos de la tierra habrán adoptado un idioma universal y un alfabeto común. Cuando se haya logrado esto, a cualquier ciudad que un hombre viaje será como si estuviera entrando en su propio hogar. Estas cosas son obligatorias y absolutamente esenciales. Es responsabilidad de todo hombre de perspicacia y entendimiento esforzarse por trasladar a la realidad y a la acción lo que se ha escrito.

En estos días el tabernáculo de la justicia ha caído en las garras de la tiranía y la opresión. Rogad al Dios único y verdadero -exaltada sea su gloria- que no prive a la humanidad del océano del verdadero entendimiento, pues si los hombres prestasen atención, fácilmente comprenderían que todo lo que ha fluido de la Pluma de Gloria y ha sido registrado por ella es como el sol para el mundo entero, y que en ello se encuentra el bienestar, la seguridad y los verdaderos intereses de todos los hombres; de otro modo, cada día la tierra será atormentada por una nueva calamidad y estallarán convulsiones sin precedentes. Quiera Dios que benévolamente se ayude a las gentes del mundo a preservar la luz de Sus amorosos consejos en la esfera de la sabiduría. Abrigamos la esperanza de que todos se adornen con la vestidura de la sabiduría verdadera, base del gobierno del mundo.

El Gran Ser dice: El cielo del arte de gobernar se torna luminoso y resplandeciente por la brillantez de la luz de estas benditas palabras que han alboreado desde la aurora de la Voluntad de Dios: Incumbe a todos los gobernantes pesar su propio ser cada día en la balanza de la equidad y de la justicia, y luego juzgar entre los hombres y aconsejarles que hagan aquello que dirija sus pasos por el sendero de la sabiduría y el entendimiento. Ésta es la piedra angular del arte de gobernar y la esencia del mismo. En estas palabras todo hombre de sabiduría e ilustrado percibirá fácilmente lo que favorecerá objetivos tales como el bienestar, la seguridad y la protección de la humanidad y la salvaguardia de las vidas humanas. Si los hombres perspicaces bebieran su porción del océano de los significados internos que encierran estas palabras y se familiarizasen con ellos, darían testimonio de la sublimidad y la excelencia de las mismas. Si este ser humilde describiera lo que percibe, todos atestiguarían la suma sabiduría de Dios. Los secretos del arte de gobernar y lo que la gente necesita están envueltos en estas palabras. Este humilde siervo ruega encarecidamente al Dios único y verdadero -exaltada sea su gloria- que ilumine los ojos de las gentes del mundo con el resplandor de la luz de la sabiduría, para que todos y cada uno de ellos reconozcan lo que es indispensable en este día.

Es de hecho un hombre quien hoy se consagra al servicio de toda la raza humana. El Gran Ser dice: Bienaventurado y dichoso aquel que se levanta para promover los mejores intereses de los pueblos y razas de la tierra. En otro pasaje Él ha proclamado: No debe enorgullecerse quien ama a su patria, sino más bien quien ama al mundo entero. La tierra es un solo país, y la humanidad sus ciudadanos.

Exhortaciones a la unión y concordia como las que ha registrado la Pluma del Altísimo en los Libros de los Profetas hacen referencia a temas concretos, no a una unión que lleve a la desunión o a una concordia que cree discordia. Ésta es la posición donde se fija la medida de todas las cosas, una posición donde a toda alma que lo merezca se le dará lo que le corresponda. Bienaventurados quienes aprecian el significado y captan la intención de estas palabras, y ¡ay de los negligentes! De ello dan sobrado testimonio todos los signos de la naturaleza en su propia esencia. Todo sabio perspicaz está familiarizado con lo que hemos mencionado, pero no aquellos que se han alejado de la fuente viva de la imparcialidad y vagan desquiciados por el desierto de la ignorancia y del fanatismo ciego.

