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Quddús

by Husayn Villar

2008-01-02
Mírzá Muhammad 'Alí Barfurúshí, titulado por Bahá'u'lláh como Quddús (Santo), nació entre 1821 y 1822, en Barfurúsh, actualmente llamada Babul. Su padre, tal como la mayoría de los habitantes de la región, se dedicaba al cultivo de arroz. Quddús quedó huérfano de madre siendo aún niño, pero no hay disponibles fuentes más específicas sobre la su edad al quedar en orfandad; su padre contrajo matrimonio nuevamente, y esta madrastra de Quddús trato a su hijastro como si fuera un hijo propio.

Cuando niño, Quddús estudió bajo la tutela de Mullá Muhammad Hamzih Shariatmadar* (1), quien era uno de los Ulamá' más importantes de la región. Cuando cumplió 12 años, Quddús fue enviado a Sárí para proseguir sus estudios, pero poco tiempo después se trasladó a Mashhad, para convertirse en alumno de Mullá Jafar* (2), bajo cuya tutela estudió durante 6 años. Fue durante este periodo que su padre falleció, con lo cual quedó en la orfandad completa. En 1840, a la edad de 18 años, viajó a Karbila para convertirse en estudiante del líder de la escuela Shaykhí, el Mujtahid Siyyid Kazim Rashtí.

Como discípulo de Siyyid Kazim, Quddús no fue particularmente famoso, a pesar de la gran capacidad y conocimientos que podía haber desplegado en escribir comentarios y tratados, y en debates eruditos, acostumbraba el aislamiento (3), vestía como mendigo, y llevaba una vida muy austera, y aunque era respetado por sus condiscípulos por su piedad y nobleza, no era contado entre los principales alumnos del Siyyid. Sin embargo, la sublime posición espiritual de Quddús no era desconocida para Siyyid Kazim, constantemente alaba la posición de Quddús, de manera velada. Según se consigna en la Narración de Nabil, en cierta ocasión Siyyid Kazím dijo: "Hay entre ustedes quien entra después de todos, y sale antes que todos, no se mezcla con nadie, pero ante Dios tiene tal posición, que yo no soy digno siquiera de atar sus sandalias".

Quddús permaneció en Karbila durante 3 años, y luego regresó a Barfurúsh, donde vivió por un año con su hermana, a quien él llamó Maryam. Durante ese tiempo, llevó una vida de reclusión casi absoluta, y se relacionaba únicamente con Mullá Shariatmadar, sin embargo, fue objeto de los ataques del Sa'idu'l-Ulama'.

Aproximadamente en Naw Rúz de 1844, Quddús soñó que reconocía al Prometido, informó a su hermana que realizaría el peregrinaje a la Mecca, y partió hacia Shiraz.

Nabil describe esta breve pero significativa escena de la siguiente manera:
Una noche, durante su conversación con Mullá Husayn, el Báb dijo las siguientes palabras: "Hasta el momento se han enrolado diecisiete Letras bajo el estandarte de la Fe de Dios. Falta una para completar el número. Estas Letras de los Vivientes se levantarán a proclamar Mi Causa y establecer Mi Fe. Mañana por la noche llegará la Letra que falta y completará el número de Mis discípulos elegidos". Al día siguiente, el Báb, seguido por Mullá Husayn, regresaba a Su hogar, cuando apareció Quddús, desgreñado y sucio por el viaje. Se acercó a Mullá Husayn, lo abrazó y le preguntó si había alcanzado su meta. Al principio Mullá Husayn trató de calmar su agitación y le aconsejó descansar un momento, prometiendo que después le daría las explicaciones. Sin embargo, Quddús rehusó aceptar su consejo. Fijando su mirada en El Báb, dijo a Mullá Husayn: "¿Por qué tratas de ocultármelo? Puedo reconocerlo por Su modo de andar. Con confianza atestiguo que nadie fuera de Él, ya sea en el este o en el oeste, puede reclamar ser la Verdad. Ningún otro puede manifestar el poder y la majestad que irradian de Su sagrada persona". Mullá Husayn se maravilló antes sus palabras. Le pidió que le excusara, sin embargo, y le indujo a refrenar sus sentimientos hasta en momento en que pudiera darle a conocer la verdad. Dejándolo, se apresuró a ir donde el Báb y Le informó de su conversación con ese joven. "No te maravilles", observó el Báb, "por su extraño comportamiento. Hemos estado en comunicación con este joven en el mundo del espíritu. Ya Lo conocemos. En verdad esperábamos su llegada. Ve donde él y llámalo inmediatamente a Nuestra presencia". Inmediatamente Mullá Husayn recordó la siguiente tradición oral al oír las palabras del Báb: "En el último Día, los Hombres del Invisible, en las alas del espíritu, atravesarán la inmensidad de la tierra, lograrán la presencia del Qá'im prometido y buscarán de Él el secreto que resolverá sus problemas y dilucidará sus perplejidades". (4)

Con la conversión de Quddús, aproximadamente entre julio y septiembre de 1844, el número de las Letras del Viviente se completó. Poco después El Báb reunió a sus discípulos y, tras encarecerles la importancia de su misión, y alabarles, envió a la mayoría a sus lugares de origen, Mullá Husayn y Mullá 'Alí Bastamí fueron enviados a cumplir misiones especial, a Teherán y Karbila respectivamente. Sólo Quddús quedó en Shiraz, esperando junto al Báb las noticias del cumplimiento de la misión de Mullá Husayn. La llegada del informe del éxito de Mullá Husayn causó gran alegría al Báb y a Quddús, tras lo cual se prepararon para ir de peregrinaje a Mecca y Medina.

Partieron de Shiraz en octubre de 1844, y se embarcaron en Bushihr; el difícil viaje por barco, lleno de carencias e incomodidades duró 2 meses. Quddús estaba ocupado principalmente en escribir lo que El Báb dictaba.

Al llegar a puerto, El Báb tomó un camello, y ofreció uno a Quddús, ofrecimiento que fue rechazado; Quddús prefirió ir a pie, llevando las riendas del camello montado por El Báb.

Ya en Mecca, El Báb envió un libro al Sherif de la ciudad, anunciándole Su Misión, el portador de tal Mensaje fue Quddús, pero el Sherif de Mecca, muy ajetreado por las responsabilidades de su cargo, en especial durante la época de peregrinaje, no leyó el libro, y no tuvo respuesta para Quddús, quien vino por ella unos días después. Tras varios años, la historia del movimiento Bábí y del Báb, de su encarcelamiento y martirio llegó a oídos del Sherif, y éste lamentó la forma en que habían sido tratados El Báb y sus seguidores.