El Gran Ser dice: ¡Oh vosotros hijos de los hombres! El propósito fundamental que anima a la Fe de Dios y a su Religión es el de salvaguardar los intereses y promover la unidad de la raza humana, y estimular el espíritu de amor y de camaradería entre los hombres. No permitáis que se convierta en fuente de disensión y de discordia, de odio y de enemistad. Éste es el Sendero Recto, el cimiento fijo e inamovible. Los cambios y azares del mundo nunca podrán debilitar la resistencia de cualquier cosa que se levante sobre este cimiento, ni podrá el paso de incontables centurias socavar su estructura. Es nuestra esperanza que los jefes religiosos del mundo y sus gobernantes se levanten conjuntamente para reformar esta época y rehabilitar su destino. Que consulten juntos, después de haber meditado sobre sus necesidades, y, mediante una deliberación esperanzada y plena, administren a un mundo enfermo y gravemente afligido el remedio que requiere.

El Gran Ser dice: El cielo de la sabiduría divina está iluminado con las dos luminarias de la consulta y la compasión. Consultad juntos en todos los asuntos, por cuanto la consulta es la lámpara de guía que abre camino y es lo que confiere entendimiento.

Al comienzo de cualquier empresa es obligado mirar su fin. Entre todas las artes y ciencias, poned a los niños a estudiar aquellas que resulten de provecho para el hombre, aseguren su progreso y eleven su dignidad. De esta manera se disiparán los fétidos olores de la anarquía, y así, mediante los elevados esfuerzos de los dirigentes de la nación, todos vivirán resguardados, seguros y en paz.

El Gran Ser dice: Los eruditos de la época deben orientar a la gente para que adquiera aquellas ramas del conocimiento que sean de utilidad, con el objeto de que tanto los eruditos mismos como la mayoría de la humanidad puedan obtener beneficio de ello. Las actividades académicas que empiezan y terminan sólo con palabras nunca han sido ni serán de valor alguno. La mayoría de los eruditos doctores de Persia dedican toda su vida al estudio de una filosofía cuyo resultado final no es sino palabras.

Corresponde a quienes tienen autoridad actuar con moderación en todas las cosas. Todo lo que sobrepase los límites de la moderación dejará de ejercer una influencia beneficiosa. Examinad, por ejemplo, cosas como la libertad, la civilización y otras similares. Por muy favorablemente que los hombres de entendimiento las consideren, si son llevadas al exceso, ejercerán una influencia perniciosa sobre los hombres.

Si hubiera que desarrollar este tema sería necesaria una explicación elaborada, la cual, nos tememos, podría resultar tediosa. Es la ferviente esperanza de este humilde ser que Dios -exaltada sea su gloria- conceda a todos los hombres lo que es bueno, pues aquel que esté dotado de ello es el poseedor de todas las cosas. El Gran Ser dice: La Lengua de la Sabiduría proclama: Aquel que no Me tiene está privado de todas las cosas. Apártate de todo lo que existe sobre la tierra y no busques a otro salvo a Mí. Yo Soy el Sol de la Sabiduría y el Océano del Conocimiento. Yo animo a los débiles y resucito a los muertos. Yo soy la Luz de guía que ilumina el camino. Yo soy el Halcón real en el brazo del Todopoderoso. Yo despliego las alas caídas de toda ave quebrantada y le hago levantar el vuelo.

E igualmente Él dice: El cielo del verdadero entendimiento brilla resplandeciente con la luz de dos luminarias: la tolerancia y la rectitud. ¡Oh mi amigo! En estas pocas palabras se encuentran atesorados vastos océanos. Bienaventurados quienes aprecian su valor, beben largamente de ellas y captan su significado, y ¡ay de los negligentes! Este humilde ser suplica a las gentes del mundo que observen equidad, para que su tierno, delicado y precioso oído, que ha sido creado para escuchar las palabras de sabiduría, pueda librarse de los impedimentos y de las alusiones, ociosas fantasías o vanas imaginaciones "que no pueden engordar ni saciar el hambre", de modo que el verdadero Consejero se sienta muníficamente inclinado a exponer aquello que es la fuente de bendiciones para la humanidad y del más elevado bien para todas las naciones. Actualmente la luz de la reconciliación se ha debilitado en la mayoría de los países y su brillo se ha extinguido, mientras el fuego de la lucha y el desorden se ha encendido y arde furioso. Dos grandes poderes que se consideran a sí mismos como fundadores y dirigentes de la civilización y diseñadores de constituciones se han alzado contra los seguidores de la Fe que va unida a Aquel que conversó con Dios.73 Estad advertidos, oh hombres de entendimiento. Cometer tiranía es indigno de la posición del hombre; más bien le corresponde observar equidad y ataviarse en todas las situaciones con la vestidura de la justicia. Rogad al Dios único y verdadero que limpie y purifique a ciertas almas de la mancha de las bajas pasiones y los deseos corruptos por el poder de la mano de la amorosa bondad y la educación espiritual, de manera que se levanten y suelten sus lenguas por amor a Dios, para que quizás se borren los signos de injusticia y el resplandor de la Luz de la justicia derrame su fulgor sobre el mundo entero. La gente es ignorante y tiene necesidad de aquellos que exponen la verdad.

El Gran Ser dice: El hombre de suma erudición y el sabio dotado de penetrante sabiduría son los dos ojos del cuerpo de la humanidad. Si Dios quiere, la tierra jamás se verá privada de estos dos grandísimos dones. Lo que se ha expuesto y lo que en el futuro se revelará es sólo una muestra del ardiente deseo de este Siervo de consagrarse al servicio de todas las razas de la tierra.

¡Oh mi amigo! En toda circunstancia uno debe valerse de todos los medios que favorezcan la seguridad y la tranquilidad entre los pueblos del mundo. El Gran Ser dice: En este glorioso Día, todo lo que te purifique de la corrupción y te conduzca hacia la paz y la serenidad es en verdad el Sendero Recto. Quiera Dios que los pueblos del mundo se vean impulsados a reconocer sus mejores intereses, como resultado de los elevados esfuerzos llevados a cabo por sus gobernantes y por los sabios y los eruditos de entre los hombres. ¿Hasta cuándo persistirá la humanidad en su rebeldía? ¿Hasta cuándo continuará la injusticia? ¿Hasta cuándo reinarán el caos y la confusión entre los hombres? ¿Hasta cuándo agitará la discordia la faz de la sociedad?

Este humilde siervo está maravillado, pues todos los hombres están dotados del sentido de la vista y el oído, y sin embargo se hallan privados del privilegio de usar esas facultades. Este siervo se ha visto impulsado a escribir estas líneas en virtud del tierno amor que siente por ti. Los vientos de la desesperación, ay, soplan desde todas direcciones, y la contienda que divide y aflige a la raza humana crece día a día. Ahora pueden percibirse los signos de convulsiones y caos inminentes, por cuanto el orden predominante resulta ser deplorablemente defectuoso. Ruego a Dios, exaltada sea su gloria, que benévolamente despierte a los pueblos de la tierra, que conceda que les sea provechoso el resultado de su conducta y les ayude a llevar a cabo lo que sea digno de su posición.

Si el hombre comprendiera la grandeza de su posición y la sublimidad de su destino, no manifestaría nada que no fuese un carácter excelente, unas obras puras y una conducta decorosa y digna de alabanza. Si los eruditos y sabios de buena voluntad orientasen al pueblo, la tierra entera sería considerada como un solo país. Verdaderamente ésta es la indudable verdad. Este siervo, por el amor que siente por Dios, el Único, el Sin Par, el Todopoderoso, el Benévolo, ruega a toda alma diligente y emprendedora que haga el máximo esfuerzo y se levante para corregir la situación en todas las regiones y reanimar a los muertos con las aguas vivas de la sabiduría y la prolación.