El Báb y Quddús regresaron a Persia en Marzo de 1845; arribaron en Bushihr, y El Báb se despidió de Quddús, lo envió a Shiraz, portando una carta para Hají Mírzá Siyyid 'Alí y una copia del Khasá'il-Sab'ih.

La estadía de Quddús en Shiraz fue breve, pero significativa. Gracias a los esfuerzos de Quddús, y a la receptividad de Hají Mírzá Siyyid 'Alí, este último fue convertido a la Fe, y posteriormente rindió valiosos servicios, protegiendo al Báb, ayudando a los bábís, y finalmente sacrificando su vida entre los Siete Mártires de Teherán.

Quddús compartió con Mullá Sadiq, un anciano convertido a la Fe por Mullá Husayn, la copia del Khasá'il-Sab'ih, dentro del cual, El Báb había especificado una frase que debía ser añadida a la llamada a la oración. Mullá Sadiq decidió aplicar tal disposición, y esto causó tal escándalo entre los Mullás, que el gobernador, Husayn Khan, instigado, arrestó a Mullá Sadiq y a Quddús, reprendió al primero, sin prestar mayor atención a Quddús, quien por su juventud y sencillez de vestir, no fue considerado importante. Mullá Sadiq fue azotado y a ambos, por orden del gobernador, se les oradó la nariz, y se pasó un cordel por en orificio, y así fueron paseados por la ciudad, para ser luego expulsados, con la condición de que no volviesen. Este episodio exacerbó a tal punto a Husayn Khan, que envió un destacamento para encontrar y arrestar al Báb.

Quddús enrumbó poco después a Kirman, llevando una carta del Báb dirigida a Hají Mírzá Karím Khan, un autodesignado sucesor de Siyyid Kazim, quien destacó en su oposición al Báb. Las actividades de enseñanza de Quddús, y la forma en que su presencia desafiaba la autoridad de Karím Khan no le atrajeron los mismos sufrimientos que vivió en Shiraz, gracias a la protección que le extendió Hají Siyyid Javad Kirmaní, un Ulama convertido por Quddús, quien prestó su casa para las clases de Quddús, y su prestigio y autoridad para protegerle. Todo esto fue posible por cuanto Hají Siyyid Javad, aun cuando era creyente, practicó simulación, y podía apoyar a Quddús sin ser condenado como bábí. A pesar de los intentos y maquinaciones de Mírzá Karím Khan para dañar a Quddús, esto no sucedió.

Según Nabil, Quddús abandonó la ciudad libremente; según Karím Khan, fue expulsado. Aunque es más posible que Quddús abandonara Kirman por voluntad propia, también es probable que la tensión creada en la ciudad haya influenciado en esta decisión.

De Allí, Quddús visitó, enseñando la Fe, Yazd, Ardikán, Náyin, Isfahán, Káshán, Qum y Teherán, en donde entró en contacto con la familia Nurí. Es interesante notar que es aquí cuando Quddús ve al hijo mayor de Bahá'u'lláh, 'Abdu'l Bahá, quien contaba apenas 2 años de vida, y a quien se refirió como "El Misterio de Dios", título que Bahá'u'lláh dio a 'Abdu'l Bahá dos décadas después.

Mírzá Músá, un hermano menor de Bahá'u'lláh dijo sobre Quddús: "El encanto de su persona, su extrema afabilidad, junto con la dignidad de su porte, llamaban la atención, aún del observador más atolondrado. Quienquiera se asociaba íntimamente con él se sentía poseído de una admiración insaciable por ese atrayente joven. Le observamos practicar sus abluciones cierto día y nos llamó la atención la gracia que lo distinguía de los demás adoradores en la práctica de un rito tan ordinario. Parecía ser, a nuestros ojos, la encarnación misma de la pureza y gracia". (5)

Desde Teherán, Quddús regresó a su natal Barfurúsh, y por 2 años vivió allí, enseñando la Fe, con un grado de éxito impresionante; centenares de personas se corvintieron al movimiento gracias a la enseñanza de Quddús, sobre quien no pudo poner sus manos el Sa'ídu'l Ulama', debido a la protección que Mullá Muhammad Hamzih Shariatmadar extendió sobre su antiguo pupilo.

Pocos meses antes de terminar este periodo, Mullá Husayn realizó una visita al Báb, Quien se hallaba encarcelado en el castillo de Máh-Kú. Al partir de allí, Mullá Husayn recibió la revelación del Báb, de que en Mazindarán encontraría el Tesoro Oculto de Dios. Mullá Husayn visitó Teherán, y luego, partió hacia Mazindarán, llegó a Barfurúsh, y el primer lugar que visito en el pueblo fue la casa de Quddús. El anfitrión trató a Mullá Husayn con gran deferencia, él mismo lavó los pies de su huésped, y le dio el asiento preferente. Esa misma noche, después de que los invitados se hubieron retirado, Quddús preguntó a Mullá Husayn sobre su reciente visita al Báb, Mullá Husayn respondió: "Numerosas y variadas fueron las cosas que oí y atestigüé en el curso de los nueve días de mi asociación con Él. Me habló de puntos relacionados directa e indirectamente relacionados con Su Fe. Sin embargo, no me dio instrucciones definidas, respecto al camino que debía seguir para la propagación de Su Causa.