Ningún sabio puede demostrar su conocimiento sino por medio de las palabras. Ello muestra la trascendencia de la Palabra, como se afirma en todas las Escrituras, sean éstas de antaño o de tiempos más recientes. Porque es a través de su potencia y su espíritu animador como las gentes del mundo han alcanzado tan eminente posición. Por otra parte, las palabras y expresiones deben ser al mismo tiempo impresionantes y perspicaces. No obstante, ninguna palabra estará impregnada de estas dos cualidades a menos que sea pronunciada completamente por amor a Dios y con la debida consideración hacia las exigencias de la ocasión y de las personas.

El Gran Ser dice: La expresión humana es una esencia que aspira a ejercer su influencia y requiere moderación. En cuanto a su influencia, está condicionada al refinamiento, que a su vez depende de que los corazones sean desprendidos y puros. En cuanto a su moderación, ésta tiene que ir combinada con el tacto y la sabiduría, tal como se ha prescrito en las Sagradas Escrituras y en las Tablas. Todas las palabras están dotadas de espíritu; por lo tanto, el orador o expositor debe pronunciar las palabras cuidadosamente en el momento y lugar oportunos, puesto que la impresión que produce cada palabra se manifiesta con nitidez y es claramente perceptible. El Gran Ser dice: Una palabra puede compararse con el fuego, otra con la luz, y la influencia que ambos ejercen es patente en el mundo. Por lo tanto, un sabio iluminado debería hablar principalmente con palabras tan suaves como la leche, para que mediante ellas se nutran y se instruyan los hijos de los hombres y puedan lograr el objetivo último de la existencia humana, que es la posición del verdadero entendimiento y la nobleza auténtica. Y además dice Él: Una palabra es como la primavera, que hace que los tiernos retoños del rosedal del conocimiento se vuelvan verdes y florecientes, mientras que otra palabra es como un veneno mortal. Le corresponde al hombre de sabiduría prudente hablar con la máxima indulgencia y paciencia, para que la dulzura de sus palabras induzca a todos a lograr aquello que es digno de la posición del hombre.

¡Oh amigo mío! La Palabra de Dios es la reina de las palabras y su penetrante influencia es incalculable. Ella ha dominado siempre, y continúa dominando, el reino del ser. El Gran Ser dice: La Palabra es la llave maestra del mundo entero, pues mediante su potencia se abren las puertas de los corazones de los hombres, que son, en realidad, las puertas del cielo. Tan pronto como un simple destello de su refulgente esplendor brilló sobre el espejo del amor, la bendita palabra "Yo soy el Bienamado" se reflejó en él. Es un océano de inagotable riqueza que abarca todas las cosas. Todo lo que se puede percibir no es sino una emanación de ella. Elevada, inconmensurablemente elevada es esta sublime posición, a cuya sombra se mueve la esencia de la excelsitud y el esplendor, arrobada en alabanza y adoración.

Me parece que el sentido del gusto de la gente, lamentablemente, se ha visto gravemente afectado por la fiebre de la negligencia y el desvarío, pues se encuentran completamente inconscientes y privados de la dulzura de Su prolación. Cuán lamentable, en verdad, es que el hombre se prive a sí mismo de los frutos del árbol de la sabiduría, mientras sus días y sus horas pasan rápidamente. Quiera Dios que la mano del poder divino proteja a toda la humanidad y dirija sus pasos hacia el horizonte del genuino entendimiento.

Verdaderamente nuestro Señor de Misericordia es el Auxiliador, el que conoce, el Sabio.

Me gustaría añadir que se ha recibido tu segunda carta, que fue enviada desde Jerusalén, y lo que has escrito y explicado en ella se ha leído atentamente en Su presencia. Él me ordenó escribir lo siguiente: ¡Oh Maqsúd! Hemos oído tu voz y percibido el suspiro y el lamento que elevaste en tu anhelo y tu impaciencia. ¡Alabado sea Dios! De cada palabra tuya se pudieron inhalar los dulces aromas del amor. Quiera Dios que esta munificencia perdure para siempre. El asistente recitó los versos que has compuesto. Tu nombre se menciona con frecuencia en presencia de este Agraviado, y las miradas de nuestra amorosa bondad y nuestra compasión se dirigen hacia ti. Grande es la posición del hombre. Grandes, también, tienen que ser sus esfuerzos para lograr el restablecimiento del mundo y el bienestar de las naciones. Ruego al Dios único y verdadero que benévolamente te confirme en lo que sea digno de la posición del hombre.