Todo lo que me dijo fue esto: 'En tu camino a Teherán, deberás visitar a los creyentes en cada pueblo y aldea por donde pases. De Teherán irás a Mázindarán, porque allí yace oculto un tesoro que te será revelado, tesoro que descubrirá a tus ojos el carácter de las tareas que estás destinado a llevar a cabo'. Sin embargo, por Sus alusiones, sólo pude percibir vagamente la gloria de Su Revelación y pude discernir signos de la futura grandeza de Su Causa. De sus palabras pude comprender que eventualmente se me pediría que sacrificara mi indigna persona en Su sendero. Porque en ocasiones anteriores, cuando me despedía de Su presencia, el Báb, siempre me aseguró que sería llamado nuevamente a verlo. Esta vez, sin embargo, al decirme Sus palabras de despedida, no me dio tal promesa, ni tampoco aludió a la posibilidad de que Lo viera nuevamente cara a cara en este mundo. 'La Fiesta del Sacrificio', fueron las últimas palabras que me dijo, 'se acerca rápidamente. Levántate, esfuérzate y no permitas que nada te impida alcanzar tu meta. Una vez que hayas llegado a tu destino, prepárate para recibirnos, porque Nosotros también muy pronto te seguiremos'" (6). Quddús preguntó a Mullá Husayn si traía consigo algún nuevo Escrito del Báb, Mullá Husayn respondió que no, entonces Quddús entregó a su huésped un manuscrito, y le pidió que leyese algunos párrafos. Tras leer una página, Mullá Husayn se detuvo y lleno de sorpresa y admiración dijo: "Bien puedo comprender que el Autor de estas palabras ha tomado Su inspiración de aquella Fuente que se encuentra muy por encima de aquellas en que se origina corrientemente la sabiduría de los hombres. Atestiguo mi aceptación sin reservas de la sublimidad de estas palabras y mi reconocimiento de todo corazón de la verdad que revelan" (7). El silencio de Quddús, y su expresión, hicieron evidente a Mullá Husayn, que el autor no era otro que Quddús mismo. Se puso de pie y se ubicó al lado de la puerta, inclinó su cabeza y dijo: "El tesoro oculto de que ha hablado el Báb se encuentra descubierto ante mis ojos. Su luz ha disipado la penumbra de la perplejidad y la duda. Aún cuando mi Maestro se encuentre oculto entre las agrestes montañas de Ádhirbáyján, el signo de Su esplendor y la revelación de Su poder se hallan manifiestos delante de mí. He encontrado en Mázindarán el reflejo de Su gloria". (8)

Al día siguiente, los creyentes que llegaron a casa de Quddús, notaron con sorpresa que era ahora Mullá Husayn quien servía a Quddús, con una humildad tal que parecía su siervo. Aquel día, Quddús instruyó a Mullá Husayn para que llevase el mensaje de la nueva Fe al Sa'ídu'l Ulama', y que luego viajase a la provincia de Khurasan, y en la ciudad de Mashhad, que construyese allí una casa que sirva tanto para la residencia de ambos, como para recibir visitas y enseñar la Fe.

A la mañana siguiente, Mullá Husayn fue a ver al Sa'ídu'l Ulama', le expuso la verdad de la Fe, y le conminó a abandonar las supersticiones del pasado. Sa'ídu'l Ulama', incapaz de rebatir los argumentos presentados por Mullá Husayn, sólo pudo recurrir al insulto, expresándose así del Báb y Su Fe. Mullá Husayn se puso de pie, expresó su pesar de no haber logrado despertar de la negligencia al Sa'ídu'l Ulama', y partió inmediatamente Mashhad, en Khurasan, donde compró un terreno, y construyó una casa, tal como Quddús había instruido.

Poco después de que se construyó dicha casa, conocida como Bábíyyih, Quddús llegó a Mashhad, y tanto él como Mullá Husayn habitaron Bábíyyih, y se centraron en enseñar la Fe, atrayendo al movimiento a cientos de personas de la ciudad y alrededores.

Llenos de ira por la influencia y éxitos de Quddús y Mullá Husayn, las autoridades arrestaron a un creyente, llamado Hasan, oradaron su nariz, pasaron un cordel por el orificio, y lo arrastraron por la ciudad. Algunos creyentes, desatendiendo los consejos de Mullá Husayn, en el sentido de guardar calma, se enfrentaron a los soldados, y mataron a algunos de ellos. El revuelo que esto causó hizo que el Príncipe Hamzih Mírzá invitase a Mullá Husayn a pasar unos días en su residencia, hasta que los ánimos se calmasen. Mullá Husayn, siguiendo el consejo de Quddús, aceptó la invitación del Príncipe, y antes de partir, Quddús le insinuó que su reunión sería en algún otro lugar, tiempo después; le instruyó a que elevase el profetizado Estandarte Negro, como proclamación del advenimiento de la Nueva Revelación de Dios. Mullá Husayn se arrojó a los pies de Quddús y juró cumplir fielmente sus deseos. Quddús lo abrazó y, besándolo en los ojos y la frente, lo encomendó a la protección de Dios.

Esa misma noche, antes de partir hacia Mazindaran, Quddús reunió a los principales creyentes, les dijo que debían observan obediencia absoluta a Mullá Husayn, les advirtió de los sufrimientos que sobrevendrían a los creyentes, y les aseguró que sólo obedeciendo a Mullá Husayn lograrían la salvación.

Algunas semanas antes de la partida de Quddús, la realización de una reunión con doble finalidad estaba programándose. De todas partes del país llegaron varias decenas de bábís, y terminaron congregándose en Badasht. Los protagonistas principales de esta conferencia fueron Bahá'u'lláh, Quddús y Táhirih. Todos eran invitados de Bahá'u'lláh, y Él alquiló 3 jardines, uno para ser usado por Táhirih, otro para Quddús, y el tercero para Él Mismo y los demás creyentes; y los 2 temas principales de este evento eran el establecimiento formal de la independencia de la religión bábí con respecto al Islam, y planificar la liberación del Báb. Este último punto no llegó a resolverse, pero el modo en el que se aclaró por completo el primero es dramático.

Cada uno de los 22 días que duró la conferencia, Bahá'u'lláh revelaba una Tabla que era leída ante los 81 participantes, además, cada uno de ellos recibió de Bahá'u'lláh un nuevo nombre, es allí donde Quddús recibe este título. Pero cierto día, Bahá'u'lláh no pudo reunirse con los demás participantes, pues su salud había decaído. Se hallaba rodeado de todos los asistentes, incluido Quddús, quien estaba sentado a Su diestra.

Los siguientes párrafos, extraídos del libro de Nabil, nos retratan lo sucedido:

-- Apenas se habían reunido cuando Muhammad Hasan-i-Qazvíní, el mensajero de Táhirih, al que le había sido conferido recientemente el título de Fata'l-Qazvíní, entró repentinamente con una invitación perentoria de Táhirih a Quddús, para que le visitara en su propio jardín. "Me he separado completamente de ella", replicó audaz y decisivamente. "Rehúso verla". El mensajero se retiró inmediatamente, pero pronto volvió reiterando el mismo mensaje y rogándole que hi­ciera caso de su urgente llamada. "Ella insiste en que la visite", fueron sus palabras. "Si usted persiste en su negativa, ella misma vendrá a verle". Al percibir su decisión de no ceder, el mensajero desenvainó su espada, la puso a los pies de Quddús y dijo: "Rehúso irme sin usted. O bien elige acompañarme a la presencia de Táhirih o córteme la cabeza con esta espada". "Ya he declarado mi intención de no visitar a Táhirih", respondió con enojo Quddús, "estoy listo para cumplir la alternativa que has elegido presentarme".

Muhammad Hasan, quien se había sentado a los pies de Quddús, había puesto su cabeza en posición para recibir el golpe fatal cuando, repentinamente, apareció la figura de Táhirih, adornada y sin velo, ante la vista de los compañeros allí reunidos. Inmediatamente todos sintieron profunda consternación. Todos se pusieron de pie ante esta repentina e inesperada aparición. Ver su rostro sin velo era, para ellos, inconcebible. Aún mirar su sombra era algo que consideraban indecoroso ya que en su estimación era como la encarnación de la misma Fátimih, el emblema más noble de la castidad a sus ojos.

Tranquilamente, sin hacer ruido y con la mayor dignidad, Táhirih se adelantó y, avanzando hacia Quddús, se sentó a su derecha. Su completa serenidad contrastaba vivamente con las caras asustadas de los que contemplaban su rostro. Miedo, ira y consternación conmovían lo más profundo de sus almas. Esa repentina revelación parecía haber anonadado sus facultades. 'Abdu'l-Kháliq-i-Isfahání se sintió tan agitado que se cortó el cuello con sus propias manos. Gritando y cubierto de sangre, en su excitación huyó del rostro de Táhirih. Unos pocos, siguiendo su ejemplo, abandonaron a sus compañeros y renunciaron a su Fe. Algunos permanecieron de pie sin poder hablar delante de ella, confundidos. Mientras tanto Quddús, con la espada desenvainada en sus manos y una expresión indescriptible de ira en su rostro, había permanecido sentado en su lugar. Parecía estar esperando el momento propicio para dar su golpe fatal a Táhirih.

Su actitud amenazadora no logró conmoverla, sin embargo. Su rostro mantuvo esa misma expresión de dignidad y confianza que había mostrado en el primer momento de su aparición ante los creyentes reunidos. En ese instante su faz estaba iluminada por un sentimiento de alegría y triunfo. Se levantó de su asiento y, sin preocuparse por el tumulto que había provocado en el corazón de sus compañeros, comenzó a hablar al resto de aquella asamblea. Sin premeditación y con lenguaje que guardaba gran semejanza con el del Corán, expresó su llamada con elocuencia y profundo fervor. Terminó lo que quería decir con el siguiente versículo del Corán: "En verdad, entre jardines y ríos vivirán los piadosos en la sede de la verdad, en presencia del poderoso Rey". Al decir estas palabras dio una mirada furtiva hacia Bahá'u'lláh y Quddús, de tal manera que los que la miraban no podían saber a cual de los dos aludía. Inmediatamente después declaró: "Yo soy la Palabra que el Qá'im ha de pronunciar, la Palabra que hará huir a los jefes y nobles de la tierra" (Corán).

Entonces se volvió a Quddús y lo reprendió por haber fracasado en hacer en Khurásán aquellas acciones que ella consideraba esenciales para el bienestar de la Fe. "Estoy libre para seguir los dictados de mi propia conciencia", respondió Quddús. "No estoy sujeto al deseo y voluntad de mis condiscípulos". Apartando de él sus ojos, Táhirih invitó a los presentes a celebrar en forma digna aquella ocasión. "Este es el día de las festividades y del regocijo universal", agregó ella, "el día en que las cadenas del pasado han sido rotas. Dejad que aquellos que han compartido esta gran hazaña se pongan en pie y se abracen entre sí".

Ese día memorable y los que vinieron inmediatamente después vieron los cambios más revolucionarios en la vida y costumbres de los discípulos del Báb allí reunidos. Sus modos de adorar sufrieron una transformación repentina y fundamental. Las oraciones y ceremonias mediante las cuales habían sido disciplinados esos devotos adoradores fueron descartadas irrevocablemente. Sin embargo, hubo gran confusión entre los que con tanto celo se habían levantado a defender esas reformas. Algunos condenaban cambios tan radicales como la esencia misma de la herejía y rehusaron anular lo que consideraban los preceptos inviolables del Islam. Algunos consideraban a Táhirih como el único juez en tales asuntos y la única persona calificada para demandar obediencia completa a los fieles. Otros, que denunciaban su comportamiento, se aferraron a Quddús a quien consideraban el único representante del Báb y el único que tenía derecho a decidir la última palabra sobre materias de tanto peso. Finalmente, otros que reconocían tanto la autoridad de Táhirih como la de Quddús veían todo el episodio como una prueba enviada por Dios con el propósito de separar los verdaderos de los falsos y distinguir los fieles de los desleales.

En algunas ocasiones Táhirih misma se aventuró a repudiar la autoridad de Quddús. "Lo considero", se dice que declaró, "un pupilo que El Báb me ha enviado para edificar e instruir. No lo considero bajo ningún otro aspecto". Por su parte, Quddús no dejó de denunciar a Táhirih como "la autora de herejía", y estigmatizó a los que defendían sus puntos de vista como "víctimas del error". Este estado de tensión persistió durante algunos días hasta que Bahá'u'lláh intervino y, con Su modo magistral, obtuvo entre ellos una perfecta reconciliación. Curó las heridas que la aguda controversia había causado y dirigió los esfuerzos de ambos hacia el sendero del servicio constructivo (9) --

Al finalizar la conferencia, Quddús y Táhirih viajaron en el mismo Howdah, ajenos a cualquier fricción pasada, durante el viaje, el grupo acampó en Niyala, una aldea cuyos habitantes atacaron al grupo de bábís, arrojándoles piedras y saqueando sus pertenencias. Gracias a las palabras de Bahá'u'lláh, algunos aldeanos comprendieron que habían actuado de manera injusta, y así se recuperó parte de lo robado. Pero el grupo se dispersó, Táhirih fue puesta a buen recaudo por Bahá'u'lláh, y Quddús de algún modo fue capturada y confinado dentro de la casa de Mírzá Muhammad Taqí, el Mujtahid principal del pueblo de Sárí, y lejano pariente suyo.