Guíate por la sabiduría en todas las situaciones, pues las personas que esconden motivos perversos se han dedicado y todavía se dedican diligentemente a intrigar. ¡Dios bondadoso! A ese Ser inconmensurablemente exaltado, que no busca más que fomentar el espíritu de amor y camaradería entre los hombres, reanimar el mundo y ennoblecer su vida, Le han acusado de tales cargos que la lengua y la pluma se avergüenzan de relatarlos.

Te hemos recordado y hacemos mención de ti ahora. Le imploramos a Él - exaltada sea su gloria- que te proteja con las manos de la fuerza y el poder y te permita reconocer lo que sirva a tus mejores intereses, tanto en este mundo como en el venidero. Él es el Señor de la Humanidad, el Poseedor del Trono de lo Alto y del mundo de abajo. No hay otro Dios salvo Él, el Omnipotente, el Poderoso. Quiera Dios que este Agraviado pueda guardar fidelidad. Él no te ha olvidado ni te olvidará jamás.

Has mencionado tu intención de permanecer en Damasco hasta la primavera, para continuar luego hasta Mosul, si hubiese medios para ello. Este humilde siervo implora a Dios -exaltada sea su gloria- que facilite los medios que se estimen oportunos y que te ayude. Él es Potente y Poderoso.

Aunque se ha tratado con la mayor amabilidad a todos los habitantes de esta región, sin embargo no puede percibirse de ellos muestra alguna de camaradería. Debes tener mucho tacto y sabiduría, pues en todo momento buscan negar la Causa y poner reparos triviales en su contra. Que el Dios único y verdadero les conceda equidad.

Por lo que se refiere a tus propios asuntos, si te contentases con cualquier cosa que suceda sería digno de alabanza. Dedicarse a alguna profesión es altamente recomendable, porque cuando uno está ocupado en el trabajo es menos probable que se fije en los aspectos desagradables de la vida. Si Dios quiere, podrás experimentar gozo y esplendor, alegría y júbilo en cualquier ciudad o país en que residas temporalmente. Este humilde siervo jamás olvidará a ese amigo distinguido y amable. Él te ha recordado y continuará recordándote. El decreto está en la mano de Dios, el Señor de todos los mundos. Espero de buena gana que Él te otorgue asistencia divina y te conceda confirmación en aquello que Le es grato y aceptable.

Cada palabra de tu poesía es en verdad como un espejo en el que se reflejan las pruebas de la devoción y el amor que sientes por Dios y sus elegidos. Bienaventurado seas tú, que has bebido del vino escogido de la prolación y has tomado del arroyo del conocimiento, que fluye con suavidad. Dichoso aquel que ha bebido su parte y ha llegado a Él, y ¡ay de los negligentes! Su lectura ha demostrado ser muy impresionante, ciertamente, porque indicaba a la vez la luz de la reunión y el fuego de la separación.

Lejos de nosotros perder la esperanza de los incalculables favores de Dios en ningún momento, porque si fuese su deseo haría que un simple átomo se transformase en un sol y una simple gota en un océano. Él abre miles de puertas, mientras que el hombre es incapaz de concebir ni siquiera una sola.

Tan negligente es este siervo, que con palabras como éstas busca reivindicar el supremo poder de Dios, exaltada sea su gloria. Imploro el perdón de Dios, el Más Grande, por estas afirmaciones, y declaro que este siervo reconoce en todo momento sus lamentables transgresiones y delitos. Él suplica la remisión de sus pecados al océano de la misericordia de su Señor, el Más Exaltado, e implora aquello que le haga consagrarse totalmente a Dios y le permita expresar su alabanza, volverse hacia Él y poner toda su confianza en Él. Verdaderamente Él es el Potente, el Perdonador, el Misericordioso. Alabado sea Dios, el Todopoderoso, el Omnisciente.