Al parecer fue entonces que Quddús empezó a escribir su notable comentario sobre el Sura de Samad.

Quddús permaneció 95 días en casa del Mujtahid, y durante ese tiempo, expuso las verdades de la Fe para él, pero aun cuando Mírzá Muhammad Taqí trató a Quddús con amabilidad, no se sintió ni ligeramente inclinado hacia la Fe, y luego, una vez finalizada la revuelta de Mazindaran, se alió con el Sa'ídu'l Ulama' para infligir daño a los bábís sobrevivientes.

Mientras tanto, El Báb envió a Mullá Husayn su propio turbante, un nuevo título, Siyyid 'Alí, y la instrucción de enarbolar el Estandarte Negro, y partir para ayudar a Quddús. Cumplió esto, y tras numerosas proezas que son parte de una exploración de la vida de Mullá Husayn, él y los más de 300 compañeros se refugiaron en un santuario cerca de Barfurúsh, alrededor del cual levantaron muros de 10 metros.

En tanto, Quddús recibió la visita de Bahá'u'lláh, quien iba de camino hacia la fortaleza que habían levantado Mullá Husayn y sus compañeros.

Tras su llegada al fortín, Bahá'u'lláh inspeccionó los avances en la construcción, habló con Mullá Husayn sobre algunos aspectos relacionados a la seguridad de los creyentes allí reunidos, e indicó a Mullá Husayn que despache a 7 creyentes a Sárí para exigir la liberación de Quddús. Se despidió de ellos, les alentó a ser pacientes y resignados, y les aseguró que, si era la voluntad de Dios, Él regresaría y se uniría a ellos. Pero la voluntad de Dios fue diferente, y aun cuando Bahá'u'lláh intentó regresar al fortín, fue arrestado, bastinado, y se le impidió continuar su viaje.

Mullá Husayn envió a siete creyentes a exigir la liberación de Quddús, lo cual se logró sin mayor dificultad, pues Mírzá Muhammad Taqí dijo que lo consideraba un huésped y era libre de irse cuando lo desease.

En el fortín, Mullá Husayn instruyó a sus compañeros para que sean totalmente obedientes a Quddús, se refirió incluso a detalles, con lo cual buscaba crear un ambiente para la máxima comodidad y libertad para Quddús. Al recibir la noticia de la inminente llegada de Quddús, Mullá Husayn y aproximadamente 100 de sus compañeros salieron a su encuentro en medio del bosque. Todos llevaban, por instrucciones de Mullá Husayn, una vela en cada mano.

Una vez que encontraron a Quddús, le rodearon, expresaron alabanzas a él, y en el camino de regreso iban entonando: "Bendito, Bendito, es el Señor nuestro Dios, Señor de los ángeles y del espíritu". (10)

Al llegar al santuario que les serviría de casa y cuartel los próximos meses, Quddús desmontó y dijo: "El Baqíyyatu’lláh será mejor para vos si sois de los que creéis".(11) Inmediatamente hizo referencia a Bahá'u'lláh, preguntó por Él, y esa misma noche, entregó a Mullá Husayn 3 homilías que había escrito, una referente al Báb, otra a Bahá'u'lláh, y la tercera sobre Táhirih, y le dijo que las leyese a los creyentes allí reunidos. Las alusiones a la posición de Bahá'u'lláh no llegaron a ser claras para los oyentes, aunque si les hizo concientes de que Bahá'u'lláh era alguien importante. Quddús también preguntó a Mullá Husayn por el número de creyentes que se habían agrupado dentro del fortín. Mullá Husayn procedió a contarlos, y eran 312, entonces se dirigió al interior del santuario para informar a Quddús, cuando un joven llegó corriendo y solicito a Mullá Husayn permiso para unirse a ellos. Mullá Husayn accedió, y tras esto informó a Quddús que eran 313, entonces Quddús dijo: "Todo lo que la lengua del Profeta de Dios ha dicho respecto al Prometido debe necesariamente cumplirse, para que así Su testimonio sea completo a los ojos de los teólogos que se consideran los únicos intérpretes de la ley y tradiciones del Islam. Gracias a ellos la gente reconocerá la verdad y confesará el cumplimiento de estas tradiciones" (12).

La posición de Quddús fue resaltando aún más, llegando a ser identificado como un Qa'im, llegando su posición a ser considerada como igual a la del Báb Mismo.

Los primeros días transcurrieron sin que los bábís se enfrentasen a las fuerzas militares que habían rodeado el fortín, atacando constantemente con armamento ligero.

Násiri'd-Dín Sháh recibió del Sa'ídu'l Ulamá' una carta inflamatoria, en la que presentaba al fortín de los bábís, y a la conversión de personas influyente a esta nueva Fe, como una amenaza para el reino, y un intento de declarar la independencia de la provincia. El Sháh recibió consejo de sus allegados, y dispuso dar instrucciones a un oficial para que tomase las medidas necesarias para dispersar a los bábís. 'Abdu'lláh Khan, el oficial en quien el Sháh depositó su confianza, reunió 12 mil hombres, se instalaron cerca del fortín, y plantaron tiendas, mientras convertían el lugar en un cuartel, su primera medida fue interceptar la provisión de alimentos que llegaba al fuerte. Cuando la noticia de esto llegó a Quddús, él se hallaba con Mullá Husayn en la terraza del fortín, observando como iba levantándose el campamento del ejército. Quddús profetizó que esa misma noche llovería y nevaría, proveyendo de agua a los bábís, y anegando la zona donde se había levantado el campamento del ejército.

Cierto día, Quddús salió del fortín, y mientras caminaba de un lado a otro dijo: "Alabado sea Dios, que bondadosamente ha respondido a nuestra oración y ha hecho que caigan tanto la lluvia como la nieve sobre nuestros enemigos; precipitaciones que han provocado la desolación en su campamento y han traído el alivio a nuestro fortín". (13)

Una mañana, en vista de que el ejército ya estaba recuperándose, Quddús decidió que era momento de salir enfrentar a los soldados, entonces él mismo, Mullá Husayn, y otros tres, los cinco a caballo, seguidos a pie por todos los demás sitiados, salieron del fortín, y al grito de "Yá Sáhibu'z-Zamán Yá Quddús", se lanzaron al campamento militar.

cabe notar que estos bábís eran carentes de entrenamiento militar, muchos de ellos, empezando por sus 2 líderes, eran teólogos, acostumbrados a la vida austera, pero sin mayor esfuerzo físico, no sabían manejar armas, y no conocían una formación militar. Casi no tenían armas de fuego, sus principales armas para el enfrentamiento eran dagas y espadas, muchos incluso salían blandiendo las manos en alto y gritando, su mayor fortaleza provenía de su intensa Fe. Hay que decir que no tenían plan de retirada, esta gente salía del fortín con intensos deseos de morir defendiendo al resto de sus compañeros, no tenían temor de las balas, así que no usaban escudos ni se ocultaban. La intensidad de su celo y la visible determinación de no retroceder eran suficientes para dispersar al ejército.

En ese primer enfrentamiento, que duró 45 minutos, más de 400 solados, incluyendo a 'Abdu'lláh Khan y 2 de sus oficiales, murieron, el campamento militar fue tomado, pero inmediatamente abandonado, siguiendo instrucciones de Quddús. Ningún bábí murió en esa ocasión.

Quddús ordenó que se cavara un foso alrededor del fortín, como previsión para futuros ataques, trabajo que tomó 19 días. Al terminar el foso, la noticia de la llegada del príncipe Mihdí Qulí Mírzá, encabezando un ejército numeroso, llegó a oídos de los sitiados. El príncipe envió un mensajero, que se entrevistó con Mullá Husayn, pero a pesar de las aclaraciones respecto a la naturaleza religiosa del movimiento, el ejército atacó tres días después.

Aun no amanecía cuando Mullá Husayn dio señal a sus compañeros de salir del fuerte. A la llamada "Montad vuestros corceles, oh héroes de Dios", los bábís se dispusieron a salir del fortín. Esta vez fueron 202 acompañando a Mullá Husayn. En síntesis, llegaron al campamento militar, el príncipe huyó, las tropas, carentes de oficial, se dispersaron.

Todos se reunieron alrededor de Quddús, mientras Mullá Husayn seguía sobre su caballo, vigilando un posible ataque, de repente, fueron atacados por 2 flancos, de inmediatos se pusieron de pie, y mientras Quddús y los demás creyentes se enfrentaban a uno de los grupos atacantes, Mullá Husayn arremetió contra el otro, pero no tuvo enfrentamiento allí, pues se dispersaron y se unieron a los que atacaban a Quddús. Mulla Husayn se sintió preocupado por la lluvia de balas que caía sobre sus compañeros, regreso a ellos de inmediato, y vio que Quddús había sido alcanzado por una bala, que había herido su boca, lengua y garganta, Quddús le entregó su espada, y con una espada en cada mano, Mullá Husayn hizo frente a todo aquel que intentase hacer algún daño a Quddús.

En 30 minutos, este grupo de estudiantes mal alimentados, sin entrenamiento, sin armas, rodeados, vencieron a un batallón del ejército imperial. Quddús fue llevado dentro del santuario, y escribió una carta que fue leída a sus compañeros, en la cual les exhortaba a resignarse a la voluntad de Dios, y a no lamentar que él haya sido herido.

El ejército se reorganizó y recibió refuerzos, y el siguiente enfrentamiento cobró la vida de Mullá Husayn, quien recibió un disparo desde un árbol, cuando había roto 3 barricadas del ejército. Sus compañeros lo llevaron al fuerte, aunque algunas cuentas refieren que aun herido siguió dando instrucciones a sus compañeros, y les siguió de regreso al fortín, guardando la retaguardia.

Cuando fue llevado a la presencia de Quddús, ya había perdido el conocimiento. Quddús ordenó que lo acostasen y que salieran todos de la habitación, pues deseaba hablar a solas con él. Pero Mírzá Muhammad Baqír estaba mirando lo que ocurría adentro, a través de un pequeño orificio en la puerta, y relató lo siguiente:

--"Estaba observando a Quddús (...). En cuanto pronunció su nombre, vi a Mullá
Husayn levantarse y sentarse, como acostumbraba, en cuclillas a su lado. Con la cabeza gacha y los ojos entornados, escuchó cada palabra que caía de los labios de Quddús y respondió a sus preguntas. "Has apresurado la hora de tu partida", oí decir a Quddús, "y me has abandonado a la misericordia de mis enemigos. Quiera Dios, antes de mucho, me una contigo y guste la dulzura de los goces inefables del cielo". Pude escuchar las siguientes palabras pronunciadas por Mullá Husayn: "Que mi vida sea un rescate por ti. ¿Estás contento conmigo?".-- (14)

Después de esto, los demás bábís fueron admitidos en la habitación, Mullá Husayn ya había muerto, Quddús atendió personalmente su entierro, le puso su propia camisa, y con sus propias manos colocó enterró a su amigo en un foso cerca del santuario. Mullá Husayn había peleado 5 batallas, y en todas ellas fue inigualable.

La noticia de la muerte de Mullá Husayn llegó a Mihdí Qulí Mírzá, quien se sintió envalentonado por la muerte de su más temible adversario. Quddús ordenó a Mírzá Muhammad Baqír que salga con 18 hombres y apague las esperanzas de Mihdí Qulí Mírzá. Estos 19 creyentes lograron dispersar a todo el ejército, y volvieron sin ni una sola herida.

Quddús recibía diariamente un pequeño regalo, un postre de leche que uno de los creyentes preparaba, con la leche de una vaca que tenían dentro del fortín. Quddús comía unas pocas cucharaditas y repartía el resto entre los compañeros; decía: "He dejado de apetecer desde la partida de Mullá Husayn, la carne y la bebida que me preparan. Sangra mi corazón al ver a mis hambrientos compañeros que me rodean, deshechos y cansados" (15)