Este humilde ser ha leído las descripciones del diálogo con el viajero que has relatado en tu carta a mi Señor, que mi vida sea ofrendada por Él. Las explicaciones que se dieron despiertan a la gente del sueño de la negligencia. Ciertamente, las acciones del hombre mismo engendran un derroche de poder satánico. Porque si el hombre obrase de acuerdo con las enseñanzas divinas y las observase, desaparecería de la faz de la tierra todo rastro de maldad. Sin embargo, las grandes diferencias que existen entre la humanidad y el predominio de la sedición, la contienda, el conflicto y cosas similares son los factores primordiales que provocan la aparición del espíritu satánico. Sin embargo, el Espíritu Santo siempre ha evitado tales asuntos. Un mundo en el que no puede percibirse nada que no sean luchas, peleas y corrupción, forzosamente ha de convertirse en la sede del trono y en la misma metrópolis de Satán.

Cuán vasto es el número de amados y elegidos de Dios que se han lamentado y gemido de día y de noche para que, quizá, una brisa suave y fragante soplara desde la corte de su beneplácito y disipara por completo el repugnante y hediondo olor del mundo. No obstante, esta meta final no pudo lograrse y los hombres se vieron privados de ella en virtud de sus acciones pérfidas, que atrajeron sobre ellos el justo castigo de Dios, de acuerdo con los principios básicos de su autoridad divina. Es nuestro deber permanecer pacientemente en estas circunstancias hasta que haya un alivio proveniente de Dios, el Perdonador, el Generoso.

¡Magnificado sea tu Nombre, oh Señor de todos los seres y Deseo de todas las cosas creadas! Te imploro, por la Palabra que hizo que la Zarza Ardiente elevara su Voz y la Roca gritara, mediante la cual los favorecidos se apresuraron a alcanzar la corte de tu presencia y los puros de corazón se apresuraron a alcanzar la aurora de la luz de tu semblante, y por los suspiros de tus verdaderos amantes en su separación de tus elegidos, y por el lamento de aquellos que anhelan contemplar tu rostro ante el naciente esplendor de la luz de tu Revelación, que benévolamente permitas a tus siervos reconocer lo que Tú has ordenado para ellos por tu munificencia y tu gracia. Prescribe, pues, para ellos, mediante tu Pluma de Gloria, lo que dirija sus pasos hacia el océano de tu generosidad y les conduzca a las aguas vivas de tu reunión celestial. ¡Oh Señor! No mires lo que han hecho; antes bien, mira la sublimidad de tu celestial munificencia, la cual ha precedido a todas las cosas creadas, visibles e invisibles. ¡Oh Señor! Ilumina sus corazones con la refulgente luz de tu conocimiento y haz brillar en sus ojos el radiante esplendor del sol de tus favores.

Te ruego, oh Señor de los Nombres y Creador de los cielos, por la sangre derramada en tu Sendero, por las cabezas llevadas en lo alto de las lanzas por tu amor, por las almas que se han consumido en su separación de tus amados, y por los corazones rotos por la exaltación de tu Palabra, que permitas que los moradores de tu reino se unan en su lealtad hacia tu incomparable Palabra, para que todos ellos reconozcan tu unidad y tu singularidad. No hay otro Dios sino Tú, el Omnipotente, el Más Exaltado, el Conocedor, el Sabio.

Espero de buena gana que Él, que es el que basta a todo, el Inaccesible, escuche el ruego de este humilde siervo, atavíe a las gentes del mundo con la vestidura de las buenas acciones y les purifique de las inclinaciones malvadas. Él es el Fuerte, el Poderoso, el que todo lo sabe, el que todo lo percibe. Él escucha y ve; Él es el que todo lo oye, el que todo lo ve.
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