El ejército aumentó aun más sus fuerzas, trajeron artillería, y arrojaron bombas incendiaras dentro del fortín. Cierto día cuando se iniciaron los ataques con cañones, Quddús salió sonriente de su habitación, al centro del patio del fortín, en ese instante, una bala de cañon cayó junto a él, y mientras jugaba con ella con el pie, dijo: "¡Cuán poca cuenta se dan estos agresores engreídos del poder vengador de Dios! ¿Es que se han olvidado que una criatura tan insignificante como el jején fue capaz de extinguir la vida del omnipotente Nimród? ¿No han oído que el rugir de la tormenta fue suficiente para destruir a la gente de 'Ad y Thamúd y aniquilar sus fuerzas? ¿Tratan de intimidar a los héroes de Dios, a cuyos ojos la pompa de la realeza no es sino una sombra vacía, con muestras tan despreciables de su crueldad? Ustedes son aquellos compañeros de quienes Muhammad, el Apóstol de Dios, ha dicho: "¡Oh, cuánto ansío contemplar el rostro de mis hermanos; mis hermanos que aparecerán al final de los tiempos! Benditos somos, benditos son ellos; mayor es su beatitud que la nuestra". Cuidado que la intromisión del yo y del deseo afecten estación tan gloriosa. No teman las amenazas de los malvados ni desmayen por el clamor de los ateos. Cada uno de ustedes tiene su hora designada y, cuando llegue ese instante, ni los asaltos del enemigo ni los esfuerzos de sus amigos podrán ni atrasar ni adelantar esa hora. Si todos los poderes de la tierra se unieran contra ustedes, serían incapaces, antes que llegue esa hora, de disminuir en un segundo la duración de sus vidas. Si permiten que sus corazones se atemoricen aún cuando fuera por un instante, por el es­tampido de estos cañones que, con creciente violencia, seguirán haciendo llover sus balas sobre este fortín, se habrán arrojado fuera de la fortaleza de la protección Divina". (16)

Pero los muros construidos por los bábís fueron destrozados, las precarias construcciones de madera fueron quemadas, y tras los siguientes meses, los creyentes vieron reducido su alimento a sus correas, zapatos, cortezas de árbol y un trago de agua al día. Así languidecían dentro de su ruinoso fortín alimentados principalmente por las palabras de Quddús, exhaustos pasaban la mayor parte del día, inmóviles, excepto cuando la orden de batalla de Mírzá Muhammad Baqír era dada, entonces se levantaban llenos de vida salían del fuerte casi sin armas, y dispersaban al ejército invasor. A pesar de las bajas sufridas en ese periodo, aun no había vistas de que pudiesen ser derrotados. Mihdí Qulí Mírzá se enfrentaba a Mírzá Muhammad Baqir, en quien parecía haberse encarnado Mullá Husayn.

Mírzá Muhammad Baqir, quien había construido Bábíyyih, tomó el lugar de Mullá Husayn comandando a los creyentes, y fue muy capaz en esta tarea.

El príncipe, en vista de que no podía lograr la victoria, decidió, en consulta con sus oficiales, que la única manera de vencer a los bábís era traicionarlos. Haciendo un cálculo de cómo iban las cosas, el enfrentamiento más duro cobró la vida de setenta de los defensores del fortín, pero no era alentador para el príncipe ver que en esa misma batalla las tropas reales tuvieron 400 muertos, incluyendo 35 coroneles, y sus heridos sumaban 1000.

Mihdí Qulí Mírzá envió un mensaje a Quddús, ofreciéndole paz. Quddús envió a dos representantes, quienes fueron tratados con amabilidad, pero rechazaron comida y bebida, como muestra de lealtad a Quddús. Ellos llevaron de regreso al fortín una copia del Corán, donde el príncipe había escrito una promesa de paz y la selló. Quddús besó el libro, y dijo: "¡Oh nuestro Señor! Decide entre nosotros y nuestro pueblo con verdad; porque el que mejor puede decidir eres Tú" (17)

Quddús mando a los creyentes a alistarse para abandonar el fortín y les dijo: Por nuestra respuesta a su invitación les permitiremos demostrar la sinceridad de sus intenciones.

Pocos días antes de abandonar el fortín, Quddús envió sus Escritos a Mullá Muhammad Hamzih Shariatmadar, y le señaló que tome a su hermana por esposa, para protegerla.

Todos llegaron a un campamento levantado para ellos, se les sirvió comida, que Quddús rechazó, al día siguiente, Mírzá Muhammad Baqír fue llamado a entrevistarse con el príncipe, a lo cual Quddús dio su asentimiento.

Al regresar, Mírzá Muhammad Baqír informó a Quddús de la reiteración de la promesa del príncipe, y agregó que no creía en sus palabras, Quddús concordaba con él, e instruyo a los compañeros que se dispersaran esa misma noche, pero ellos suplicaron que no los despida de su presencia, y a la mañana siguiente, Quddús fue llamado al cuartel del príncipe. Poco después, los soldados dijeron a los bábís que Quddús los recibiría en el cuartel, algunos creyeron en esto, y camino al cuartel fueron hechos prisioneros, unos pocos vendidos como esclavos, aquellos que pertenecían a familias acaudaladas, les fueron ofrecidos a cambio de un pago, estos fueron los únicos sobrevivientes, los demás fueron muertos a sablazos, disparados de la boca de los cañones, o quemados vivos. Mullá Yusuf fue presionado para ir donde sus compañeros y decirles que por instrucciones de Quddús debían entregar sus armas, pero respondió diciendo que lo único que diría a sus compañeros es que todo lo que venga supuestamente de parte de Quddús, es falso; al decir esto, lo asesinaron. Los que quedaron en el campamento fueron rodeados y masacrados.

Mihdí Qulí Mírzá tenía planeado llevar a Quddús a Teherán, pero cuado llego a Babul, el Sa'ídu'l Ulamá' interfirió con este plan, insistiendo en que Quddús sea ejecutado allí. Mihdí Qulí Mírzá no podía resistirse del todo, pues todo el pueblo estaba exacerbado, apoyando a Sa'ídu'l Ulamá'. El príncipe hizo llamar a los principales Ulamas del pueblo. A esta reunión asistieron todos menos Mullá Muhammad Hamzih Shariatmadar. Quddús fue presentado ante ellos, y Sa'ídu'l Ulamá' le preguntó porqué llevaba turbante como si fuera un siyyid, a lo cual Quddús respondió con una pregunta: "¿Era Siyyid Murtadá, a quien todos los Ulamas de prestigio alaban y aprecian, descendiente del profeta por el lado de su padre o de su madre?" Alguien respondió que sólo por el lado de su madre, entonces Quddús replicó. "¿Por qué, entonces, me objetan? Ya que mi madre siempre fue reconocida por los habitantes de este pueblo como descendiente del Imán Hasan. ¿Acaso no fue por su descendencia que todos ustedes la honraban; aún más, la veneraban?". Sa'ídu'l Ulamá' estalló de irá, arrojó su turbante al suelo, y dijo que así como Quddús había podido silencias el cuestionamiento a su linaje, podría convencer a los presentes de que Dios hablaba por intermedio suyo. El príncipe Mihdí Qulí Mírzá declaró: "Me lavo las manos por cualquier daño que pueda sobrevenirle a este hombre. Están ustedes libres para hacer lo que quiera con él. Ustedes mismos responderán por ello ante Dios en el Día del Juicio". Diciendo esto, abandonó la reunión y partió inmediatamente a Sárí.

Una vez que Quddús estuvo en sus manos, actuaron, según llegó a saberse, con tal crueldad, que Bahá'u'lláh declaró que los sufrimientos de Quddús fueron tales como ni aún Cristo sufrió en sus momentos de mayor agonía.

A Quddús le arrancaron la ropa, arrojaron al lodo su turbante, lo encadenaron y arrastraron por las calles, le insultaron y escupieron. Mientras era arrastrado se le oyó decir: "Perdona, ¡Oh mi Dios! los pecados de esta gente. Trátalos con Tu misericordia, por que ignoran lo que nosotros ya hemos descubierto y atesoramos. He tratado de enseñarles el sendero que conduce a su salvación; ¡Ve como se han levantado para derribarme y poner fin a mis días! Muéstrales, ¡oh Dios!, el sendero de la Verdad y transforma su ignorancia en fe". (18)

En cierto momento, dijo: "Ojalá estuviera conmigo mi madre y pudiera ver con sus propios ojos, el esplendor de mis nupcias".

un hombre, que había jurado lealtad a Quddús, y luego había traicionado a los bábís dentro del fortín, se acerco a él, le golpeó en el rostro, y le dijo que si en verdad hablaba con la voz de Dios, tal como había afirmado, que se libere de sus enemigos, Quddús lo miró, suspiró, y le contestó: "Que Dios te recompense por tu acción, ya que con ello has ayudado a aumentar la medida de mis aflicciones" (19), hicieron hoyos en su cuerpo, lo mutilaron, y finalmente lo arrojaron en una hoguera. Shariatmadar recuperó el cuerpo de Quddús y lo enterró, y a pesar del escándalo que armó Sa'ídu'l Ulamá para exhumar el cuerpo, Shariatmadar fue enfático en prohibir a la gente que intentase hacerlo.

Quddús fue martirizado a la edad de 27 años, el 16 de Mayo de 1849.

Existen numerosas similitudes entre la vida de Quddús y la de Cristo, aquí mencionaremos sólo aquellas durante el último día de sus vidas:

1.       Quddús fue interrogado por los principales Ulamás de la ciudad.
2.       Shariatmadar, un Ulamá' que practicaba en secreto la Fe del Báb no participó en dicho interrogatorio.
3.       Sa'ídu'l Ulamá' arrojó al suelo su turbante tras una respuesta de Quddús.
4.       El Príncipe responsable de lo que sucedieses con Quddús, se desligó de sus responsabilidades.
5.       Quddús fue execrado mientras era llevado por las calles.
6.       Quddús imploró a Dios que perdonara a la gente que estaba torturándolo.
7.       El cuerpo de Quddús fue recuperado por Shariatmadar y enterrado en un lugar cercano.

1.       Cristo fue interrogado por el concejo de principales rabinos (Sanedrín).
2.       José de Arimatea, miembro del Sanedrín, no participó en el interrogatorio a Cristo.
3.       Anás se rasgo las vestiduras ante una de las respuestas de Cristo.
4.       Pilatos se lavó las manos sobre lo que ocurriría con Cristo.
5.       Cristo fue insultado y escupido cuando era llevado para ser crucificado.
6.       Cristo pidió a Dios que perdonara a sus verdugos.
7.       El cuerpo de Cristo fue llevado por José de Arimatea a un sepulcro.

Al saber de las circunstancias del martirio de Quddús y Mullá Husayn, El Báb se negó a recibir visitas, lloró amargamente y expresó su dolor por la pérdida de sus valientes y santificados discípulos, y durante 6 meses no escribió ni dictó. Tras este periodo dedicó una semana entera a revelar alabanzas sobre Quddús, Mullá Husayn, y los defensores del fortín. Luego de esto, envió a Mullá Ádí-Guzal a visitar lo que quedó del fortín, le instruyó para que circundase en oración aquel lugar, y le trajera un puñado del polvo que cubría los cuerpos de Mullá Husayn y Quddús.

En Febrero del 2004, el gobierno de Irán ordenó la demolición del lugar que guarda el cuerpo de Quddús, finalmente en Abril de ese mismo año la demolición fue llevada a cabo, y el cuerpo de Quddús fue exhumado, y desaparecido.

_____________________________________________________

* Shariatmadar y Mulla Jafar eran Shaykhís, enseñaron a Quddús la teología de Shaykh Ahmad y Siyyid Kazím.

(1) Shariatmadar escribió una biografía de Quddús, en la cual se refiere a la sabiduría, perspicacia y lucidez de su alumno, e incluso relata hechos milagrosos que demostraban el conocimiento innato de su pupilo.
(2) Mulla Jafar había sido también maestro de Mulla Husayn.
(3) Es interesante notar que esta conducta guarda marcada semejanza con la que observó El Báb los 9 meses durante los que asistió a las clases de Siyyid Kazím en Karbila.
(4) Los Rompedores del Alba, pág. 103
(5) Los Rompedores del Alba, pág. 164
(6) Los Rompedores del Alba, pág. 267
(7) Los Rompedores del Alba, pág. 268
(8) Ídem
(9) Los Rompedores del Alba, pág. 297
(10) Los Rompedores del Alba, pág. 344
(11) Corán, 11:85
(12) Los Rompedores del Alba, pág. 346
(13) Los Rompedores del Alba, pág. 351
(14) Los Rompedores del Alba, pág. 371
(15) Los Rompedores del Alba, pág. 377
(16) Los Rompedores del Alba, pág. 378
(17) Corán, 7:88
(18) Los Rompedores del Alba, pág. 394
(19) Ídem

Fuentes:

Nabil, Los Rompedores del Alba.
Sepehr Manuchehri, A Brief Analysis of the features of Babi Resistance at Sheikh Tabarsi.
Sepehr Manuchehri, The Practice of Taqiyyah (Dissimulation) in the Bábí and Bahai Religions.
Denis MacEoin, Hierarchy, Authority and Eschatology in Early Bábí Thought.
Husayn Hamadani, Tarikh-i-Jadid, Translated by Edward Granville Browne
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